Su Revista de Coleccion

Guatemala: La devoción a la CI de Jesús del Consuelo

Por Aníbal Chajón

Fotografia: William Santos

http://jesusenguatemala.com/

Uno de los templos emblemáticos del Centro Histórico de Guatemala es La Recolección de donde sale, el Sábado de Ramos, la procesión de Jesús Nazareno del Consuelo, que reúne a miles de devotos.

El templo de El Santísimo Nombre de Jesús es conocido como La Recolección, porque estaba administrado por los religiosos recoletos. La iglesia fue bendecida el 21 de enero de 1845, y es un templo de estilo es neoclásico.

El edificio fue dañado por los terremotos de 1917 y 1918, gran parte de la estructura se derrumbó y muchos de los bienes que albergaba fueron lastimados. La reconstrucción del edificio se inició en 1924, sin embargo, la situación económica de los pobladores del barrio, que tenían que reedificar sus propias viviendas, no permitió que las obras avanzaran con celeridad.

Después de años de trabajos, el templo se abrió de nuevo el 4 de septiembre de 1949 y, desde entonces, se empezó una nueva etapa de embellecimiento interno. Por ese período, en 1952, llegó a la comunidad de La Recolección otro miembro, Miguel Murcia, quien convirtió las procesiones recoletas de un fenómeno de barrio a otro con proyección en toda la ciudad.

Un cuarto de siglo después de su reapertura, en 1976, otro terremoto dañó la iglesia y sus obras de arte. Fue hasta el 13 de junio de 1978 que se puso a disposición del culto, después de los trabajos de reconstrucción, que es la forma en que puede apreciarse en la actualidad.

El Nazareno de Ganuza 

Por Manuel Morales Montenegro
Se estima que la imagen de Jesús Nazareno de la iglesia de La Recolección fue tallada en el siglo XIX. Algunos autores suponen que fue obra de uno de los escultores Ganuza, quienes tuvieron celebridad en esa centuria.

Un franciscano escribió, en 1974, una historia del templo, era fray Deodato Carbajo. Su estudio fue reeditado con el título de Breve Historia Iglesia de La Recolección. En su artículo, anotó que la iglesia contaba con varias obras de arte religioso, entre las que destacaba un “cuadro de Jesús Nazareno en Semana Santa, firmado por Carlos Jerónimo Sancho, Guatemala, 1935″, que reproducía la procesión de 1933 y que aún puede verse en el transepto del Evangelio en el templo. Incluyó en la lista de objetos una escultura de “San José, de Ganuza”, y el “Cristo Nazareno, siglo XVIII o XIX”.

En esa época, Carbajo ignoraba el autor de la escultura porque no lo incluyó, aunque relacionó a un escultor de apellido Ganuza con las obras de la iglesia. Después se ha dicho que el Nazareno fue realizado por los hermanos Ganuza.

Una publicación, llamada El Tipógrafo, fechada en abril-mayo de 1992, atribuía la escultura a “los hermanos Juan y Santiago Ganuza”. Según este artículo, Juan hizo la imagen del Señor Sepultado, en 1830, y Santiago talló al Nazareno, entre 1830 y 1835. Además, indica que en 1850 se procesionó por primera vez al Nazareno, aunque el cortejo fue suspendido en 1872 por el gobierno liberal. A pesar de eso, El Heraldo Recoleto, del 22 de marzo de 1959, afirma que la primera vez que salió en procesión la imagen del Nazareno fue hasta 1898. En cuanto a los Ganuza, consta en la edición del Diario de Centro América del 7 de agosto de 1915, que Santiago Ganuza fue un violinista aficionado a la escultura, quien “corriendo el tiempo hizo una obra de mérito que debe existir en uno de los templos de la capital”, según la nota del periódico. De su matrimonio con Eduviges Peláez nació Juan Ganuza, el 20 de abril de 1840.

Discípulo del escultor Ventura Ramírez, Juan Ganuza hablaba francés e inglés, además del castellano, y había estudiado monocordio. A los 13 años de edad creó su primera obra, después de lo cual hizo varias tallas que fueron llevadas a templos en México, El Salvador, Honduras, Estados Unidos y América del Sur.

Entre sus esculturas hubo una que se envió a Roma. “Distínguese por la belleza y la corrección de sus perfiles un Nazareno, de tamaño natural, premiado en la exposición del Vaticano con motivo de las Bodas de Oro del Pontífice León XIII, en 1888″, según la crónica de 1915.

Una obra del romanticismo
Por Fernando Urquizú
El historiador Haroldo Rodas probó que la imagen del Nazareno de El Calvario está relacionada con otra obra de Juan Ganuza enviada a la Santa Sede en 1888. Ambas esculturas tienen características comunes con la imagen de Jesús Nazareno del Consuelo. Si se estudian estilísticamente se puede descubrir que son bastante parecidas, lo que les permite ser atribuidas al mismo autor, quien trabajó a fines del siglo XIX en la Nueva Guatemala de la Asunción.

Los tres Nazarenos tienen una posición similar de la mano, la mirada, muestran un singular movimiento girado en los hombros y la posición coincidente del rostro, por todo ello las imágenes siguen patrones que permiten ser atribuidas al mismo tallador. Las diferencias entre el Nazareno de El Calvario y el de La Recolección se deben a factores fortuitos por lo que se alteró una de ellas. La imagen recoleta sufrió a causa de los terremotos de 1917 y 1918, que destruyeron la iglesia, por lo que el Nazareno quedó dañado.

En ese momento imperaba un gusto por los cánones europeos románticos, que se basaban en modelos italianos y franceses. Según estos patrones, varias imágenes religiosas, talladas en madera, recibieron nuevos ojos, preferentemente de color celeste. En esa época, el Nazareno de La Recolección fue restaurada con un color de tez claro, por uno de los más importantes imagineros de la época, Julio Dubois. Según testimonios orales se le pusieron ojos de color claro.

Posteriormente, a mediados del siglo XX, el maestro Huberto Solís adecuó y reencarnó la imagen. Fue entonces cuando cambió el ceño y barba. Eso hizo que dulcificara la expresión pero la escultura quedó igual. El Nazareno fue consagrado el 3 de marzo de 1956, por el Obispo de San Marcos, Celestino Fernández. Un año más tarde, se le cambió la cabellera de rizos, que le acercaba a los patrones barrocos españoles, por otra lacia, con el objeto de darle un efecto más natural y acentuar el espíritu romántico francés.