Su Revista de Coleccion

Parroquia Nuestra Sra de La Asunción ( Iglesia de La Soledad): Cien años de evangelización

Pbro. Bernardo Mora

Mynor Esquivel

Sergio Barrantes

Fotos: Mynor Esquivel y Andrea Ovares

Primer oratorio: Puede admitirse que ya han discurrido más de ciento setenta años desde que se inicio la edificación del primer oratorio – allá por 1839 – y el cual es de carácter privado o sea, administrado por la Familia Pacheco. En este inmueble existía un cuadro de María Virgen   dado en 1782 por Mons. Tristan a esta familia. Este sitio de oración estaba abierto al pueblo, a los vecinos y allí, no se realizaba la Sagrada Liturgia, pero si oraciones diarias a Maria Virgen.

Primer templo: Se inicia lo que es el primer templo oficial, exactamente en el costado norte del actual templo. El 13 de marzo de 1845 se nombró como maestro de obras para los trabajos de construcción de las paredes a Carlos  Quesada Fernández. Para abril  de 1847 los trabajos de los zócalos estaban adelantados y dos meses después se acuerda construir las paredes con ladrillo.

Segundo Templo: Según la obra:  San José de Antaño: Distrito Catedral ( 1890-1940), autoría de Yanory Álvarez Masís y Dennis Gómez Duarte, publicada por el MCJD-Dirección de Patrimonio Histórico, se destaca que la construcción del templo de la Soledad se inició en la década de 1850  , al extremo este de la ciudad de San José, según los planos de Hugh G.  Tonkin.

Tercer Templo: Para el Presbítero e historiador, José Alberto Quirós, una de las mejores y mayores iniciativas que tuvieron los vecinos fue construir un templo mas amplio del existente, estando este dentro del mismo, ello con la finalidad de satisfacer las necesidades eclesiales de los vecinos. “Ellos iban en los años de edificación del Teatro Nacional a buscar pedazos de mármol que pudiesen servir con altares menores para cada uno de los santos que se venerarían en este templo. Aunque el escrito del MCJD destaca que este material y otras decoraciones ingresaron al país entre 1894 y 1895.

En el año de 1880, se lee “Nos, Luis Bruschetti por la Gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Abidos, Delegado y Vicario Apostólico de la Diócesis de Costa Rica: Debiendo establecerse una junta de construcción de iglesia para la continuación del templo de Nuestra Señora de La Soledad atendiendo la comunicación de los vecinos sobre el particular (…) estando de acuerdo con el Cura Vicario  de esta ciudad hemos acordado nombrar como en realidad nombramos para Presidente  al Señor Cura del Sagrario y como vocales a los señores don Manuel María Calvo, don Adriano Camacho y don Raimundo Alvarado. Comuníquese. Dado en la Vicaria Apostólica de San José a los diecisiete días de marzo de mil ochocientos ochenta. Y como secretario firma el Pbro. Pedro García.

La erección canónica del templo:

Mons. Juan Gaspar Storke en el Octavo Acuerdo de 1909 del 6 de enero ( intitulado División de Parroquias)  proclama el Decreto de Erección de la Parroquia de La Soledad y la Parroquia de La Dolorosa, entre los folios 256 y 261 señalando como fecha de inauguración – de la primera – el 10 de enero de mismo año. (Fernández, Carlos, 2001).

El Decreto dicta: Nos, el Dr. Juan Gaspar Stork, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de San José de Costa Rica.

