Su Revista de Coleccion

Mariologia

EL PRIMER DÍA DEL AÑO…PARA MARÍA, MADRE DE DIOS

Manuel Murillo Garcia
Pongamos hoy nuestra vida en manos de María Santísima. Ella pondrá el año que termina en manos del Padre Misericordioso, y la en el que comienza en manos del Hijo Providente. 

Hoy celebramos una fiesta que hace referencia al título más sorprendente que puede tener una criatura humana: Madre Dios… Lo cual significa que el Salvador del mundo no sólo nació “en” ella, sino “de” ella. El Hijo formado de sus entrañas es el mismísimo Hijo Dios, nacido en la carne.

El Evangelio nos narra los acontecimientos de la Navidad, remarcando la imposición del nombre, dado por el ángel antes de la Concepción: JESÚS (que significa YHWH [nombre sagrado e inefable de Dios en el A.T.] salva); nombre puesto por orden divina… misterioso, cargado de significado salvífico [con todo y por todo lo que significa el "nombre" para los semitas] (ver a este respecto lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica al explicar el II mandamiento…).

La invocación de ese nombre trae la salvación (semejante lo que ocurre en la 1a.lectura con el nombre de YHWH, pronunciado una sola vez al año). Nosotros tenemos el nombre del Señor sobre nosotros: somos cristianos… ¡No lo digamos con tanta ligereza!

Así, se abre el año con esa fórmula que pide la bendición y el favor de Dios. Él nunca se la ha negado la humanidad; pero con Cristo esta Bendición es irrevocable.

Comienza el año civil; y se lo celebra de diversos modos:

·  En estas fiestas, se suele hacer mucho ruido (bailes, fuegos artificiales, pirotecnia,…) mucho ruido ¿Y “pocas nueces”…?

·  Para muchos, las fiestas están cargadas de melancolía (paso de los años; “los que ya se han ido”; nostalgias; recuerdos…). Muchos desean “que las fiestas pasen pronto”…

·  Para los pobres (que no son pocos), el dolor de no poder participar de las alegrías festivas… o de hacerlo con muchas limitaciones.

Pensemos cómo vivimos interiormente las fiestas. Sin interioridad, todo lo otro es vacío, pura exterioridad e hipocresía: festejamos… nada.
¿Cuál es el motivo para alegramos por las fiestas? El Amor de Dios, experimentado en estos días como una fuerza que quiere renovarnos incesantemente. Navidad es el comienzo de una nueva creación (Dios a hecho con el hombre una Alianza Eterna: Cristo).

Todo comienzo de algo (también el del año civil) debe remitirnos a este comienzo: al de la Alianza Nueva y Eterna… (la que no pasará jamás, y por ende radicalmente diversa de lo que no permanece, lo que es pasajero, transitorio (tiempo; apariencias; exterioridades)… Éste es el fundamento de nuestra Paz, cuya Jornada mundial cada año celebramos precisamente hoy.

Volvamos a mirar las cosas que nos rodean, pero con esta perspectiva: pensemos en las cosas que se fueron con el año y los años que pasaron… y pongámoslas en manos Dios. Pero sepamos que todo lo que hayamos hecho con amor, y por amor tiene un valor que permanece, y está “eternizado” en la presencia del Señor.

Todo lo hecho por amor, aunque pequeño, aunque los demás no lo noten, ha sido tomado en cuenta por Dios, y lo encontraremos renovado en Él.
También las personas que se han ido… Y así, nuestros lazos de amor, lejos de perderse, serán renovados y glorificados en la Resurrección.

“Nada se pierde, todo se transforma…” también en el orden espiritual.

Frente al año viejo, y al nuevo, tengamos una mirada de Fe: evaluemos desde el amor que hemos puesto y hemos de poner para hacer las cosas.
El tiempo pasa, pero el amor permanece; y allí debemos encontrar el motivo de nuestra alegría: en el amor vivido y en el “por vivir”.

“En el atardecer de la vida e juzgará el Amor”, nos recuerda San Juan de la Cruz.

Un nuevo año ha “atardecido”…
Un año más de vida… y un año menos para llegar al cielo.
Un año con sus alegrías… y sus amarguras.
En vista a los acontecimientos de la vida de cada uno de ustedes, quiero hoy recordarles nuevamente que con todos sus engaños, trampas y sueños rotos, éste sigue siendo mundo hermoso, que vale la pena vivir como camino al cielo.

En este valle de lágrimas, la alegría que da el Espíritu Santo es más fuerte que cualquier pena… Esa alegría profunda, serena, misteriosa, radiante… (quien la conoce, entiende lo que estoy diciendo… y a quien no la conoce, le repito con el salmo 33: “prueben y vean qué bueno es el Señor…”).

Pongamos hoy nuevamente nuestra vida en manos de María Santísima. Ella pondrá el año que termina en manos del Padre Misericordioso, y la en el que comienza en manos del Hijo Providente… ella que es Soberana de los Ángeles, pero mucho más aún es nuestra: sangre y dolor de nuestra raza humana.
Autor: P Juan Pablo Esquivel.

MANUEL MURILLO GARCIA Para ir al Blog “Solo Informatica, por Manuel Murillo Garcia”, siga este enlace: http://mmurilloinformatica.blogspot.com/  Para ir al  Blog “MIS COSAS” http://murillomanolo.blogspot.com/


San José, Costa Rica, Parroquia La Merced: Devoción , fe y tradición en gritería

Este viernes 7 de diciembre la parte oeste de la ciudad capital de Costa Rica, San José se llenó de decenas de costarricenses y nicaragüenses, quienes vivieron – en la Parroquia de La Merced la tradicional gritería. La actividad fue presidida por el Pbro. Marvin Benavides

La gritería es una fiesta nicaragüense en honor a la Purísima Concepción de María. Esta fiesta religiosa se celebra en todos los pueblos y ciudades de Nicaragua (y en los lugares donde la colonia nicaragüense es importante como en Estados UnidosCosta Rica y El Salvador) teniendo especial relevancia en León de donde es originaria.

Se celebra la noche del 7 de diciembre, víspera de la fiesta católica de la Inmaculada Concepción de María, devotos recorren las calles y visitan diferentes altares en honor a la Virgen María, en templos y casas particulares, realizando rezos, cánticos y quemando pólvora (cohetes y juegos pirotécnicos) a la vez que se grita ¿Quien causa tanta alegría? y se responde La concepción de María. Los habitantes de las casas reciben a los devotos con un “brindis“, llamado popularmente “la gorra“.

Los misioneros españoles, en particular los franciscanos, trajeron a América la devoción por la Virgen María y su Inmaculada Concepción. En este sentido, un documento de 1673 manifiesta que otro escrito de 1626, que había sido quemado, hacia referencia que “en fecha anterior” (sin precisar fecha, pero que ciertos historiadores fijan en 1562), don Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada, hermano de Santa Teresa de Jesús (fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas), llegó a Nicaragua, al puerto de El Realejo (debido a que su barco estaba azotado por una tormenta), en el actual departamento de Chinandega con la imagen de la Virgen en su advocación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, y de allí al pueblo de Tezoatega (hoy El Viejo). Los indígenas de la localidad no querían que se la llevara por lo que don Pedro la dejó allí y se fue del país. Es la Patrona Nacional de Nicaragua.

El origen de esta fiesta, en su versión nicaragüense, se remonta al año 1742 y surgió en la iglesia de San Francisco de la ciudad de León. El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX promulgó labula Ineffabilis Deus, en la que expuso y definió como “doctrina revelada por Dios y que todos los fieles deben creer firme y constantemente que la Santísima Virgen María fue preservada de toda mancha del pecado original desde el primer instante de su concepción, por gracia y privilegios únicos que le concedió Dios todopoderoso en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano” con lo que legitimiza el culto mariano.

El 7 de diciembre de 1857 monseñor Gordiano Carranza, desde el atrio de la Iglesia de San Felipe (en León), anima al pueblo a visitar casa por casa y a alzar sus propios altares a la vez de rezar, cantar y gritar a la Virgen. De León la fiesta saltó a MasayaManagua y a Granada y de allí se extendió por todo el país.

Hacia mediados del siglo XVIII apareció una misteriosa caja flotando en las aguas del Lago Cocibolca frente a la ciudad de Granada, las lavanderas querían cogerla pero se alejaba cada vez que querían cogerla por lo que llamaron a los frailes franciscanos del Convento de San Francisco para ver el prodigio y al abrirla encontraron una imagen de la Virgen sosteniendo al niño Jesús, con el rótulo: La Purísima Concepción para la ciudad de Granada; según la tradición llegó por el río San Juan en dirección río arriba (o sea contra la corriente) desde el Castillo de la Inmaculada Concepción, que está en las orillas de ese río, en el actual departamento del mismo nombre.

Los cantos

Existen muchos cantos dedicados a La Purísima, de los cuales cuatro fueron compuestos y musicalizados por el músico Alejandro Vega Matus de Masaya, estos son los siguientes:

  • Salve Azucena Divina
  • Por eso el cristianismo
  • Tu gloria, tu gloria
  • Toda Hermosa Eres María

La mayoría de los cantos son de la época colonial:

  • ¡Oh Virgen de Concepción!
  • Salve Virgen bella http://www.cuttingedge.org/sp/virginmaria.htm
  • Adiós Reina del Cielo
  • Diciembre Alegre
  • No cesará mi lengua
  • Sagrada Reina del Cielo
  • Pues concebida
  • Salve salve cantando a María
  • Virgencita incomparable
  • Eres Tú Pastora
  • Dulces Himnos
  • Alabado (que tiene la música de Toda Hermosa)
  • Hermosa doncella.

El único canto que no es nicaragüense es Del cielo ha bajado, que a nivel internacional se le conoce como el Ave de Lourdes, que alude a las apariciones de la Virgen en LourdesFrancia en1858.

La gritería de Penitencia

El volcán Cerro Negro, desde que nació el 13 de abril de 1850 ha hecho erupción varias veces atormentando a los habitantes de la ciudad de León Santiago de los Caballeros que se sitúa a escasos 25 kilómetros al suroeste del volcán en el occidente de Nicaragua.

Entre los meses de julio y agosto de 1947 hizo erupción y era tal la lluvia de ceniza sobre la ciudad que se acumulaba en las calles, los techos de tejas de las casas colapsaban y peligraba hasta la misma azotea de la imponente Catedral; no se podía respirar por lo que el obispo de dicha diócesis Isidro Augusto Oviedo y Reyes le prometió a La Bendita Virgen María, que en ruego por su intercesión ante Dios Todopoderoso, se celebraría «La gritería de Penitencia», conocida popularmente como “La gritería chiquita” para no confundirla con la del 7 de diciembre, sorprendentemente en la noche del 14 de agosto paró la erupción y desde entonces cada 14 de agosto (víspera de la fiesta de La Asunción de La Bendita Virgen María), se celebra esta fiesta religiosa popular propia de Nicaragua.

Formas de celebrar la gritería

Actualmente la gritería se celebra en todo Nicaragua, pero cada lugar le ha dado modalidades diferentes:

  • En León se baila La gigantona por las calles entre los grupos que van a gritar en las plazas y en los parques. Los altares son famosos y se levantan en el interior de cada hogar. Los grupos no tienen que cantar los cánticos marianos, basta tan solo que griten a todo pulmón: ¿Quién causa tanta alegría? y después de obtener la respuesta de ¡La Concepción de María! se les da la gorra.
  • En Granada, por el contrario, los altares son hechos en la calle y se hacen procesiones que van de un altar a otro altar. Cada barrio de esta ciudad hace lo mejor que puede para presentar su altar de la mejor manera.
  • En las ciudades del norte del país la fiesta reviste un carácter más religioso e íntimo: En Jinotega, además de cantarle a La Virgen al pie de cada altar, los grupos familiares se detienen a rezar y se sirve el agualoja que es una bebida fermentada de maíz.
  • En Chinandega algunos grupos acompañan con guitarra los cantos de La Purísima y la carretera que une la ciudad de El Viejo con la de Chinandega se ve traficada toda la noche por carros bulliciosos que llevan los grupos a gritar de una a otra ciudad. En El Viejo también se hace la gritería al mediodía; en la mañana del 6 de diciembre, tras una misa, se hace la Lavada de la plata es decir se lavan los vasos sagrados y las coronas de la imagen de la Virgen de La Concepción del Trono (una antigua hacienda ganadera).
  • En Managua el derroche de pólvora es mayor que en el resto del país y a las 12 de la noche los juegos pirotécnicos llenan de alegría, de color y de ruido toda la ciudad. Los altares son hechos en los porches y garajes de las casas. El barrio en el cual es más celebrada la gritería es el barrio Monseñor Lezcano (al oeste de la capital) pues en los días de la novena -28 de noviembre al 6 de diciembre- se hacen procesiones con la imagen de La Virgen en este sector desde 1973, tras el terremoto del 23 de diciembre de 1972.

La gorra

El gorra es el brindis que reciben los devotos y consiste de dulces típicos preparados para la ocasión, tales como: cajetas de coco, de leche, de zapoyolgofio de pinolillo, leche de burra, huevo chimbo y enchiclado; frutas como limones y naranjas dulces, trozos de caña de azúcar; platillos tipícos como el nacatamal; bebidas tipícas como chicha de maíz, chicha de cohombro, el compuesto (ponche de frutas con una porción de ron); postres típicos como pío quinto, ayote en miel de dulce de caña, atolillo de maíz, arroz con leche.

Desde la década de los 80 del siglo XX, se ha generalizado que la gorra este compuesta por artículos de uso como cajetillas de fosforos, encendedores, lápices de colores, ropa (camisetas) y juguetes a los niños; ó bien, de consumo como arroz, frijol y azúcar.

Durante los años 80 y en la actualidad las instituciones de gobierno, pese a ser un Estado laico según la Constitución Política de Nicaragua, rinden homenaje a la Purísima Concepeción de María, construyendo altares sobre la Avenida Bolivar en donde el pueblo de Managua se congrega para admirar los diversos diseños y coloridos de dichos altares. A esta tradición se opone algún Obispo que la tacha de paganismo, sin embargo la población concurre masivamente a este sector de Managua que poco a poco se recupera después de 40 años del terremoto que asoló ésta capital.


VOLVER LOS OJOS A LA INMACULADA VIRGEN MARÍA

Manuel Murillo Garcia

Nos gusta mucho mirar los males que padece nuestro mundo, la sociedad que nos rodea. Y no es porque seamos pesimistas, o porque tengamos manías autodestructivas o masoquistas, como se dice, ¡no!… Si miramos nosotros el mal, es porque queremos oponerle el bien.

Tenemos el optimismo debido, sabiendo que los males se pueden remediar cuando nosotros les aplicamos los medios oportunos. Es lo que hacemos en nuestros mensajes siempre que sacamos a relucir algunos males: es porque sabemos que aplicamos a la enfermedad la medicina apropiada.

Hoy, por ejemplo, me gustaría tender de nuevo una mirada al mundo nuestro. El que ha perdido el sentido del pecado, el de las guerras, el de la droga, el del sexo desbordado, el del tráfico de la mujer y de los menores para la prostitución, el del materialismo, el de la rebeldía juvenil, el del infanticidio con el aborto despiadado, el del paganismo galopante… ¿De veras que no tiene remedio tanto mal?…

Digo esto, porque se me ocurre una anécdota muy interesante:

A mitades del siglo diecinueve, el Papa Pío IX estaba muy preocupado por los males que aquejaban al mundo. Le obsesionaba, sobre todo, el avance del Racionalismo que amenazaba gravemente el por-venir de la Iglesia. El Papa meditaba, exponía sus temores, consultaba. Y un Cardenal, famoso en la Roma de entonces por el montón de lenguas que hablaba, le decía repetidamente al Papa:

- Santidad, defina el dogma de la Inmaculada Concepción.

El insigne Cardenal sabía lo que se decía. Venía a decirle al Papa:

- Proponga al mundo, Santo Padre, un ideal muy alto de santidad, de belleza y de pureza.

El Papa le hizo caso y definió el dogma de la Inmaculada.

El Cielo, con las apariciones de Lourdes cuatro años después, vino a ratificar el gesto del Vicario de Jesucristo.

El Racionalismo encontró una roca de contención en su avance. Y la piedad cristiana se acrecentó enormemente con la devoción a la Virgen Inmaculada.

