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LOS NUEVOS ROSTROS DE LA VIDA RELIGIOSA

Vida Nueva – No. 2787 / Publicado el 02.02.2012

Las formas emergentes de VC florecen ante el entusiasmo de unos y el recelo de otros

 

DARÍO MENOR | La Vida Religiosa (VR) ya no es lo que era. En las últimas décadas, este brazo irreemplazable de la Iglesia católica se ha visto sacudido por los acelerados cambios de la sociedad contemporánea. Siempre en las fronteras, lo que les hace estar más expuestos a los vaivenes de nuestro tiempo, los consagrados ven cómo su mundo está en crisis.

En Occidente hay escasez de vocaciones, las casas se cierran, los carismas se disuelven. Incluso las congregaciones con más amplia historia no tienen garantizada la continuidad. Y, si logran sobrevivir, lo harán con un rostro nuevo, el de los novicios de países africanos, asiáticos y latinoamericanos. Los institutos serán así menos europeos y más universales, como la propia Iglesia.

 

En mitad de este largo otoño por el que está pasando buena parte de la VR, algunas nuevas iniciativas encuentran un terreno fértil para florecer. Aunque son independientes entre ellas y aparecen en países diferentes, tienen puntos en común: un gran ardor evangelizador, unas posturas conservadoras, una preocupación por los aspectos exteriores, como los hábitos, y un interés por los temas sociales más tímido que el de muchas congregaciones clásicas.

 

Iesu Communio, el instituto religioso femenino nacido en el antiguo monasterio de las clarisas de Lerma (Burgos), es el ejemplo más evidente de esta nueva realidad surgido en España.

 

Otro caso similar es el de Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios, la congregación fundada el año pasado en Valencia por 22 religiosos que hasta entonces eran escolapios. La eclosión de estas dos nuevas realidades de Vida Consagrada se ha visto favorecida por movimientos como el Camino Neocatecumenal y Comunión y Liberación.

Pese a que ha habido una ruptura dolorosa con los institutos a los que antes pertenecían estos religiosos, buena parte del episcopado los ve con buenos ojos.

 

“Los obispos favorecen estas nuevas formas porque les resuelven la papeleta. Se presentan con un aspecto atrayente, fervoroso, con celo apostólico. Además, muchos prelados consideran que los otros religiosos, que van cerrando las casas que tienen, les crean problemas. Se fían cada vez menos de ellos”, explica el comboniano Fidel González Fernández, profesor de Historia de la Iglesia en las universidades Gregoriana y Urbaniana y consultor de varios dicasterios vaticanos.

 

Más allá de los casos de Lerma y Valencia, al examinar estas nuevas realidades que están surgiendo en todo el mundo, se pueden encontrar tres grandes grupos.

 

El primero está formado por las ramas de consagrados nacidas de los movimientos, como ocurre con Comunión y Liberación y los Legionarios de Cristo. En el segundo, se encuadran las congregaciones que se escinden de otras debido, en parte, al influjo de estos mismos movimientos.

 

El tercer grupo está formado por los jóvenes institutos religiosos aparecidos ex novo, sobre todo en América Latina. Brasil, donde han nacido alrededor de 500 congregaciones en las últimas décadas, es el país que mejor refleja esta última expresión de las nuevas realidades de Vida Consagrada.

 

Formas “más seguras y dóciles”

Para Josune Arregui, secretaria ejecutiva de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG) –el organismo donde se agrupan 2.000 líderes de órdenes religiosas femeninas, con presencia en 97 países, y a las que pertenecen 800.000 religiosas–, se favorecen las nuevas congregaciones porque presentan unas formas “más seguras y dóciles”.

 

En su opinión, hay que “dar tiempo” antes de juzgar estas nuevas realidades. “Los años lo dirán, pero en el caso de Iesu Communio, el que haya tanta gente joven y universitaria entregando su vida al Señor y trabajando por la juventud, tal y como está España, merece un respeto. El Señor anda por en medio, va sosteniendo la Iglesia y van saliendo cosas buenas. Algunas de estas nuevas congregaciones desembocarán en estructuras renovadas. Atraen por su radicalidad, por su novedad, por su flexibilidad. Son algo positivo. No hacen sombra a los institutos clásicos”.

 

Lo mismo opina Fr. José Rodríguez Carballo, ministro general de la Orden de los Hermanos Menores, quien, al ser el superior de toda la familia franciscana, su autoridad también engloba a los distintos monasterios de clarisas. Por ello ha vivido de cerca lo sucedido en Lerma.

 

“Es siempre positivo que surjan nuevos institutos de Vida Consagrada. El Espíritu actúa constantemente en la Iglesia y en el corazón de los creyentes”, apunta, añadiendo su apuesta por la convivencia y colaboración entre los distintos institutos. “Esto no quiere decir que todas las formas de Vida Religiosa que han nacido en el pasado deban desaparecer para dejar paso a las nuevas realidades”.

 

El hecho de que unas congregaciones nazcan de otras no es nuevo en la historia de la Iglesia, aunque ante esta situación, Carballo pide “un proceso serio de discernimiento ante el Señor y un proceso abierto con el instituto al que se pertenece. Cuando uno obra según Dios, nada hay que temer”.

 

El Vaticano: atención y prudencia

El Vaticano sigue y tutela estos fenómenos a través de la CIVCSVA. Nicla Spezzati, la nueva subsecretaria de este dicasterio, considera que se trata de una realidad “multiforme, compleja y poliédrica”, nacida no por una simple “iniciativa humana” ni por un impulso del hombre, sino debido a “una llamada y a un carisma del Espíritu Santo”.

 

Al explicar la postura del dicasterio ante el nacimiento de nuevas congregaciones, esta religiosa afirma que “no podemos impedir al Espíritu que hable”.

 

“La Iglesia ha estado siempre muy atenta a la lectura de los carismas. Muy atenta, pero también con mucha prudencia, para vigilar que realmente vengan del Espíritu. La Iglesia apoya, pero discierne y valora con mucha atención, prudencia y sabiduría estas manifestaciones. Habitualmente se dice que no es que aparezcan cosas nuevas, sino formas nuevas. Son reinterpretaciones”, señala.