Su Revista de Coleccion

San José, Costa Rica: Una hermosa talla de la Asunción de María.

Pbro. Bernrado Mora

Mynor Esquivel

Fotografias: Andrea Ovares / La Nación 

Es una excelente obra escultórica del magíster imaginero costarricense, Manuel María Zúñiga y fue donada en el año de 1926 por la Familia de Emmanuel García en el tiempo sacerdotal del Padre Carlos Borge.

La historia:

El Libro Pontifical – según Enzo Lodi- en el escrito: La Liturgia de la Iglesia- conserva todavía la designación griega de la fiesta “Koínesis-dormición”. Y es en un evangeliario del año 740 en que se da el titulo de Sollemnitas de pausatione sanctae Mariae. En realidad la fecha del 15 de agosto, día de la Asunción parece estar ligada con la dedicación de una iglesia de María situada entre Jerusalén y Belén. Que supuestamente mandó a construir una mujer de nombre Icelia como recuerdo del sitio donde María y José tomaron un descanso previo el nacimiento de Jesús.

Esta festividad celebrada universalmente, se transformó, en el sentido del natale, en una fiesta de la dormición. “Como tal, fue introducida por el Emperador Mauricio (582-602) en el imperio Bizantino. En roma esta aceptado el Natale sanctae Mariae desde el siglo VII, mientras que  en el sacramentario que el Sumo Pontífice Adriano (772-795) le envió a Carlomagno, está contenido ya el titulo de fiesta de La Asunción de María

Con la definición dogmática de la asunción corporal de María en el cielo por Pío XII, en el año 1950, se le concedió – relata José Fabio Jiménez, funcionario de la Vicaria Episcopal de Liturgia, un nuevo rango a la celebración de la festividad; nuevos textos para la misa y el oficio divino se publicaron en 1950-1951.

“ Para la celebración de la misa , el misal de 1970 conservó en gran parte el formulario de 1950, nuevas son las lecturas no evangélicas y el prefacio propio”, concluyo

La imagen:

Es una talla en madera de cedro hecha por Manuel María Zúñiga.  Para el escultor herediano, Crisanto Badilla,  en  esta imagen, lo inmediato que siente es una policromía de colores alegres, propios de la pintura de caballete. “El movimiento de las partes que componen esta obra, la comunican directamente al espacio que la circunda, dándole en parte la magia que un tema como este requiere”, concluye.

Esta imagen en cedro muestra un realismo simplificado – comenta la Lcda. Lucía Isabel Flores León – pero a la vez conveniente, ya que la intemporalidad necesaria del tema lo requiere.

Es una representación de un acabado de mucho esmero, el modelado  de las manos y de la cabeza, pliegues y otros es suave y pulido mostrándonos movimientos de forma en los que predomina  el entendimiento del oficio escultórico sobre la realidad objetiva” finalizó.