Ahora nos podemos preguntar nosotros. – ¿Nos encontramos hoy mejor o peor que en los tiempos del Papa Pío IX? ¿Tenemos o no tenemos derecho a estar preocupados? ¿Nos importa o no nos importa que muchos deserten de su fe; que se acomoden a un mundo cada vez más secularizado; que acepten prácticas totalmente paganas; que se rebelen contra la Iglesia y su Autoridad; en una palabra, que se vayan alejando cada vez más de Dios?…
Nos preocupa esto, y mucho, a los que nos llamamos cristianos y católicos, porque sabemos el riesgo que muchas almas corren de perderse.

Pero, al mismo tiempo, ¿no sabremos oponernos eficazmente para detener el mal y promover el bien?… ¿No podremos hoy volver también los ojos a la Inmaculada Virgen María?…

Si vivimos nosotros el amor, la invocación, la imitación de la Virgen, y si lo hacemos vivir a los demás, promoviendo su devoción, ¿no pondríamos el remedio de los remedios a muchos de los males que nos rodean?
La salvación nos vendrá siempre de Dios por Jesucristo. Pero, es que Jesucristo y Dios han tenido la elegancia con su Madre de confiarle a Ella los problemas más grandes de la Iglesia.

Además, nos la han propuesto como el modelo y el ejemplar de lo que Dios quiere de nosotros. ¿Qué ocurriría entonces, si amamos a la Virgen y la hacemos amar?…

¿Mirar a la Inmaculada, triunfadora del demonio en el primer instante de su Concepción, y dejarle al Maligno que avance por el mundo, destruyendo el Reino de Dios?… Imposible.

¿Mirar a María, ideal de pureza sin mancha alguna, y seguir sus hijos como víctimas vencidas de la impureza?… Imposible.

¿Mirar a María, la Mujer elevada a la máxima altura de Dios, honor y orgullo de la Humanidad, y no respetar, defender, promover y amar a la mujer como lo hacemos con María?… Imposible.

¿Mirar a María e invocarla, para que ayude hoy a la Iglesia, como la ayudó en los momentos difíciles de otros tiempos, y que Ella nos abandone a nuestra pobre suerte?… Imposible.

Todas esas cosas son imposibles porque María tiene un Corazón de Madre. Y es imposible que la Madre permanezca indiferente a los males de sus hijos.

Ciertamente que habremos de contar siempre con la malicia humana, guiada por el enemigo que desde el paraíso nos persigue a muerte para evitar nuestra salvación, llevado del odio que le tiene a Dios y la envidia con que nos mira a los redimidos. Dios previno esta lucha entre el dragón y la Mujer, pero la victoria definitiva se la asignó a la Mujer y no al dragón. María, Mujer delicada y Madre tierna, se presenta al mismo tiempo en la Biblia como una guerrera invencible en las batallas de Dios.

¡Virgen María! El mal del mundo es muy grande. Pero el bien que encierras en tu Corazón Inmaculado es mucho mayor. La Iglesia, Pueblo y Familia de Dios, te invoca confiada. ¿Quién va a poder más, el enemigo o Tú?….
Autor: Pedro García, misionero claretiano.


LA MEDALLA MILAGROSA

Por Jesús Martí Ballester


1. ORIGEN. MENSAJE. PROPAGACIÓN. En la última cena, expresó Jesús con vehemencia su deseo de que todos los hombres seamos uno, ya que para esto El se ha hecho hombre y ha vivido con nosotros. “Que todos sean uno como tu, Padre y yo somos uno” (Jn 17,20). Ante esta unidad Sofonías convoca a la alegría a la hija de Sión, a la hija de Jerusalén, a la que le asegura que: “Tu Dios está en medio de ti” (3,14). Y Lucas pone en boca del ángel las mismas palabras de alegría dirigidas a María, porque Dios se va encarnar en sus entrañas (Lc 1,22). Para conseguir la unidad de todos los hombres con Dios, Jesús envía a su Madre para que nos entregue su propio signo de unidad y de salvación, protección, recuerdo y amparo: LA MEDALLA MILAGROSA. Y de un manera semejante a como eligió a María como Madre de su Hijo, para que nos diera por obra del Espíritu Santo al Redentor, escogió a Catalina Labouré, Religiosa Hija de la Caridad en París, para corregir el abandono del recurso a Dios para alabarlo, adorarle, darle gracias, reparar y pedir su ayuda comunicándole la necesidad de la oración, del diálogo con Dios y del abandono en sus manos, ordenándole hacer acuñar una medalla con su imagen. Cuando Catalina Labouré a los nueve años perdió a su madre, una señora de la pequeña nobleza de Fain-les-Moutiers, ahogada en lágrimas, se abrazó a una imagen de la Virgen y le dijo, como lo hizo Teresa de Jesús: “Ahora, Tú, serás mi madre”. María correspondió a tanto afecto, y se convirtió, de modo especial, en madre de Catalina.

2. LA INTRIGA DE UN SUEÑO
Una noche, Catalina soñó que un sacerdote desconocido, la miró profundamente con su mirada, cuando terminaba de celebrar la misa en la iglesia de Fain-les-Moutiers. Catalina quedó muy impresionada. El sacerdote le dijo que se acercara. Ella, aunque se sentía fascinada por aquella mirada, retrocedió. Fue a visitar a una enferma, y volvió para encontrar a aquel sacerdote, que le dijo: “Hija mía, tú ahora huyes de mí, pero un día serás feliz en venir a mí. Dios tiene designios sobre ti. No lo olvides”. Catalina no entendió. Cuando tenía dieciocho años, un día, entró en la sala de visita de las Hijas de la Caridad en Chatillon-sur-Seine, y vio el retrato de aquel sacerdote, de cuya mirada jamás se olvidará y supo que era San Vicente de Paúl, fundador de las Hijas de la Caridad. A los 23 años, después de una larga lucha con su padre que de ninguna manera aceptaba su vocación, entró como postulante, en la casa de las Hijas de la Caridad de Chatillon-sur-Seine, donde había descubierto quién era aquel sacerdote que había visto en el sueño. Poco después entró en el noviciado de las Hijas de la Caridad, en la Rue du Bac, en París, a donde había sido trasladado el cuerpo incorrupto de San Vicente de Paúl, desde la catedral de Nôtre-Dame.

3. PRIMERA APARICIÓN DE LA VIRGEN 
“Nos habían distribuido a las novicias un trocito del roquete de lino de San Vicente -escribe Catalina-. Yo corté la mitad y me lo tragué, y me dormí pensando que San Vicente me obtendría la gracia de ver a la Virgen. A las once y media de la noche, oí que me llamaban por mi nombre: “¡Hermana mía! ¡Hermana mía!”. Me desperté, corrí la cortina y vi a un niño de cuatro o cinco años, vestido de blanco, que me dijo: “Ven a la Capilla; la Santísima Virgen te espera.” “Me vestí y me dirigí hacia el niño, y lo seguí, siempre a mi izquierda. Por todos los lugares por donde pasábamos estaban las luces encendidas. Cuando entré en la Capilla, se abrió la puerta, que el niño había tocado con la punta del dedo. El niño me dijo: -”¡He aquí la Santísima Virgen! ¡Aquí está Ella!”-. “Oí un ligero ruido de vestido de seda, que venía del lado del presbiterio, cerca del cuadro de San José. “Cuando vi a la Santísima Virgen, di un salto hacia Ella, y me puse de rodillas con las manos apoyadas sobre las rodillas de la Santísima Virgen. Fue el momento más dulce de vida. Me sería imposible expresar todo lo que sentí. Nuestra Señora me dijo: – “Hija mía, el buen Dios quiere encargarte una misión. Tendrás que sufrir mucho, pero superarás estos sufrimientos pensando que lo haces para la gloria del buen Dios. No temas”.

4. SEGUNDA APARICIÓN:
“El día 27 de Noviembre de 1830, vi a la Santísima Virgen. Era de estatura mediana, estaba de pie, vestida con un traje de seda blanco aurora, con mangas lisas y un velo blanco que le cubría la cabeza y descendía de cada lado hasta abajo. Bajo el velo, vi sus cabellos lisos, separados en el medio. El rostro bastante cubierto, los pies apoyados sobre media esfera, y en las manos tenía una esfera de oro, que representaba el Globo. Tenía las manos a la altura de la cintura, de una manera muy natural, y los ojos elevados al Cielo. Su rostro era magníficamente bello. Yo no sabría describirlo. Y poco después, vi en sus dedos, anillos con piedras, unas más bellas que las otras, unas mayores y otras menores, que despedían rayos, a cual más bello. Partían de las piedras mayores los más bellos rayos, siempre ensanchándose hacia los extremos, llenando toda la parte de abajo. Entonces, la Santísima Virgen bajó los ojos, y me miró fijamente. Oí una voz que me dijo: -”La esfera que ves representa el mundo entero, y cada persona en particular. – “Aquí yo no sé expresar lo que sentí y lo que vi, la belleza y el fulgor, los rayos tan bellos… “- “Esos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden”. Me hacía así comprender cuán agradable es rezar a la Santísima Virgen y cuán generosa es con las personas que le rezan; cuántas gracias concede a las personas que le ruegan; qué alegría siente concediéndolas. “En ese momento, se formó un cuadro en torno de la Santísima Virgen, un poco ovalado, y en la parte superior leí estas palabras escritas en letras de oro: “Oh María sin Pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Una voz me dijo: “Haz acuñar una medalla según este modelo”. Todas las personas que la lleven con confianza recibirán grandes gracias. En ese instante, el cuadro me pareció volverse, y vi el reverso de la medalla. Preocupada por saber lo que había que poner del lado reverso de la medalla, tras muchas oraciones, un día, en la meditación, me pareció oír una voz, que me decía: “La M y los dos Corazones dicen lo suficiente”.

5. TERCERA APARICIÓN. 
La Virgen María aparece sosteniendo un globo de oro, rematado por una pequeña cruz. De los mismos anillos, adornados con piedras preciosas irradiaba, con intensidades diversas, la misma luz: “Es imposible expresar lo que sentí – dice Catalina – y todo cuanto comprendí en el momento en que la Virgen ofrecía el Globo a Nuestro Señor”. Y la voz en el fondo de mi corazón: “Estos rayos son el símbolo de las gracias que la Santísima Virgen obtiene para las personas que se las piden”. El Padre Aladel, confesor de Santa Catalina, a quien ella le confiaba todo, se mostraba frío e incrédulo, considerándola soñadora, visionaria y alucinada. Transcurrieron dos años de tormento: “Nuestra Señora quiere… Nuestra Señora está descontenta… es necesario acuñar la medalla”, le insiste la Santa.

6. APROBACIÓN DEL ARZOBISPO DE PARÍS
Ante la insistencia de Catalina, su director espiritual obtuvo del Arzobispo de París, Mons. de Quélen, el permiso de hacer grabar la Medalla. Era el año 1832. El arzobispo pidió que le enviaran las primeras medallas para utilizarlas en la conversión del arzobispo de Malinas, que era uno de los obispos constitucionales. La popularidad de la Medalla se incrementó con la ruidosa conversión del judío Alfonso de Ratisbona, ocurrida en Roma en 1842. A partir de entonces, la «Medalla Milagrosa» adquirió la propagación de las grandes devociones marianas. La Iglesia aprobó esta devoción con el decreto de institución de la fiesta de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre, sancionado por el Papa León XIII.

7. CONVERSION DE RATISBONNE
Un joven banquero, judío de raza y religión, se convirtió súbitamente en la Iglesia de San Andrea delle Fratte. La Santísima Virgen se le apareció con las mismas características de la Medalla Milagrosa: “Ella no dijo nada, pero yo lo comprendí todo”, declaró Alfonso Tobías Ratisbonne, que poco después rompió su noviazgo y se hizo jesuita, con el nombre de Padre Alfonso María Ratisbonne. Cuatro días antes, a instancias de su amigo el Barón de Bussíres, había prometido rezar todos los días el “Acordaos” de San Bernardo, y había aceptado llevar al cuello la Medalla Milagrosa. Cuando la Santísima Virgen se le apareció, tenía la medalla puesta. Esta conversión conmovió a toda la aristocracia europea y tuvo repercusión mundial, haciendo aún más conocida, buscada y venerada la Medalla Milagrosa.

8. CATALINA LABOURÉ, IGNORADA
Nadie, ni la Superiora de la Rue du Bac, ni el Papa, sabían quién era la religiosa escogida por Nuestra Señora. Sólo el Padre Aladel la conocía. Santa Catalina, por humildad, mantuvo durante toda su vida una absoluta discreción y jamás dejó traslucir el celeste privilegio. Sólo le importaba la difusión de la medalla: esa era su misión. Cuando recibió las primeras Medallas, dijo: “Ahora, es necesario propagarla.”

9. SIMBOLOGÍA DEL ANVERSO DE LA MEDALLA.
En él se lee la invocación: “¡Oh Maria, sin pecado concebida!», como la exposición de su Inmaculada Concepción. “Rogad por nosotros que recurrimos a Vos”. Nos indica: Que recurramos a Ella en todas nuestras necesidades, porque Ella es el refugio de los pecadores y el consuelo de los afligidos. Los rayos, simbolizan a Maria Mediadora de todas las gracias, como lo confirma la misma Virgen a Catalina: «Estos rayos son símbolos de las gracias que derramo sobre los que me las piden». Dice San Bernardo, que «Dios ha puesto en María la plenitud de todo bien para que todas las gracias de esperanza y salvación vengan por Ella». Dios y Cristo se sirven de Maria y quieren que pasen por Ella, como el cuello del Cuerpo Místico, todas las gracias que nos confieren. Su acción por su medio, se impregna de ternura sin perder su fuerza divina. Nos comunica a través de nuestra Madre la vida divina.

10. SIGNIFICADO DE LA ESFERA
Es el globo terrestre y simboliza la universalidad del reinado de María, que se extiende en todo el ámbito del reino de Cristo, reino de amor, de bondad y de bendición, y tierno y delicado como el de una madre, que no tiene límites ni en el tiempo ni en el espacio. María es Reina del cielo porque tiene poder y autoridad sobre los ángeles y los santos. Es Reina del purgatorio porque consuela, socorre y libera a las almas que esperan su purificación. Es Reina de la tierra porque impide, deshace y destruye las maquinaciones de los demonios. La esfera inferior representa el mundo y cada persona. La serpiente es el símbolo más exacto del triunfo de la Madre de Dios sobre el demonio. La antigüedad pagana representaba al vencido bajo los pies del vencedor y el Antiguo Testamento hace pasar a los vencedores sobre las cabezas de los vencidos. Todo ello nos recuerda las palabras del protoevangelio: «Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer. Y entre tu linaje y el suyo; éste te aplastará la cabeza» (Gén 3,15). Desde muy antiguo se ha interpretado en este sentido este texto de María y el Beato Pío IX lo aplica a María en el misterio de su Inmaculada Concepción.

11. SIMBOLISMO DEL REVERSO DE LA MEDALLA.
El monograma de María y la cruz, indican la corredención de María. La cruz es símbolo de la redención. La cruz sostenida por una barrita que atraviesa la letra M indica que María estaba junto a la Cruz (Jn. 19,25). Por esta comunidad de sentimientos y sufrimientos María conmereció con justicia proporcional la reparación de todo el género humano caído. Y de esta manera ha sido constituida la dispensadora de todos los tesoros adquiridos por su Hijo Jesús. A Ella hemos de recurrir en las tentaciones, en las caídas, y en cualquier contratiempo y adversidad. Los corazones son el símbolo del amor que Jesús y María tienen a los hombres. El de Jesús, coronado de espinas, indica que está herido por los pecados. El de María, traspasado por una espada, nos recuerda la profecía del anciano Simeón: «Una espada atravesará tu alma» (Lc 2,34). Hemos de sintetizar el amor que debemos a Dios, en el amor a los Sagrados Corazones de Jesús y María. El Corazón de Jesús posee todos los dones y tesoros de la gracia. A María hay que conocerla en su corazón; cuanto mas estudiemos su amor más conoceremos a María y la reclamaremos. Las estrellas de la Medalla nos recuerdan a la mujer del Apocalipsis, a quien san Juan vio envuelta en el sol y coronada de doce estrellas (Ap 12,1), que son el símbolo de todas las gracias y privilegios que Dios concede a Maria y la protección que le ha dispensado continuamente. La devoción a la Virgen bajo la advocación de Milagrosa, es eminentemente eficaz y la medalla es escudo fortísimo contra todas las asechanzas de los enemigos y seguridad en los peligros de los que la llevan con fe, confianza y coherencia. La Medalla Milagrosa nos hace presente la mirada de la Madre de Dios, mirada “cuán santa, cuán serena, cuán benigna, cuán amena”. La mirada celestial y virginal, purísima, sacratísima, regia, maternal, que nos observa en todos los momentos de nuestra vida.

