Su Revista de Coleccion

Manuel Maria Zúñiga , maestro de maestros

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La historia religiosa- escultórica costarricense tuvo a uno de sus mejores percusores en un hombre humilde, laborioso, autodidacta quien en los libros de arte escultórico antiguo encontró sus bases para fundamentar cada una de sus obras.

“ Discurrían los años 20 cuando mi padre se inició en la escultura sacra  con el primer encargo de un Cristo Rey en cedro, obra que realizó en un taller que construyera en los cafetales de  la familia Dent, preludiando así una larga carrera como escultor de corte religioso”,señala Edgar Zúñiga, hijo del imaginero.

Una vez consolidado en su trabajo, don Manuel adquirió un terreno en Barrio La Granja en San José, donde instaló su segundo taller.

Pronto ese sitio se convirtió en un foco de interés para el clero y varios jóvenes que frecuentaban el lugar para hacer trabajos como asistentes y discípulos. Este sitio fue el centro de enseñanza, no-solo para futuros escultores, sino para una serie de artistas jóvenes ávidos de conocimiento y práctica artística, en un ambiente que carecía de opciones para dichas actividades.

Muchos de estos ayudantes llegaron a ser los gestores de las propuestas alternativas del arte y precursores de la modernidad dentro del panorama de la escultura y pintura costarricense de la época. Entre ellos se puede citar a escultores como Juan Manuel Sánchez, Néstor Zeledón Varela, Francisco Zúñiga, Juan Rafael Chacón, Néstor Zeledón Guzmán, Olger Villegas, Roberto Sandoval y en años posteriores Edgar y Franklin Zúñiga.

“ De mi padre aprendí la disciplina del dibujo y la técnica del modelado. Sin embargo, aunque la educación en términos generales fue poca debido a que él para entonces estaba mayor, desde el punto de vista artístico la relación  con mi padre fue muy estrecha, conversamos mucho sobre  arte. Ahora comprendo que restaurando sus obras fue donde más aprendí de él”, destaca Edgar Zúñiga.

En el contexto costarricense de las primeras décadas del siglo XX, la formación autodidacta era usual y don Manuel poseía una gran destreza en la talla y en el policromado y estofado en oro, la cual afianzó por medio de la practica constante en el taller y la interpretación de imágenes en libros de las obras realizadas en madera policromada por maestros del barroco español como Juan Martínez Montañés o Francisco Sabillo.

Sin embargo, al hacer estos estudios,  don Manuel dotó a sus piezas de un carácter muy personal sobre todo en las características de la talla, creando un estilo propio que lo distinguió entonces y lo identifica en la actualidad.

El escultor también incursionó en otras técnicas como el modelado y la talla en piedra. Se presume que su producción total supera las dos mil obras.