Su Revista de Coleccion

Parroquia Santa Bárbara de Pavas: Procesión de La Borriquita llena de fe y devoción.

Por:

Mynor Esquivel

Donovan  Viales

Pamela Viales

La única procesión de Semana santa mencionada en el Santo Evangelio conocido como el Traslado de la Borriquita, desarrollado en el distrito de Pavas, cantón central de San José en Costa Rica contó con una presencia generosa de fieles católicos quienes recordaron el instante en que El Mesías  ingresó a la ciudad Santa de Jerusalén.

Dicha procesión fue presidida por el Pbro. Juan Carlos Moreno y acompañado por un grupo numeroso de acólitos así como de la Orden del Santo Sepulcro y otros grupos pastorales.

Doce vecinos representaron a los discípulos de Jesús , a saber:: Simón llamado Pedro y Andrés, su hermano; Santiago y Juan, hijos de Zebedeo;  Felipe y Bartolomé; Tomas y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón y Judas de Iscariothe.

Mientras que el pueblo santo de Dios entonaba: Hosanna, Hosanna. Bendito quien viene en nombre del Señor. Bendito sea el Rey de los Judíos.

La procesión a nivel de imaginería pasionaria la recordación era regida por la Sacra imagen de Cristo Rey, una talla atribuible a Manuel María Zúñiga. Cabe destacar que esta imagen tiene mas de cinco décadas de estar en custodia de la Parroquia.

Significado de la Procesión:

El inicio de esta festividad viene marcada por la primera Luna Llena posterior al Equinoccio de Primavera. El Domingo de Ramos es el domingo anterior a dicha Luna, por eso, todos los años la fechas varían
La mitología judeo-cristiana dice que diez siglos antes había entrado en la ciudad construida por David su hijo Salomón montado en un borrico. Las gentes de la ciudad aclamaron al hijo de David con gritos de hossana, (que significaba:¡viva!). Por otra parte la profecía de Zacarías dice que el Rey de Israel entraría en la ciudad del monte Sión sobre el lomo de un pollino como rey de paz y como símbolo de los nuevos tiempos (un pollino en lugar de su madre). La borrica simboliza al antiguo Israel, el pueblo de la Antigua Alianza. El pollino aún no montado por nadie es la montura real y mansa del rey de la nueva alianza. Era costumbre entre las gentes reunidas para la Pascua recibir con gritos y cánticos a los nuevos grupos que llegaban. Los Reyes eran recibidos además echando mantos, ramos de olivo y palmas a los pies de las monturas reales, alfombrando el suelo para que estos pisaran sobre ellos.

De todo este simbolismo parte toda la tradición cristiana, ya que en recuerdo a ello se celebra la bendición de las palmas y las ramas de olivo.

A lo largo de los distintos países de tradición católica, y al margen de las celebraciones litúrgicas, diversas manifestaciones populares conmemoran la Entrada en Jerusalén y, en muchos casos, dan comienzo a las procesiones de Semana Santa, son muy conocidas las procesiones de la Borriquita o de la Pollinica en algunas comunidades, que aluden a la montura de Cristo representada en las tallas que procesionan.

La Santa Eucaristía:

La misa fue presidida por el Padre Cordero quien, tal y como lo norma la Liturgia del día versó en La Pasión  de Ntro. Señor Jesucristo. A continuación el siguiente resumen:

Homilía de La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Para Mateo, Jesús es el justo condenado que sufre la violencia de parte de los pecadores. Su relato es profundamente teológico, lleno de alusiones bíblicas y pensado para el uso litúrgico en la comunidad.

La cena pascual (26,14-35) nos recuerda el gesto y las palabras de Jesús que invita a los discípulos a comer su cuerpo y a beber su sangre, signos proféticos de la entrega de su vida en la cruz, porque desea compartir con ellos el camino y el destino de su existencia. En el huerto de Getsemaní(26,36-46) Jesús es el modelo del perfecto orante que experimenta la “agonía” que supone la búsqueda y la aceptación sincera de la voluntad de Dios. Los discípulos son invitados a “velar” con Jesús, es decir, a compartir con él su destino adoptando su actitud del Hijo, orante y fiel. En el momento delarresto (26,47-56), Jesús, que en el sermón de la montaña había declarado superada la represalia y la justicia de la ley del talión en las relaciones humanas (cf. Mt 5,39), vuelve a manifestar su apasionado amor por el perdón y la no violencia .

El proceso judío (26,57-75) es la ocasión para la última y gran revelación de Jesús delante de su pueblo: “a partir de ahora verán al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso venir sobre las nubes del cielo”. La solemne declaración de realeza, de mesianismo y de divinidad, provoca el total rechazo de Israel. Paradójicamente, mientras Jesús reconoce abiertamente su identidad de Hijo y juez universal, uno de sus discípulos, Pedro, el primero de ellos, reniega de su Maestro delante de las insistentes preguntas de dos criadas y un grupo de gente.

El proceso romano (27,1-31) deja en claro la elección de Israel (Barrabás), la injusticia de las autoridades del imperio (Pilato) y la simpatía de los paganos (la mujer de Pilato). Esta última, iluminada por un sueño, invita al marido a no involucrarse en la suerte de “este justo” (Mt 27,19). En efecto, Jesús, como los antiguos profetas y justos perseguidos y condenados a lo largo de la historia bíblica (cfr. Mt 23,29.35), muere por haber anunciado la verdad de Dios en un mundo de falsedad y de injusticia. En la imagen de Jesús, objeto de burla y de ofensas de parte de los paganos como “rey de los judíos”, se mezclan las características del Mesías humilde (Mt 21,5) y del siervo de Yahvéh, insultado y sometido a crueles torturas (Is 50,6).

La crucifixión (27,32-50) es el momento culminante del relato. Jesús muere como el justo perseguido y torturado injustamente (cf. Sal 22 y 69). Delante de él desfilan la humanidad que blasfema (27,39-44), las fuerzas del cosmos que anuncian una manifestación divina (tinieblas y terremoto, cf. Ex 10,22; Am 8,9), los nuevos creyentes (el centurión), y la nueva humanidad liberada de la muerte por el Cristo (los muertos que salen de los sepulcros).

La muerte de Jesús. Jesús muere en total soledad, rechazado por los hombres y aparentemente abandonado por Dios. En aquel abandono se produce, paradójicamente, la suprema comunión entre el Padre y el Hijo. La cruz del Señor es, al mismo tiempo, abandono y donación sin reservas. El grito de Jesús (“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”) no sólo da la medida de la profunda soledad y el abismal sufrimiento del Señor, sino que indica su plena confianza en Aquel que puede salvar aún en la más desgarradora y mortal de las situaciones. Aquel silencio de la cruz revela, en forma paradójica, la infinita comunión del Padre y del Hijo, y la convierte en buena noticia para todos, los que como Jesús, viven y mueren rechazados por el mundo y aparentemente abandonados por Dios. Sólo la fe en Jesús, muerto y resucitado, puede dar sentido a tantos silencios humanos y divinos que encontramos en el camino de nuestra vida. Es la fe en Jesús, muerto y resucitado, la que hace que la Iglesia esté siempre de parte de los humillados, los débiles, los oprimidos, y los crucificados de este mundo. Es la fe en Jesús la que mueve a la Iglesia a realizar su misión a imagen de su Señor, en el ocultamiento y la sencillez, en el rechazo al poder y a la gloria, con la mística de la cruz: en la humillación y el dolor por amor, fruto de la fidelidad al Padre, y fuente de vida y liberación para el mundo y la historia.