12. OPORTUNIDAD Y ACTUALIDAD EN EL AÑO DEL ROSARIO
El Papa Juan Pablo II, en una de sus intuiciones geniales, tan clarividentes desde la fe profunda de su espiritualidad, en su Carta Apostólica “Rosarium Virginis Mariae”, ha declarado el año que transcurrirá de octubre del 2002 a octubre del 2003, Año del Rosario. Es una invitación a orar, que ya había anticipado en la Tertio Adveniente Millenio, proclamando que la Iglesia insista en la oración y que las comunidades cristianas se conviertan en escuelas de oración. No es otra la intención de la Virgen al entregarnos LA MEDALLA MILAGROSA, que una invitación, un mandato sugestivo de orar y de una manera sencillísima y sin complicaciones, con una jaculatoria popular y al alcance de todos: ¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! Añadiendo el resplandor de las gracias y dones que, como Madre, se goza en conceder con abundancia, a quienes se las piden. “Esos rayos son el símbolo de las gracias que derramo sobre las personas que me las piden”. Me hacía así comprender -refiere Santa Catalina Labouré – cuán agradable es rezar a la Santísima Virgen y cuán generosa es con las personas que le rezan; cuántas gracias concede a las personas que le ruegan; y cuánta alegría siente cuando las concede. La Virgen nos invita a orar. Siempre lo ha hecho: En Lourdes, en Fátima, siempre. Algo debe de tener la oración cuando tanto y con tanta insistencia nos la pide, en un mundo cada vez más secularizado y lejos de Dios. Tanto, como que en medio de tantas catástrofes, y por lo tanto, más necesitado de Dios, se olvida y se prescinde de lo que puede ser su remedio, como decía Tertuliano: “Solutio totius difficultatis, Cristus”.


HISTORIA DE LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO ROSARIO DE ARACENA

Fuente: http://www.virgendelrosarioaracena.es/virgendelrosario.html

La orden de Predicadores en Aracena

Doña Ana Barba de Castilla dispuso la fundación de un Convento en Aracena de la Orden de Predicadores allá por el 1.564. Cuando se establecieron los frailes dominicos en la ciudad, en 1.568, ya existía en la primitiva ermita del Señor San Sebastián una Cofradía del Labradores que le rendía culto desde el siglo XIV.

Esta antigua ermita de San Sebastián, fue el lugar indicado para el asiento de los frailes. En 1568 llegó el permiso de la Orden y la bula de Pío V autorizando la fundación. El 23 de julio de 1569 tanto el cabildo municipal como el prioste y cofrades de San Sebastián postulan el cambio de emplazamiento del Hospital que regentaban en el citado lugar. La cofradía hace donación al convento de la Iglesia, hospital y demás dependencias con la condición de hacer otro hospital en el barrio de la parroquia. La fundación de la Cofradía va pareja de la fundación del monasterio por el patronazgo de la Virgen santísima sobre la Orden Dominica.

El proceso de adquisición patrimonial fue prolijo, recibiendo el convento varias viñas y en 1591 Pedro Vázquez de la osa les venda una casa para ampliación del monasterio en el “campo de san Sebastián”. Las adquisiciones continúan no sólo a través de compras, sino también de resultas de testamentos o fundaciones de misas y servicios funerarios.

“A pesar de esta actividad, el Monasterio de San Sebastián no llegó en Aracena a gran esplendor material. Así lo testimonia la humilde fábrica de su convento de tradición mudéjar, heredera de la antigua Cofradía del Señor San Sebastián. A fines del periodo barroco albergaba a sólo 13 frailes, diez sacerdotes y tres legos, que vivían de rentas bastantes más exiguas que los demás conventos, 6064 reales…”

A pesar de4 los escasos recursos, la orden tuvo una gran influencia en la Aracena de la Contrarreforma. Los priores conventuales fray Antonio de Valbuena y fray Tomás de Torres, fueron grandes testigos de los prodigios de la Venerable Madre Trinidad, mística aracenensa que cuidaba allá por el siglo XVII el adorno de la imagen de Nuestra Señora del Rosario, juntamente con fray Pedro de Cea, impulsores de la devoción al Stmo. Rosario. Estos frailes se situaron en la primera fila de las grandes tendencias del catolicismo tridentino, actuando de manera determinante en la difusión de varias de las devociones principales de la ciudad. La advocación tan dominica de Regina angelorum es objeto de peregrinaciones a la cual asiste corporativamente la Cofradía rosariana de Aracena que nace bajo la protección de los dominicos.”

La presencia de la Cofradía en la peregrinación de la Reina de los Angeles en 1581

“El 21 de abril de 1.581 fueron el clero y la gente de Aracena en procesión a Ntra. Sra. de los Ángeles, en la Peña, que está a dos leguas de Aracena y antes de salir la procesión se dijo una de las nueve misas que se decían a Ntra. Sra. en la Iglesia Mayor.

Juntándose en Santa Lucía, como es costumbre que sea, a la salida de Aracena y comenzó la procesión, que se iban en ella dos curas, el licenciado peña y el Doctor Infante y los dos sacristanes y sus ayudantes y muchos presbíteros y diáconos y otros ordenantes de menores órdenes y eran los curas de las Aldeas del término de Aracena; todos los clérigos de orden salieron con sobrepellices y cantando hasta allá iba la justicia y el régimen de gobierno en esta villa y mucha otra gente, hombres y mujeres y muchachos, todos a pie.

Llevose la cruz de plata de la Iglesia Mayor y velo, y crucifijo de la Misericordia y del Rosario y el de la Soledad y el de San Jerónimo y al puerto de la Peña junto al Robledo y estaban la Cruz y cofradía de la Peña esperando y así fue Hasta allá y dijo misa cantada el Doctor Arias Montano, que tenía el curazgo y así mismo había salido a recibir la procesión…”

El impulso en la época Barroca: La Venerable Madre Trinidad

Ya en 1.615, el convento de Aracena no se significaba, al igual que en el resto de Andalucía, por la defensa de la Concepción Inmaculada de la Virgen. Esto provocó graves discrepancias con el clero y el pueblo, grandes defensores de la Concepción sin mancha de María Santísima.

Pese al fracaso de los dominicos frente al sentir popular en defensa del Dogma Inmaculado, estos participaron activamente en las diatribas por la elección del patón de la ciudad a lo largo de la última mitad del siglo XVII. Entre San Ginés, San Roque, San Sebastián y San Blas, fue éste último el que finalmente en 1700 resulta nombrado protector de la ciudad. En este proceso la Madre Trinidad jugó un papel trascendental para que la candidatura de San Blas fuera la vencedora, y por ende un triunfo de los dominicos. En 1671 el hagiógrafo de la beata María de la Trinidad, fray Antonio de Lorea, refiere cómo tras haber restaurado una imagen del santo que había en el convento, se le apareció éste con su ornamentos pontificales y le pidió lo propusiese en el cabildo como patrón, siendo intercesor especial contra la peste que en aquellos años azotaba la población andaluza.

Durante el barroco se extenderán por toda Andalucía y antes en Aracena, la práctica del rezo callejero del Rosario, con luminarias y presididos por estandartes y grupos de coros que cantaban las avemarías y ensalzaban los misterios. Nuevamente, la mística María de la Trinidad, fundadora del convento femenino de Jesús María y José, protagoniza este fenómeno, y a ella de deben muchas de las coplas que aún cantan los campanilleros de Aracena en los Rosarios de la Aurora.

 

La imagen de la Virgen del Rosario

Según tradición, la imagen Titular de la Cofradía fue donada por San Pío V desde Roma al tiempo de la fundación del Convento, para que fuese entronizada en un camarín en el monasterio. Se trataba de una imagen de candelero atribuida al artista de la época “Miguel Ángel Buonarrotti”.

Fray Antonio de Lorea, atestigua en sus escritos en 1.671 que “Es la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Aracena una de las hechuras más hermosas y más devotas que tiene, no sólo en la provincia de Andalucía sino aún en Castilla”. Así la devoción y fervor a la imagen no tardó en extenderse de generación en generación, debido a la prodigalidad de sus milagros y favores concedidos a sus devotos.

Durante los siglos XVII y XVIII se extiende la Fama Milagrera de la Virgen del Rosario

La Virgen Santísima concedía favores a todos aquellos que con fe la imploraban, hasta el extremo que hasta sus rotas prendas de vestir estaban facultadas por la Providencia Divina según Víctor González Tello nos relata en sus “Apuntes de Aracena y su Distrito”:

Para restituirla por otra nueva se envió a Sevilla una toca en desuso de la santa madre de Cristo, en ocasión a que un joven de veinte años llamado D. Enrique de Cepeda y Andrade hacia más de dos años que estaba enfermo en cama y diagnosticado por los facultativos con padecimiento sin remedio capaz de agotar todos los recursos económicos de su patrimonio humilde y sin que con ello se consiga salud para el doliente, el enfermo se consumía progresivamente ya carecía del habla y de movimiento, cunado fue a visitarlo precisamente la señora que llevó el encargo a Sevilla de comprar una nueva toca y con ahíncos de fe aplicó sobre la cabeza del padecido la toca vieja de la Virgen a la par que con los familiares se rezó una estación con otras tantas Ave Marías. Al terminarse el rezo, el enfermo quedó dormido, sueño que duró tres horas y al despertar pidió comida, cosa que antes no hacía y mientras fueron por ella, se levantó de la cama bueno y sano, y sin reliquias del achaque como si jamás lo hubiese padecido.

Debido a esto desde las más altas personalidades, hasta los más humildes le hicieron a la imagen de Aracena regalos sin cuento, por ello tiene muchas joyas y buenas ropas, entre las primeras se cuenta doce anillos, uno de topacio y cerco de diamantes, regalo de Doña María Luisa de Saboya, que fue con el que se desposó con el Rey Don Felipe V.

La devoción de la Virgen del Rosario tuvo un gran impulso de manos de la mística Aracenense la Venerable Madre Trinidad, camarista de la Imagen de la Virgen, propagadora heroica del Santo Rosario y fundadora del convento de Jesús María y José de Monjas Dominicas.

Y fue hasta la época de las desamortizaciones cuando el influjo de la Orden de los Dominicos siguió dirigiendo espiritualmente a los cofrades del rosario de Aracena. Después de la expulsión de los frailes del convento de Aracena, el culto a la Virgen del Rosario y a San José siguió gracias a la dedicación de sus devotos hasta la guerra civil española, pasando por la guerra de la Independencia, que no minoró el culto aunque propiciara la pérdida de parte del archivo de la cofradía.

El gran mérito del ajuar de la Cofradía

A lo lago de la historia la devoción a la imagen de la Virgen del rosario de Aracena ha propiciado que un gran número de devotos de las mas altas estirpes de la ciudad y de sus alrededores hallan donado vestidos y alhajas de extraordinario valor.

La ráfaga, corona y media luna de plata mexicana son donación en el siglo XVIII de los hermanos Don José María, Doña María de las Mercedes, Don Sebastián y Doña Josefa Lobo y Lobo, debiéndose también la donación de un Niño Jesús con su maguado de seda bordado en oro y sus mantillitas que sirven para la fiesta de Navidad. Del mismo modo tiene la Cofradía otros muchos regalos consistentes en un incensario de plata de ley, una bandeja, 6 candeleros pequeños, unas potencias de plata mexicana para el Niño de la Virgen, un atril, un crucifijo, una insignia para el mayordomo, un cinturón galón de oro regalado por Doña Natalia García.

La crónica de Víctor González Tello nos enumera el inventario de la Cofradía que al día de hoy se conserva la inmensa mayoría de lo enseres referenciados, “…un manto de terciopelo verde y otros tantos de seda, los primeros en colores verde, flor de granado y púrpura subido o carmesí el primero de estos data de año 1864 y tiene dos blondas de oro, el segundo con encaje de oro de seis centímetros y doce metros de largo y los de seda celeste, verde y negro, teniendo el primero puntas de plata; ocho vestidos para el Niño con diferentes colores, nueve para Nuestra Señora, dos de ellos blancos, uno de estos de rica tela y bordado en oro donación de los esposos Don Gabriel Guerra y Doña maría de Salvatierra, dos de terciopelo, uno verde y el otro morado y cinco de estos en celeste, morado, color yema de huevo, pajizo o color caña y encarnado, con las particularidades de que el celeste bordado en plata, el de color yema de huevo mezclado en oro y el pajizo que vino del Perú como regalo de Don Juan Muñoz gago, tres tocas de tul con puntas de oro regalo de doña Rosario Romero Oliva y otras mas de punto; dos ricos pañuelos de mano y otras mas modestas ropas y enseres….”

La crónica de Víctor González Tello nos enumera el inventario de la Cofradía que al día de hoy se conserva la inmensa mayoría de lo enseres referenciados, “…un manto de terciopelo verde y otros tantos de seda, los primeros en colores verde, flor de granado y púrpura subido o carmesí el primero de estos data de año 1864 y tiene dos blondas de oro, el segundo con encaje de oro de seis centímetros y doce metros de largo y los de seda celeste, verde y negro, teniendo el primero puntas de plata; ocho vestidos para el Niño con diferentes colores, nueve para Nuestra Señora, dos de ellos blancos, uno de estos de rica tela y bordado en oro donación de los esposos Don Gabriel Guerra y Doña maría de Salvatierra, dos de terciopelo, uno verde y el otro morado y cinco de estos en celeste, morado, color yema de huevo, pajizo o color caña y encarnado, con las particularidades de que el celeste bordado en plata, el de color yema de huevo mezclado en oro y el pajizo que vino del Perú como regalo de Don Juan Muñoz gago, tres tocas de tul con puntas de oro regalo de doña Rosario Romero Oliva y otras mas de punto; dos ricos pañuelos de mano y otras mas modestas ropas y enseres….”

“De esta manera llegó la cofradía de Nuestra Señora del Rosario al año de 1936 cuando los desmanes de la horda roja causó tantos estragos y en las iglesias aracenensas donde el tan repetido diez de agosto, el marxismo a las órdenes de la Rusia Soviética trataron de extinguir con el fuego todo cuando a religión olía y por ello formaron una hoguera en la plaza de Santo Domingo en la cual fueron pasto de las llamas quince imágenes de esta iglesia que historiamos entre los que se encontraban la de los títulos de nuestra señora del Rosario, Santo Domingo, Santa Catalina de Siena, San Francisco, San pedro Mártir, la Virgen de la salud con el Niño Jesús, Santa Lucía Dominica, san José con el Niño de paseo, el Niño de Jesús perdido, Santa Rosa de Lima, y otras que sentimos no recordar así como varios crucifijos salvándose las imágenes de santo Tomás por estar ya caída en el suelo y la de San Sebastián, que estaba en lo alto del altar del prebisterio aún cuando con las huellas de haberse tirado objetos quedando con dos velas sobre sus hombros. De las imágenes desaparecidas de esta iglesia sólo ha sido repuesta al día de hoy (Agosto de 1941) la de Nuestra señora del rosario, costeada por el matrimonio Don José Rafael López de palacios secretario de la Hermandad y su esposa la camarera Doña Urbana Alonso Roncero y sus dos hijos con una producción del escultor sevillano Don Antonio Castillo Lastrucci, habiéndola puesto a disposición del Arzobispado de Sevilla para su colocación donde este determinase, habiéndolo hecho para esta iglesia de Santo Domingo.” En la misma década la citada familia domó a la Cofradía la imagen de San José y San Rafael Arcángel y su altar dispusiendo que la Imagen de la Virgen del Rosario recibiese culto en la Parroquia de la ciudad.