“Desde que la Providencia Divina nos envió los destinos espirituales de la Diócesis de Costa Rica, Nuestra mayor preocupación ha sido la que los fieles tengan, según lo van permitiendo las circunstancias fácil oportunidad de cumplir con sus deberes de cristianos conforme al deseo de la Iglesia Católica manifestado claramente en el capítulo cuatro, sesión 21 de reforma del Concilio Triventino. A este fin hemos usado con liberalidad de nuestras facultades y privilegios, ya directamente, ya entregándolos  a sacerdotes empleados en la cura de almas y con este objeto el citado Concilio da a los Obispos, también en su condición de delegados de la Santa Sede el poder de erigir nuevas parroquias entre los limites de las antiguas, si por la distancia o por cualquier otra dificultad, los fieles carecen de la necesaria asistencia del párroco en las cosas espirituales. Considerando, pues, que las dos cuadras de la Merced y del Carmen, de esta ciudad de San José,  por el número vigente de sus habitantes y grande extensión territorial no puede ser satisfactoriamente administrados, y que por las mismas causas no pueden llenar cumplidamente los deseos de la Iglesia que juzga razón suficiente para crear o dividir una parroquia, la distancia considerable de lugares de acuerdo con nuestro Venerable Cabildo Eclesiástico atendiendo las  respectivas instancias de los vecinos de La Soledad y de La Dolorosa y usando de las facultades que se nos conceden en el citado lugar del Concilio Triventino. Hemos venido en erigir y erigimos por el presente decreto de nuevas parroquias en la ciudad de San José que se llamaran de la Soledad, y de La Dolorosa y cuyos territorios se formarían de territorios separados de las antiguas Parroquias del Carmen y La Merced, a saber a La Soledad con la parte de la ciudad que se indicará mas abajo, pertenecerían al Zapote y San Francisco de Dos Ríos”

Mons. Storke destaca en el punto sobre la erección de la Iglesia de La Soledad : “Con el Zapote, San Francisco de Dos Ríos esta parroquia queda encerrada entre los siguientes limites: en la ciudad al sur a partir del punto en que termina la “Calle de los Pelones” en el Río María Aguilar, se sigue aguas arriba hasta el puente que hay sobre el mismo en el camino a Desamparados; por este camino se continua hasta el puente que esta sobre el Río Tiribi, del cual aguas arriba se sigue hasta llegar al punte antiguo que había entre San Francisco y San Antonio y que se encontraba como a cien varas del puente; doblando a la izquierda siguiese por el camino antiguo abandonado, en línea recta hasta llegar al Río María Aguilar, de aquí trazase una línea recta que termina en el puente que hay sobre el Río Ocloro entre la carretera entre San Pedro y Curridabat; continuase aguas abajo de este río hacia el puente que hay sobre el mismo en el camino real que conduce a San José, al Zapote, siguiese este camino al norte hasta encontrar la carretera

El Pbro. Carlos Borge – cura párroco de La Soledad- recibió el 31 de marzo de 1930 un diploma de Superior General de la Compañía de Jesús, en que hacia mención de la erección de la Congregación de  Señoras de La Inmaculada Concepción de María y Santa Mónica. Asimismo en la misma fecha llegó otro que erigía la Congregación de Jóvenes a Santa Teresita del Niño Jesús y otro documento para la erección de un grupo de jóvenes y niños bajo la invocación de María Inmaculada y San Luis Gonzaga en la Iglesia de La Soledad  (Libro de Documentos Pontificios 1926-1980; Archivo Eclesiástico).

El día 7 de febrero de 1934 este mismo cura recibió un Diploma de Paray Le Monial, fechado el 5 de enero de ese año, que refería la agregación de la Hora Santa, la cual fue establecida a la Archicofradía del Paray Le Monial y como cancelario Alfredo Hidalgo.  (Libro de Documentos Pontificios 1926-1980; Archivo Eclesiástico).

Para el Pbro. Carlos Borges – previa visita pastoral de Mons. Sanabria en 1940  – ya ha pasado unos treinta y un años. La que era solamente una solamente una filial de la Iglesia del Carmen se ha convertido en una de las principales parroquias de la Arquidiócesis. “Su movimiento general del año así lo demuestran las estadísticas publicadas. “Considero que actualmente oscila entre 15.000 y 18.000 almas, mientras que Zapote y San Francisco de Dos Ríos es de dos mil y un mil feligreses, respectivamente”, agrega.

Muy notable es el adelanto que ha tenido, gracias a la magnifica voluntad del vecindario y de otras personas de la capital. En este lapso el templo ha sido dotado de un magnifico órgano importado de Francia, de un artística y valiosa Pila Bautismal  traída de Italia, de bellísimas ventanas de vidrio quemado, campanas de primera calidad, un Vía Crucis único  por su tamaño y estilo.

