Su Revista de Coleccion

A una joya nacional (remembranzas)

Lic. Manuel Arguello Muñoz

 En un pueblecito de un pequeño país vivía una gente que amaba la tierra. Tierra que le daba un bello paisaje de muchos matices de verde y otros colores con que se pintaban las flores, las hojas y las callecillas de piedra, de barro o zacate, que comunicaban las últimas casas con el fértil campo de los labradores.

Todos en el pueblo eran muy unidos. Los unía la tierra, campo de trabajo, los unía el mercado, la plaza, el parque, la iglesia, y hasta el torreón, símbolo de guerra.

La iglesia de piedra que los bisabuelos habían construido, era el monumento más grande y más alto de todo lugar. Torres imponentes, las gruesas paredes de cantos rodados y cal, tan bien protegidas por los contrafuertes, el viejo tejado tan lleno de musgo y liquen, las enormes puertas de madera; filas de columnas dividiendo el templo en tres anchas nave; grandes ventanas llenas de vitrales. Del cielo raso muy bien decorados, colgaban arañas de vidrio. Altares con velas todas encendidas. Las bellas imágenes dela Inmaculada, aquel Nazareno, el Cristo enla Cruz, el Santo de Paúl con esos niñitos de mirada triste, la de Santa Martha y aquellos vía crucis llenos de expresión. El Altar Mayor con ese retablo tallado por aquel artista, alma de ese pueblo. La torre de cuatro campanas que cuando sonaban llenaban las ondas de aire de todo lugar, la campana grande llamaba a la misa, la otra campana al Santo Rosario, y el triste sonido de las dos campanas medianas, anunciaban duelo, indicaban muerte.

El mayor silencio estaba en el templo, sólo de repente, un golpe muy seco bajaba de la torre alta donde había un reloj. En ciertos momentos se oía el fuerte sollozo de un fuelle que impulsaba el aire del gran instrumento de tubos muy largos y altos. Se rompía el silencio y salían las notas más bellas que sólo en el templo se podían escuchar, eran aquellas notas de música con que el artista se sentía feliz.

Todos los del pueblo se habían fraguado en aquella iglesia. La alegre muchacha al salir del templo encontró al hombre que iba a ser su esposo. Dentro de la iglesia la joven pareja había jurado nunca separarse. Un año después, llevan al templo su primer retoño, y en esa capilla de cúpula comba, el recién nacido recibía el agua de la fe de Cristo.

Las solemnidades deLa Inmaculada, los juegos de pólvora, la misa del gallo y la adoración del Niño Jesús.La Semana Santacon la borriquita entrando al templo y las procesiones y aquellos sermones llenos de mensajes, llenos de emoción.

En las tardes tibias dela Horas Santas, los reclinatorios se cubrían de negro con aquellas toallas, bello complemento de la gran piedad. En los laterales unos pocos hombres de traje sencillo con el pie desnudo, estaban atentos a aquella lectura de meditación. Los niños miraban todos los virajes que las golondrinas hacían luciendo sus trajes de monjas y entonando himnos desde las cornisas. Aquellas cornisas pintadas por manos de un maestro sobrela Gran Pasión: el Cáliz y el Pan, chilillos y azotes, corona de espinas y el gallo de Pedro, la caña y el manto, el divino rostro yla Cruz, martillos y clavos, la esponja y la escalerilla, etc, etc

La quietud del templo y la meditación de aquella Hora Santa  a algún pobre enfermo y fiel feligrés.

Rosarios cantados con predicación y la procesión dentro de la iglesia. Se formaban filas de hombres y de mujeres portando candelas con que acompañaban aquel Santo Palio. Pobres funerales, funerales largos con cantos y flores. Todos son aspectos de los mil matices que tenia aquel templo. Templo que encerraba la historia completa del pueblo, gigantesco pueblo: Joya Nacional. Escrito el 16 de Noviembre de 1980