Su Revista de Coleccion

LA ORACIÓN DE <<< JESUCRISTO >>>.

  • <<< JESUCRISTO >>> fue modelo de oración para sus discípulos y todavía sigue siéndolo para nosotros, sus seguidores. Hay much…

    os rasgos en la oración de Jesucristo, tal y como nos la presentan las Sagradas Escrituras, que resultan fundamentales a la hora de comprender la esencia más profunda de la oración.

    1. La oración de <<< JESUCRISTO >>> busca la voluntad de Dios por encima de todo. Esto lo vemos claro en la oración en el huerto de Getsemaní: “Padre, haz que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Mateo 26, 39; Marcos 14, 36; Lucas 22, 42). En la oración encontramos a Dios, que nos ofrece su gracias para cumplir lo que nos pide. Dios nunca nos quita las dificultades, pero siempre nos da las gracias y las fuerzas naturales para vencerlas. Cumplir la voluntad de Dios puede entrañar dificultades a distintos niveles: nos cuesta entender que lo que se nos pide es lo mejor para nosotros, nuestro camino de felicidad, nos cuesta vivirlo con plenitud, somos reacios a la entrega. En la oración quizás nos entenderemos todo lo que Dios nos pide, pero aprenderemos a amarlo viéndolo venido del Ser que más nos ha amado. La oración nos lleva a confiar en Dios, a acercarnos a Él con la seguridad de que saldremos enriquecidos, a entregarnos con generosidad a su voluntad sabiendo que Dios nos marca el camino de nuestra felicidad. La oración de Jesús ante los acontecimientos de salvación que el Padre le pide que cumpla es una entrega, humilde y confiada, de su voluntad humana a la voluntad amorosa del Padre. Toda la oración de Jesús está en esta adhesión amorosa de su corazón de hombre al “misterio de la voluntad” del Padre (Cf. Catecismo de la Iglesia Católica 2600 y 2603).

    2. Es una oración que pide fuerzas ante las dificultades. Ya lo hemos visto en el caso anterior, con la oración de Jesús en Getsemaní, pero también se ve, por ejemplo, cuando se retira cuarenta días al desierto (Marcos 1, 12-13; Mateo 4, 1-11; Lucas 4, 1-13) antes de comenzar su misión apostólica. Jesucristo se fortalece en la oración. Nosotros también salimos de ella motivados, sustentados en la gracia de Dios, más movidos por el amor que por nuestro propio egoísmo. La Madre Teresa de Calcuta repitió más de una vez que la oración hace transparente el corazón para el amor. Así es: en efecto, la oración prepara al corazón para la entrega que exige el verdadero corazón para la entrega que exige el verdadero amor. La oración nos da fuerza para vivir el plan de Dios sobre nuestras vidas: “Padre, ha llegado la hora; glorificara a tu Hijo, para que Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado” (Juan, 17, 1-2). La oración es la base de la actividad apostólica de Jesús. Desde ella y por ella puede realizar su misión de salvación para los hombres. Desde ese diálogo con Dios, Jesucristo nos entrega la vida eterna.

    3. Es una oración de intercesión por los hombres y, especialmente, por los apóstoles. En el Evangelio encontramos muchos pasajes que nos presentan esta actitud de Jesucristo: Lucas 23, 34; Juan 17, 9-26. Jesús le pide al Padre que perdone a sus hijos, que los guarde del mal, que sean uno, etc. Jesucristo reza por todos los hombres, los de su tiempo y los que habría de venir en las futuras generaciones. El Papa Juan Pablo II vive también así su oración, la hace intercesión por las necesidades de los hombres, sus hermanos. El 28 de octubre de 1995, en la celebración del trigésimo aniversario del Decreto Conciliar Presbyterorum Ordinis, del Concilio Vaticano II, sobre el sacerdocio, el Papa Juan Pablo II pronunció un discurso en el que dijo: “pienso en el gran número de peticiones, de intenciones de oración, que nos presentan constantemente varias personas. Yo tomo nota de las intenciones que me son indicadas por personas de todo el mundo y las conserva en mi capilla, en mi reclinatorio, para que estén presentes en todo momento en mi conciencia, aun cuando no puedan ser literalmente repetidas cada día. Permaneced allí y se puede decir que el Señor Jesús las conoce, porque se encuentran entre los apuntes en el reclinatorio y también en mi corazón”. La oración que hacemos por los demás es como la sangre que recorre y vivifica a la Iglesia, el cuerpo místico de Cristo.

    4. Es una oración de acción de gracias. Así lo vemos en Juan 11, 41-42; “Padre, te doy gracias por hacerme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que me crean que tú me has enviado”. Jesucristo pronuncia esta oración antes de resucitar a Lázaro. Es tal su confianza en el poder y en el amor de Dios que sabe que antes de que Él exponga su petición, el Padre ya se la ha concedido. La acción de gracias es un deber de justicia por el que reconocemos todo lo que Dios nos ha dado y, al mismo tiempo, esta acción de gracias nos lleva a confiar más en Dios. Jesucristo repite esta oración varias veces en el Evangelio (Mateo 11, 25; Lucas 10, 21; etc.). San Pablo, fiel apóstol de Jesucristo, refleja muy bien esta actitud en todas sus epístolas (Cf. Romanos 1, 12; II Timoteo 1, 3; Filemón 1, 4). La gratitud es una de las virtudes más nobles, más amadas por Dios (Cf. Lucas 17, 12-18), pues para ser agradecidos hace falta ser humildes y sencillos. El soberbio cree que todo se lo debe, y por eso nunca sabe abajarse para dar gracias sinceramente ante un favor, ni delante de Dios, ni de los hombres.