Su Revista de Coleccion

“Duerme Divino Nazareno que la Gloria de tu Resurrección Llegara Pronto”

 

Por Luis Carlos Bonilla.

 

La Semana Santa es un tiempo privilegiado en Costa Rica para las expresiones cristianas y es uno de los acontecimientos de mayor vistosidad y devoción en la religiosidad piadosa de nuestros pueblos.

En esos ocho días se condensan los Misterios centrales de la fe en Jesucristo, pues inicia con la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén (Domingo de Ramos), pasando por la pasión, crucifixión, muerte y sepultura para culminar con la resurrección en el Domingo de Pascua.

El profundo respeto generado a lo largo de los cinco siglos de cristianización en estas tierras, hacia la efigie de Jesucristo muerto, evidenciado en el silencio de la procesión del Santo Entierro, en el caminar con Nuestra Señora de la Soledad el Viernes y Sábado Santos, en las marchas, las obras de arte, los rezos, las prosas y las poesías, pone de manifiesto como las visiones de fe saturan las idiosincrasias de las comunidades costarricenses, dejando así un legado material invaluable y marcando la espiritualidad y la esperanza en lo trascendente.

De este modo, las prácticas alrededor del Santo Sepulcro en nuestro país vienen a contribuir a la contemplación y recogimiento para los católicos, a la reflexión y silencio para los creyentes y a la valoración y análisis del legado histórico-cultural para todos los y las costarricenses, así como de las demás personas deseosas de comprender nuestro patrimonio.

 

 

1. La fe en Jesucristo crucificado, muerto, sepultado y resucitado

 

Los cristianos católicos de todo el mundo, tanto de rito latino como de los ritos orientales profesan que Jesús de Nazaret, el Cristo, “fue crucificado muerto y sepultado, descendió a los infiernos [y] al tercer día resucitó de entre los muertos” (Credo conocido como Símbolo de los Apóstoles).

 

Estas afirmaciones de fe, son también comunes en el conjunto de creencias de los cristianos ortodoxos y de las iglesias históricas protestantes, pues estos principios fueron determinados a partir de la lectura bíblica en distintos concilios ecuménicos y discusiones sobre las verdades de la fe cristiana desde los primeros siglos de nuestra era, como lo fue el Concilio de Nicea en el año 325.

 

2. El dramatismo del acontecimiento

 

“Pienso que la burla[…] a Nuestro Señor Jesucristo llegó al colmo azotando, desarmando, arrastrando y crucificando de la manera más bestial al Hombre Dios el mejor entre los hombres de los siglos. Se les agotaron las fuerzas de bestia; ya no había más que despedazarle. Así, creo yo, que le amarraron las manos por el cargo y las piernas por los malévolos claváronle primeramente las manos al madero transversal al suelo; y, después, colgando de éste, le elevaron verticalmente y forzando las amarras y tirando de ellas le clavaron los pies, pero sin zafarle ningún hueso”

 

Manuel Zúñiga Rodríguez, imaginero, domingo 22 de junio de 1930, periódico Correo Nacional.

 

 

La Sepultura en la Pascua de Jesucristo

 

Desde el cristianismo primitivo, es decir la experiencia de fe de las primeros cristianos, que va desde el nacimiento de las comunidades bajo la guía de los apóstoles y la compañía de María y otras mujeres luego de la Ascensión de Jesús (cfr. Hechos de los Apóstoles 1, 12ss) hasta el concilio de Nicea en el siglo IV, se reflexionó entorno al fundamento de fe cristiana, conocido como el Misterio Pascual, es decir, el tránsito de Cristo de la muerte a la vida y este, a su vez, fructificó en distintas oraciones, prácticas sacramentales y expresiones plásticas que evidencian la centralidad de dicho acontecimiento en la vida de las comunidades cristianas.

 

Para evidenciar la centralidad del Misterio Pascual, en la tradición apostólica de San Hipólito (mártir romano muerto en el 235), se lee lo siguiente en una oración de oblación luego de la ordenación de un obispo:

 

Él, en cumplimiento de tu voluntad

y para adquirir para ti un pueblo santo,

extendió sus manos en el momento de sufrir

para liberar del sufrimiento

a cuantos creen en ti.

Él, cuando se entregó a su pasión voluntaria

para destruir la muerte

y romper las cadenas del diablo,

para aplastar al infierno

e iluminar a los justos,

para cumplir toda la ley

y manifestar la resurrección

tomando pan,

dándote gracias dijo:

Tomad, comed, esto es mi cuerpo

partido por ustedes.

Descendió a los infiernos…

“Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra (…) El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos”

 De una antigua homilía sobre el santo y glorioso sábado

Luego de la muerte de Jesús en la cruz, el evangelio de San Lucas describe que José de Arimatea “después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía”. (Lc 23,53).

No obstante, la interpretación cristiana del acontecimiento de la sepultura es enlazado con la realidad de todos los hombres y mujeres justos que murieron antes de la llegada del mesías esperado, que según la cosmovisión judía se encontraban en el Sheol o lugar de los muertos. Por esta razón es que en la primera carta de Pedro se afirma sobre el crucificado: “Como hombre, murió; pero como ser espiritual que era, volvió a la vida. Y como ser espiritual, fue y predicó a los espíritus que estaban presos” (1Pedro 3,18-19).

