Su Revista de Coleccion

Historia de La Consagrada Imagen del Dulce Nombre de Jesús Patrón Jurado de Ahuachapá, EL Salvador

Reportaje : Ever Kastillo. 
La ciudad de Ahuachapán es una de las más antiguas de El Salvador y al
mismo tiempo uno de los núcleos humanos de mayor densidad demográfica.
Esta población fue fundada alrededor del siglo V ó VI de la Era
Cristiana por tribus pok’omames, de la familia maya-quiché, y
participó en la milenaria civilización que el profesor Jorge Lardé ha
llamado “civilización tazumalense”. La estatuaria lítica y los objetos
de cerámica localizados en el subsuelo ahuachapaneco han revelado la
presencia de los pok’omames desde una edad bien remota de los tiempos
gentiles y puesto en claro la existencia del hombre civilizado en esa
región desde hace centenares de años. A fines de. la décimo-quinta
centuria, los yaquis o pipiles, pueblos de la gran familia nahoa o
yuco-azteca, conquistaron militar y culturalmente la antigua comunidad
pok’ omame y le cambiaron su primitivo nombre por el que aún conserva,
modificando al propio tiempo la toponimia regional. Como consecuencia
de esa tardía conquista militar e influencia cultural, en diciembre de
1549 ocurría en Ahuachapán un curioso fenómeno lingüístico, según pudo
observar el oidor de la Real Audiencia de los Confines licenciado don
Tomás López: el de que las mujeres lugareñas hablaban el idioma
materno, el pok’omame, mientras los hombres hablaban el rico, dulce y
armonioso idioma de los conquistadores, el náhuat. Esto no puede
explicarse sino en el sentido de que las hermosas mujeres de la
localidad fueron, según las leyes antiguas de la guerra, el precioso
trofeo de la victoria militar de los yaquis o pipiles. Sobre el
significado del toponímico Ahuachapán los filólogos nacionales no
están acordes, habiéndose interpretado el mismo de muy diversas
maneras, pero sin que ninguna de tales interpretaciones haya
respondido satisfactoriamente a las exigencias lingüísticas y
resistido victoriosamente a los embates del análisis y de la crítica.
En mi sentir, la verdadera etimología del aludido nombre geográfico
es: “la ciudad de las casas de robles”, pues proviene de ahua, roble,
encino; cha, corrupción provocada por la fonética pok’ omame en el
término náhuat cal, casa; y pan, en, donde está situado algo, ciudad
(sufijo locativo). Esta etimología nada forzada y que explica las
raíces constitutivas del toponímico Ahuachapán tiene en su abono la
siguiente cita que tomo de la carta de relación del oidor licenciado
don Diego García de Palacio (1576): “Hay (en Ahuachapán, dice) grandes
y gruesos árboles, y un género de robles de grandísimas bellotas de
que los muchachos hacen tinteros, y yo tengo una concha de las dichas
bellotas, que tiene tres dedos de grueso”.