“se bendijo la imagen el 25 de septiembre de 1938 por el párroco López de tejada, realizando como primer culto una novena comenzada el primer domingo de octubre con exposición de S.D.M. y misa todas las mañanas la que anuncian los campanilleros con sus coplas y en su último día función solemne con panegírico y el día de la Santísima Virgen procesión recorriendo el acostumbrado itinerario por las calles de la población.

También fueron pasto de las llamas de esa hoguera algunos buenos cuadros de caballete, al óleo y de gran estima entre los que se encuentra un lienzo con el santísimo Cristo con la cruz a cuestas que formaba el altar, otro también grande con marco bocelado con las figuras de los coros angélicos y tres bellos cuadros con la Dolorosa, la Virgen de la servilleta y santa Úrsula con sus compañeras, obra del presbítero de Aracena Don Andrés González, que cobraba sólo sus colores y lienzos importando 500 reales y fue copia de otro que trajo Fray Pedro Martínez, propiedad del convento de San Pablo de Sevilla y para mayor prueba de tales desmanes, diremos que alcanzaron al mobiliario de la sacristía y del coro alto desde donde lanzaron el melodiom y destrozaron un armario que contenía candelabros de plata dorada y plantas artificiales.

La Cofradía del Rosario se rige por unas reglas aprobadas por el Ilustrísimo Sr. Gobernador Eclesiástico Diocesano en 30 de junio de 1863 a pesar de haberse pedido la reforma de las anteriores en nueve de noviembre de 1846 y está inscrita en el Gobierno Civil de Huelva el 15 de mayo de 1.902.

De las garras de los desmanes rojos escaparon por estar en una habitación muy oculta casi todo el ajuar de la Asociación del MES DE MARÍA, que para sufragar sus gastos acostumbraba anualmente a efectuar una puja a la llama la subasta de multitud de confituras y otras muchas donaciones de los feligreses, salvándose también todas las alhajas y ropas de la Virgen del rosario que estaban en casa de su camarera Doña Urbana alonso.”

Finales de siglo. La decadencia y el resurgir de la Cofradía

A finales del siglo XX el culto a la Santísima Virgen del Rosario experimenta la superación de una profunda crisis. Nunca se dejo de celebrar sus cultos anuales, aunque el esplendor de los amos cincuenta se vio mermado en la década siguiente por el cambio de los usos y costumbres, la migración de parte de la población… los rosarios de campanilleros se dejaron de celebrar durante los nueve días que duraba la novena y paso a efectuarse los domingos del mes de octubre, y la incorporación de cofrades quedó gravemente estancada.

En los noventa resurge la llama dominica por la fe de sus devotos y el culto a la Santísima Virgen experimenta un nuevo esplendor. Se renuevan las reglas, siendo aprobadas por el obispo de Huelva don Ignacio Noguer Carmona en 2.005 y recibe la Agregación a la Orden de Santo Domingo de Guzmán el mismo año. El 25 de mayo del 2.006 se procede a la renovación de la junta de gobierno de la cofradía, a través del primer proceso electoral democrático de su historia, que se encargará de mejorar y difundir la devoción al Santo Rosario y a garantizar el traspaso de este magnifico legado devocional, tan tradicional en la ciudad de Aracena a las generaciones futuras. En el aspecto patrimonial, la imagen de la Virgen es restaurada por Don Manuel escamilla Barba en el 2.001 y comienza el proceso de ejecución de un nuevo paso procesional en orfebrería plateada y de trazas mayores que el trono antiguo.

Debido a las obras de culminación del Templo Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la cofradía tuvo que trasladarse de su actual sede canónica que lo es desde el año 1.943. en la fría tarde del 19 de diciembre del año 2.006, los muros del antiguo convento de Santo Domingo de Guzmán contemplan nuevamente tras setenta y dos años de ausencia, la Imagen bendita de la Virgen del Rosario y su Santísimo Hijo.

El templo dominico años atrás había sido salvado de su ruina gracias a la restauración integral al cual fue sometido. La colaboración económica de instituciones públicas y del Excelentísimo Ayuntamiento de la ciudad, han posibilitado un uso cultural y religioso de la Iglesia más acorde con la historia del edificio, que durante años sirvió como almacén de la Asociación Cultural “Cabalgata de Reyes Magos”.

La Virgen del Rosario fue entronizada de nuevo en su camarín. Fue un momento histórico, reviviendo una estampa como antes disfrutaron las generaciones anteriores, para recibir renovado culto en su sede fundacional, mientras durasen las obras del templo parroquial.

En septiembre del año 2.009 y tras 480 años inconclusa, la Virgen fue de nuevo trasladada a su altar de la Parroquia de la Asunción, situado en la nave del evangelio y poniendo fin al glorioso exilio dominico, no sin antes dejar un testigo cualificado de la raigambre dominica de la cofradía, depositando el Simpecado de la Virgen en su camarín para perpetuar los lazos que unen a la cofradía con la Orden de Predicadores.


ET INCARNATUS EST DE SPIRITU SANCTO EX MARÍA VIRGINE (I)

Fotografia: Francesco Di Palma / Hermandad del Gran Poder

Costa Rica 

La estructura básica de la profesión de fe nicena, como de todas las grandes profesiones de fe de la Iglesia antigua, es una confesión del Dios trinitario. En su contenido esencial es decir sí al Dios vivo como Señor nuestro, de quien procede nuestra vida y a quien regresa. Es una confesión de Dios. Pero, ¿qué significa cuando llamamos a este Dios un Dios vivo? Con esto se quiere decir que este Dios no es una conclusión de nuestro pensamiento, que nosotros ahora, con la conciencia de nuestro conocimiento y nuestra comprensión colocaremos ante los demás; si se tratase sólo de esto, este Dios sería sólo un pensamiento de los hombres, y toda tentativa de dirigirse a él podría ser muy bien una búsqueda a ciegas llena de esperanza y de espera, pero siempre llevaría a lo indeterminado. El que hablemos de Dios vivo significa que este Dios se muestra a nosotros; él mira desde la eternidad en el tiempo y establece una relación con nosotros. No podemos dar de él una definición según nuestros gustos. Él mismo se ha “definido”, de modo que ahora él está como nuestro Señor que es ante nosotros, sobre nosotros y entre nosotros. Este mostrarse de Dios, por lo que él no es el fruto de nuestra reflexión, sino nuestro Señor, constituye por consiguiente el punto central de la confesión de fe: el reconocimiento de la historia de Dios en el corazón de la historia de los hombres no es algo que complicaría la sencillez de la confesión de Dios, sino que es su condición interior. Por ello el centro de todas nuestras confesiones de fe es el sí a Jesucristo: “Él se ha encarnado por obra del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María y se ha hecho hombre”. Ante esta frase nosotros nos arrodillamos, porque en ese momento el cielo, el velo tras el que se esconde Dios, se rompe y el misterio nos toca con inmediatez. El Dios lejano se convierte en nuestro Dios, se convierte en Emmanuel, “Dios con nosotros”. Los grandes maestros de la música sacra, más allá de todo aquello que pueda ser expresado con palabras, y de manera cada vez nueva, han dado a esta frase la resonancia mediante la cual lo indecible toca nuestro oído y nuestro corazón. Estas composiciones son una “exégesis” del misterio que penetra más profundamente que todas nuestras interpretaciones racionales. Pero puesto que es la Palabra que se convirtió en carne, también de manera cada vez nueva hemos de tratar de traducir a nuestras palabras humanas esta Palabra originaria creadora que “estaba junto a Dios” y “es Dios”, a fin de oír en las palabras la Palabra.

1. Gramática y contenido en la frase de la profesión de fe

Si ahora examinamos la frase ante todo según su estructura gramatical, se ve que incluye cuatro sujetos. Se nombra expresamente al Espíritu Santo y a la Virgen María. Pero además está también el sujeto “Él” de «Él se ha hecho carne». A este Él antes se le ha llamado con diversos nombres: Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios,… Dios verdadero de Dios verdadero…, de la misma sustancia que el Padre. De modo que en este Él -inseparable de él- va incluido otro Yo: el Padre, cuya misma sustancia comparte, por lo que puede llamarse Dios de Dios. Esto significa: el primero y el verdadero sujeto de esta frase es -como inevitablemente era de esperar tras lo dicho anteriormente- Dios, pero Dios en la trinidad de los sujetos, que sin embargo son Uno solo: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La dramaticidad de la frase, sin embargo, está en que no formula una afirmación sobre el ser eterno de Dios, sino una afirmación de acción, que tras un atento examen resulta ser incluso una afirmación de “pasión”, como una acción pasiva. A esta afirmación de acción, de la que participan las tres personas divinas, cada una a su manera, pertenece la expresión «ex María Virgine», o mejor dicho, de aquí arranca la dramaticidad del conjunto, puesto que sin María la entrada de Dios en la historia no llegaría a su fin, y por consiguiente no se habría conseguido precisamente lo importante en la confesión de fe: que Dios es Dios con nosotros y no sólo Dios en sí mismo y para sí mismo. De este modo la mujer, que se designó a sí misma como humilde, es decir, mujer anónima (Lc 1, 48), queda en el punto central de la confesión en el Dios vivo y Él no puede ser pensado sin ella. Ella pertenece irrenunciablemente a nuestra fe en el Dios vivo, en el Dios que actúa. La Palabra se hace carne, el eterno y fundador significado del mundo entra en éste. Él no lo mira solo desde fuera, sino que El mismo se convierte en sujeto agente en él. Para que esto pudiera ocurrir era necesaria la Virgen, que pusiera a disposición toda su persona, es decir, su cuerpo, a sí misma, para que se convirtiera en lugar del habitar de Dios en el mundo. La encarnación necesitaba la aceptación. Sólo así se produce verdaderamente la unidad del Logos y de la carne. «Quien te ha creado sin ti no ha querido redimirte sin ti», dijo san Agustín sobre esto. El “mundo”, al que viene el Hijo, la “carne” que él asume, no es un lugar cualquiera ni una cosa cualquiera: este mundo, esta carne es una persona humana, es un corazón abierto. La carta a los Hebreos, a partir de los Salmos, interpretó el proceso de la encarnación como un diálogo real intradivino: “Un cuerpo me has preparado”, dice el Hijo al Padre. Pero esta preparación del cuerpo ocurre en la medida en que también María dice: «No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo… He aquí que vengo para hacer tu voluntad» (Hb 10,5-7; Sal 40,6-8). El cuerpo es preparado para el Hijo en el momento en que María se entrega totalmente a la voluntad del Padre y así pone a disposición su cuerpo como tienda del Espíritu Santo.

2. Los antecedentes bíblicos de la frase
Para comprender en su profundidad la frase central de la confesión de fe hemos de ir más allá del Credo, remontarnos a su fuente: las Sagradas Escrituras. La profesión de fe, examinada más atentamente, se nos revela en este punto como una síntesis de los tres grandes testimonios bíblicos de la encarnación del Hijo: Mt 1, 18-25; Lc 1, 26-38; Jn 1, 13-14. Tratemos, pues, sin entrar en la explicación pormenorizada de estos textos, de comprender algo de su específica y particular aportación a la comprensión de la encarnación de Dios.

2.1. Mt 1, 18-25

Mateo escribe su Evangelio para un ámbito judío y judeo-cristiano. Por lo tanto su preocupación es la de hacer resaltar la continuidad entre la antigua y la nueva alianza. El Antiguo Testamento tiende a Jesús, en él se cumplen las promesas. El nexo interior de espera y cumplimiento se convierte al mismo tiempo en la prueba de que Dios aquí actúa verdaderamente y que Jesús es el salvador del mundo enviado por Dios. De ahí que ante todo Mateo desarrolle la historia de la infancia a partir de san José, para mostrar que Jesús es hijo de David, el heredero prometido que da continuidad a la dinastía davídica y la transforma en la realeza de Dios sobre el mundo. El árbol genealógico, por ser árbol genealógico davídico, lleva a José. El ángel se dirige en sueños a José como al hijo de David (Mt 1, 20). Por eso José se convierte en aquél que da el nombre a Jesús: la asunción a la posición de hijo se cumple en la imposición del nombre…

Precisamente porque Mateo quiere hacer ver la correlación de promesa y cumplimiento es por lo que surge la Virgen María junto a la figura de José. Todavía era incomprensible la promesa que Dios había hecho por medio del profeta Isaías al titubeante rey Ajaz, quien aunque los ejércitos enemigos acosaban cada vez más no quiso pedir a Dios ninguna señal. El Señor “mismo os dará por eso la señal. He aquí que la virgen grávida da a luz y le llama Emmanuel (Dios con nosotros)” (Is 7, 14). Nadie está en condiciones de decir qué quería decir esta señal en la hora histórica del rey Ajaz, si fue dada, en qué consistió. La promesa va mucho más allá de aquella hora. Siguió brillando sobre la historia de Israel como estrella de la esperanza que orientaba la mirada hacia el futuro, hacia lo todavía desconocido. Para Mateo, con el nacimiento de Jesús de la Virgen María, el velo se descorre: esta señal ahora ya está dada. La Virgen, que como Virgen da a luz por obra del Espíritu Santo, es la señal. Con esta segunda línea profética se conecta ahora también un nombre nuevo, que por sí solo da al nombre de Jesús su pleno significado y su profundidad. Si a partir de la promesa de Isaías el niño se llama Emmanuel, al mismo tiempo se amplía el cuadro de la promesa davídica. El reino de este niño va más allá de lo que podía hacer esperar la promesa davídica: su reino es el reino de Dios mismo; participa de la universalidad de la Señoría de Dios, porque en él Dios mismo ha entrado en la historia del mundo. El anuncio, que se manifiesta así en el relato de la concepción y nacimiento de Jesús, vuelve a ser retomado en realidad sólo en los últimos versículos del Evangelio. Durante su vida terrenal Jesús se siente estrechamente ligado a la casa de Israel, aún no enviado a los pueblos del mundo. Pero tras su muerte en la cruz, como resucitado, él dice: «Id, pues; enseñad a todas las gentes… Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo» (Mt 28, 1920). Aquí él se muestra ahora como el Dios-con-nosotros, cuyo nuevo reino comprende todos los pueblos, porque Dios es uno solo para todos. Coherentemente, Mateo modifica en el relato de la concepción de Jesús en un punto la palabra de Isaías. Ya no dice: “Esta (la virgen) le pondrá el nombre de Emmanuel”, sino “Ellos le llamarán Emmanuel, Dios con nosotros”. En este “ellos” se preanuncia la futura comunidad de los creyentes, la Iglesia, que invocará a Jesús con este nombre. Todo está orientado a Cristo en el relato de san Mateo, porque todo está orientado a Dios. De este modo justamente lo ha comprendido la profesión de fe y lo ha transmitido a la Iglesia. Pero puesto que ahora Dios está con nosotros, son de esencial importancia también los portadores humanos de la promesa: José y María. José representa la fidelidad de la promesa de Dios ante Israel; María encarna la esperanza de la humanidad. José es padre según el derecho, pero María es madre con su propio cuerpo: de ella depende el que Dios se haya convertido ahora en uno de nosotros.

2.2. Lc 1, 26-38

Veamos ahora cómo presenta Lucas la concepción y el nacimiento de Jesús, no para hacer la exégesis de este densísimo texto en cuanto tal, sino sólo para quedarnos con su aportación a la profesión de fe. Me limito al pasaje del anuncio del nacimiento de Jesús por parte del arcángel Gabriel (Lc 1, 26-38). Lucas deja entrever en las palabras del ángel el misterio trinitario, otorgando al acontecimiento el centro teológico a que hace referencia toda la historia de la salvación también en la profesión de fe. El niño que nacerá se llamará Hijo del Altísimo, Hijo de Dios; el Espíritu Santo como fuerza del Altísimo llevará a cabo misteriosamente su concepción: así se habla del Hijo, e indirectamente del Padre y del Espíritu Santo. Lucas utiliza para referirse al descenso del Espíritu Santo sobre María la expresión “cubrir con su sombra” (Lc 1,35). Alude de este modo al relato del Antiguo Testamento de la nube santa, que se paraba sobre la tienda del encuentro para indicar la presencia de Dios. De este modo María queda caracterizada como la nueva tienda santa, el arca de la alianza viviente. Su sí se convierte en lugar del encuentro, en el que Dios recibe una morada en el mundo. Dios, que no vive en piedras, vive en este sí dado con cuerpo y alma; aquél al que el mundo no puede contener puede tomar morada totalmente en una persona humana. Este tema del nuevo templo, de la verdadera arca de la alianza, lo toca Lucas dos veces, sobre todo en el saludo del Ángel a María: “Alégrate, llena de gracia, el Señor es contigo” (Lc 1, 28). Hoy está casi unánimemente reconocido que esta palabra del ángel transmitida por Lucas retoma la promesa de Sofonías 3, 14, dirigida a la Hija de Sión y le anuncia la morada de Dios en ella. Así, con este saludo, María es presentada como la Hija de Sión en persona y al mismo tiempo como el lugar de la morada, como la tienda santa sobre la cual reposa la nube de la presencia de Dios. Los Padres han retomado esta idea, que determina además también la iconografía paleocristiana. San José queda indicado mediante el bastón florido como sumo sacerdote, como arquetipo del Obispo cristiano. María, por su parte, es la Iglesia viviente. Sobre ella desciende el Espíritu Santo, y de este modo se convierte en el nuevo templo. José, el justo, está presentado como administrador de los misterios de Dios, como superintendente y guardián del santuario que es la esposa y el Logos en ella. Así él se convierte en la imagen del obispo, al cual se le confía la esposa; ésta no está a su disposición, sino sólo bajo su protección. Todo está orientado aquí al Dios trinitario, pero precisamente por esto en el misterio de María y de la Iglesia queda particularmente de manifiesto y comprensible su “ser con” en la historia.

