Su Revista de Coleccion

“Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte”: Beato Juan Pablo II

Por: Pbro. Alfonso Mora / Vicario de la Pastoral litúrgica de la Arquidiocesis de San José, Costa Rica

Discurso inaugural

 

Un fraternal y agradecido saludo a todos los que, en un gesto de admiración por las obras de arte expresivas del sentimiento religioso de nuestro pueblo, han querido hacer acto de presencia en este momento inaugural de una exposición, labor conjunta del Museo Nacional y de la Curia Metropolitana, a través del Departamento de Arte Sacro, hoy bajo la dirección del R.P. Lic. Gerardo Santamaría y de su Asistente el Lic. Luis Carlos Bonilla Soto.

 

Me corresponde representar al Señor Arzobispo Metropolitano de San José en este acto, quien, dada su imposibilidad de hacer acto de presencia, me ha delegado para el efecto.

Asimismo, en su nombre y en el mío propio, por mi condición de alto responsable suyo en el campo del Arte Sacro, quiero expresar la profunda gratitud al señor Director del Museo, el señor Christian Kandler y a todo el personal de esta institución, que tan generosamente nos ha ofrecido su colaboración.

 

La Semana Mayor es uno de los acontecimientos de mayor vistosidad y devoción en la religiosidad piadosa de los pueblos costarricenses. Es un lapso privilegiado en que la Iglesia anuncia la Buena Nueva de la Salvación a todas las gentes.

 

Invocamos aquí el sentir de la Iglesia Universal, expresado de muy diversas maneras por los Sumos Pontífices, entre los que destacan, de manera especial, en las últimas décadas, el venerable y recordado Papa Paulo VI y el beato Juan Pablo II. De éste último consignamos algunos de sus pensamientos expresados en la Carta a los Artistas, del 4 de abril del año del Señor 1999.

 

Nos dice el santo Padre:

(…) «La página inicial de la Biblia nos presenta a Dios casi como el modelo ejemplar de cada persona que produce una obra: en el hombre artífice se refleja su imagen de Creador.» (Op. Cit. N.1). De hecho «Dios ha llamado al hombre a la existencia, transmitiéndole la tarea de ser artífice. En la “creación artística” el hombre se revela más que nunca “imagen de Dios” y lleva a cabo esta tarea ante todo plasmando la estupenda materia de la propia humanidad y, después, ejerciendo un dominio creativo sobre el universo que le rodea. El Artista Divino, con admirable condescendencia, trasmite al artista humano un destello de su sabiduría trascendente, llamándolo a compartir su potencia creadora». (Ib).

 

Más en concreto o, más precisamente en torno a la exposición que hoy nos corresponde inaugurar, éste es el pensamiento expresado por la Iglesia en la autorizada voz del Sumo Pontífice:

 

«Desde la Navidad al Gólgota, desde la Transfiguración a la Resurrección, desde los milagros a las enseñanzas de Cristo, llegando hasta los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles o los descritos por el Apocalipsis en clave escatológica, la palabra bíblica se ha hecho innumerables veces imagen, música o poesía, evocando con el lenguaje del arte, el misterio del “Verbo hecho carne”». (ib. N. 5).

 

Es por eso que hoy, y en este templo del arte que es el Museo Nacional de Costa Rica, la Iglesia arquidiocesana se hace presente con la exposición de estas obras, poniendo de nuestra parte una acción palpable de la cuota que nos ha correspondido en el impulso de arte que ha sido, de parte de la Iglesia universal, tarea constante y eficaz, tal y  como lo  consigna el Papa Juan Pablo II, quien una vez más nos dirige su sabia palabra diciéndonos que «(…) … la Iglesia ha seguido alimentando un gran aprecio por el valor del arte como tal. En efecto, el arte, incluso más allá de sus expresiones más típicamente religiosas, cuando es auténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe, de modo que, hasta en las condiciones de mayor desapego de la cultura respecto a la Iglesia, precisamente el arte continúa siendo una especie de puente tendido hacia la experiencia religiosa.» (ib. N. 10).

 

Lo anterior no significa simplemente que la Iglesia haya querido, a través de los siglos, constituirse en Mecenas del Arte en todas sus expresiones. Más bien se trata de que la Iglesia asume su tarea de ser fiel transmisora del múltiple lenguaje que Dios mismo ha querido emplear para comunicar al hombre las riquezas de su designio salvador como camino de amor, de belleza y de alegría.