“En estos últimos años – añade Borge – el aporte del ayuntamiento  con los arreglos de las calles en obra pavimentada así como el higiene y ornato le dan mayor realce a nuestra Parroquia. “ La nueva plaza y la nueva gradería del atrio inferior, contribuyen grandemente a hacer de este templo una de las edificaciones y lugares de mayor significación en la capital. Lo único de lamentar es todavía algunos de los daños provocados por los temblores, especialmente en 1924. Se trata de nuevas rajaduras en la pared del frente y en las torres, fuera de otros daños mas insignificantes en diferentes lugares”, agregó.

En el año de 1940, el Pbro. Carlos Borge destaca – en un escrito existente en el Archivo Eclesiástico – que es bien conocida la ubicación tan destacada y elegante que tiene nuestro templo. “Bien pensaron los fundadores en colocar hacia el centro de una calle y en hacer que el templo quedara completamente libre de casas o edificaciones contiguos, extraños al inmueble. Ingente y tesonera fue la labor de los fundadores hasta llegar a principios de este siglo XX en que la iglesia se destacó ya como una de las principales de la República. Hace cuarenta años la Iglesia quedaba en las orillas o perímetro de la ciudad, pero andando el tiempo está ya muy distante de ese perímetro.

Borge destacó que para el Culto Divino, atendiendo la población actual no hay otra solución que la edificación de nuevos templos.

“Este asunto hace tiempo me preocupa y gracias a Dios entra muy de lleno en los planes de sistematización de la vida espiritual que tiene el Excmo. Señor Arzobispo, Mons. Víctor Manuel Sanabria Martínez”, agregó.

Asimismo resaltó: “Dicho sea de una vez: como para toda la sección del Barrio González Lahmann y parte de Barrio Luján. Dios mediante se construirá allí el Templo Votivo al Corazón de Jesús, ya quedaría llenada esa necesidad.

Pero falta otro sector de mucha importancia como el  sureste del Templo o sea, el sector comprendido en las inmediaciones de Plaza González Víquez, hasta el sur de ella.

La arquitectura:

Este inmueble es propiedad de temporalidades de la iglesia, empero, no aparece inscrita en el Registro Publico. Lo único que aparece es la venta de un lote a un costado del inmueble. A pesar de que se encuentra en un sector catastrado no esta inscrito.

Estilo arquitectónico:

Influencia neoclásica. Se construyó más o menos a 1.5 metros del nivel de acera acensándose a la misma por medio de gradas.

Según la investigadora Yannory Álvarez del Departamento de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura Juventud y Deportes (MCJD): la fachada principal está conformada por tres cuerpos; las dos torres y el pórtico. Este último presenta dos columnas, al fondo se encuentra la puerta principal que tiene dos hojas  en madera y sobre ellas  un  montante semejante a las puertas laterales.

A través de este se ingresa a las naves y allí en instancia primera se encuentran las imágenes de San Pancracio, obra de Ferdinando Stuflesser  y del Cristo Crucificado, obra de José Zamora.

Sobre el pórtico se encuentra una cornisa – la que rodea el inmueble- y sobre esta una pequeña terraza con un barandal en hierro, a nivel de esta sección,  en el interior se encuentra el coro. Más o menos a un metro se ubica sobre el nivel de la terraza una pared que presenta otra cornisa y sobre ella continúa otro metro, levantándose en el centro un frontón. Las cornisas visualmente fraccionan la pared en tres planos.

Las torres, se observan divididas en varios planos por las cornisas. En el primero se presenta un camarín con una imagen, el segundo,  un rosetón; el tercero comprende un campanario. En esta sección, en cada costado, se enmarcan las torrecillas dando un sobrio acabado al inmueble.

Las paredes laterales presentan, sobre la cornisa un barandal de balaustres y al finalizar forman una escuadra hacia el norte y sur de manera respectiva, otorgándole al templo una forma de Cruz.

Esta Parroquia presenta jardines en los costados norte y sur, lo que son protegidos por un muro y una  baranda con hierro forjado. Los techos son de hierro galvanizado y el cielo raso de hierro.

El interior del templo:

Está compuesto por tres naves, separadas entre ellas por seis columnas sin capitel, únicamente presentan un ábaco del que sale un arco hacia la columna contigua, estos arcos son metálicos y están adornados con molduras en forma de rosetón.