Hay otro punto del relato de Lucas de la anunciación que me parece importante para lo que venimos tratando. Dios pide el sí del hombre. Él no dispone de éste simplemente con un acto de su poder. Él se ha creado en la criatura humana un interlocutor libre, y ahora necesita de la libertad de esta criatura para que pueda convertirse en realidad su reino, que no está fundado sobre un poder exterior sino sobre la libertad. Bernardo de Claraval representó dramáticamente en uno de sus Sermones esta espera de Dios y la espera de la humanidad: «No calles, virgen -tú, mujer reservada; no dudes- tú, mujer prudente. En este momento único habla, apresúrate -nosotros necesitamos tu sí”. Sin esta libre adhesión de María Dios no puede hacerse hombre. Por supuesto, este sí de María es totalmente gracia. El dogma de la inmaculada concepción de María, en realidad, tiene sólo este sentido específico, mostrar que de ningún modo es un ser humano quien desencadena con su poder la redención, sino que su sí está enteramente contenido en el amor de Dios que es desde el principio y que viene antes, que ya lo envuelve, aún antes de que sea engendrado. «Todo es gracia». Pero la gracia no quita la libertad; por el contrario, la crea. Todo el misterio de la redención está presente en esta narración y se resume en la figura de la Virgen María: «He aquí a la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38).

2.3 El prólogo de Juan

Vayamos ahora al prólogo del Evangelio de Juan, sobre cuyas palabras descansa la profesión de fe. También en este caso quisiera aludir sólo a tres conceptos. «La Palabra se ha hecho carne y ha levantado su tienda entre nosotros». El Logos se hace carne: nos hemos acostumbrado de tal manera a esta palabra que ya no nos asombra la inaudita síntesis divina de lo que aparentemente estaba totalmente separado, síntesis en la que los Padres se ensimismaron. Aquí se hallaba y se halla la verdadera novedad cristiana, que era insensata e impensable para el espíritu griego. Lo que aquí se dice no deriva de una determinada cultura, por ejemplo la semítica o la griega, como se afirma continuamente hoy sin reflexionar en ello. Es algo que va contra todas las formas culturales que conocemos. Era tan incorrecto para los hebreos como, por otras razones, para los griegos o los hindúes, pero también para el espíritu moderno, para el que esta síntesis del mundo fenoménico y nouménico es algo completamente irreal, por lo que nuevamente la rechaza con toda la autoconciencia de la moderna racionalidad. Lo que aquí se dice es “nuevo” porque viene de Dios y sólo por Dios mismo podía ser realizado. Para todos los períodos de la historia y para todas las culturas es algo absolutamente nuevo y desconocido, algo en lo que podemos entrar en la fe y sólo en la fe, y que luego nos abre horizontes totalmente nuevos del pensar y del vivir.

Pero Juan tiene aquí en mente algo particular. La frase del Logos, que se hace sarx (carne), anuncia el sexto capítulo del Evangelio, que en su totalidad desarrolla este medio versículo. Allí Cristo dice a los hebreos y al mundo: ” El pan que yo le daré (es decir, el Logos, que es el verdadero alimento del hombre) es mi carne, vida del mundo” (Jn 6,51). Con la palabra sobre la carne queda ya expresado al mismo tiempo el don hasta el sacrificio, el misterio de la cruz y el misterio del sacramento pascual que de aquél deriva. La Palabra no se hace simplemente de alguna manera carne, para tener una nueva condición de existencia. En la encarnación está incluida la dinámica del sacrificio. Vemos de nuevo que subyace la palabra del Salmo: “Me has preparado un cuerpo” (Heb 10,5; Sal 40). De modo que en esta pequeña frase queda contenido todo el Evangelio; nos sentimos transportados a la palabra de los Padres: el Logos se ha contraído, se ha hecho pequeño. Esto tiene dos valores: el Logos infinito se ha hecho pequeño, un niño; y también: la palabra inconmensurable, toda la plenitud de las Sagradas Escrituras se ha contraído en esta única frase en la que quedan sintetizados la Ley y los Profetas. Ser e historia, culto y ethos quedan reunidos aquí en el centro cristológico, estando presentes sin reducciones.

La segunda indicación que me interesa puede ser breve. Juan habla de la morada de Dios como consecuencia y objetivo de la encarnación. Él utiliza para esto la palabra tienda, recordando de este modo nuevamente la veterotestamentaria tienda del encuentro, la teología del templo, que se cumple en el Logos hecho carne. En la palabra griega usada para tienda -skenè- también resuena, sin embargo, la palabra hebrea shekinà, es decir, la designación de la nube santa del primer judaísmo, que luego se convirtió precisamente en el nombre de Dios y que indicaba la graciosa presencia de Dios ante la que los hebreos se reunían para la oración y el estudio de la ley. Jesús es la verdadera shekinà, por la que Dios está entre nosotros cuando nos reunimos en su nombre.

/Jn/01/13:Para terminar hemos de considerar también el versículo 13. A aquéllos que lo han recibido, Él -el Logos- les ha dado el poder de convertirse en hijos de Dios: “A aquellos que creen en su nombre, que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos”. Para este versículo existen dos diferentes tradiciones textuales, siendo así que hoy no podemos establecer cuál es la original. Ambas parecen del mismo período e igualmente autorizadas. Está la versión en singular: “Que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de voluntad de varón, sino que de Dios fue engendrado”; pero está también la versión en plural: «Que… sino que de Dios fueron engendrados». Esta doble forma de la tradición es comprensible, porque el versículo en todo caso se refiere a ambos sujetos. En este sentido hemos de leer siempre juntas ambas tradiciones textuales, porque sólo juntas hacen que emerja todo el significado del texto. Si tomamos como base la habitual versión plural, entonces se habla de los bautizados, a quienes se participa a partir del Logos el nuevo nacimiento divino. Pero el misterio del parto virginal de Jesús, el origen de este nacimiento divino nuestro se trasluce tan claramente que sólo un prejuicio puede negar esta correlación. Pero si consideramos también la versión singular como si fuera la original, queda patente la relación con “todos aquellos que lo han recibido”. Queda claro que la concepción de Jesús por parte de Dios, su nuevo engendramiento está orientado a esto, a asumirnos a nosotros, a darnos un nuevo engendramiento. Así como el versículo 14, con la palabra de la encarnación del Logos, preanuncia el capítulo eucarístico del Evangelio, del mismo modo es evidente aquí la anticipación del coloquio con Nicodemo del tercer capítulo. A Nicodemo Cristo le dice que el engendramiento en la carne no basta para entrar en el reino de Dios. Es necesario un nuevo engendramiento desde lo alto, una re-generación desde el agua y el espíritu (Jn 3,5). Cristo, que fue concebido por la Virgen por obra del Espíritu Santo, es el comienzo de una nueva humanidad, de una nueva forma de existencia. Hacerse cristiano significa ser recibido en este nuevo inicio. Hacerse cristiano es algo más que un simple dirigirse a nuevas ideas, a un nuevo ethos, a una nueva comunidad. La transformación que aquí se realiza es tan radical como un verdadero renacimiento, una nueva creación. De este modo es como la Virgen-Madre se halla de nuevo en el centro del acontecimiento redentor. Ella garantiza con todo su ser la novedad que Dios ha realizado. Sólo si su historia es verdadera y está en el principio es válido lo que dice Pablo: «De suerte que el que es de Cristo se ha hecho criatura nueva» (2 Cor 5,17). Dios no está ligado a piedras, pero Él se liga a personas vivas. El sí de María le abre el espacio donde puede levantar su tienda. Esta misma se convierte para él en la tienda, y de este modo ésta es el comienzo de la santa Iglesia, que a su vez es anticipo de la nueva Jerusalén en la que no existe templo alguno porque Dios mismo mora en ella. La fe en Cristo, que confesamos en el Credo de los bautizados es, pues, una espiritualización y una purificación de todo lo que la historia de las religiones había dicho y esperado sobre la morada de Dios en el mundo. Pero al mismo tiempo es también una corporización y una concretización que va más allá de toda espera en el ser de Dios con los hombres. «Dios es en la carne»: esta unión indisoluble de Dios con su criatura constituye precisamente el centro de la fe cristiana. De modo que se comprende que desde un principio los cristianos consideraran santos los lugares en los que se había producido este acontecimiento. Se convirtieron en la garantía permanente del ingreso de Dios en el mundo. Nazaret, Belén y Jerusalén se convirtieron de este modo en lugares en los que de alguna manera se pueden ver las huellas del Redentor, en los que el misterio de la encarnación de Dios nos toca muy de cerca. Por lo que concierne al relato de la anunciación, el Protoevangelio de Santiago, que se remonta de todos modos al segundo siglo y que a pesar de sus muchos elementos legendarios podría también conservar recuerdos reales, subdividió este acontecimiento en dos lugares. María «tomó el cántaro y salió por agua. He aquí que una voz dijo: Salve, llena de gracia, el Señor sea contigo, bendita entre todas las mujeres”. Ella se giró a derecha e izquierda para ver de dónde procedía esa voz. Y se turbó, entró en su casa, dejó el cántaro, tomó la púrpura, se sentó en su taburete y la tendió. Y he aquí que un ángel del Señor apareció de repente ante ella y dijo: “No temas, María, porque has hallado la gracia ante el omnipotente y concebirás de su palabra”» (11, 1 ss.). A esta doble tradición corresponden los dos santuarios, el santuario oriental de la fuente y la basílica católica, construida alrededor de la cueva de la anunciación. Ambas tienen un sentido profundo. Orígenes llamó la atención sobre el hecho de que el tema del pozo informa toda la historia de los Padres del Antiguo Testamento. Allá donde llegaban cavaban pozos. El agua es el elemento de la vida. De este modo el pozo se convierte cada vez más en el símbolo de la vida, hasta el pozo de Jacob, ante el que Jesús mismo se revela como la fuente de la verdadera vida, de la que la humanidad tiene profunda sed. La fuente, el agua que surge a chorros se convierte en el signo del misterio de Cristo, que nos dona el agua de la vida y de cuyo costado abierto sale sangre y agua. La fuente se convierte en el anuncio de Cristo. Pero al lado está la casa, el lugar de la oración y del recogimiento. «Cuando quieras rezar, entra en tu cuarto…». La realidad más personal, el anuncio de la encarnación y la respuesta de la Virgen exigen la discreción de la casa. Las investigaciones del padre Bellarmino Bagatti han puesto de manifiesto que ya en el segundo siglo una mano trazó en la cueva de Nazaret en lengua griega el saludo del ángel a María: “Ave María”. Gianfranco Ravasi observa muy oportunamente que este testimonio del investigador atestigua «que el mensaje cristiano no es una colección abstracta de tesis teológicas sobre Dios, sino el encuentro de Dios con nuestro mundo, con la realidad de nuestras casas y de nuestra vida». Precisamente de esto se trata aquí, en la santa casa de Loreto y en el año de su gran Jubileo: nosotros nos dejamos tocar por lo concreto de la actuación divina para proclamar con renovada gratitud y autoconciencia: «Él se ha encarnado en el vientre de la Virgen María y se ha hecho hombre.».


San José, Costa Rica: Una Dolorosa que casi aseguran que ha realizado procesiones desde hace más de siglo y medio

Reportaje : Mynor Esquivel

Fotos: Curia Metropolitana 

Esta imagen, bajo la custodia de la Iglesia de la Dolorosa, fue traída al país por doña Dolores Aguirre, quien  la tuvo en su hogar durante 25 años. Luego, fue  donada al Cabildo Metropolitano en  1856, explica José María Junco y re-detalla en su escrito “Semana Santa en 1858”,  Thomas Francis Meagher , quien señala:

“ Pero ya se iba acercando mucho más majestuosa e imponente (…) a uno y otro lado brillaban bayonetas en alto y a su alrededor las nuevas olorosas que despedían los incensarios (…) era la Mater Dolorosa, vestida de manera suntuosa, le habían prodigado los más bellos encajes y el terciopelo de seda púrpura, las perlas de mayor tamaño y otras piedras preciosas”.

Estas versiones casi aseguran que esta imagen ha realizado procesiones desde hace más de siglo y medio.

Su procedencia de tallado  es desconocida, pero se sabe que tiene un estilo totalmente sevillano y las facciones de su rostro denotan el perfeccionamiento en los detalles que hacen sobresalir sus ojos de vidrio. “ La Lola”, como se le conoce en España, es una de las imágenes más bellas de nuestra Semana Santa dijeron varios de sus devotos.

 


México: celebración del nacimiento de la Divina Infantita

En México capital, en el convento de San José de Gracia, había una comunidad de monjas Concepcionistas, y entre ellas una “lega” llamada Sor Magdalena de San José, ella había sido una joven distinguida, ilustre y rica que por humildad donó su dote a otra joven para que pudiera ser de “coro”.
El día de los Santos Reyes del año 1840 estando la madre Magdalena en oración ante el pesebre del Niño Jesús, y mientras adoraba el sagrado misterio tuvo la siguiente inspiración:

¿Por qué a la Santísima Virgen no se la venera también en su nacimiento, y por qué no se le celebra con cantos de alegría como se hace con el Niño Jesús?

Y mientras estaba pensando esto se le apareció la Santísima Virgen Recién Nacida sobre las nubes, acostadita y vestida como una reina y oyó que le decía :

“CONCEDERÉ TODAS LAS GRACIAS QUE ME PIDAN LAS PERSONAS QUE ME HONREN EN MI INFANCIA, PUES ES UNA DEVOCIÓN MUY OLVIDADA”.

Profundamente impresionada la madre Magdalena sintió un gran deseo de dar a conocer a la Virgen Recién Nacida; se lo comunicó todo a la abadesa la madre Guadalupe de San Lorenzo. Después le pidió permiso para hacer una imagen como la que ella había visto y le expresó su vehemente deseo de que todos supieran lo que la Virgen le había dicho.

Pero la abadesa, con la intención de probar si todo aquello era realidad, no le hizo mucho caso, pensando que si era verdad y del agrado de Dios ella volvería a insistir en el caso.

Pues así fue, un día la madre Magdalena estaba limpiando la sacristía y se encontró la cabecita de un ángel que antes había sido colateral de la Custodia, y que se había roto. Muy contenta le llevó la cabecita a la abadesa para que le diera permiso para hacer la imagen de la Divina Niña aprovechando la cabecita del ángel. Después de mucho rogar la Madre le dio el permiso e inmediatamente llamaron al escultor. La madre Magdalena le explicó como era la imagen que ella había visto para que la hiciera igual. Y por un precio muy bajo el escultor se la hizo. La imagen quedó preciosa del tamaño de una niña recién nacida.

La llevaron a bendecir, y enseguida la Madre Magdalena llena de fervor y de alegría comenzó a promover el culto de la Divina Infantita, dando a conocer todo cuanto había acontecido cuando ella se encontraba haciendo oración.

