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San José, Costa Rica : Dulce Nombre de Jesús cumple otro año con su procesion jurada desde 1856

Reportaje : Mynor Esquivel

Con la participación de, al menos, un millar de feligreses y devotos al Dulce Nombre de Jesús se llevó a cabo la Santa Eucaristía presidida por el Pbro. Daniel Blanco quien durante su homilía explicó la importancia devocional de los josefinos hacia la figura  de Jesús Niño.

Luego, se desarrolló la sacra procesión * por las principales calles de San Jose centro, capital de Costa Rica,  con la portentosa y emblemática imagen del Dulce Nombre en un hermoso trono acompañado por decenas de infantes ataviados con trajecitos nazarenos en color morado.

Uno de los momentos mas importantes de esta peregrinación fue la vista al Hospital Nacional de Niños donde el Pbro. Juan Carlos Moreno leyó una de las decimas  rogando a la santa efigie por los nos hospitalizados en dicho nosocomio.

“La  devoción y culto al Dulce nombre de Jesús – señala en su libro: Dulce Nombre: una devoción muy josefina el autor Robert Le Franc Ureña – en la ciudad de San José es un fenómeno cultural que va mas allá de los limites de lo puramente religioso. Implica un compromiso formal o Promesa Jurada de toda la población de la ciudad, que si bien no consta en documento alguno si existe en la tradición oral formada a través de los años”.

Así mismo – agrega – que consiste también en una peregrinación un tanto informal (peregrinación intra-urbana), para transformarse después en algo más concreto y formal (Procesión Jurada). “Y, este hecho viene a reafirmar el compromiso o promesa hecha en un determinado momento histórico (1856)”, agrega el estudioso.

Por su parte, el Pbro. José Alfredo Quirós escribe en el Eco Católico del 25 de agosto de 1991 que la interpretación religiosa y la respuesta cristiana a la epidemia del cólera en Centroamérica lleva a descubrir una herencia de nuestros antepasados, como fue la devoción a la imagen del Dulce Nombre de Jesús.

Además, agrega, que la primera procesión de esta imagen fue el 14 de junio de 1856 y  es llevada año tras año  entre peticiones especiales, denominadas décimas. “Estas actividades de rogativa por le epidemia se celebraron en Catedral hasta 1863 y luego, continuaron – hasta la fecha – en la Iglesia del Carmen”, agrega el clérigo.

Para el sacerdote y canónigo, Raúl Villalón González ( QdDg), procesión jurada a esta imagen – por la cesación del cólera – se da en el año de 1900, un domingo 10 de junio, siendo el Mayordomo de la escultura, don Pedro Arias y la salida de este peregrinaje de fe estuvo a cargo del Pbro. Carlos María Ulloa.

“La efigie que se venera en este templo  representa a un niño de ocho o nueve años con una cruz tallada en Nazareno  en su mano derecha, vestido con un traje color morado y filigranas doradas”, agrega Villalón.

Por su parte, Le Franc afirma en su escrito que esta imagen es una escultura traída al país en 1858 y se desconoce de quien partió la iniciativa de vestirla, ya que si se observa sin su traje es una bella pieza, lo que hace pensar que nunca fue de aquellas de vestir.

“En todo caso el hecho de que el tipo de traje que ostenta sea similar al de cualquier imagen de Jesús Nazareno, nos remite a la advocación que tuvo en 1815, y que aun mantiene la imagen del Nazareno – el Dulce Nombre de Jesús-  de la Parroquia de Cartago”, añadió

Mucho se ha escrito sobre la imagen utilizada en las rogaciones de 1856 y que recorrió la calles aquel 14 de junio de 1856 brindando con su mirada dulce, paz y consuelo a los apestados del cólera; por los datos anteriores se sabe a ciencia cierta que la que peregrinó no fue la imagen actual, ya que esta llegó dos años después.

Cabe agregar que para algunos (Monitor Parroquial, Parroquia del Carmen, Agosto 1962) la efigie fue burilada en San Ramón de Alajuela; y para otros como Mercedes Rojas de Aguilar – en entrevista dada a Le Franc en 1992-  fue esculpida por “el santero” de San Pedro de Montes de Oca, Ricardo Zúñiga.

Lo anterior hace considerar que existiera otra imagen muy similar, bastante similar de acuerdo con lo que estipula el Lic. Reymundo Méndez Montero, en su trabajo sobre esta bella imagen que se reproduce a continuación:

“Es una pieza escultórica de bulto redondo en madera policromada, mide 86 centímetros. Tiene la cabeza ladeada hacía la izquierda; la cabellera en abultados colochitos largos con estrías lineales. Luce una hermosa diadema metálica en filigrana con rayos e incrustaciones de pedrería de cristal en color verde. Rostro finamente detallado, con la candorosidad de su niñez, de facciones suaves. Mira hacia el cielo, sus ojitos vívidos de cristal se reavivan aun más con las pestañas”.

Asimismo, agrega, esta obra del arte religioso es magnifica en su composición. Se le puede mirar y admirar por todos lados. Esta imagen es una joya. No obstante exhibe vestido y así se ha acostumbrado al feligrés a mirarla, sin embargo, sin sus ropajes de telas reales es una belleza de obra de arte. Sus trajes han sido tallados – en los últimos años -  por el Hospicio de Huérfanos y las restauraciones han estado a cargo de Enrique Ramos y la empresa Arte Sacro María Inmaculada en Heredia