En un informe municipal de Ahuachapán, de 24 de octubre de 1858, se
consignan los siguientes datos apócrifos: “12. El nombre primitivo de
Ahuachapám es Güeciapam, en lengua mejicana, que significa Río Grande,
y sin duda tomó este nombre por la cercanía del río de Paz, que es
caudaloso, en donde primitivamente se fundó el pueblo, y aun de su
memoria quedan algunos vestigios; sucesivamente se escribió Agüechapa
y por último Achuachapam”. Todas las aseveraciones contenidas en el
anterior párrafo son completamente falsas, aun cuando han sido tomadas
como verdades inconcusas por nuestros geógrafos e historiadores,
excepción del profesor Jorge Lardé que fue el primero en desvirtuar la
autenticidad histórica de las mismas. En primer lugar, consta en
muchísimos documentos coloniales que desde los primitivos tiempos de
la dominación hispánica esta población se llamó indistintamente
Aguachapa o Ahuachapán. En segundo lugar, en ninguno de esos
documentos consta la metamorfosis de Güeciapan a Ahuachapán, pasando
por Agüachapa y Achuachapam. En tercer lugar, no consta en esos
documentos que Ahuachapán haya mudado alguna vez de lugar y si algo
permiten establecer esos documentos es lo contrario: que Ahuachapán ha
permanecido siempre en donde hoy está, y por lo tanto, los vestigios
arqueológicos localizados en las márgenes del río de Paz, por Pueblo
Viejo y Chinamas, no corresponden al primitivo Ahuachapán sino a otro
pueblo extinguido en los tiempos inmemorial es. En cuarto lugar, el
toponimio Güeciapam no significa “río grande” en lengua mejicana
(nánuat) sino “río de un viejo” (de güe, huehue, viejo; ci, ce, uno; y
apan, río). Para significar Río Grande los aztecas o mexicanos decían
Hueytoyatl (de huey, grande; y toyatl, río) y los yaquis o pipiles
Hueyapan, (de huey, grande; y apan, río), pero no Cüeciapán ni cosa
parecida.

En informe a la Real Audiencia de los Confines, de 21 de diciembre de
1549, el oidor doctor Tomás López dice: “En este pueblo de Aguachapa
los hombres hablan como los de Cuzcatlán (náhuat) y las mujeres como
las de Chalchuapa (pok’omame)”. “A media legua de este pueblo”, dice
el señor López, “existen unas fuentes termales llamadas “ausoles”, lo
que ciertamente no habría dicho, según Lardé, si Ahuachapán “hubiera
estado a orillas del Paz, a más de cuatro leguas de los ausoles más
cercanos”. . En 1550 el pueblo de indios de Ahuachapán se dio en
encomienda al conquistador Bartolomé de Marroquín, vecino de la ciudad
de Santiago de los Caballeros de Guatemala, más en la tasación
respectiva no se indicó el número de parte-familias existentes en ese
pueblo. El cosmógrafo-cronista don Juan López de Velasco, en su
“Geografía y Descripción Universal de la Indias y.demarcación de los
Reyes de Castilla (1571-1574)”, dice los siguiente hablando del camino
real que ponía en contacto a la villa de la Santísima Trinidad de
Sonsonate con la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala:
“El camino desde Santiago a esta villa es áspero y de muchas piedras,
y hay en él dos ríos caudalosos, que se pasan dos o tres veces; el uno
se llama de los Esclavo, por unos indios que fueron esclavos y está
cerca de él, y el otro Aguachapa, por un pueblo de indios por do pasa
de este nombre”.

En la carta de relación del oidor licenciado don
Diego García de Palacio a Su Majestad Felipe n, de 8 de marzo de 1576,
se consigna lo siguiente referente a Ahuachapán: “Del dicho lugar
(Ataco) fui a otro de Vuestra Real Corona que se llama Ahuachapa, de
mediano temple, de la fertilidad y cazas dichas. Hácese en él la mejor
y más galana loza al modo de los indios que hay en estas provincias.
Principalmente la hacen y es oficio de las mujeres, las cuales labran
sin rueda ni instrumento alguno, más que preparando el barro con las
manos lo adelgazan e igualan, de manera que hacen muy bien cualquier
vasija que les mandan” “Hay en los términos de este lugar dos arroyos,
y en el uno hacen los indios pozos y remansos de agua, en que se cría
una nata y escremento, que beneficiado se hace colorado como grana, y
de esta hacen y dan color a unos jarros que hacen muy curiosos. Creó
que es el bolarménico, porque tiene las elecciones de él, y ansimismo
lo ha dicho un médico, bebido aprovecha al flujo de sangre y háse
probado en enfermedades pestilentes, y ha aprovechado mucho, débese
creer que, sí lo es, el agua do esto se nota pasa por algún minero del
dicho bolarménico. En el otro arroyo, con la misma orden, cojen otra
tierra negra, con que dan muy buen color negro, aunque lavado se
vacía”. “Hay en el término del dicho lugar unos manantiales que yo ví
de agua caliente y tanto que quema, tan diferentes en el color y
nacimiento que espantan. Llámanlo los indios el Infierno, y no sin
alguna semejanza. Brota y sale el agua en espacio de un tiro de
ballesta, por muchas partes y con diversos estruendos, según los
órganos por do salen: unos hacen ruido como suele un batan, otros como
molino, otros como fuelles, otros como quien ronca, y otras mil
formas. En algunas partes sale el agua turbia, en otras clara, en
otras colorada, en otras amarilla y de otros colores, según los
mineros de tierra por do pasen, y del humor que de allí sale se hace
un betún de diferentes colores que parece podría servir para pintar.
