Su Revista de Coleccion

La Dorrmicion o transito de Maria Virgen

Ramiro González Cougil

 Fotos: Juan Pablo Rodriguez

La fiesta de la Asunción de la Virgen María, que celebramos el próximo día 15, es la ‘Pascua’ de la Virgen. Caracteriza el verano de los cristianos, como la ‘Pascua’ de Cristo ilumina el comienzo de la primavera. Lo que los cristianos celebramos en esta fiesta, es el misterio que culmina la vida de la Virgen y testifica su destino final: María ha alcanzado ya la meta, al ser llevada en cuerpo y alma, de modo glorioso, a la felicidad del cielo. Para ella ya es plena realidad la meta definitiva en la que Dios vive y a la que todos los bautizados nos encaminamos. Ella, por privilegio, nos ha precedido configurándose plenamente con su Hijo muerto y resucitado. Éste es su final eterno.

Pero, alguien dirá: ‘¡Qué enorme alegría para ella, pero qué envidia sana experimentamos los humanos! Y nosotros ¿qué?’…. Destaquemos que la Asunción de la Virgen no es un privilegio que la aísla de todos los humanos, sino un acontecimiento que la une más a Cristo, su Hijo y Redentor de los hombres, a la Iglesia y a toda la humanidad. La Asunción de la Virgen -nos dice Pablo VI- es ‘una fiesta que propone a la Iglesia y a la humanidad la imagen y el documento consolador de la verificación de la esperanza final ya que esta glorificación plena es también el destino de aquellos que Cristo ha hecho hermanos teniendo en común con ellos la carne y la sangre’. El Papa destaca que: la Virgen, llena de gloria en cuerpo y alma en el cielo, es la garantía de que Dios cumple sus promesas; el destino glorioso de la Virgen cumplido ya, es también el de los que vivimos en Cristo, pues quienes hemos participado en la pasión y muerte del Hijo de Dios (por la fe y el Bautismo), participaremos también de su resurrección. ‘Es doctrina segura’-dirá Pablo.

Los cristianos orientales bizantinos son los que más solemnemente celebran esta fiesta. Para ellos comienza la preparación (la ‘Cuaresma’ de la Virgen) el primero de Agosto, el 15 se celebra la solemnidad (la ‘Dormición’ de la Virgen) y se prolonga en una octava hasta el día 23. Para ellos agosto es su mes mariano por excelencia.

La Iglesia celebra con fe la ‘Dormición’ de María (los orientales no hablan de muerte sino de ‘Koímisis’, sueño en la paz) en este mundo y su ser llevada rasgando el cielo para entrar en la felicidad gloriosa de Dios. Para los cristianos que por gracia de Dios creemos, esta fiesta se llena del contenido expresado por Pío XII en la bula de la proclamación del dogma revelado: ‘…que la inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, al término de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste’. Y en esto María es figura, imagen, ‘documento’ y primicia de lo que toda la Iglesia desea y espera ser. Toda la liturgia del 15 de agosto así lo confirma.