Su Revista de Coleccion

El papa y Cuba, una opinión

Por Manuel Alberto Ramy, Periodista

El marxismo, que no es más que un instrumento de análisis de la sociedad, fue condenado por la Iglesia Católica hace más de un siglo. Incluso la encíclica papal de León XIII, Rerum novarum (1891) puede asumirse como una respuesta, la primera por parte del papado, a dicha ideología ya en ciernes. Las diferencias ideológicas entre la doctrina católica y el marxismo, como teoría, son de vieja data.

 

En el avión en que Benedicto XVI viajaba rumbo a América, lo hacía también Paloma Gómez Borrero quien con una pregunta, y a partir de la respuesta de Su Santidad, desató algún que otro titular un tanto forzado.

 

En un momento de su respuesta (la entrevista está publicada en Progreso Semanal pero la reproduciré al final de estas notas), Su Santidad dice: “Hoy es evidente que la ideología marxista, tal como fue concebida, ya no responde a la realidad. De esta forma ya no puede responder a la construcción de una nueva sociedad”.

 

Benedicto XVI, además de haber sido el guardián de la fe durante el papado de Juan Pablo II, es un intelectual, teólogo y filósofo, que ha publicado una veintena de libros. Sabe del pensamiento desde su ideología y también del uso de las palabras precisas para expresarse.

La concepción “ya no responde a la realidad” deja abierta la interrogante de que pudo en algún momento responder a ella; y prosigue diciendo de “esta forma” está invalidada para la “construcción de una nueva sociedad”. “Esta forma”, pienso se refiere a la praxis del marxismo aplicado, que en buena medida implosionó en las ex repúblicas del campo socialista, las del llamado socialismo real.

 

Si estoy en los cierto no estamos ante una obligada reiteración de posiciones en el campo de las ideas, sino a la luz de lo vivido.

 

Sucede que Su Santidad viene a Cuba cuando nuestro país vive un momento crucial de su historia llamado de Actualización, que además de reformas del sistema socioeconómico vigente desde hace medio siglo, está tratando de borrar viejos esquemas de las praxis marxistas copiadas de la URSS. El papa que nos vista ahora no es el mismo papa que nos visitó hace 14 años. Pero tampoco llega a la misma Cuba, particular que conoce.

Arribará a una sociedad y a un país que vive un proceso tendiente a cambios sociales y económicos.

 

“En este proceso, que requiere paciencia, pero también la decisión, queremos ayudar en un espíritu de diálogo, para evitar traumas y para ayudar a lograr una sociedad fraterna y justa, con-para todo el pueblo, y queremos colaborar en este sentido”.

Con esta visita se ha inaugurado una vía de colaboración y de diálogo constructivo, un camino que es largo y que exige paciencia, pero que va hacia adelante”, respondió el papa a la periodista

 

Estas palabras no significan solamente disposición hacia nuestro gobierno, entrañan un apoyo a la apuesta que por esa opción ha hecho la jerarquía católica cubana. Por esta decisión, la jerarquía cubana viene sufriendo los embates y presiones de poderosas fuerzas externas, principalmente de las administraciones de Washington.

 

Dichas administraciones no concuerdan con las aspiraciones de realizar reformas conducentes a un nuevo modelo de convivencia interna capaz de excluir su dominio o en el que no prevalezca la adoración por el dinero, algo que en otro contexto mencionó el papa y sobre el que desearía fuese más contundente. (El marxismo fue una respuesta al entonces capitalismo emergente, hoy globalizado).

 

Dejando de lado a Washington, opino que uno de los posibles objetivos de los recientes hechos ocurrido en varias iglesias —además del clarísimo de poner en crisis las relaciones entre la el Estado y la Iglesia— pudiera ser el de alterar el consenso existente dentro de la jerarquía nacional y voltearla hacia la confrontación. “Es obvio que la Iglesia está siempre en el lado de la libertad: la libertad de conciencia, la libertad de religión. En este sentido [inaudible] contribuyen también los simples fieles en este camino hacia adelante”, dijo el papa.

 

Con delicadeza no puedo pasar por alto y lamentar que Su Santidad haya llamado “simples fieles” a quienes son la iglesia, ésta no es más que la comunión de los fieles, los millones a escala mundial que comparten y practican la fe y las predicas del hijo de Dios y de crianza del carpintero José y de María, la Virgen. Sin los simples fieles no habría iglesia, solo esqueleto institucional.