Su Revista de Coleccion

San Jose, Costa Rica: Parroquia de Barrio Mexico, su historia

Mynor Esquivel y Sergio Barrantes 

La decisión, previa iniciativa de la construcción de un templo – dentro del territorio de Barrio México – se gesta en un grupo de vecinos quienes querían un orato para Nuestra Señora de Guadalupe, otros para Jesús dela Buena Esperanza.Nunca se pensó, según, los mas antiguos residentes de la comuna, en el misterio trinitario.

Para el efecto de edificación se conformó una Junta Edificadora que fue integrada por los más dignos representantes de la barriada, a saber: Ricardo Obando, Enrique Madrigal, Godofredo Cambronero, Mario Iglesias, Guillermo Hoppe, Francisco Romero, Félix Acuña, Rafael Solé y  José Sibaja.

Luego de su integración se realizó una reunión abierta, una especie de cabildeo, en la casa de Ricardo Obando – discurría el año de 1930 – y se acordó solicitar permiso a las autoridades correspondientes para efectuar turnos, ferias, rifas para así recaudar los fondos necesarios para iniciar el proyecto.

Según don Fernando Rojas Esquivel, investigador local, ya en 1931 – luego de dos grandes turnos y donaciones colectivas y particulares – se contaba con los recursos para iniciar el sueño. “Era el año de 1932 cuando se compro frente a la plaza de deportes un lote y materiales de construcción. Ese mismo año,la Junta Edificadorahizo entrega oficial de la escritura al gobierno eclesiástico y se convocó para constituir una Junta Pro Templo, pero los designados no cumplieron y la obra estuvo cuatro años paralizada”, afirmó.

Ya para el año de 1936 –agregó- se constituyó una nueva comisión supervisada por la Iglesia y que fue juramentada ante el Cura Residente de la Parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes, Pbro. Rosendo Valenciano, quien a su vez  presidio la junta, la cual fue complementada por José María Acuña, Alejandro Vargas, Enrique Madrigal, Alfonso Chávez, Benito Marín, Víctor Hidalgo, Juan Brenes, Francisco Romero y José Rucavado.

Luego,la Municipalidadnombró a Rafael Iglesias quien con su integración trajo dos contribuciones en efectivo: una de doña Esther Bonilla de Iglesias y otra de doña Arabella Bonilla de Esquivel.

Además de estas contribuciones, muchos vecinos fijaron una cuota mensual económica, de trabajo o de donaciones en especie.

“Así las cosas – añade Rojas Esquivel- se compraron dos lotes a la par del adquirido anteriormente y otro que daba de oeste a este para egresar en la calle siguiente con la finalidad de edificarla Casa Curaly unas aulas para catecismo”, agregó.

Ya con este terreno en propiedad se construyó un galerón para que albergará una pequeña ermita, se levantó un Altar Mayor entre limitaciones, se colocó un cuadro dela Santísima Trinidady unas bancas. En fin, se acondicionó lo mejor posible para celebrarla Santa Misadominical y dar lecciones de catecismo.

Toda esta primera etapa de mantenimiento del templo estuvo bajo la tutela de doña Elena Segura de Chávez, quien se encargaba de asistir en dichas labores a los Padres Dominicos, celebrantes de la eucaristía.

En 1941, durante el proceso de edificación, se le solicito al Arzobispo de San José, Mons. Víctor Manuel Sanabria Martínez que  declarará la coadjutoría territorial del templo, pues pertenecía a la Parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes.

El trámite se llevó a cabo,  con  la anuencia del gobierno eclesiástico y del Cura Residente de la Parroquia de la Merced fue aprobada la Coadjutoría a la Iglesia de la Santísima Trinidad.

Durante la misa de erección de este beneficio, Monseñor Sanabria en su homilía señaló: “Este acto hoy, significa una doble responsabilidad, primero la construcción de un templo provisional  que sustituya este en uso y segundo: la evangelización”.

Según,  José J. Sánchez, profesor y escritor,  destaca – en un escrito inédito – que, también por esas fechas, por moción presentada por el señor Romero Jiménez   se acordó nombrar a las campanas de la iglesia,  buriladas en Costa Rica: “ La Guadalupana” ,  “Arabela” y” Esther”, y es en el año de 1941, un 1ero. de febrero que el purpurado bendice el templo recién construido y da la segregación de la comuna.

Durante la década de los 50, la llegada de Mons. Guillermo Arié viene a dar un giro total a la iglesia pues adquiere campanarios bellos asimismo envía a hacer una cúpula que es considerada la más grande del país en el material sintético de plástico.

En escritos inéditos, Antonio Salas Brenes, rememoró los momentos en que su hijo “Pepe” y a lo mismo que su esposa,  Pastora y sus hijas Eva, Mercedes igual que muchos de sus nietos colaboraban en la construcción del templo.

“Nosotros los hombres ayudábamos en labores de carpintería, albañilería o sea, hacíamos de todo, pues el sueño de toda una comunidad era ver su templo parroquial concluido. Mientras tanto, las mujeres se encargaban de llevar suculentas comidas para ser vendidas luego de la misa dominical”, escribió.

Entretanto, el analista Luis Enrique Arce considera que esta praxis de colaboración grupal era una forma de participar abiertamente en el desarrollo comunal. “Podría asegurar que esta condición de aporte fue el nacimiento de la participación popular, aspecto del que hoy se habla como novedad”.

Además, argumentó que las rifas y sorteos dominicales con la lotería fueron otra forma de hacer llegar recursos para la edificación de templos.

A lo largo de los últimos años esta comunidad ha contado con un número incontable de personas que han trabajado al lado de los diferentes sacerdotes, entre ellos podemos citar a doña Tina Gómez, Mercedes Enciso,  Leticia de Villalobos, Eric Borges, William  Solano,  Elizabeth  Ramírez,  Ana Virginia Zeledón, Angélica Cascante, Jorge Mora, Pilar, Luis y Guillermo Flores, Vilma Villalta, Sandra Arias, Grace y Estrella Thames, Jorge Jiménez ( QdDg), Carlos Montoya Barrantes, Carmen Gazel, Jorge Quesada, Gerardo Hernández, María Eugenia Obando, Martha Patricia Vargas,  y Josefina Artavia (QdDg), Francisco Argeñal ,  entre otros

Con el nombramiento del Pbro. Luis Fernando Blanco como cura párroco llegó a esta comunidad un cambio total tanto en lo catequético como en la estructura del inmueble. Mediante una tarea quijotesca en la captación de recursos se policromaron la mayoría de las imágenes, se pintó el interior y frente del templo, se adquirió un Crucificado de alto valor artístico y, sobretodo, se adaptó una parte del inmueble como capillita para el Santísimo Sacramento. La obra estuvo a cargo del Taller de Arte de Hayro y Ricardo Sandoval.