Esta devoción de la Virgen en el misterio de su Natividad fue acogida por el pueblo, entre las personas que la iban conociendo renacía un cariño y ternura especial para la Madre pequeñita de Jesús. Se extendió el culto y también las gracias y favores extraordinarios que las personas iban alcanzando de Dios por la intercesión de María Niña.

Sin embargo enseguida llegaron las pruebas, pues las autoridades eclesiásticas prohibieron este culto hasta comprobar su autenticidad.

A pesar de todo la madre Magdalena no se dejó vencer en su profundo amor para con la Divina Niña, y con la ayuda económica de su familia fue a Roma para entrevistarse con su Santidad el Papa Gregorio XVI. Durante la audiencia le expuso a su Santidad todo lo acontecido sobre la aparición y lo que la Virgen le había dicho, y los favores que las personas habían recibido por la intercesión de la Virgen en este misterio de su Natividad.

Aquí de nuevo nuestro Señor probó que era de su agrado esa devoción, ya que la aprobó y hasta la colmó de indulgencias.

Enseguida que volvió la madre Magdalena con este presente de su Santidad, comenzaron a imprimir triduos, novenas, y oraciones en honor de la Divina Niña, que se repartieron por el pueblo mexicano. Comenzaron a festejar todos los días 8 de cada mes, como recuerdo especial a la Virgen Niña, y sobre todo la fiesta principal, la de la Natividad, el 8 de septiembre.

Nuestro Señor hizo verdaderos milagros a través de su Reinita. Entre otros le devolvió la vista a una niña que era ciega y que los médicos habían dejado ya por imposible. Los pecadores volvieron a la fe ; niños enfermos se recuperaron milagrosamente al ser colocados al amparo de la Divina Niña, los adultos, los ancianos, todos los que le pedían al Señor una gracia por la intercesión de su madrecita, la recibían. También acontecimientos curiosos.

La madre Magdalena era muy sencilla y le hacía demostraciones de amor a la Virgen que demostraban cuanto la quería, con este cariño la llamó Divina Infantita, porque decía que era una niña toda de Dios. Le colocó un cuarto al lado del suyo con un letrero que decía :Cuarto de la Divina Infantita. Este cuarto estaba siempre adornado con flores, y mil primores propios de una niñita, con velas, y con todo lo que los devotos le enviaban en señal de agradecimiento.

En la fiesta del 8 de septiembre los señores Obispos celebraban la Eucaristía de Pontifical. Para todo esto los devotos daban donativos, y otras veces la madre Magdalena hacía primores y los rifaba o se los regalaba a los devotos que enseguida le enviaban un donativo. Y así se iba extendiendo este culto tan agradable a los ojos de Dios.

Cuando todo estaba en auge, nuestro Señor llamó para sí a la madre Magdalenita, ella había cumplido su misión y en el año 1859, a la edad de 69 años, abrió sus ojos para la Vida Eterna.

En sus últimos años de vida, le pidió a la abadesa que se encargara de continuar fomentando este culto. Y este fue el deseo de la madre, pero se fueron pasando los años, y como no estaba tranquila porque no había seguido con aquel culto, pensó en hacer una imagen más pequeña y colocarla en una urna para enviarla por las casas de los devotos, ya que en el monasterio era cada vez más difícil continuar con los cultos, y nadie se encargaba de seguir fomentando la devoción entre el pueblo.

Le encargó a un escultor que hiciera otra Divina Infantita pero más pequeñita que la que tenían. El escultor que estaba haciendo un Niño Jesús, quiso transformarlo en la Divina Niña y salió tan fea que la madre Guadalupe no quiso ni que la vieran, y la dejó guardada en su armario durante 20 años.


Nuestra Señora de los Milagros o de la Rábida, s XIV, autor anónimo, estilo gótico normando francés.

Reportaje: Francisco A. Fdez
La Virgen de los Milagros o Santa María de La Rábida, conocida por ambos nombres indistintamente, es la patrona del monasterio y de Palos de la Frontera. La imagen de la Virgen es una escultura de alabastro de pequeño tamaño (unos 54 cm), fechada en el siglo XIV. Es una muestra del gótico francés,

concretamente del manierista y elegante estilo normando, que imprime en la figura una singular curvatura, de manera que cambia de aspecto según se varíe la perspectiva desde donde se contemple.
Según una leyenda sin base histórica, esta imagen fue traída en uno de sus viajes por un marinero de Palos de la Frontera y después, a la llegada de los árabes, fue ocultada en el fondo de la Ría de Huelva. Más tarde la rescataron con sus redes unos pescadores y la devolvieron a la iglesia del monasterio.
Según documentos existentes en la parroquia de San Jorge Mártir de Palos de la Frontera, en una restauración que se hizo en la imagen de la Virgen en el siglo XVIII, encontraron restos de sal y de limo marino, como si hubiera estado sumergida en el mar.17
Sí corresponde a la historia el hecho de que Colón y parte de su tripulación oraran ante esta imagen horas antes de iniciar el viaje que los llevaría a las costas del Nuevo Continente.
A lo largo de su historia se le han atribuido múltiples favores y milagros, tanto de sanaciones como de prodigios en favor de la defensa de las costas de la zona de ataques piráticos. Es por ello que muy pronto se la empezó a denominar “de los Milagros”, que comparte con su primigenio y original nombre “de la Rábida”.
En 1967 fue ratificado de forma canónica el patronato que ostentaba desde antiguo sobre Palos de la Frontera.
La imagen de la Virgen fue coronada por el Papa Juan Pablo II el 14 de junio de 1993, siendo los Padrinos de la Coronación los Reyes de España, Juan Carlos I y Sofía, representados en su hija la Infanta Cristina. Es la única imagen de la Virgen coronada por el papa polaco en España. Asimismo, recibió el título de “Alcaldesa perpetua de la ciudad”.
Cada año, el 4 de agosto es trasladada a Palos de la Frontera, a la iglesia parroquial de San Jorge Mártir, donde permanece durante el mes estival para recibir los honores que le tributan los fieles de dicha localidad. El 15 de agosto, coincidiendo con la festividad de la Asunción de la Virgen y después de la solemne función religiosa, se realiza una procesión en su honor por las principales calles de la localidad. Y ya el último fin de semana de agosto es trasladada de nuevo a “La Rábida”, donde en el entorno del monasterio tiene lugar una típica romería andaluza, finalizando así los actos de la ciudad palerma en honor de la Virgen de los Milagros.
Se están celebrando los 600 años de la llegada de los Franciscanos a dicho monasterio, muy vinculado, desde el s XVI, a los países hermanos del continente americano

MARÍA, LA VIRGEN TODA HERMOSA

Manuel Murillo Garcia

María era y es preciosa. Sí, por dentro, pero también por fuera.

Fotografía: Juan Pablo Rodriguez . Esta imagen se encuentra en custodia de  la Iglesia de San Francisco, Cuidad de Guatemala.

Francesco Di Palma, Hermandad del Gran Poder

María era y es preciosa. Sí, por dentro, pero también por fuera (recalco esto último). Tenía que serlo. Lo demuestro con un simple silogismo. A Dios corresponden todas las perfecciones en grado sumo. Tener buen gusto estético es una perfección. Por lo tanto, Dios es el que tiene buen gusto en grado sumo. Y siendo así ¿cómo no iba a poner en juego esa cualidad a la hora de escoger nada menos que a su misma Madre? San Bernardo tiene al respecto una expresión muy acertada: “El Creador del hombre, al hacerse hombre, naciendo en la raza humana, debió elegir, o mejor dicho, formar para sí entre todas, una madre tal que fuese digna de Él y de su pleno agrado”.

Casi siempre, al reflexionar sobre la hermosura de María, nos quedamos en la consideración de sus virtudes humanas o espirituales. Y no está mal, desde luego. Pero muy pocas veces ponderamos su belleza física. Si es verdad que Dios, cuando pensó y creó a María, lo hizo adornándola de las más excelsas virtudes en lo humano y en lo espiritual, también lo es que no pudo olvidarse de poner en Ella las más apropiadas cualidades corporales.

María era y es guapa, muy guapa. Y no tiene que darnos pena ni corte decirlo y decírselo a Ella también con frecuencia (aunque le saquemos los colores allá en el cielo…). Y si se sonroja, podemos preguntarle con el poeta Diego Cortés: “¿Por qué va cubriendo / tu frente el rubor, / si más pura eres / y hermosa que el sol?”

San Antonio, en su Itinerarium, hace la observación, confirmada por muchos, de que las mujeres de Nazaret, altas, morenas, bien proporcionadas, son, aún hoy día, las mujeres más bellas de oriente. Y él lo atribuye a un privilegio alcanzado para ellas por la Virgen María. Nosotros sabemos que fue más bien predestinación del Señor que quiso prepararse como Madre a la más bella de las hijas de Israel.

María, la toda hermosa, la enteramente hermosa. Nada feo había en Ella. Nada. Ni en su alma ni en su cuerpo. Por lo menos a los ojos de Dios. El mismo arcángel Gabriel lo dijo claramente en su anuncio: “has hallado gracia delante de Dios”; es decir, le has encantado a Dios, le has cautivado con la belleza que Él puso en ti. El mismo Diego Cortés lo expresaba así: “Placer inefable / al punto que vio / tu rostro gracioso / el cielo gozó”. Y no somos quién ninguno de nosotros para contradecir los gustos de Dios en algo tan delicado como el aspecto interior y exterior de su misma Madre…

Una mujer humilde, pobre, silenciosa, pura, alegre, creyente, trabajadora, hecha al dolor y rebosante de amor. Pequeñas pinceladas pero que ya de por sí dejan entrever, como en bosquejo, una espléndida obra de arte. ¡Qué magnífica mujer! “María inigualable, hermosa si mancha, porque es toda hermosa”, decía San Ambrosio.

La hermosura de María no puede agotarse en un libro, ni en un cuadro, ni en una escultura por geniales que sean sus autores. Es un dechado de belleza que excede la pluma más cultivada, el pincel más delicado o el más diestro cincel. No es obra humana (aunque Ella tuvo su buena parte en el cultivo de algunas de sus virtudes), sino en mucho directamente divina. En palabras de San Luis M. Grignion de Montfort: “María es el paraíso de Dios, su mundo inefable… Dios ha creado un mundo para sí mismo y lo ha llamado María”.

Sólo Dios pudo llenar un alma de gracia con la plenitud con la que llenó a María. Sólo Él pudo preservarla inmaculada desde su concepción. Y lo hizo sólo con Ella. Predilección sin parangón de parte de Dios para con Ella. Hermosura sin par la de María. Ella es, con expresiones de Pablo VI, “el espejo nítido y sagrado de la infinita Belleza, la semblanza divina en rostro humano, la Belleza invisible en figura corpórea”.

Podemos presumir, y con toda razón, de la Madre que tenemos en el cielo. No es para menos. Hemos de sentirnos orgullos de ser hijos de una madre tal. No deberíamos cansarnos de contemplarla y admirarla; su belleza es inagotable. No deberíamos cesar de cantar sus glorias y cubrirla de piropos. Hemos de proclamarla siempre dichosa, alegrándonos con Ella por las maravillas que Dios obró en su favor.

Con una Madre así, no es poca nuestra responsabilidad de ser sus buenos hijos. Es todo un reto el parecernos a Ella imitando las virtudes que ornamentaron su vida. Sería estupendo que se pudiera decir de cada uno de nosotros: este ha salido a su madre… Porque es humilde, sencillo, pobre, sacrificado, discreto, puro, alegre, creyente y rebosante de amor hecho obras como lo fue Ella.

Autor: P. Marcelino de Andrés.

MANUEL MURILLO GARCIA
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Nuestra Señora del Valle, patrona y alcaldesa perpetua de Santaella, Córdoba

Reportaje:  Francisco A. Fdez

Nuestra Señora del Valle, patrona y alcaldesa perpetua de Santaella, Córdoba. Tiene su propio santuario a las afueras de la población. Solemnemente celebrada el 8 de septiembre, con novena y procesión gloriosa. Una vieja tradición dice que la imagen de la Virgen del Valle apareció en el paraje llamado Mata del Valle sobre una higuera. El pueblo quiso entonces levantar una ermita para ella en el Mo

lino Alto pero todo lo que construían durante el día se venía abajo milagrosamente durante la noche. De este modo manifestaba la Virgen su deseo de no ser trasladada. Tras dos o tres intentos el pueblo entendió el mensaje y la ermita se construyó entonces en el mismo lugar donde se halló la Virgen, esta vez sin ningún problema.

Esta no es una historia original, relatos muy similares se encuentran en otros lugares y con otras imágenes, por ejemplo el que comentábamos hace poco de la Virgen de Catamarca en Argentina. No existen datos históricos que la avalen, probablemente sea una leyenda destinada a resaltar las raíces sobrenaturales de una devoción. En cualquier caso sería una bonita leyenda de gran arraigo en el pueblo, nunca desmentida oficialmente y que en nuestra opinión merece seguir viva.
Urge decir que el más completo trabajo realizado hasta ahora sobre la Virgen del Valle santaellana y su santuario es obra del Rdo.P. Pablo Moyano Llamas, ilustre hijo de Santaella. Se trata un libro de 240 páginas publicado en 1988 titulado Santa María del Valle, de lectura obligada para todo el que quiera profundizar en este tema. Su código ISBN es 84-404-2920-7, aunque tememos que lamentablemente esté agotado. La mayor parte de los datos de esta página han sido extraídos de su magnífica labor.

El aspecto actual de la Virgen del Valle es muy diferente del que debió tener en su origen. La talla original corresponde a una figura sedente con las características del románico tardío o transición al gótico, probablemente del siglo XIII.

Son muy abundantes las vírgenes románicas sedentes con niño, todas ellas de la Baja Edad Media, la más conocida es seguramente la Virgen de Montserrat. Si no hubiesen sido modificadas gran parte de las llamadas imágenes encontradas tendría un aspecto muy similar al de la conocida Virgen de Cataluña que permanece tal como se encontró. Las tallas románicas son compactas, las ropas forman parte de la talla, Niño y Virgen de una pieza. No están pensadas para ser vestidas sino para mostrarse tal cual.

Desde comienzos del Románico (Siglos XI y XII) la Virgen suele aparecer sentada de frente, aunque con frecuencia el asiento no sobresale de sus ropas y a veces no se ve; el Niño Jesús está sentado entre sus piernas y María lo sujeta con sus dos manos por la cintura. Es curioso que, frecuentemente, la Madre tiene las piernas separadas y el Niño, a pesar de no estar sentado sobre ellas, se mantiene estable sobre los pliegues de su falda. Jesús tiene el rostro serio y, generalmente, su mano derecha ligeramente levantada, bendiciendo, a la vez que con la izquierda sujeta un libro (la Biblia). No hay comunicación entre Madre e Hijo, María no representa más que el trono de Jesús.
En el periodo de transición a lo largo del Siglo XIII el Niño se desplaza poco a poco hacia la pierna izquierda de la Virgen. Al principio ambos siguen estando de frente y atentos a su responsabilidad como en la fase anterior, pero lentamente Jesús gira el cuerpo hacia su derecha, María hacia su izquierda y se vuelven uno hacia el otro con lo que empiezan a tener algún tipo de comunicación. El Niño mantiene en su mano izquierda una bola con más frecuencia que el libro. Simultáneamente las figuras van ganando naturalismo en las posturas, proporciones y expresiones.

En los últimos Siglos del Gótico (S. XIV y XV) la Virgen y el Niño se miran con ternura y mantienen una estrecha comunicación, jugueteando con algún objeto. Ya no se manifiesta Cristo en su naturaleza divina sino que aparece como un niño dependiente de su madre. Ello coincide con una mayor devoción a la Virgen María en el mundo católico, una gran mayoría de templos están dedicados a su nombre. Al final del Gótico es muy frecuente que María se represente de pie, cogiendo a Jesús con su brazo izquierdo, y manteniendo la misma actitud maternal. Las últimas imágenes son ya plenamente naturalistas y se adentran definitivamente en el Renacimiento.
La imagen sedente tiene una altura de 50 cm y está colocada sobre un tronco de higuera de 43 cm de alto. Probablemente la propia imagen esté tallada en un tronco de higuera. La parte posterior sin tallar ni policromar, cortada a tajo.

