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Benedicto XVI visita Cuba en el mejor momento de relaciones entre el régimen y la Iglesia

Santiago de Cuba y La Habana, las dos ciudades cubanas que el Papa va a visitar, se encuentran engalanadas para dar la bienvenida a Benedicto XVI. El gobierno cubano se ha volcado para que la visita sea un éxito. El Papa dará dos misas, una en la plaza Antonio Maceo de Santiago y otra nada menos que en la Plaza de la Revolución de La Habana, ocupando la misma tribuna desde la que Fidel Castro ha dirigido durante décadas sus largos y multitudinarios discursos. El mensaje de bienvenida ha sido asumido por creyentes y no creyentes.

“Estamos muy felices por la visita del papa, es como una celebración única en nuestro país, vamos a ir a la plaza los creyentes, los no creyentes, todos vamos a estar ahí”, dicen.

La visita de Benedicto XVI llega en el mejor momento de relaciones entre el régimen cubano y la Iglesia Católica, que ha ido recuperando espacio en la Isla. Y aunque ambas instancias insisten en que se trata exclusivamente de un viaje pastoral, la visita del Papa a Cuba no puede abstraerse de la política. El propio Benedicto XVI parecía confirmarlo al afirmar que el marxismo, ideología oficial en la Isla, ya no responde a la realidad. El gobierno cubano, por voz de su ministro de Exteriores Bruno Rodríguez, se ha limitado a decir que respeta la opinión del Pontífice y que el pueblo cubano sabrá escuchar. “Un pueblo que escuchará a su Santidad con profundo respeto”, ha declarado Rodríguez.

En la Isla hay expectación, aunque también buenas dosis de distancia y escepticismo. Especialmente los creyentes católicos expresan su alegría y reconocen que el gobierno está facilitando el éxito de la visita papal.

Sin embargo desde la disidencia se quiere que la visita vaya más allá de lo pastoral y que el Papa se implique en denunciar la falta de libertad. La organización Damas de Blanco, muchas de cuyas integrantes han sido detenidas y luego liberadas en los últimos días, ha solicitado una recepción, al menos de un minuto, con Benedicto XVI, a sabiendas de la repercusión que ese gesto tendría. Sin embargo no han recibido respuesta del Vaticano. La líder de Damas de Blanco, Berta Soler, nos decía hace unas horas que sería una decepción no ser recibidas por el Pontífice. “Si el papa no nos da ese minuto quedaríamos un poco decepcionadas, pero no vamos a perder la fe ni en Dios ni en Cristo”, ha declarado Soler a RNE.

Por su parte Bruno Rodríguez rechazaba lo que el régimen cubano considera intentos de manipulación política de la visita papal por parte de los disidentes: “Quienes pretendan obstaculizar esta visita apostólica, con manifestaciones políticas, fracasarán”, ha advertido.

Frente a quienes, desde el gobierno, intentan poner el acento en las buenas relaciones actuales entre el Estado cubano y la Iglesia Católica, y quienes, desde una disidencia activa, quieren utilizar la visita como caja de resonancia de la situación en Cuba, hay una amplio sector de la población que asiste, con escepticismo, al combate dialéctico yconsidera que la visita de Benedicto XVI no va a alterar en nada los problemas cotidianos.

En lo que parecen coincidir todos es en que, transcurra como transcurra la visita del Papa, los problemas de Cuba solo pueden resolverlos los propios cubanos desde el interior de la Isla. También nos lo decía así la líder de las Damas de Blanco: “El pueblo de Cuba está necesitado de libertad que no va a traer el Santo Padre, la libertad depende de nosotros los cubanos”.

Los cubanos se preparan para una visita de Benedicto XVI que, transcurra como transcurra, tiene garantizado un indudable impacto político y mediático, como casi todo lo que tiene que ver con Cuba