El Sepulcro recuerda lo cruento de la pasión

Si se miran con detenimiento las tallas de los Santos Sepulcros confeccionados para uso de las distintas parroquias en nuestro país, muchos de los bajo relieves, detalles esculpidos y diseños decorativos de las urnas, hacen alusión a los instrumentos y acciones del martirio de Jesús rumbo y en la cruz, los mismos que se describen a continuación en esta oración de uno de los ritos católicos:

Hermano nuestro, Jesús, hijo unigénito del Padre.

Tú que, siendo inocente, has sido entregado a la muerte,

acuérdate del precio que por nosotros has pagado

y dígnate perdonar todo mal y todo pecado.

Tu que por nosotros has tenido la amarga experiencia

de la persecución, los golpes, las cadenas,

los azotes, los clavos, la cruz, la lanza,

el abandono, la soledad,

la muerte y el sepulcro,

escucha ahora la oración de los que creemos en ti

y concédenos el perdón de nuestros pecados

y la victoria contra el mal.

Y a los que hoy meditamos en tu pasión,

haznos partícipes de la alegría de tu Resurrección.

 

Oración del Rito Mozárabe o Visigótico

Los ángeles de cada una de las esquinas del sepulcro fabricado por Manuel Zúñiga para la parroquia de san Rafael de Heredia sostienen un lienzo con la santa faz, una corona de espinas, la lanza y la esponja, los clavos y el martillo.

 

 La construcción de un ambiente luctuoso y de recogimiento

Durante toda la época colonial, en el afán de evangelizar todas las gentes autóctonas de estas tierras, la imaginería fue uno de los vehículos para representar de forma tridimensional los misterios que predicaban los clérigos. De este modo “la fe entraba por los sentidos conmoviendo el alma”

Rigor canónico para la confección de imágenes

La llegada de los españoles a América coincidió con la contra reforma impulsada por la Iglesia, por lo que la confección de las representaciones de los Misterios y los santos debían seguir estrictamente los lineamientos eclesiásticos, para evitar que el arte sacro se “contaminara” de las herejías luteranas.

De este modo el Concilio de Trento además de influir en la temática, definió la iconografía que se debía realizar (símbolos, atributos, forma de las vestimentas y colores)

En el caso de la de Cristo muerto, en su elaboración se prefería el decoro, la placidez y la dulzura a la violencia y al desborde de pasión. Asimismo no era permitida la realización de esculturas totalmente desnudas del Señor, sino que estas debían estar cubiertas por un paño de pureza.

El riguroso negro

Aunque la liturgia de la Iglesia establece que el color rojo es el propio del Viernes Santo, pues dicho tono representa la pasión, el ardor de la entrega, el fuego del Espíritu y la sangre derramada, por la fuerza de la tradición el negro es el color que impera en las vestimentas de las autoridades eclesiásticas y las(os) fieles que participan de la procesión del santo entierro. El traje entero de los caballeros, los velos de las mujeres y las capas pluviales negras dan el tinte al momento.

Las guarias moradas y el Duelo de la Patria

Los sepulcros con la representación de Jesucristo Muerto, son ornamentados con la flor nacional y los momentos que evocan mayor dramatismo son condicionados por la ejecución del Duelo de la Patria del compositor costarricense Rafael Chavez.

Conmoción, llanto, estremecimiento, oración y admiración ante la urna sepulcral en procesión, son aspectos que marcan los instantes en que se ejecuta dicha obra musical por las bandas de los distintos cantones del país.

Aquello que fue elaborado para el ex presidente Tomás Guardia -  su banda presidencial y su homenaje musical – se perpetuó y transformó en patrimonio costarricense asociado al Yaciente.

 

El trato delicado, teatral y ceremonial de las piezas

 

Todas las procesiones de Semana Santa son actos en los que se busca representar por medio de distintas artes lo acontecido en la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección de Jesucristo.

Si se describe una procesión del Santo Entierro, se determina que lo que la precede es el acto del descendimiento del Cristo de la cruz, para ese efecto las imágenes más antiguas fueron confeccionadas con goznes (mecanismo en los hombros que posibilita la movilidad de los brazos), para que los espectadores pudiesen mirar el cuidado con el que José de Arimatea y Nicodemo fueron bajando el cuerpo del Maestro (Jn 20, 38-42).

En la parroquia de san Bartolomé de Barva de Heredia, la imagen del señor sepultado es ungido con aceites con aroma, lo que evoca lo que hicieron con el cuerpo de Jesús antes de ser depositado en el sepulcro.

 

8. La figura de Santa María: La Soledad en pie sosteniendo a la Iglesia.

“María junto a la tumba de su Hijo, ‘tal como la representa la tradición eclesial’ es icono de la ‘Iglesia Virgen que vela junto a la tumba de su esposo’ ” Ramiro González, Piedad Popular y Liturgia II

De allí que salga en procesión la imagen de la Madre de Jesús, toda vestida de negro, con su mirada dispuesta para contemplar al sepultado. Si se observa la imagen de la patrona de la iglesia de La Soledad en San José, ella tiene una estola negra, ornamento sacerdotal por excelencia, que cae de sus hombros, que se interpreta desde la iconografía cristiana, como María es ejemplo de expectación y fortaleza que sostiene a la Iglesia, mientras su Hijo se encuentra rescatando a todos los ancestros Justos en el lugar de los muertos.

 

Los caballeros del Santo Sepulcro.

Estas agrupaciones de varones, tomaron su nombre de la Orden de los Caballeros del Santo Sepulcro conformada para custodiar dicho lugar santo en Jerusalén.

En la mayoría de parroquias de Costa Rica, estos grupos se conforman y organizan más claramente a partir de la segunda mitad del siglo XX.