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Benedicto XVI: AMERICA LATINA: SALVAGUARDAR FE Y DINAMISMO HISTORICO CULTURAL

CIUDAD  DEL VATICANO, 13 DIC 2011 (VIS).-Con motivo del Bicentenario de la  independencia de los países latinoamericanos y del Caribe, Benedicto XVI  presidió ayer, solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América  Latina, la Santa Misa  en la basílica vaticana. Concelebraron con el Santo  Padre los cardenales Tarcisio Bertone, secretario de Estado; Marc Ouellet,  P.S.S., prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la   Pontificia Comisión para América Latina; Norberto Rivera Carrasco, arzobispo  de México (México) y Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida  (Brasil).

 

Antes de la celebración eucarística, el secretario de la Pontificia Comisión  para América Latina, Guzmán Carriquiry, leyó algunos textos sobre el  bicentenario y sobre la Virgen de Guadalupe; y el cardenal  Nicolás de Jesús  López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo (República Dominicana), rezó una  oración a Nuestra Señora de Guadalupe.

 

En su homilía, el Papa recordó a cuantos festejan el Bicentenario de su  independencia,  quienes “más allá de los aspectos históricos, sociales y  políticos de los hechos, renuevan al Altísimo la gratitud por el gran don de  la fe recibida, una fe que anuncia el Misterio redentor de la muerte y  resurrección de Jesucristo, para que todos los pueblos de la tierra en Él  tengan vida. El Sucesor de Pedro no podía dejar pasar esta efeméride sin  hacer presente la alegría de la Iglesia por los copiosos dones que Dios en su  infinita bondad ha derramado durante estos años en esas amadísimas naciones,  que tan entrañablemente invocan a María Santísima”.

 

 

“La   venerada imagen de la Morenita del Tepeyac (…) -dijo el Santo Padre- con  sencillez y corazón de madre sigue indicando la única Luz y la única Verdad:  su Hijo Jesucristo, que ‘es la respuesta definitiva a la pregunta sobre el  sentido de la vida y a los interrogantes fundamentales que asedian también  hoy a tantos hombres y mujeres del continente americano’”

 

“Actualmente  (…) el camino de la integración en ese querido continente avanza, a la vez  que se advierte su nuevo protagonismo emergente en el concierto mundial (…)  Es importante que sus diversos pueblos salvaguarden su rico tesoro de fe y su  dinamismo histórico-cultural, siendo siempre defensores de la vida humana  desde su concepción hasta su ocaso natural y promotores de la paz; han de  tutelar igualmente la familia en su genuina naturaleza y misión,  intensificando al mismo tiempo una vasta y capilar tarea educativa (…)  Están llamados asimismo a fomentar cada vez más iniciativas acertadas (…)  que propicien la reconciliación y la fraternidad, incrementen la solidaridad  y el cuidado del medio ambiente, vigorizando a la vez los esfuerzos para  superar la miseria, el analfabetismo y la corrupción y erradicar toda  injusticia, violencia, criminalidad, inseguridad ciudadana, narcotráfico y  extorsión”.

 

“Cuando  la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la ‘plantatio’  de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato  Juan Pablo II formuló en su suelo, por primera vez, el programa de una  evangelización nueva ‘en su ardor, en sus métodos, en su expresión’”,  rememoró el pontífice. “Desde mi responsabilidad de confirmar en la fe,  también yo deseo animar el afán apostólico que actualmente impulsa (…)  la  ‘misión continental’ promovida en Aparecida, para que ‘la fe cristiana  arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos  latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con  Cristo’.”

 

“Que  la luz de Dios brille, pues, cada vez más en la faz de cada uno de los hijos  de esa amada tierra y que su gracia redentora oriente sus decisiones, para  que continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad  cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la  justicia. Con estos vivos deseos, y sostenido por el auxilio de la  providencia divina, tengo la intención de emprender un Viaje apostólico antes  de la santa Pascua a México y Cuba, para proclamar allí la Palabra de Cristo  y que se afiance la convicción de que éste es un tiempo precioso para  evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad  ardiente”.

 

“Encomiendo  todos estos propósitos -concluyó Benedicto XVI- a la amorosa mediación de  Santa María de Guadalupe (…) así como los actuales destinos de las naciones  latinoamericanas y caribeñas y el camino que están recorriendo hacia un  mañana mejor. Invoco igualmente sobre ellas la intercesión de tantos santos y  beatos que el Espíritu ha suscitado a lo largo y ancho de la historia de ese  continente, ofreciendo modelos heroicos de virtudes cristianas en la  diversidad de estados de vida y de ambientes sociales, para que su ejemplo  favorezca cada vez más una nueva evangelización bajo la mirada de Cristo,  Salvador del hombre y fuerza de su vida”. VIS 20111213 (730)