Su Revista de Coleccion

Quienes somos

Por: Marcos Hernán Elizondo

www.revistapasosdefe.com  es un medio informativo especializado en el arte religioso desde la arquitectura hasta la pintura sin omitir el mayor activo de la escultura sacra con portentosas imágenes.

Para entender mejor el significado del proceso de evangelización en el nuevo continente y el arte escultórico puesto al servicio de la fe católica, debemos asomarnos a las naves españolas, en las cuales llegó el europeo a conquistar América en 1492. En ellas, se aunaban la aventura, la fe, la ilusión comercial y la esperanza de encontrar especia por parte de los hombres que acompañaban a Colón, los mismos que descubrieron que con el continente americano y el Mar Pacífico, el pequeño mundo que imaginaron los griegos, se convierte en un globo inmenso, que va a seguir siendo objeto de las más atrevidas e inusitadas exploraciones.
El sueño de Colón de llegar a las Indias utilizando otra ruta no se pudo cumplir, pero lo que hizo pudo provocar otros sueños y otras ilusiones en los hombres de época. Un deseo de apropiarse de la tierra, el agua, el aire y el oro, despertó ambiciones dormidas que llevaron a los conquistadores a arrollar y someter a las masas indígenas, porque había que europeizarlas, cristianizarlas y culturizarlas. Quienes adoctrinan y enseñan la nueva religión, se mueven con lámparas mágicas, proyectando imágenes a todo color del infierno y del paraíso
Los conquistadores proceden a ignorar las civilizaciones que encuentran en estas tierras, afirman su derecho de conquista, queman templos indígenas, destruyen dioses, impulsan la religión de Cristo, la de los “Amaos los unos a los otros”, imponen el diezmo para sostener el proceso evangelizador, cambian los patrones culturales, moldean una nueva personalidad, redefinen la visión del mundo y conforman sus creaciones artísticas a partir de una misma tradición y de un mismo cuerpo de estilos.
El arte fue así un mecanismo apropiado que permitió la idealización europea de la figura humana, que comparaba la imagen del hombre y la mujer blancos con lo bello, lo noble y hasta con lo normal. El arte al servicio de la religión y del Estado, obtuvo un valor público especial, convirtiéndose en una necesidad y en una reafirmación de lo establecido. Y entonces, dado que las manifestaciones artísticas eran parte integral de la cultura del conquistador, la cual era a la vez religiosa y secular, dejó impregnado su sello categórico en todas las regiones que conquistaron.
Como la metrópoli europea se encontraba en el momento de la Contrarreforma, cuyo estilo artístico era el barroco, éste se trasladó a América para revestir los templos que se construían en estas tierras, donde encontramos un florecer del arte, manifestado y relacionado con la explotación del oro y la plata, con las plantaciones de azúcar y algodón, o con el café y el banano, más recientemente. Los personajes urbanos, los clérigos y los letrados de la época colonial, exilados en su propia patria, requerían y apreciaban un arte elaborado según los criterios europeos, donde todavía imperaban el esplendor y la extraordinaria maestría de las obras producidas por el Renacimiento. Para ello, hacían los encargos al Viejo Mundo, porque necesitaban exaltar las glorias divinas para honrar a Dios y a la Iglesia y necesitaban también exaltar las glorias humanas, que afirmaban en el Nuevo Mundo el poder de la Corona Española.
El gótico tardío, el manierismo, pero principalmente el barroco, vendrán a conformar el mosaico sobre el cual se esparcen las creaciones artísticas de América. En la escultura se dan creaciones originales, algunas tan expresivas o más que las que se hacen en el Viejo Mundo, en la misma época. Aunque en un principio, las obras se elaboraban sobre bocetos dibujados por artistas europeos, después fueron los artistas criollos quienes las impregnaron de su sello particular, ya fueran pedidas para templos, para misiones o para conventos, sean éstos de franciscanos, dominicos o agustinos.
Templos, catedrales y conventos se fueron llenando de esculturas, pintadas o esculpidas, de bulto o de esculpir. Las primeras, llegaron de Europa, con influencia flamenca. Las segundas, llegaron de España, en su mayoría procedentes de Sevilla. Las terceras, se hicieron en América, en los talleres creados por los frailes en México, Perú y Guatemala y por aborígenes y artesanos criollos, que si bien emplearon técnicas europeas, también utilizaron las indígenas, que le imprimieron al arte un sello inconfundible.
La Iglesia debía demostrar el poder reconquistado por la Contrarreforma y hacer visible el triunfo de la religión católica sobre las religiones consideradas idólatras; por ello, el esplendor de los dorados en los trajes escultóricos, en los retablos y en los marcos de las pinturas, para deslumbrar a los indígenas y fortalecer y avivar la labor evangelizadora y catequística.
A Costa Rica, llegan las primeras esculturas hacia 1744, cuando se construye el Templo Colonial de Nicoya, dedicado a San Blas, y erigido mediante el estilo del Barroco de los Temblores, y posteriormente, en 1766, cuando se termina de construir el Templo y Convento de San José de Orosi, para el cual se trajeron esculturas, pinturas y objetos ornamentales, en su mayor parte procedentes de Guatemala, a las que se sumaron las traídas de México y las realizadas por artesanos aborígenes, que incorporaron su gusto particular por los colores fuertes y por los santos de color moreno.
Los artistas, generalmente, concibieron las imágenes de pie para lograr los efectos de reposo y movimiento. Los brazos, apenas si los separaban del cuerpo, solamente lo necesario para destacar las características de los personajes exaltar algún símbolo de su santidad. Una vez tallada la imagen, se procedía a darle color mediante la técnica del estofado, cubriendo las partes con una delgada lámina de oro o “pan de oro”, bruñida en frío, sobre la que se aplicaba el color y se diseñaban los esgrafiados. Luego, se finalizaba con el proceso de la “ encarnación”, consistente en darle color a las partes no cubiertas por ropaje alguno, para resaltar el color de la piel, la sangre, las heridas y los golpes.
Al avanzar el Siglo XVIII, la imaginería religiosa incorporó elementos naturales como cabellos humanos, pestañas de pelo, ojos de vidrio, dientes naturales y actitudes más dramáticas, a efecto de acentuar el realismo, como se podrá notar en las imágenes, cuyas fotografías se incorporan en este libro.
Espero en Dios que estos criterios artísticos generales, puedan contribuir a la valoración de las imágenes que se utilizan en la Semana Santa, en el Área Metropolitana, que con singular acierto, se han dedicado a estudiar Mynor Alberto Esquivel ,Sergio Barrantes y Wendy Llezca  que hoy generan un esfuerzo para brindar la mas completa información en esta área.

En el área web hay que destacar el trabajo de Elías Pérez de Tico Paginas de Coista Rica quien con gran talento abre los espacios a los amantes de la nueva comunicación.

(*) El autor es Politólogo y ha cursado estudios superiores de Historia del Arte en la Universidad de Costa Rica