Los indios suelen llevar sus ollas de elotes y de carne, y cocerlas en
algún respiradero de aquella agua. Habrá tres año (1573) que pasando
un muchacho en el dicho lugar se le sumió y hundió una pierna en un
pantano de esta agua, y aunque lo socorrieron luego, dejó la carne de
toda la pierna, y sacó el hueso y nervios mondos y limpios, y murio
otro día siguiente. De todas estas fuentes se hace un río, que llaman
el Río Caliente, que aunque sale por debajo de la tierra más de media
legua de este lugar, a acontecido pelar los pies a un caballo y
mancarle. Dos tiros de arcabuz, más cerca de una sierra que allí está,
hay otros respiraderos de agua caliente, y está una piedra de cinco
varas de largo y tres de ancho, hendida por medio, y sale siempre por
la hendedura cantidades de humo, y llegándose a ella se oye el más
horrible y espantoso ruido que se sabe; y acontece muchas veces cuando
los tiempos andan revueltos, que salen por allí unos bramidos y
truenos que se oyen media legua al derredor”. Después de hablar de los
bosques de robles de Ahuachapán, el citado oidor continúa así: “Hay en
los términos de este lugar escorpiones tan grandes como gazapos, y un
género de sapos menores que ranas, que saltan por los árboles y se
tienen como pájaros. En tiempos de aguas hacen tan grande estruendo y
dan grandes bramidos como terneros, y aunque esto me lo habían
afirmado, no lo quise creer hasta verlo; y asimismo las mayores
hormigas que he visto, cómenlas los naturales y las venden en sus
mercados”. El 8 de mayo de 1~86, en viaje de México a Nicaragua, pasó
el río de Paz el padre comisario de la orden de San Francisco, fray
Alonso Ponce y “andadas tres leguas en que se suben algunas cuestas y
se pasa una venta junto a una lagunilla (laguneta del Espino o
Huitzapan), llegó a un bonito pueblo llamado Auachapa, de los mismos
indios (pipiles) y Obispado (de Guatemala), en que residía un clérigo
muy devoto de nuestro hábito, el cual recibió al padre Comisario en su
casa y le hizo mucha caridad y regalo. Hácense en aquel pueblo
tinajas, cántaros y cantarillas y jarros de barro colorado, muy bueno
y todo muy curioso”. El 5 de julio de 1586, en. viaje de regreso,
volvió a pasar por Ahuachapán fray Alonso Ponce, y la “Relación Breve
y Verdadera” referido el estado del camino entre Apaneca y Ahuachapán,
vía Ataco, y llegada a esta población del referido religioso, dice:
“Pasó de largo (por el pueblo de Ataco), y andadas otras dos leguas, y
en ellas pasado un buen arroyo con que los indios riegan sus
cacauatales, llegó al pueblo de Auachapa, donde a la ida había estado
una noche; halló allí al mismo clérigo, el cual, así como a la ida, le
recibió muy bien y le dió de comer con mucho amor y devoción; el
camino de aquella bajada (de Apaneca-Ataco a Ahuachapán) estaba peor
que el de la subida del día anterior, (de Sonsonate a Salcoatitán-