Las paredes son de calicanto. Las laterales tienen cada una cinco vanos en arco de medio punto, de éstos, el del centro es más amplio por ser el acceso lateral, en que se observa una puerta de dos hojas, en madera con decoraciones en forma de tablero, sobre ellas hay un montante en forma de semicírculo con un vitral, los otros cuatro (dos de cada lado) conforman los ventanales con vídriales en que hay representaciones bíblicas.

Al este de estas paredes, al nivel del Altar Mayor hay un vano con una profundidad de metro a metro y medio, en ellas se encuentran las puertas que dan acceso a las sacristías. En la parte superior las paredes tienen diez vanos también en arco de medio punto, con vitrales parecidos a los de la parte inferior, pero menos altos.

Todas las paredes interiores tienen un zócalo de mármol de aproximadamente un metro de altura.

La pared este es la que conforma el Altar Mayor, sobre la cornisa se observan vídriales similares a los del resto del inmueble. En el centro de la misma se forma un ábside  compuesto por cinco secciones, en ella se ubica el altar principal, el cual es una especie de camarín formado por cuatro columnas con  capiteles de influencia barroca, sobre estos inicia la formación de un arco, pero no se une al centro, razón por la que la parte superior queda separada.

En este Altar se encuentra la imagen titular: Nuestra Señora de La Asunción. A cada lado están construidos dos camarines en concreto armado con un amplio estilo barroco. En ellos yacen las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y de María Virgen en su Soledad, la obra de imaginería mas venerada de este templo.

En cada pared lateral se encuentran tres altares en mármol con las imágenes de Jesús de La Paciencia, María Virgen en la advocación de la Medalla Milagrosa y un retablo de la Virgen del Perpetuo Socorro, en la pared norte; y la Sagrada Familia, San Pancracio y la Santísima Trinidad en la pared sur.

Las Campanas

El Excmo. Señor Arzobispo, Mons. Rafael Otón Castro consagró las cuatro nuevas campanas de La Soledad en la ciudad capital.

Le acompañaron en el Trono los Muy Ilustres  Señores Canónigos, Pbro. Lic. Ricardo Zúñiga, Pbro. Rafael Camacho. Actuó como Maestro de Ceremonias el RP Carlos Trapo.

La ceremonia fue solemne, imponente, atractiva por su novedad, pues es raro presenciarla. Allí estaban muchos de los  padrinos de la compra.

La ceremonia empezó con los salmos del ritual; después se bendijo el agua especial con que se lavaron por dentro y por fuera los carillones. A continuación el Mons. Castro ungió las campanas por fuera con el Oleo Santo de los Enfermos y después de otras oraciones, las ungió con siete cruces por fuera con el mismo Santo Oleo y cuatro cruces en la parte interior con el Santo Crisma e imponiéndoles su nombre a cada una: Fe, Esperanza, Caridad y Ave María.

Los incensarios se pusieron – con incienso y mirra – debajo de las campanas para llenar de humo su parte interna y después de otras oraciones el Diacono cantó el Evangelio de aquella escena de Marta y María que recibieron a Jesús en su casa.

En el Eco Católico de 7 de octubre de 1934 se lee: Ante una numerosa concurrencia  de fieles se estrenaron – este 30 de septiembre- las valiosas campanas de esta parroquia ubicada en la ciudad  capital.

Luego de una Misa Solemne como Acción de Gracias, se ejecutó una bellísima composición musical a cargo del Prof. Emilio León, a base de las cuatro notas perfectas de las campanas, notas que admiran adorablemente un conjunto de órgano, orquesta, cantores y un coro de más de cien niñas.

La composición es original; algo nueva en Costa Rica. Ahora se comprenderá mejor cuánto vale un juego de campanas para una iglesia.

Según un escrito del P. Borges, los fundidores de estas obras de arte fueron: Les Fils de Georges Paccard en Annecy –le-Vieux en la Alta Saboya. “Tuve la oportunidad de conocer personalmente a estos empresarios cuya catolicidad y caballerosidad quedaba de manifiesto en cada una de sus acciones y deferencias”, finaliza Borges.