A finales del siglo XIV la imagen sufre una gran transformación: se le ponen brazos articulados, se separa el Niño de la Virgen y se realizan otras mutilaciones. El motivo es que se la convierte en una ‘Virgen vestida’, rodeada de más lujo y riqueza, todo ello con bastante seguridad debido a que pasa de ser una imagen de culto privado o muy reducido a un culto más amplio. El padre Pablo dice literalmente: …la Virgen pudo pertenecer a alguna familia concreta, tal vez a algún sacerdote. Un buen día alguien decide hacerle una ermita y exponerla a la veneración de los vecinos. Se la transforma, se le hacen ropas y mantos de toda clase. Se la viste. En torno a Ella surge una bella historia con aparición al fondo en el tronco de una higuera y poco a poco se acrecienta en todo el pueblo una devoción que iría en aumento con el paso de los siglos.
Así queda la imagen de la Virgen del Valle tras la transformación, excepto la media luna y el resplandor que fueron añadidos posteriormente.
Parece indudable que esta devoción es genuina y autóctona de Santaella. La advocación del Valle tendría su origen en haber aparecido la imagen de la Virgen en la Mata del Valle y además tanto la talla como la primitiva ermita son de las más antiguas conocidas en la zona.


“”HACED LO QUE MI HIJO OS DIGA”, Beato Juan Pablo II

Manuel Murillo Garcia
 Fotografía: Francesco Di Palma
Que nuestros oídos escuchen constantemente con la adecuada claridad tu voz maternal, de ti Madre nuestra.HACED LO QUE MI HIJO OS DIGA”

MADRE... En este solemne momento escuchamos con particular atención tus palabras: “Haced lo que mi Hijo os diga”. Y queremos responder a ellas con todo nuestro corazón. Queremos hacer lo que tu Hijo nos dice, porque Él tiene palabras de vida eterna. Queremos llevar a cabo y cumplir todo aquello que provenga de Él, todo aquello que se contiene en la Buena Nueva, tal como nuestros antepasados lo hicieran durante tantos siglos.

MADRE..Tu fidelidad a Cristo y a su Iglesia, han estampado en cierto modo en nosotros una marca indeleble que todos compartimos. Esa fidelidad ha fructificado en el heroísmo cristiano y en una poderosa tradición de vivir de acuerdo con la Ley de Dios, en concordancia con el mandamiento más sagrado del Evangelio: el mandamiento del Amor. Hemos recibido esta espléndida herencia de tus manos al principio de una nueva era, al aproximarnos al cierre del segundo milenio del nacimiento del Hijo de Dios de Tí, nuestra Alma Mater, y queremos llevar esta herencia en el futuro con la misma fidelidad con la que nuestros antepasados dieron testimonio de ella.

MADRE..Que nuestros oídos escuchen constantemente con la adecuada claridad tu voz maternal: “Haced lo que mi Hijo os diga”.

MADRE..Haznos capaces de perseverar con Cristo. Haznos capaces, Madre de la Iglesia, de construir su Cuerpo Místico viviendo con la vida que solo Él puede darnos de Su plenitud, que es a la vez divina y humana.”

Autor: SS Juan Pablo II.

MANUEL MURILLO GARCIA Para ir al Blog “Solo Informatica, por Manuel Murillo Garcia”, siga este enlace: http://mmurilloinformatica.blogspot.com/  Para ir al  Blog ”MIS COSAS” http://murillomanolo.blogspot.com/

La Divina Infantita intercede por nosotros….

Foto y Texto: Costarricense Catolico

El 8 de diciembre celebramos la Concepción Inmaculada de la Virgen en el seno de su madre santa Ana y 9 meses después la Iglesia se llena de júbilo en su Natividad.
Este 30 de Agosto unámonos alrededor de la Cuna de la Niña María Inmaculada
lla Virgen Santísima para invocarla en la fiesta de su Nacimiento el día
8 de septiembre.
Hagamos estos 9 días de preparación a su Cumpleaños
para agradecer a Dios Trino el don de María nuestra Madre.

Oración para pedir su bendición
Eres, Niña Inmaculada
Del Señor Obra Maestra
Pues la Fuerza de su diestra
Quedó en tu ser agotada
Y porque fuiste formada
Sin la Culpa Original
Eres Reina Universal
Y de mi vida Pastora
Inmaculada Niña Señora
Líbranos de todo mal
Y alcánzanos ahora la bendición final +

La Virgen María prometió que, a quienes pidan al Señor algún favor por los méritos de su Concepción , Nacimiento e Infancia No se les negaría nada

Por los méritos de tu Concepción, Nacimiento e Infancia
Te pido Dulce Niña : Vivir y Morir en la vida de la Gracia

Jaculatoria inspirada por el Ind. HyH de la Toda Santa.

Hoy nace una clara estrella,
tan divina y celestial,
que, con ser estrella, es tal,
que el mismo sol nace de ella.

Esta fiesta mariana tiene su origen en la dedicación de una iglesia en Jerusalén, pues la piedad cristiana siempre ha venerado a las personas y acontecimientos que han preparado el nacimiento de Jesús. María ocupa un lugar privilegiado, y su nacimiento es motivo de gozo profundo. En esta basílica, que había de convertirse en la iglesia de Santa Ana (siglo XII), san Juan Damasceno saludó a la Virgen niña: “Dios te salve, Probática, santuario divino de la Madre de Dios … ¡Dios te salve, María, dulcísima hija de Ana!”. Aunque el Nuevo Testamento no reporta datos directos sobre la vida de la Virgen María, una tradición oriental veneró su nacimiento desde mediados del siglo V, ubicándolo en el sitio de la actual Basílica de “Santa Ana”, en Jerusalén. La fiesta pasó a Roma en el siglo VII y fue apoyada por el Papa Sergio I. Su fecha de celebración no tiene un origen claro, pero motivó que la fiesta de “La Inmaculada Concepción” se celebrara el 8 de diciembre (9 meses antes).

A casa de Santa Ana
llegaron hoy las vecinas
porque dicen en el pueblo
que ha dado a luz a una niña
Jesús, que contento
Jesús, que alegría
Porque ya ha nacido
la Virgen María (bis).
II.
San Joaquín como sabía
que aquella noche nacía,
recogido con su esposa
las oraciones decía.
Y a la media noche
llegó la Alborada
y nació la Niña
que es Inmaculada (bis).
III
Los angelitos del Cielo
cantaban junto a su cuna,
y al lado de sus pies bellos
vino a posarse la luna.
Jesús, que contento
Jesús, que alegría
Ya vino la Aurora
vendrá pronto el Día (bis).
IV
El mundo estaba en tinieblas
sin luz, sin norte y sin guía
y hoy se llenó de esperanza
porque ha nacido María.
Estaba anunciado
de tan linda Flor
que el fruto bendito
será el Redentor (bis).
V.
¿Quién es ésta que se alza
más hermosa que la Aurora?
De Ella va a nacer el Sol
es Virgen, nuestra Señora
Benditos los padres
que dieron tal flor
Bendita la Niña
que es Madre de Dios (bis).
VI.
De otra cosa no se habla
hoy en todo Nazaret:
“¡Ay, qué Niña tuvo Ana!”
“Voy contigo y la veré!”
Y al ver que es hermosa
cual ninguna flor,
sus Padres dan gracias
a Nuestro Señor (bis).
VII.
A todos mira y sonríe
esta lindísima Niña;
tiene Corazón de Madre
y en su rostro se adivina.
Dicen vendrá el día
que Nuestro Señor
la hará Madre nuestra
con gozo y dolor (bis).
VIII.
Reciban mil parabienes
sus padres Joaquín y Ana,
por esta Niña que tienen
y el Fruto de sus entrañas.
Jesús y María
y el Casto José
La Santa Familia
que hay en Nazaret
H.M.C.S.T. sept. 1995


ANTE TU MIRADA

Manuel Murillo Garcia

Fotografía: Marco Vinico Pinilla / Asociacio Virgen de Guadalupe  San Miguel Tetapa 

Cuando me dejo traspasar por tu mirada y te permito entrar en mi alma, todo adquiere un color diferente. 

La mirada de Dios me penetra y me envuelve, me rodea y me busca, me invita y me respeta.

Dios no es indiferente ante mi pecado: toma en serio lo que hago y lo que dejo de hacer. No olvida que soy de barro y que necesito ayuda. No ignora lo bueno que Él mismo sembró en mi alma. No deja sin recompensa ese vaso de agua que ofrezco a quien me lo pide.

Así es tu mirada. No sé por qué la rehúyo, como si tuviera miedo de mis faltas, cuando lo que deseas es curar mis heridas. No sé por qué prefiero otros ojos, que un día me miran con aprecio y otro con indiferencia. No sé por qué escucho músicas o veo imágenes cuando podría dejarme envolver por el calor de tus pupilas de Padre bueno.

Pero cuando me dejo traspasar por tu mirada y te permito entrar en mi alma, todo adquiere un color diferente. Porque el mundo tiene sentido si surge desde tu Bondad y si se dirige hacia ti. Porque la vida es maravillosa cuando se explica desde esa palabra grande y sencilla: Amor.

Ante tu mirada todo cambia. Mi pecado se derrite si me acerco a la gran fiesta de la misericordia que se celebra en cada confesión. Mi corazón recobra fuerzas cuando me alimento del Pan de la vida. Mi cuerpo adquiere una luminosidad diferente, si ha quedado purificado desde el agua y la sangre que brotan del Calvario.

También cambia el rostro de quienes me rodean, pues descubro que son hijos tuyos, hermanos necesitados, como yo, de cariño, de perdón y de esperanza.

Este día y toda mi existencia puede ser diferentes si me pongo ahora, simplemente, lleno de confianza, ante tu mirada…

Autor: P. Fernando Pascual LC.

MANUEL MURILLO GARCIA
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LA PRISA DE LA CARIDAD: La caridad de María es disponibilidad, pero para que pueda ser así es necesaria su presencia.

Manuel Murillo Garcia
Probablemente a María le llevó tres días para ir de Nazaret al pueblo de su prima que está cerca de Belén, llamado Ain Karin.


Cuando una persona tiene un problema personal tiende a obsesionarse con él. Su mente es como una rueda que gira en torno al mismo centro. En estas ocasiones es más difícil pensar en los problemas de los demás y mucho más darles una prioridad.

María al aceptar la invitación de Dios de ser la madre de su Hijo, se complicó la vida. Ella estaba desposada legalmente con José el carpintero. El ser infiel a su compromiso matrimonial le podía acarrear la muerte. ¡Pensemos en el caso de la mujer adúltera que querían apedrear en el Evangelio de san Juan! De hecho José decidió repudiarla, pero en secreto, como consideraremos más adelante.

María no se hundió en su problema, sino pensó en el de su prima Isabel: iba a dar a luz a un niño siendo ella muy anciana. Hasta el día de hoy tal cosa causa bastante pavor a pesar de todos los adelantos médicos. Isabel corría riesgo de morir. María estaba más preocupada sobre la posibilidad de que su prima muriera a que ella misma sufriera la misma suerte.

Cuando entró en la casa de su pariente, ésta, bajo el influjo del Espíritu Santo, la felicitó por su fe: “Bienaventurada eres porque has creído en el mensaje que te fue dicho de parte del Señor”. No la felicitó por haber sido escogida por Dios para ganar la “lotería” mesiánica, sino por su fe en la palabra de Dios. ¡Qué impresión produciría una chica a sí que ya que hizo a los demás maravillarse de una cualidad interior de fe más que de la suerte de ser escogida para ser la madre del Mesías! Se puede apreciar que las cualidades espirituales de María fueron tan profundas que se transparentaban en su mismo rostro.

En esto podemos descubrir el sentido último de la misión de la mujer según el designio de Dios: ser como un “sacramento” o manifestación de Dios para los demás. ¡Qué diferencia entre María de Nazaret y muchas chicas de hoy en día que parecen vacías de toda riqueza humana y espiritual! Cuando la mujer se aparta de Dios y de su gracia, ella pierde incluso como mujer. La mujer debe tener a Dios “escrito” en su rostro, debe manifestar la ternura y la bondad con que Dios ama a la humanidad.

Si bien es cierto que debemos reconocer este esplendor espiritual de María, no debemos ir al extremo de considerarla como un ángel en la tierra. Su caridad hacia la prima fue muy práctica. Así como dijimos más arriba que para María creer fue decir “Aquí estoy”, para ella amar era también decir “Aquí estoy.” Con su actitud de ir a toda prisa a Ain Karín, ella estaba diciendo a Isabel “Tú puedes contar conmigo. Aquí estoy.”

La caridad en María es disponibilidad, pero para que fuese así era necesaria su presencia. No habría significado mucho que ella se hubiera quedado en Nazaret y sólo hubiera mandado una carta a su prima para felicitarla y decirle que esperaba que todo saliera bien.

Parece ser que esta caridad como presencia no brilla en el mundo como debería. Para mostrar solidaridad se mandan medicamentos y alimentos a zonas damnificadas, pero no es lo mismo que ir allí y estar entre la gente para ver que se les puede ofrecer.

El amor de una madre es en gran parte amor presencia. Lo que da seguridad a los niños es el pensamiento de que ella está ahí. También así es el amor de los esposos. Cuando el marido está tan ocupado en el trabajo que ya no tiene tiempo para estar en casa, trabajo que ya no tiene tiempo para estar en casa, comienza a amar por “control remoto”, pues piensa que si él se queda en la oficina hasta altas horas de la noche, es porque está ganando dinero para su familia. Sin embargo, está faltando el amor presencia.

La caridad de María es disponibilidad, pero para que pueda ser así es necesaria su presencia. ¡Cuánto daño hace la ausencia del amado en un matrimonio o en una familia!

Autor: P. Fintan Kelly.

MANUEL MURILLO GARCIA
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Santa Rosa de Lima….ruega por nosotros

Santa Rosa de Lima nació el 30 de abril de 1586 en la vecindad del hospital del Espíritu Santo de la ciudad de Lima, entonces capital del virreinato del Perú. Su nombre original fue Isabel Flores de Oliva. Era una de los trece hijos habidos en el matrimonio de Gaspar Flores, arcabucero de la guardia virreinal, natural de San Juan de Puerto Rico, con la limeña María de Oliva. Recibió bautismo en la parroquia de San Sebastián de Lima, siendo sus padrinos Hernando de Valdés y María Orozco.

En compañía de sus numerosos hermanos, la niña Rosa se trasladó al pueblo serrano de Quives, en la cuenca del Chillón, cuando su padre asumió el empleo de administrador de un obraje donde se refinaba mineral de plata. Las biografias de Santa Rosa de Lima han retenido fijamente el hecho de que en ese pueblo, que era doctrina de frailes mercedarios, la joven recibió en 1597 el sacramento de la confirmación de manos del arzobispo de Lima, Santo Toribio Alonso de Mogrovejo, quien efectuaba una visita pastoral en la jurisdicción.

Ocupándose de la “etapa oscura” en la biografía de Santa Rosa de Lima, que corresponde precisamente a sus años de infancia y adolescencia en Quives, Luis Millones ha procurado arrojar nueva luz mediante la interpretación de algunos sueños que recogen los biógrafos de la santa. Opina Millones que ésa pudo ser la etapa más importante para la formación de su personalidad, no obstante el hecho de que los autores han preferido hacer abstracción del entorno económico y de las experiencias culturales que condicionaron la vida de la familia Flores-Oliva en la sierra, en un asiento minero vinculado al meollo de la producción colonial. Probablemente, esa vivencia (la visión cotidiana de los sufrimientos que padecían los trabajadores indios) pudo ser la que dio a Rosa la preocupación por remediar las enfermedades y miserias de quienes irían a creer en su virtud.

A Santa Rosa de Lima le tocó vivir en Lima un ambiente de efervescencia religiosa, una época en que abundaban las atribuciones de milagros, curaciones y todo tipo de maravillas por parte de una población que ponía gran énfasis en las virtudes y calidad de vida cristianas. Alrededor de sesenta personas fallecieron en “olor de santidad” en la capital peruana entre finales del siglo XVI y mediados del XVIII. De aquí se originó por cierto una larga serie de biografías de santos, beatos y siervos de Dios, obras muy parecidas en su contenido, regidas por las mismas estructuras formales y por análogas categorías de pensamiento.

