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EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ


 CIUDAD  DEL VATICANO, 16 DIC 2011 (VIS).- Este mediodía se ha presentado en la  Oficina de Prensa de la Santa Sede el Mensaje del Santo Padre para la XLV  Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2012), cuyo tema es: “Educar a  los jóvenes en la justicia y la  paz”. Participaron en la rueda de  prensa el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson y el obispo Mario Toso, S.D.B.,  respectivamente presidente y secretario del Pontificio Consejo Justicia y  Paz. Ofrecemos a continuación algunos extractos del mensaje de Benedicto XVI:

 

“El comienzo de un año nuevo, don de Dios a la humanidad, es una  invitación a desear a todos, con mucha confianza y afecto, que este tiempo  que tenemos por delante esté marcado por la justicia y la paz”. (…)

 

“Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de  frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la  economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas.  (…) Quisiera presentar el Mensaje para la XLV Jornada Mundial de la Paz en  una perspectiva educativa: “Educar a los jóvenes en la justicia y la  paz”, convencidos de que ellos, con su entusiasmo y su impulso hacia los  ideales, pueden ofrecer al mundo una nueva esperanza”.

 

“Mi mensaje se dirige también a los padres, las familias y a todos los  estamentos educativos y formativos, así como a los responsables en los  distintos ámbitos de la vida religiosa, social, política, económica, cultural  y de la comunicación”. (…)

 

“Educar (…) requiere la responsabilidad del discípulo, que ha de estar  abierto a dejarse guiar al conocimiento de la realidad; y la del educador,  que debe de estar dispuesto a darse a sí mismo. Por eso, los testigos  auténticos, y no simples dispensadores de reglas o informaciones, son más  necesarios que nunca (…) El testigo es el primero en vivir el camino que  propone”.

 

“¿Cuáles son los lugares donde madura una verdadera educación en la paz  y en la justicia? Ante todo la familia, puesto que los padres son los  primeros educadores. (…) “En la familia es donde los hijos aprenden  los valores humanos y cristianos que permiten una convivencia constructiva y  pacífica. En la familia es donde se aprende la solidaridad entre las  generaciones, el respeto de las reglas, el perdón y la acogida del  otro”. Ella es la primera escuela donde se recibe educación para la  justicia y la paz”.

 

“Vivimos  en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven  constantemente amenazadas y, a veces, destrozadas. Unas condiciones de  trabajo a menudo poco conciliables con las responsabilidades familiares, la  preocupación por el futuro, los ritmos de vida frenéticos, la emigración en  busca de un sustento adecuado, cuando no de la simple supervivencia, acaban  por hacer difícil la posibilidad de asegurar a los hijos uno de los bienes  más preciosos: la presencia de los padres. (…) Deseo decir a los padres que  no se desanimen. Que exhorten con el ejemplo de su vida a los hijos a que  pongan la esperanza ante todo en Dios, el único del que mana justicia y paz  auténtica”.

 

“Quisiera dirigirme también a los responsables de las instituciones  dedicadas a la educación: que vigilen con gran sentido de responsabilidad  para que se respete y valore en toda circunstancia la dignidad de cada  persona. (…) Que todo ambiente educativo sea un lugar de apertura al otro y  a lo transcendente; lugar de diálogo, de cohesión y de escucha, en el que el  joven se sienta valorado en sus propias potencialidades y riqueza interior, y  aprenda a apreciar a los hermanos”. (…)

 

“Me dirijo también a los responsables políticos, pidiéndoles que ayuden  concretamente a las familias e instituciones educativas a ejercer su  derecho-deber de educar. Nunca debe faltar una ayuda adecuada a la maternidad  y a la paternidad. (…) Ofrezcan a los jóvenes una imagen límpida de la  política, como verdadero servicio al bien de todos”. (…)

 

“En la sociedad actual, los medios de comunicación de masa tienen un  papel particular: no sólo informan, sino que también forman el espíritu de  sus destinatarios y, por tanto, pueden dar una aportación notable a la  educación de los jóvenes”. (…)

 

“La educación persigue la formación integral de la persona, incluida la  dimensión moral y espiritual del ser, con vistas a su fin último y al bien de  la sociedad de la que es miembro. Por eso, para educar en la verdad es  necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza.  (…) El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una  sed de verdad -no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida-  porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. (…) Por eso, la primera  educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador  y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano”.  (…)

 

“Sólo en la relación con Dios comprende también el hombre el significado  de la propia libertad. Y es cometido de la educación el formar en la  auténtica libertad. (…) La libertad es un valor precioso, pero delicado; se  la puede entender y usar mal. (…) En lo más íntimo de la conciencia el  hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe  obedecer y cuya voz lo llama a amar, a hacer el bien y huir del mal, a asumir  la responsabilidad del bien que ha hecho y del mal que ha cometido. Por eso,  el ejercicio de la libertad está íntimamente relacionado con la ley moral  natural, que tiene un carácter universal, expresa la dignidad de toda  persona, sienta la base de sus derechos y deberes fundamentales, y, por  tanto, en último análisis, de la convivencia justa y pacífica entre las  personas”.

 

“El uso recto de la libertad es, pues, central en la promoción de la  justicia y la paz, que requieren el respeto hacia uno mismo y hacia el  otro” (…)

 

“Es importante no separar el concepto de justicia de sus raíces  transcendentes. La justicia, en efecto, no es una simple convención humana,  ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley  positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral  del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la  justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor.  (…) La ‘ciudad del hombre’ no se promueve sólo con relaciones de derechos y  deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y  de comunión”. (…)

 

“La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el  equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin  la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre  los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los  pueblos, la práctica asidua de la fraternidad”. La paz es fruto de la  justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios”.

 

“Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que  se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos  ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la  fraternidad  (…)  La paz para todos nace de la justicia de cada uno y ninguno puede  eludir este compromiso esencial de promover la justicia, según las propias  competencias y responsabilidades. Invito de modo particular a los jóvenes,  que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener la paciencia  y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que  es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir  contracorriente”.

 

“Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os  dejéis vencer por el desánimo ante a las dificultades y no os entreguéis a  las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más  fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer  frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren  fidelidad y constancia, humildad y dedicación (…) Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los  adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la  corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en  construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en  vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos.  Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea  ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos  hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la  paz”. (…)

 

“Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro  camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y  sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones  de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacificas y artífices  de paz”. VIS 20111216  (1.550)