Su Revista de Coleccion

El padre nuestro de Leonardo Garnier es de un hombre enterrado en vida y desde su desesperación mide, con la frustración hasta el cuello, el tamaño de una figura que los demás vemos Omnipotente

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Por: Lizeth Castro

Muchos, cada día,  tomamos un cincel y le damos forma al Dios que nos conviene. Y esto incluye a los que somos cristianos, católicos o no; nos convertimos en escultores de un Dios a nuestra medida y oportuno. Cuando nos resulta inoportuno –porque así nos lo dicta nuestra conveniencia- le tiramos una sábana encima para no verlo y que “no nos vea”. Sin escuchar su Voz, hacemos lo que nos da la gana, nos justificamos, le pasamos por encima y seguimos con la vida.  El del polémico relato  de Leonardo Garnier es un hombre enterrado en vida y desde su desesperación mide, con la frustración hasta el cuello, el tamaño de una figura que los demás vemos Omnipotente y se atreve a decir “¿Padre? ¿Nuestro?”.   Resulta grotesco, ciertamente, que alguien se atreva a despreciar al  Hacedor de la Vida, pero a mí, el relato no me ofende. Me ubico en aquél que no ha comido en varios días;  en el que grita desde el hueco de su estómago “¿Dónde estás Dios? ¿Existís como existe esta hambre? ¿Existís como existe el desprecio? La gente pasa a la par mía, tienen tiempo para ir a Misa, al Culto, a las fiestas de caridad, a los seminarios de superación personal, al yoga, a la nutricionista, al Gimnasio, al Banco… y no tienen tiempo para voltearse y verme en esta esquina desgraciada del planeta y darme un pedazo de dignidad.” Garnier toma el sentimiento hastiado de un ser humano que el mundo ha hecho sentir huérfano. Así me lo imagino.  Quienes decimos PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO, debiéramos defender su Nombre con nuestras obras, con solidaridad, sin golpes, ni insultos, con respeto, con sensatez, con tiempo para los que tienen menos y merecen igualdad de oportunidades. ¿Dirán “VENGA A NOSOTROS TU REINO” esas madres y padres que golpean, hasta cansarse, a sus hijos? ¿Digo “LIBRANOS DEL MAL” cuando hay mujeres que viven cerca mío, en agresión y no les digo que rompan el silencio? ¿Decimos “SANTIFICADO SEA TU NOMBRE” cuando ofendemos el nombre de los demás para humillarlos y burlarnos de sus errores? ¿Decimos “HAGASE TU VOLUNTAD” y permitimos la corrupción, sin denunciarla?  El relato de don Leonardo no me ofende.  Me pone a pensar.  Y a mi PADRE NUESTRO, le seguiré rezando para que me dé fuerzas y demostrarle a los que dudan, que no hay amor más grande que Aquél que da la Vida por sus amigos.