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GUATEMALA: LA VIRGEN DE SOLEDAD DE LOS REMEDIOS: INGENIO DE MONTUFAR Y GLORIA DEL CALVARIO

 Libro de Consulta: El Señor Sepultado del Calvario de la Nueva Guatemala de la Asunción y su legado a la historia Nacional. Autores: Dr. Fernando Urquizú y Arquitecto Mario Alfredo Ubico.  Hermandad Cruzados de Cristo (2012).

Fotos cortesía de su hermandad 

Los albores del siglo XX encontraron a una sociedad guatemalteca fuertemente cohesionada  para  organizar grandes manifestaciones de culto religioso,  dedicadas a la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor.  En esa época, surgieron grupos sociales, que reunidos en torno a ciertas parroquias,  realizaron  actividades religiosas de  pasión, tal el caso de la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios que en 1,896 solicita a las autoridades eclesiásticas el permiso para reorganizar una procesión del Santo Entierro de Cristo en la tarde del Viernes Santo.  Dicha solemnidad fue realizada por un grupo mixto, de hombres y mujeres que conformó la primigenia “Hermandad del Señor Sepultado del Calvario”. En el año de 1,908, el entorno social del Barrio del Calvario experimentó un notorio auge gracias a la cercana inauguración de la Estación Central del Ferrocarril. Este hecho generó una interesante movilidad social,  así como crecimiento del comercio  y por consiguiente,  un alto grado de bonanza económica en dicho vecindario.

En la década de 1,920 la organización del Santo Entierro del Templo de los Remedios da un salto cualitativo,  al ser aprobados sus estatutos y constituirse formalmente como la “Hermandad del Señor Sepultado del Calvario”.  Este hecho,  evidenció la necesidad de fortalecer el cuerpo procesional del Viernes Santo. Es por ello, que el Diario El Imparcial del 3 de abril de 1,925 anunciaba la próxima bendición y estreno  de las imágenes de la Virgen de Soledad, San Juan y Santa María Magdalena, obras del escultor Manuel Montúfar. Figuran los nombres de Adela M. Vda. De Reina, María G. Vda. de Cruz, Sofía Polanco P. y  Carlota Puente Lara M. como integrantes de la Sociedad de Señoras y Señoritas de la Hermandad de Jesús Sepultado del Calvario. Víctor Miguel Díaz, conocido como “El Viejo Reporter”,  en su obra “Las Bellas Artes en Guatemala”, la describió como una Dolorosa vestida a la usanza de las vírgenes españolas.

 

En 1932, el recién inaugurado Templo El Calvario trajo notoriedad y apogeo a la fervorosa procesión. La década de los años 40 trajo un mayor grado de suntuosidad a dicha paraliturgia, en la que Santísima Virgen de Soledad cobraba gran protagonismo al ser revestida, bajo un estilo español,  con  el “Manto de Azucenas”, bordado  en los talleres de “Casa Central”. Para 1,947 según fotografías de turnos, ya era conocida la “Asociación de Nuestra Señora de los Dolores de la Parroquia El Calvario” resultado quizás, de la reciente reorganización de la Hermandad del Señor Sepultado,  que pasó a ser la “Asociación Cruzados de Cristo”, logrando así, la reubicación de dos grupos independientes de hombres y mujeres, en torno a las imágenes del Cristo Yacente y la Virgen de Soledad.

 

La década de 1,944 a 1,954,   estuvo caracterizada por el progreso económico y social que  configuró a un Barrio del Calvario sumamente embellecido, en que el coexistían a pocos metros, tanto el nuevo como el antiguo templo del Calvario, convertido éste último en un museo. En 1,950 asume como Párroco, Monseñor Mateo Perrone que reorganizó la otrora “Asociación Cruzados de Cristo” convirtiéndola en la “Hermandad Cruzados de Cristo”.  En 1,951 Monseñor Perrone  invita a la Señora Francisca Viuda de Nielson, dirigente e inquilina del Mercado “La Placita” a hacer lo mismo con la asociación femenina, refundándola con el hombre de “Hermandad de Dolores del Calvario”.  Prueba de ello, es el actual estandarte oficial de la hermandad que “Doña Paquita”, como era cariñosamente conocida, afirmó en una entrevista, haber mandado hacer bajo su período de presidenta. Dicho estandarte, expresa el nombre oficial  de la asociación, que fue retomado hasta hace algunos años.

 

La procesión del Viernes Santo de 1,957 marcó el inicio de una época fastuosa e innovadora, destinada a embellecer su  aparato artístico. Como parte de ellos, fueron importados algunos pasos de la fábrica Olot de España y un estandarte para la hermandad de varones. Por su parte, la Hermandad de Dolores inicio la recaudación de fondos para la compra de un suntuoso ajuar en España, por medio de bingos, rifas y venta de rosarios.

 

La notoria reinvención de la procesión del Santo Entierro de 1,957, destacada por varios estrenos, atrajo la atención del Diario El Imparcial al haber resaltado que se había “echado la casa por la ventana”.  Esto provocó un fuerte incremento en el número de devotas señoras, señoritas y niñas cargadoras.  El ideario colectivo, reforzado por un uso adecuado de los medios de comunicación,  fijó los famosos apelativos de “Macarena de Guatemala” y “Real Señora del Calvario” que denotaban el gusto con que la Virgen de Soledad era presentada. Dos grandes maestros de la época, Manuel Antonio Ramírez Crocker para el Cristo Yacente y Pedro Donis flores, para la Virgen de Soledad,  dirigían los cuerpos musicales de la procesión.

 

A ochenta y siete años después de la bendición de la hoy “Consagrada Imagen de la Santísima Virgen de Soledad, Reina de la Paz”  y sus Santos Acompañantes, la actual Hermandad de Dolores  del Calvario, constituye la continuidad de los valores que determinaron su surgimiento, siendo principalmente, la genuina devoción para  conmemorar con amor y fe,  los dolores de la Madre de Cristo. Por más de ocho décadas, han venido a sus pies cada Viernes Santo,  miles de mujeres y un creciente número de hombres que ven en ella, la más perfecta idealización de la Madre de Dios.