Su Revista de Coleccion

VIGILIA PASCUAL


Pensamientos agustinianos

En este contexto se pueden aglutinar cuatro sermones agustinianos: 219, 220, 221 = Guelf. 5= y 222 (cf. Obras de san Agustín XXIV, BAC), con la particularidad de un tema propio dentro de la solemnidad de la Pascua.

El primero se orienta al “sentido de la vigilia”, comenzando con un  comentario sobre la enseñanza del apóstol Pablo que menciona también sus frecuentes vigilias, pero se admira inmediatamente: “¡cuánto mayor ha de ser nuestra alegría en la observancia de esta vigilia, en cierto modo, la madre de todas las santas vigilias, en la que todo el mundo está despierto!”.

Con la invitación a sus fieles de “resistir a los gobernantes de las tinieblas con la luz de las vigilias”, clarifica que el mundo que se mantiene en vela es aquel del que se dice: <Dios estaba reconciliando el mundo consigo en Cristo, no imputándoles sus delitos>. La luz de esta noche según Agustín es resplandor y “hasta obliga a estar despiertos en su carne a quienes no diré que duermen en sus corazones, sino que están sepultados en la impiedad infernal”. Por eso, “por diversos motivos los mantiene despiertos esta fiesta solemne ¡Cuán gozosa ha de ser la vigilia del amigo de Cristo, si hasta el enemigo vela con dolor! Si el pagano se avergüenza de ir a dormir, ¡con cuánto ardor ha de permanecer en vela el cristiano, envuelto Cristo en tanta gloria! A quien ha entrado ya en esta casa, ¡cuán conveniente le es manifestarse en  vela en tan gran fiesta, si ya lo está quien se dispone a entrar en ella! Permanezcamos, pues, en vela y oremos para celebrar esta vigilia exterior e interiormente. Háblenos Dios en sus lecturas; hablemos nosotros a Dios con nuestras preces, Si escuchamos en actitud obediente sus palabras, en nosotros habita aquel a quien dirigimos nuestra oración”. Es una reflexión que, interiorizada, sitúa a nuestros corazones en la  espera de la Resurrección de Cristo…

El segundo sermón, muy breve, tiene como tema el “significado de la Pascua”. Y comienza  a detallar que “retenemos con fe inquebrantable que Cristo murió una sola vez por nosotros; el justo por los pecadores, el Señor por los siervos, el libre por los cautivos, el médico por los enfermos, el dichoso por los desdichados, el rico por los pobres, el que los busca por los perdidos, el redentor por los vendidos, el pastor por el rebaño y, lo más maravilloso de todo, el creador por la criatura”. La enseñanza de Agustín, además de ser una catequesis del misterio de la redención, tiene la particularidad de ofrecer un tratado teológico al alcance de todos. ¿Cómo llegar entonces en dar respuesta viva a la Pascua? “Lo que en realidad indica que tuvo lugar una sola vez, eso mismo renueva la solemnidad para que lo celebren con repetida frecuencia los corazones piadosos. La realidad descubre lo que sucedió como sucedió; la solemnidad, en cambio, no permite que se olviden ni siquiera las cosas pasadas, no repitiéndolas sino celebrándolas… Por tanto, según la realidad, decimos que la Pascua tuvo lugar una sola vez y que no va  a volver a darse; según la solemnidad, en cambio, cada año decimos que la Pascua ha de llegar”.

El título del tercer sermón es llamativo: “el día y la noche”. Es un sermón que carga el acento sobre las antítesis de luz y tinieblas, muerte como sueño y la vigilia sin fin, la experiencia del camino hacia el sepulcro y el amanecer glorioso. En primer lugar el sentido de la gran fiesta cristiana: “esta es nuestra fiesta y nuestra Pascua anual; no ya en figura, como lo fue para el pueblo antiguo la muerte del cordero, sino hecha realidad, como a pueblo nuevo, por la víctima que fue el Salvador, pues <ha sido inmolado Cristo, nuestra Pascua, y lo antiguo, ha pasado, y he aquí que todo ha sido renovado>. Lloramos por lo que nos oprime el peso de nuestros pecados y nos alegramos porque  nos ha justificado su gracia… Permanezcamos en vela, pues, amadísimos, puesto que la sepultura de Cristo se prolongó  esta noche, para que en esta misma noche tuviera lugar la resurrección de la carne que entonces fue  objeto de burlas en el mundo y ahora es adorada en cielo y tierra.

¿Hay idea y fe profunda para esta celebración? Agustín se hace esta misma pregunta para responder luego: “no obstante  si alguien busca el porqué de la importancia de esta nuestra vigilia, puede hallar las causas adecuadas y responder confiadamente: el mismo que nos otorgó la gloria de su nombre, el mismo que ilumina esta noche y a quien decimos: <Tú iluminarás mis tinieblas>, concede la luz a nuestros corazones para que del mismo modo que, con deleite para los ojos, vemos el resplandor de esta luz, así veamos también, iluminada la mente, el motivo del resplandor de esta noche”.

Y en una actitud entrañable se dirige a sus fieles de esta manera: “ahora, hermanos, mientras recordamos otras pocas cosas, poned vuestra atención en la vigilia especial de esta noche. He dicho por qué debemos restar tiempo al sueño y añadirlo  a las vigilias con mayor frecuencia; ahora voy a decir por qué permanecemos esta noche en vela con tanta solemnidad. Ningún cristiano duda de que Cristo el Señor resucitó de entre los muertos al tercer día. El santo evangelio atestigua que el acontecimiento tuvo lugar esta noche… El día de la pasión del Señor, día en que fue crucificado, seguía a la propia noche ya  pasada, y por eso se cerró y concluyó en la preparación de la pascua, que los judíos llaman también “cena pura”, y la observancia del sábado comenzaba al inicio de la noche. En consecuencia, el sábado que comenzó con su propia noche, concluyó  en la tarde de la noche siguiente, que ya es el  comienzo del día del Señor”

Por último, el sermón 222, con el tema de “estar alerta frente al diablo”, tiene un trasfondo del apóstol Pablo: <nuestra lucha no es contra la carne ni contra la sangre>, “ es decir, contra hombres débiles por la mortalidad de su cuerpo, <sino contra los príncipes, las potestades…> (Ef  2, 12)…  Demos gracias, pues, a Dios, que nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de Dios. Separados de aquellas tinieblas por la luz del Evangelio, y liberados de aquellas potestades por la sangre preciosa, vigilad y orad para no caer en tentación… Estad alerta, en la madre luz, contra las tinieblas y sus rectores, y orad al Padre de las luces desde el seno de esta luz, vuestra madre”.