Su Revista de Coleccion

Monologo de La Magdalena

Fotografia: Municipalidad de San José

Señores, soy de la ciudad de Magdala, donde tenia mi Palacio, al que  llegaban los hombres más elegantes de todos los países. Vestía lujosamente.  Los mejores ungüentos embellecían mi cuerpo. Las piedras preciosas brillaban en mis ropas bordadas en hilos de oro. Las perlas más elegantes traídas de lejanos mares por mis admiradores adornaban  mi garganta. Las esmeraldas brillaban en mi pecho. Los rubíes y zafiros confundían la vista de mis enamorados.

Era señora de mis esclavos quienes me servían de rodillas, cuatro hermosos caballos tiraban  de mi carroza cuando salía a lucir mi cuerpo de pecado y lujuria.

Un día llegó – a mi Palacio – la noticia, que en Galilea andaba un hombre elegantísimo, alto, trigueño, de una cabellera que le caía sobre su espalda  en bellos rizos, una linda barba partida y  unos ojos verdes que en cada una de sus miradas infundían amor.

Ante tal aviso me dije: ¡Ese hombre será mío!. ¡Lo traeré a este mi Palacio, le daré un banquete y después seré feliz con él!

Mandé a preparar mi carroza y la  deje fuera del pueblo, entré,  me confundí entre el gentío – como loca por mirarle – y la gente le gritaba diciendo: “ El Profeta, El Mesías”.

Llegue donde él estaba, me lanzó una mirada que hizo temblar todo mi bello cuerpo, entonces  tape con mis manos la desnudez que mostraba  mi costoso ropaje y me sentí avergonzada.

Salí corriendo a mi Palacete, despedí a los hombres que me esperaban, tomé mis mejores ungüentos y me fui a buscarle.

Al llegar un hombre me dijo que estaba en casa de Simón, el leproso,  reunido con sus discípulos a quienes también llamaba Apóstoles.

Me dirigí hacia dicho lugar. Jesús, el Nazareno estaba sentado a la mesa, llegue con una bombona llena de perfume, llorando me puse de rodillas, miré sus hermosos pies y comencé a lavarlos con mis lagrimas, luego los enjute con mis cabellos, los bese y derrame en ellos el perfume.

Ante la critica de los presentes quienes dijeron ¿ a que se debe ese derroche de perfume?. Ademas, me criticaban porque había quebrado ese frasco de perfume para mi amado Nazareno. Se pudo haber vendido en el mercado por más de trescientos denarios y con ello, se pudo haber alimentado a los pobres.

Luego, Jesús me miró con ternura y señaló a la gente: Dejadla ¿porque la molestáis? Lo que ha hecho conmigo nadie lo ha hecho. Porque a los pobres siempre los tenéis y a mi no te tenéis siempre.  Ella se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura.

“Tú has ungido mi cuerpo para la sepultura y esa será recordada como tu gloria dondequiera que se proclame el Evangelio tu acto será contado como un gesto bello”, señaló con su amor.

Divino Maestro, Divino Nazareno, lentamente te acercas al calvario, tu cuerpo va llagado; ese cuerpo que merece el amor, porqué tu has dado amor a todos….

Jesús Mío, perdona nuestros pecados.