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En Brasil, Obispo haitiano habla sobre perspectivas y situación del país después del terremoto


Con alegría y esperanza, el Reverendísimo Don Joseph Gontrand Décoste, SJ, Obispo de la Diócesis de Jerémie, en Haití, estuvo hoy (15) en la Parroquia de la Paz, en Fortaleza, Ceará (Brasil) para agradecer las donaciones enviadas a su país. El religioso quiso agradecer personalmente el envío de alimentos, material escolar y dinero en el momento de mayor necesidad.

 

Don Joseph se reunió con periodistas de medios de comunicación vinculados a la iglesia Católica, con miembros de parroquias de Fortaleza y de la Pastoral de la Comunicación (Pascom) para hablar sobre la actual situación de Haití. Con la ayuda del fraile Wilson Fernandes, que actuó como traductor, durante cerca de una hora, el religioso respondió preguntas sobre la actuación de la iglesia después del desastre, las perspectivas en relación con el gobierno del presidente Michel Martelly, la situación de la educación, entre otros temas.

 

El religioso agradeció a la parroquia de la Paz y a la Diócesis por la ayuda enviada en un momento de tanta necesidad, agradeció también la oportunidad de poder hablar sobre las diferentes realidades de Haití y sobre su pueblo, y pidió la continuidad de las acciones de solidaridad, pues todavía es necesaria mucha ayuda en este momento de reconstrucción.

“La ayuda de la parroquia fue muy significativa para el pueblo y la Diócesis. Quedamos muy sorprendidos por el hecho de que personas que estaban tan distantes decidieron ayudarnos. Esto muestra que el amor no tiene límites y de que es el amor lo que hace la diferencia”, reconoció.

 

Cuestionado acerca de la actuación de la Iglesia Católica en la actual coyuntura del país, Don Joseph respondió que los religiosos vienen trabajando bastante. “La Iglesia Católica está muy presente y comprometida en ver la situación de Haití como un todo”, afirmó, agregando que la educación es una de las prioridades de la iglesia, así como la asistencia a niños y adolescentes, para que ellos puedan crecer con esperanza en el futuro.

 

“El pueblo haitiano llora, canta, baila. Hay un trabajo por parte de la iglesia para hacer que las personas salgan de la situación de miseria y se vean como seres capaces de cambiar la realidad en que se encuentran”, manifestó.

 

Don Joseph también habló sobre la actuación de las organizaciones populares existentes en el país y dijo que lo que se observa es que las comunidades están organizándose, no sólo para hacer caridad, sino también para cambiar las estructuras sociales de Haití.

En relación con las expectativas de un futuro mejor, Don Joseph aseguró que hay bastante esperanza puesta en el gobierno del presidente Michel Martelly. “Para nosotros fue una sorpresa su candidatura, pues él no era del medio político, sino un músico. Aún así, el pueblo tiene gran esperanza en los cambios y en su apoyo para cambiar la situación en la que se encuentra el país”, finalizó.

 

Terremoto

El día 12 de enero de 2010, un terremoto de magnitud 7.0 en la escala de Richter hizo temblar a Haití. Este sismo, seguido de otros dos, uno de 5.9 y otro de 5.5 grados, provocó una intensa destrucción del país, en especial en la capital Puerto Príncipe.

Hasta hoy los números no son precisos, pero se estima que el terremoto dejó cerca de 200 mil muertos, 300 mil heridos y más de un millón de desamparados. Dos años después, Haití todavía no logró la fuerza y la ayuda financiera suficiente como para re-erguirse, pero su población lucha día tras día para reconstruir el país y dejarlo, no como era antes, sino mejor.

 

Campaña de solidaridad

Poco tiempo después del terremoto, el párroco de la Iglesia de la Paz, padre Virginio Ascencio Serpa, decidió iniciar campañas de solidaridad con los fieles a fin de recaudar dinero, materiales de primera necesidad, alimentos y material escolar para enviar a Haití.

 

De acuerdo con el padre Virginio, después de recibir noticias de lo que había sucedido en el país hermano y saber que no había comida ni agua para la población, él se acordó del texto de la multiplicación de los cinco panes y de los dos peces en el desierto y pensó como el discípulo Andrés: ¿Dónde vamos a encontrar comida para estas personas? Pero, motivado por la fe y la certeza del milagro del compartir, inició las campañas en la parroquia y logró llevar un poco de esperanza a los hermanos y hermanas haitianas.