Apaneca) porque estaba más llovido y la cuesta más empinada, había
muchos barrizales y deslizadero s en que resbalaban las cabalgaduras,
y van así resbalando un gran trecho con pies y manos, sin poderse ni
poderlas detener, y no fue pequeña dicha que ninguna cayese. Aquel
mismo día, después. de comer, ya tarde, salió el padre Comisario de
aquel pueblo, y andadas tres leguas por el mismo camino que a la ida
había llevado, llegó al río grande que llaman de Aguachapa (hoy río de
Paz). Pasóle por el vado, aunque iba algo hondo y muy ancho, porque
puente no tenía ninguna”. En la “Descripción de la Provincia de
Guatemala” hecha en 1594 al rey Felipe 11por el funcionario real don
Juan de Pineda, éste dice lo siguiente respecto. al pueblo de
Ahuachapán: “El pueblo de Ahuachapán está de la ciudad de Guatemala
cuatro jornadas, como vamos por el camino real que va a las provincias
de San Miguel, Honduras y Nicaragua; está cinco leguas antes de llegar
a la villa de la Trinidad (de Sonsonate); está este pueblo asentado en
un llano; es tierra caliente, no mucha, sino buen temple y sana; cojen
mucho maíz, axi (chile) y frijoles y chian; crían muchas aves de la
tierra (chompipes o huaxolotes) y de Castilla (gallinas y patos);
hacen mucha loza colorada, como son cántaros, ollas, jarros, caxetes,
y comales; tienen todos caballos en los cuales llevan las cosas que
tienen de cosecha, y la loza (la) llevan a cuestas a los pueblos de
los Izalcos y la venden a los indios de ella, de que sacan mucho
cacao, porque todo lo que llevan lo venden a como quieren, porque vale
mucho, y así están tan ricos tanto por tanto como los de los Izalcos;
asimismo muchos de los vecinos de este pueblo tienen milpas de cacao,
porque es tierra aparejada para ello; es camino pasajero, y también
dan recaudo a los pasajeros que por él pasan, que son muchos de que
sacan mucho dinero, y del cacao que tienen y traen de los Izalcos,
tienen mucha caza, así en venados como de codornices; hacen mantas
blancas y naguas que asimismo llevan a.vender; todos están, como digo,
ricos, y es poco dar otro tanto tributo del que dan, según es posible
que tiene; visita este pueblo un clérigo que lo tiene por beneficio.
Este pueblo está en la corona real de Vuestra Majestad, y el tributo
que da se aplicó al hospital real. que es de Vuestra Majestad, para el
sustento de los pobres; este pueblo era de un don Carlos, y por
delitos que hizo se lo quitaron y se aplicó la renta de él como está
dicho”.

Durante la administración conservadora del licenciado Francisco
Dueñas y por Decreto Legislativo de 9 de febrero de 1869 se creó, con
los distritos de Ahuachapán y Atiquizaya, el Departamento de
Ahuachapán; y se facultó al Supremo Poder Ejecutivo para que designara
los pueblos que debían formar esa nueva división
político-administrativa de la República y para que lo proveyera de
Gobernador y de todo lo necesario en el momento de su establecimiento.
