Su Revista de Coleccion

Semana Santa en Heredia: Lunes Santo por Luis Dobles Segreda

Colaboración del Pbro. Manuel Quesada y el Prof. Alex Carballo

Palma Bendita

 

Las palmas benditas ornan el pecho de todos los devotos, esas palmas fueron cortadas de las altas palmeras que en la montaña de Barba abaniquen los aires.

Esos vientos, un poco tormentosos que preceden a la Semana Santa son, para la tradición popular, una protesta de la montaña contra los palmiteros que rasgan su silencio y echan ruidosamente al suelo las añosas palmeras.

Del alto cerro bajan cargados con el vástago tierno para comer su palmito, cocido en leche, como el plato preferido de cuaresma. Desmenuzan las amplias hojas de abanico y traen también las largas espadas de sus lacinias amarilosas para que sean benditas el Domingo de Ramos.

Esas palmas son un talismán que ahuyenta las tormentas. Caerán los rayos de las nubes ennegrecidas, como latigazos crueles, soplaran las trompas de los huracanes voraces, pero no tocarán, ni en lo mínimo, esas chozas de los labradores, protegidas con una cruz de esta palma virtuosa.

Está escrito que al día siguiente del Domingo de Ramos, volvió Jesús a la ciudad y sintió hambre.

Viendo una higuera al lado del camino El se acercó, pero no encontró sino hojas.

Jesús habló diciendo: Jamás ningún fruto nazca de ti, y al instante la higuera quedó seca en todo su follaje.

En viendo esto los discípulos dijeron asombrados: ¿Cómo ha secado en el instante? Jesús les respondió: En verdad os digo que si tenéis fe y no dudáis punto, no solo haréis lo que está hecho a esta higuera, pero también diréis a esa montaña: Quítate y arrójate a la mar y será hecho.

Todo lo que pidáis con fe os será concedido.

 

El Lunes Santo mi linda ciudad de Heredia se reúne entera frente al atrio de su vieja Parroquia, cubierta de hongo negruzco y alegrada por un vuelo de golondrinas

Sale de ella el corazón de Jesús llevado en andas por los hombres piadosos y gira en torno al Parque Central para bendecir la ciudad.

Una mano lleva en alto, una mano levantada hacia los cielos como un lirio, señalando al Padre y Creador del Universo.

La otra mano palpa su corazón humanizado, herido por la lanza de Longino, de donde fluye sangre milagrosa que da luz a los ciegos. Este Lunes Santo es el día de la fe. De la fe en ese Corazón de Jesús, pleno de mansedumbre infinita, que nos perdona nuestras deudas.

Porque dice Marcos: Cuando estáis de pie para hacer vuestra plegaria, si tenéis cosa alguna contra otro perdonadla a fin de que vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone también vuestras ofensas. Porque sino perdonares, vuestro Padre, que está en los cielos, tampoco os perdonará.

Lunes Santo que paseas, sobre la gloria de tu crepúsculo tropical al corazón de Jesús, haz que ese pueblo mío, que es tuyo, se signe la frente en ti, primer día de esa semana, para que Dios lo libre de malos pensamientos.

Haz, Señor, que esa palma que desató las tormentas al caer en la montaña, bendita ya de tu mano que hace milagros, las ate de nuevo frente a los hogares cristianos, al doblarse, hecha cruz, tras de las puertas.