Su Revista de Coleccion

Familia. Nos encontramos ya peregrinando junto a Benedicto XVI, por lo que sería muy conveniente que nos preguntemos si realmente comprendemos lo que implica “ser peregrino”.

Jose “Pepe” Alonso EWTN / Pasos de fe
Desde el siglo I se ha identificado al cristiano con el peregrino. Pero no porque peregrine a distintos lugares de la tierra, sino porque el hecho de ser cristiano lo convierte en peregrino.
Si quieres ser peregrino, no hace falta que hagas la mochila y te marches de tu casa. Lo de ser peregrino va por dentro. Ser peregrino es una actitud de vida, un modo de vivirla fe, el modo de ser discípulo de Jesús.
¿Y has dado cuenta de que Jesús pasó por la tierra como un peregrino?
La peregrinación crea un personaje, el peregrino, que es un término del derecho romano, va a ser tomado por los primeros autores cristianos para designar al mismo cristiano al que se considera peregrino en tierra extraña. Peregrino, según el derecho romano, es el habitante del Imperio que siendo libre no goza del derecho de ciudadanía, igualmente con este término se expresa a aquel ciudadano de un país no perteneciente al Imperio que reside en éste. Pronto pasó a designar a todo aquel fiel que se ponía en camino para venerar los lugares santos de Jerusalén o la tumba de un mártir o de un santo.
La peregrinación no es sólo el dirigirse a un lugar geográfico concreto, sino mas específicamente una actitud religiosa. El cristiano es un peregrino.
Nuestra fe es un proceso, con esto queremos decir que la fe puede “peregrinar” crecer y madurar.
El punto de partida de nuestra fe es un hecho: podemos decir que el cristiano es una persona que a partir de su encuentro personal con Jesucristo ha recibido la invitación a seguirlo, haciendo de su vida un camino de fe. Cuando uno se aventura a recorrer el Camino, sabe que tendrá que dar todos los pasos y que cuando llegue el cansancio, las rozaduras, los momento de bajos… nadie puede substituirlo. Es uno mismo el que tiene que recorrer el Camino. Sin embargo, el peregrino no está solo. No es el único. Aunque uno salga solo de su casa, cuando llega al camino se encuentra con los demás, con los otros peregrinos. Y es en este momento de nuestra peregrinación que tenemos que aprender a sobrellevarnos los unos a los otros. Nadie es un “llanero solitario”.
En este sentido, decimos que el cristiano es un peregrino, que junto con sus mas cercanos, está en camino, en marcha, en búsqueda de la casa del Padre. Y en este caminar no va solo, camina junto con la “comunidad de los creyentes”, la Iglesia. El peregrino cristiano acepta que este mundo no es su patria, que esta de paso, en camino hacia una meta fuera de este mundo.
¿Cómo podemos caminar hacia la plenitud de vida?
Aceptando la invitación que hemos recibido de hacernos hijos, de vivir como hijos, en continua búsqueda. No como algo logrado, sino que una meta a alcanzar, caminantes en la fe, peregrinos de la fe hasta llegar a la patria celestial. El peregrino es, en el fondo, aquel que constantemente parte, que lejos de instalarse permanece a la escucha de la Palabra de Dios para acogerla y lanzarse dócilmente por la ruta señalada. María, mejor que nadie, nos muestra con su vida el itinerario del seguimiento de la Palabra de Dios.
El peregrino se despoja de todo lo que lo pueda impedir seguir su camino. En este día entreguemos al Señor todo lo que creemos que somos.

Te entrego mi corazón para que lo purifiques de cualquier sentimiento que no sea Tu Amor por mí y en mí.

Te entrego mi alma, Señor:

Te entrego mi libertad para que puedas hacer conmigo lo que quieras, para que puedas hacer en mí la Voluntad del Padre.

Te entrego mi memoria para recordar todo aquello y sólo aquello que Tú deseas que recuerde.

Te entrego mi entendimiento para poder ver las cosas como Tú las ves.

Te entrego mi voluntad para que sea una con la Tuya.

Quiero lo que quieres, quiero porque quieres, quiero como lo quieres, quiero hasta que quieras.