El Ejecutivo Nacional nombró gobernador propietario al ciudadano Fabio
Morán y gobernador suplente al general Francisco Menéndez. El 13 de
febrero comenzaron en Ahuachapán los festejos cívicoreligiosos con
ocasión de la creación del nuevo departamento, haciendo su ingreso en
la ciudad el gobernador político y militar del departamento de Santa
Ana, señor Manuel Montalvo. “Desde la mañana del siguiente día,
domingo 14 dice la crónica de esos sucesos-, fIameaba en el Cabildo el
pabellón nacional, y la población entera, empavesada con banderolas y
cortinajes, ofrecía un hermoso golpe de vista. Formada la guarnición
en alas de toda la calle del Cabildo, una comisión del seno de la
municipalidad acompañó a los señores don Manuel Montalvo, Gobernador
de Santa Ana, y don Fabio Morán, Gobernador del nuevo Departamento de
Ahuachapán, siguiéndole los vecinos principales del lugar, gran parte
del pueblo y la banda militar. Ya en el salón todo el concurso y
reinando un profundo silencio, el Jefe del Distrito, cumpliendo la
comisión que le confió el Supremo Gobierno y previas las ceremonias de
estilo, recibió el juramento de ley al señor don Fabio Morán dándole
en el acto posesión de la Gobernación y Comandancia General del nuevo
Departamento”. El acto concluyó con un solemne Te Deum cantado por el
presbítero y cura párroco don Félix Quintanilla. Por Decreto Ejecutivo
de 26 de febrero de 1869 el distrito de Ahuachapán, en el departamento
del mismo nombre, quedó integrado así: cabecera, la ciudad de
Ahuachapán, y municipios de Ataco, Tacuba, San Pedro Puxtla, Guaymango
y Jujutla.
El 25 de marzo de 1871 una aurora de libertad brilló en la historia de
Ahuachapán, pues en tal fecha el general Francisco Menéndez tomó allí
el mando de las fuerzas revolucionarias que derrocaron la
administración ultramontana e impopular del licenciado Francisco
Dueñas y entronizaron la administración liberal del mariscal de campo
don Santiago González. En 1876, durante la efímera administración del
ciudadano don Andrés Valle, la plaza de Ahuachapán fue bombardeada por
fuerzas guatemaltecas. El 30 de agosto de 1879 se produjo una
revolución en esta ciudad contra la administración reeleccionista e
impopular del doctor Rafael Zaldívar. El jefe de la misma fue don
Fabio Morán, y no tuvo éxito. En mayo de 1885 el general Francisco
Menéndez encabezó el movimiento revolucionario que dio en tierra con
la administración zaldivarista y con tal ocasión tomó la plaza fuerte
de Ahuachapán. Por Acuerdo de 18 de junio de 1886, expedido por el
propio general Francisco Menéndez, se ordenó la construcción de un
hermoso parque en esta ciudad. En 1890 tenía 11,720 habitantes. “Está
dividida -dice el geógrafo don Guillermo Dawson- en centro y siete
barrios llamados Chipilapa, Las Pilas, El Zarzal, Tacubita, El Chanal,
Las Flores y El Calvario. Sus calles son rectas y la mayor parte
empedradas, descollando entre todas, por su belleza, la de Riego. Sus
edificios públicos son el Palacio Municipal, la Gobernación, también
conocida con el nombre el Convento, la Iglesia Parroquial, el Hospital
y las casas de escuelas”. “Hay muy hermosos y cómodos edificios
particulares, un parque en construcción, varios paseos públicos, entre
los que sobresale el Llano de la Laguna, y magníficos baños como el de
Apunían, El Lamel, El Molino y El Zapote. Los ahuachapanecos son
sobrios y trabajadores, de genio alegre, hospitalarios y valientes Su
principal patrimonio consiste en el cultivo del café y la elaboración
del azúcar”. El censo de 1892 arrojó para Ahuachapán una población de
12,227 almas, de las cuales 7,416 eran ladinos y 4,811 indígenas. En
1894 los generales Horacio Villavicencio y Fabio Morán ocuparon la
plaza de Ahuachapán, como parte del plan revolucionario de los
heroicos 44 que derrocaron la administración bicéfala de los hermanos
Carlos y Antonio Ezeta. Esta ciudad fue destruida parcialmente por el
terremoto de 26 de diciembre de 1937. En diciembre de 1944 sucumbieron
gloriosamente en los llanos del Espino los patriotas Manuel Ariz,
Herbert Lindo, Alfonso Ariza, Víctor Manuel Arango y otros, en un
estéril intento de derrocar la administración de facto del coronel
Osmín Aguirre y Salinas.