 

Por eso el Santo Padre sigue diciendo:

 

«Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí mismo es inefable. Ahora bien, el arte posee esa capacidad peculiar de reflejar uno u otro aspecto del mensaje, traduciéndolo en colores, formas o sonidos que ayudan a  la intuición de quien contempla o escucha. Todo esto, sin privar al mensaje mismo de su valor trascendente y de su halo de misterio». (n. 12)

 

En su maravillosa Exhortación Apostólica El Anuncio del Evangelio, el santo Padre Pablo VI habla de la importancia de una predicación viva y apunta al respecto que «No es superfluo subrayar a continuación la importancia y necesidad de la predicación: “Pero ¿cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? Y, ¿cómo creerán sin haber oído de El? Y ¿cómo oirán si nadie les predica?… Luego, la fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cristo”. Esta ley enunciada un día por el apóstol Pablo conserva hoy todo su vigor.» (EN. N 42).

Así asume el gran pontífice el clamor del apóstol Pablo de Tarso, y así también lo asume la Iglesia entera al abrir nuevos caminos, al buscar nuevos canales y al ubicar nuevos areópagos para el anuncio de la Buena Noticia de la Salvación. La pregunta del Altísimo que se ve formulada en la vocación de Isaías: «¿A quién enviaré? ¿Quién irá de mi parte?» (Is 6,8b), sigue repitiéndose en la inquietud constante de la Iglesia de suscitar vocaciones al testimonio y al profetismo.

 

Es por eso que la Iglesia, consciente de que el artista expresa en sus obras el designio amoroso, manifestando en ellas la bondad y la belleza de Dios, habla de las dotes artísticas mirándolas como una auténtica vocación. De nuevo el santo Padre Juan Pablo II nos dice al respecto:

 

«(…) El artista busca siempre el sentido recóndito de las cosas y su ansia es conseguir expresar el mundo de lo inefable. ¿Cómo ignorar, pues, la gran inspiración que le puede venir de esa especie de patria del alma que es la religión? ¿No es acaso en el ámbito religioso donde se plantean las más importantes preguntas personales y se buscan las respuestas existenciales definitivas? (…) … sigue siendo verdad que el cristianismo, en virtud del dogma central de la Encarnación del Verbo de Dios, ofrece al artista un horizonte particularmente rico de motivos de inspiración. ¡Cómo se empobrecería el arte si se abandonara el filón inagotable del Evangelio!» (Carta a los artistas, n. 13)

 

Motivados por estas y muchas otras razones, los responsables del Departamento de Arte Sacro y Ambientación Litúrgica, llevan adelante una ardua y delicada labor desde hace ya más de cuatro años, en respuesta leal a la petición expresa del Señor  Arzobispo, a través del inventario de todas las expresiones artísticas que se custodian en las iglesias de la Arquidiócesis de San José.

 

Entre las obras más valiosas desde el punto de vista histórico y piadoso se encuentran las imágenes de Cristo Yacente, asociadas al Misterio de la Sepultura de Jesús y a la acción salvífica de Dios para los hombres y mujeres de todos los tiempos.

 

Partiendo de que el tránsito de Jesucristo por el sepulcro, como signo de redención de toda la humanidad caída y cautiva en la región de los muertos, es parte fundamental para comprender de manera íntegra el Misterio Pascual y, siendo este aspecto tan incomprendido y confuso para la mayoría de los creyentes, es que consideramos propicio realizar una exposición que profundice sobre esta verdad de fe, que tanta relevancia ha tenido en las expresiones piadosas de viernes y sábado santo en nuestras comunidades arquidiocesanas.

 

Sirva esta exposición de Arte Sacro, acompañada de la publicación con fotografías de setenta y dos obras de arte que custodia nuestra Iglesia particular y algunos artículos de reflexión teológico-pastoral para adentrarnos más en la experiencia de fe que tiene como fuente el Misterio Pascual, para catequizar a nuestros hermanos y hermanas acerca de la relevancia de comprender el tránsito de Jesucristo por la región de los muertos como fundamento de la fe cristiana y, para valorar el rico legado patrimonial, espiritual y cultural que emana de la Historia de Salvación de que formamos parte.

 

En nombre del  Arzobispo Metropolitano de San José, y en mi condición de Vicario Episcopal de Liturgia, Música y Arte Sacro, agradezco profundamente la presencia de todos ustedes en este acto, y doy oficialmente por inaugurada esta exposición.