Su Revista de Coleccion

PROCESIÓN AL HUERTO DE GETSEMANÍ

Carolina Alfaro Suárez.

Esta, quizá, es una de las actividades externas de la Santa Iglesia Católica que mayor revestimiento y conmemoración tiene por lo bello de su pasaje bíblico. Aunque mucha feligresía tiende a confundirla con la respectiva del Prendimiento. Para mí concepto son dos signos diferentes.

Hoy, a principios del milenio tercero, esta procesión no es realizable en muchos templos, pues decidieron cambiar la misma por la ornamentación de un huerto, cuyos víveres recibidos son donados a las personas de mayor necesidad, aspecto que plenamente comparto.

Algunas de las iglesias en las que se da esta praxis de amor y fraternidad es la Parroquia de la Santísima Trinidad, Parroquia de San Juan Bautista, Iglesia San Agustín e Iglesia de Nuestra Señora de Las Mercedes, entre otras.

Voy a retroceder dos décadas en el tiempo y  recordar aquella Semana Santa en  que tuve la oportunidad de hacer el papel de Ángel de la Confortación en la Procesión organizada por  Catedral Metropolitana. Mi primer pensamiento ronda en lo bello del anda y su dimensión, además en lo exótico de las alas hechas – según Milo Junco- de plumas de ganso.

Al instante de ubicarme en la anda bien sostenida o amarrada, diría, empecé a sentir un pequeño temor pues era la primer vez que algo así pasaba en mi vida, ya que en ese entonces tenia unos 11 o 12 años. Aparte de ello, ese temor se trastocaba con la responsabilidad de un papel tan hermoso como era confortar al Mesías, a aquel hombre bueno que después ofrendaría su vida por la redención de nuestros pecados.

Cuando escuché el retumbar de la percusión de la Guardia Romana de Heredia, invitada a la actividad,  mi corazón empezó a palpitar y un miedo desconocido ingresaba en mí. Y se transmitía inconscientemente  en Marta, mi mama; mi abuelito Indalecio (QdDg) y mi tío Paúl, quien fue el encargado del maquillaje de ese inolvidable día.  Y de esto  me daba cuenta por la mirada que tenían ellos porque todo me saliera tal lo ensayado, pero sobre todo que desde muy dentro de mi alma logrará con cada una de mis palabras cumplir mi papel bíblico.

No obstante, lo más impresionante fue ver acercarse la imagen  a quince metros, luego a diez, a cinco y después al frente de mí anda. “Sentí en ese momento que Él (Jesús Nazareno) me miraba, pues su policromía era bella y muy viva”.

Por mi mente en ese momento pasaron muy lindos momentos. Luego de interpretar el papel inicie la procesión y el miedo  se apoderó mas de mí, pues no es fácil ir sostenida en un anda y a paso lento. “Gracias a Dios los costaleros que me cargaron eran personas muy fuertes, creó que eran como ocho y todos iban con gran fe y esto me dio mas seguridad a cada paso dentro de la lenta peregrinación.

Hoy, pasado el tiempo puedo asegurar que en ese instante sobre mi mente pasó no solo el recuerdo de lo acontecido hace dos milenios, sino también que aún en la actualidad hay mucha gente que continua flagelando y crucificando a Nuestro Señor con muchos de sus actos y acciones y ello, no debe ser.

Una procesión, un momento de alegría trastocado con miedo desconocido y una experiencia inolvidable. Así podría resumir ese día y aplicarlo como sinónimo  a la otra procesión en que participé como fue  del cotejo del Santo Entierro en la Santa Iglesia Catedral.

(*) La autora es graduada como secretaria ejecutiva bilingüe y laboró

 para el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.