Su Revista de Coleccion

-”Bendita penitencia que tanta gloria me ha concedido”

Francisco A. Fdez
Visión de Santa Teresa en la que San Pedro de Alcántara, amigo y confesor de la santa, tras haber padecido la hermana muerte corporal, se la aparece y le afirma: -”Bendita penitencia que tanta gloria me ha concedido”.
Cuando santa Teresa hace memoria viva de su camino hacia Dios y recuerda cómo Cristo vino a ser para ella «libro vivo», no puede olvidar que fue el bendito fray Pedro de Alcántara quien pudo confirmarla en ello, frente a otros muchos que la tenían amedrentada.Bien claro veía ella que su sentir a Cristo cabe sí no era fruto de una imaginación desbordada por falsos sentimientos religiosos; pero el miedo en que la hacían vivir quienes con sus consideraciones la inducían a sospechar siempre de ello, y a ver en tales experiencias ardides del diablo para perderla, la sumergieron en un mundo de dolor y sospecha. Buscaba incesantemente algún maestro que la pudiera llegar a dar razón de lo que ella vivía, que tan lejos estaba de esos engañ

os y patrañas que la imaginación ponía en muchos de sus contemporáneos, pero que por la dificultad de darlo a entender al ser experiencia surgida en el fondo de su misma vida entregada a Cristo no encontraba confirmación en su vivencia.Con San Pedro de Alcántara llegará la confirmación en lo que vive al descubrir que lo que ella experimenta son visiones muy subidas, que se expresan en luz interior, y no en falsas consideraciones fruto de la imaginación inducida por sentimientos pseudorreligiosos o patrañas del demonio. No eran simples consideraciones para momentos de oración, era don y gracia de Dios que en Jesucristo nos ha dado todo, por eso sólo hombres experimentados podían confirmarla en ello. Su gozo y alegría es grande y no puede dejar de ensalzar a quien supo encauzarla por sendas de tanta perfección: «¡Y qué bueno nos le llevó Dios ahora en el bendito de fray Pedro de Alcántara! –exclama al saber de su muerte y recordarle–. Este santo hombre de este tiempo era; estaba grueso el espíritu como en los otros tiempos, y así tenía el mundo debajo de los pies. Que, aunque no anden desnudos ni hagan tan áspera penitencia como él, muchas cosas hay para repisar el mundo, y el Señor las enseña cuando ve ánimo. ¡Y cuán grande le dio Su Majestad a este santo que digo, para hacer cuarenta y siete años tan áspera penitencia, como todos saben!» (Vida 27,16).

Describe su penitencia y concluye: «Con toda esta santidad era muy afable aunque de pocas palabras, si no era con preguntarle. En éstas era muy sabroso, porque tenía muy lindo entendimiento». Ella sabe que la quería bien, y que fue este amor algo que el Señor quiso la tuviera para volver por ella y animarle en tiempo de tanta necesidad, como fueron los años en que su oración no era entendida ni aprobada por quienes la acompañaban en Avila.