A Santa Rosa le atraía con singular fuerza el modelo de la dominica Catalina de Siena (santa toscana del siglo XIV), y esto la decidió a cambiar el sayal franciscano por el hábito blanco de terciaria de la Orden de Predicadores, aparentemente desde 1606. Se afirma que estaba bien dotada para las labores de costura, con las cuales ayudaba a sostener el presupuesto familiar, pero fueron muy contadas las personas con quienes Rosa llegó a tener alguna intimidad. En su círculo más estrecho se hallaban mujeres virtuosas como doña Luisa Melgarejo y su grupo de “beatas”, junto con amigos de la casa paterna y allegados al hogar del contador Gonzalo de la Maza.

Los confesores de Santa Rosa de Lima fueron mayormente sacerdotes de la congregación dominica. También tuvo trato espiritual con religiosos de la Compañía de Jesús. Es asimismo importante el contacto que desarrolló con el doctor Juan del Castillo, médico extremeño muy versado en asuntos de espiritualidad, con quien compartió las más secretas minucias de su relación con Dios.

Dichos consejeros espirituales ejercieron profunda influencia sobre Rosa y resultaron cómplices de sus delirios, visiones y tormentos. No sorprende desde luego que María de Oliva abominase de la cohorte de sacerdotes que rodeaban a su piadosa hija, porque estaba segura de que los rigores que ella se imponía eran “por ser de este parecer, ignorante credulidad y juicio algunos confesores”, según recuerda un contemporáneo. La conducta estereotipada de Santa Rosa de Lima se hace más evidente aún cuando se repara en que por orden de sus confesores anotó las diversas mercedes que había recibido del Cielo, componiendo así el panel titulado Escala espiritual. No se conoce mucho acerca de las lecturas de Santa Rosa, aunque es sabido que encontró inspiración en las obras teológicas de fray Luis de Granada.

 

 


“LA SANTISIMA VIRGEN MARIA, REINA Y SEÑORA DE TODO LO CREADO”

 Al tema de la realeza de Cristo y María está íntimamente unido el de la «recapitulación» en Cristo de todas las cosas, que ahora solo podemos insinuar. María ha sido asociada también a la función de
Cristo Cabeza de la Humanidad. Con una cierta analogía, se puede afirmar que la Bienaventurada Virgen fue asociada al nuevo Adán, Cristo, formando con Él una sola cosa –una caro, en expresión no
simétrica con la de Gen.2, Mc 7,8, Ef 5, 31-32-. Es la Esposa del Redentor, en un sentido espiritual sublime muy hondo. La exégesis bíblica lo descubre. En su seno virginal se encarnó el Logos divino y su Hijo la eleva para siempre, íntegra, con alma y cuerpo, al centro amoroso de la Trinidad, a la derecha de la Cabeza de la nueva Humanidad por Él redimida.

a) Repasemos algunos textos de la Escritura para releerlos con vistas al tema que nos ocupa. Volvamos al libro del Apocalipsis: «Una gran señal apareció en el cielo: una mujer, vestida del sol, con

la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (12, 1). En esta mujer resplandeciente de luz los Padres de la Iglesia reconocieron a María. En su triunfo, el pueblo cristiano,
peregrino en la historia, entrevé el cumplimiento de sus expectativas y el signo cierto de su esperanza.

b) Cuando el hijo que milagrosamente llevaba Isabel en el seno se estremece de alegría, al oír el saludo de la Virgen Madre, exclama: «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mi?» (Lc
1, 43). Decir «la madre de mi Señor» es tanto como decir «la Señora», «la Reina». Kyrios, «Señor», llegó a ser sinónimo del nombre de Dios . Así se inicia una tradición ininterrumpida. Orígenes
comenta esas palabras pronunciadas por Isabel en la Visitación: «Soy yo quien debería haber ido a ti, puesto que eres bendita por encima de todas las mujeres, tú, la madre de mi Señor, tú, mi Señora» . En este texto, se pasa espontáneamente de la expresión «la madre de mi Señor» al apelativo «mi Señora», anticipando lo que declarará más tarde san Juan Damasceno, que atribuye a María el título de «Soberana»: «Cuando se convirtió en madre del Creador, llegó a ser verdaderamente la soberana de todas las criaturas»

-libro de Antonio Orozco Delclós, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA. INICIACIÓN A LA MARIOLOGÍA


María es reina de los ángeles y de todos los hombres que son del Señor.

 http://regnummariae.org/la_inmaculada/maria_reina__fiesta.htmEl título de Reina se le da a María Santísima desde los primeros siglos como indicación de su preeminencia y poder que los recibe de aquel que es el Todopoderoso: Su Hijo, Jesucristo.Juan Pablo II, el 23 de julio del 1997, habló sobre la Virgen como Reina del universo. Recordó que “a partir del siglo V, casi en el mismo período en que el Concilio de Efeso proclama a la Virgen ‘Madre de Dios’, se comienza a atribuir a María el título de Reina. El pueblo cristiano, con este ulterior reconocimiento de su dignidad excelsa, quiere situarla por encima de todas las criaturas, exaltando su papel y su importancia en la vida de cada persona y del mundo entero”.

El Santo Padre explicó que “el título de Reina no sustituye al de Madre: su realeza sigue siendo un corolario de su peculiar misión materna, y expresa simplemente el poder que le ha sido conferido para llevar a cabo esta misión. (…) Los cristianos miran con confianza a María Reina, y esto aumenta su abandono filial en Aquella que es madre en el orden de la gracia”.

“La Asunción favorece la plena comunión de María no sólo con Cristo, sino con cada uno de nosotros. Ella está junto a nosotros porque su estado glorioso le permite seguirnos en nuestro cotidiano itinerario terreno. (…). Ella conoce todo lo que sucede en nuestra existencia y nos sostiene con amor materno en las pruebas de la vida”.

RAZON: Las Sagradas Escrituras nos enseñan que los que son de Cristo reinarán con El y la Virgen María es ciertamente de Cristo. 

Romanos 5:17
“En efecto, si por el delito de uno solo reinó la muerte por un solo hombre ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo!”

II Timoteo 2:12
“si nos mantenemos firmes, también reinaremos con él; si le negamos, también él nos negará”

María Santísima es reina de todo lo creado

Si bien todos reinaremos con Cristo, María Santísima participa de Su reinado de una forma singular y preeminente. Esto significa que Dios le ha otorgado Su poder para reinar sobre todos los hombres y los ángeles, y para vencer a Satanás.

Razones por las que María Santísima es Reina de todos:

1- Por ser la madre de Dios hecho hombre, El Mesías, El Rey universal. (Col 1, 16).

Santa Isabel, movida por el Espíritu Santo, hace reverencia a María, no considerándose digna de la visita de la que es “Madre de mi Señor” (Lc 1:43).  Por la realeza de su hijo, María posee una grandeza y excelencia singular entre las criaturas, por lo que Santa Isabel exclamó: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno” (Lc 1:42).

El ángel Gabriel le dijo a María que su Hijo reinaría.  Ella es entonces la Reina Madre.

Su reino no es otro que el de Jesús, por el que rezamos “Venga tu Reino”.   Es el Reino de Jesús y de María. Jesús por naturaleza, María por designio divino.

En 1 Reyes 2,19 vemos que la madre del Rey se sienta a su derecha.

2- Por ser la perfecta discípula que acompañó a Su Hijo desde el principio hasta el final, Cristo le otorga la corona. Cf. Ap. 2,10  En María se cumplen las palabras: ” el que se humilla será ensalzado”.   Ella dijo “He aquí la esclava del Señor”.

3- Por ser la corredentora. El papa JPII, en la audiencia del 23-7-97 dijo que “María es Reina no sólo porque es Madre de Dios, sino también porque (…) cooperó en la obra de la redención del género humano. (…). Asunta al cielo, María es asociada al poder de su Hijo y se dedica a la extensión del Reino, participando en la difusión de la gracia divina en el mundo”.

Ella participa en la obra de salvación de su Hijo con su SI en el que siempre se mantuvo fiel, siendo capaz de estar al pie de la cruz (Cf. Jn 19:25)

María Santísima, reinando con su hijo, coopera con El para la liberación del hombre del pecado. Todos nosotros, aunque en menor grado, debemos también cooperar en la redención para reinar con Cristo.

4- Por ser el miembro excelentísimo de la Iglesia: por su misión y santidad.
La misión de María Santísima es única pues solo ella es madre del Salvador.

Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.” -Génesis 3:15


Características del reinado de María Santísima:

a) Preeminencia: ”su honor y dignidad sobrepasan todo la creación ; los ángeles toman segundo lugar ante tu preeminencia.” San Germán.

b) Poder Real: que la autoriza a distribuir los frutos de la redención. La Virgen María no solo ha tenido el más alto nivel de excelencia y perfección después de Cristo, pero también participa del poder de Su Hijo Redentor ejercita sobre las voluntades y mentes.

c) Inagotable eficacia de Intercesión con su Hijo y el Padre: Dios ha instituido a Maria como Reina del cielos y tierra, exaltada sobre todos los coros de ángeles y todos los santos. Estando a la diestra de su Hijo, ella suplica por nosotros con corazón de Madre, y lo que busca, encuentra, lo que pide, recibe”.

d) Reinado de Amor y Servicio: Su reinado no es de pompas o de prepotencia como los reinos de la tierra.  El reino de María es el de su Hijo, que no es de este mundo, no se manifiesta con las características del mundo. María  tiene todo el poder como reina de cielos y tierra y a la vez, la ternura de ser Madre de Dios.

En la tierra ella fue siempre humilde, la sierva del Señor. Se dedicó totalmente a su Hijo y a su obra. Con El y sometida con todo su corazón con toda su voluntad a El, colaboró en el Misterio de la Redención. Ahora en el Cielo, ella continúa manifestando su amor y su servicio para llevarnos a la salvación.

Respuesta a los hermanos separados 

Hay quienes rechazan el reinado de María Santísima alegando que ella no puede ser reina ya solo Jesús es rey.

Estos hermanos no comprenden la naturaleza del Reino. El reino de María Santísima no es un reino aparte al de su Hijo. Es el mismo reino. Donde Jesús reina, María Su Madre reina también.  Se trata de dos corazones eternamente unidos en el amor divino. Dios ha dispuesto que así fuese.  María, lejos de quitarle al reinado de su Hijo, lo propicia. Ella es la mas sumisa, la mas fiel en el reino y por eso también la mas exaltada.

Lucas 1:48  ” porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada”

La Fiesta Litúrgica

Pío XII en 1954, instituyó la fiesta Litúrgica del Reinado de María al coronar a la Virgen en Santa María la Mayor, Roma. En esta ocasión el Papa también promulgó el documento principal del Magisterio acerca de la dignidad y realeza de Maria, la Encíclica Ad coeli Reginam (Oct 11, 1954).

JPII: Junio 19, 1983 en Polonia

“Al Reino de el Hijo está plenamente unido el Reino de su Madre.. su Reino y el de ella, no son de este mundo. Pero están enraizados en la historia humana, en la historia de toda la raza humana, por el hecho de que el Hijo de Dios, de la misma sustancia que el Padre, se hizo hombre por el poder del ES en el vientre de María. Y esa reino es definitivamente enraizado en la historia humana a través de la Cruz, al pie de la cual estaba la Madre de Dios como corredentora. Y es en ese evento de la Cruz y Maria al pie de su hijo, que el Reino se funda y permanece. Todas la comunidades humanas experimentan el reino maternal de María, que les trae mas de cerca el reino de Cristo.”

-SCTJM


LA EMPRESA DE LA VIDA, SALVAR EL ALMA

Manuel Murillo Garcia
Tener esperanza, saber lo que se quiere, luchar por ello. ¿y tú, ya sabes lo que quieres?

La sociedad contemporánea nos ha intoxicado con la idea o la creencia de que las cosas se consiguen de forma rápida y cómoda. Todo está centrado alrededor del consumismo, de donde se desprende, que basta meter una moneda en la máquina, pulsar un botón y tener en mis manos una Coca Cola fresca…; quiere hacernos creer que la vida es tan fácil como el internet, aprieto un botón y ya me encuentro navegando por todos los museos o por las islas más exóticas del mundo… Todos sabemos que la vida es mucho más compleja que esto, aunque parece que nuestra sociedad nos facilita todo.

Se nos dan libros de instrucciones y manuales de procedimientos para casi todo, y así, antes de meter al microondas un paquete de palomitas, me leo las instrucciones y veo que tal parte de la bolsa tiene que ir hacia abajo, y por un tiempo de no más de 3 minutos…, todo son instrucciones; sin embargo, no existen instrucciones para salvar un alma, para llegar al cielo, para realizar la gran Misión que tienes la gran empresa que está en tus manos y que al final es la única que vale la pena, SALVAR TU ALMA.

Les comparto esta carta hermosísima de un joven de 21 años escrita a su novia un día antes de morir; esto es tener convicciones profundas y seguridades que dan valor de trascendencia a la vida.

Espero que la puedas compartir, especialmente con algún joven.

Nacido en Pozoblanco (Córdoba, España) en 1914, Bartolomé Banco fue arrestado como dirigente católico (era secretario de los Jóvenes de Acción Católica y delegado de los Sindicatos Católicos) el 18 de agosto de 1936. Fue fusilado el 2 de octubre de 1936 mientras gritaba «¡Viva Cristo Rey!».

Prisión Provincial. Jaén, 1 de octubre de 1936.

Maruja del alma:

Tu recuerdo me acompañará a la tumba,
y mientras haya un latido en mi corazón, éste palpitará en cariño hacia ti. Dios ha querido sublimar estos afectos terrenales, ennobleciéndolos cuando los amamos en Él. 

Por eso, aunque en mis últimos días Dios es mi lumbrera y mi anhelo, no impide que el recuerdo de la persona más querida me acompañe hasta la hora de la muerte.

Estoy asistido por muchos sacerdotes que, cual bálsamo benéfico, van derramando los tesoros de la Gracia dentro de mi alma, fortificándola; miro la muerte de cara y en verdad te digo, que ni me asusta, ni la temo.

Mi sentencia en el tribunal de los hombres será mi mayor defensa ante el Tribunal de Dios; ellos, al querer denigrarme, me han ennoblecido; al querer sentenciarme, me han absuelto; y al intentar perderme, me han salvado. ¿Me entiendes? ¡Claro está! Puesto que al matarme, me dan la verdadera vida; y al condenarme por defender siempre los altos ideales de mi religión y mi familia, me abren de par en par las puertas de los cielos.

Mis restos serán inhumados en un nicho de este cementerio de Jaén; cuando me quedan pocas horas para el definitivo reposo, sólo quiero pedirte una cosa: que en recuerdo del amor que nos tuvimos, y que en este instante se acrecienta, atiendas como objetivo principal a la salvación de tu alma, porque de esa manera conseguiremos reunirnos en el cielo para toda la eternidad, donde nada nos separará.

¡Hasta entonces, pues, Maruja de mi alma!

No olvides que desde el cielo te miro, y procura ser modelo de mujer cristiana, pues al final de la partida, de nada sirven los bienes y goces terrenales, si no acertamos a salvar el alma.

Un pensamiento de reconocimiento para toda tu familia, y para ti, todo mi amor sublimado en las horas de la muerte. No me olvides, Maruja mía, y que mi recuerdo te sirva siempre para tener presente que existe otra vida mejor, y que el conseguirla debe ser la máxima aspiración.

Sé fuerte y rehace tu vida, eres joven y buena, y tendrás la ayuda de Dios que yo imploraré desde su Reino. Hasta la eternidad, pues, donde continuaremos amándonos por los siglos de los siglos.

El ejemplo de un joven que tenía clavada su mirada en lo más importante, llegar al cielo, salvar su alma y querer que el alma de su muy amada novia también se encontrase con Dios después de esta vida. Esto es tener esperanza, esto es saber lo que se quiere… ¿y tú, ya sabes lo que quieres?…
Autor: P. Dennis Doren L.C.

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ALÍATE CON MARÍA PARA ORAR MEJOR

Manuel Murillo Garcia

Fotografía: Francesco Di Palma
Dios nos ha regalado en María una aliada para nuestro caminar, para nuestra oración. La presencia de María siempre ha sido un bálsamo.

Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María. Si eres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María. Si la ira, o la avaricia, o el deleite carnal impele violentamente la navecilla de tu alma, mira a María. Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, piensa en María. En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si ella te ampara. (San Bernardo, Sobre la excelencias de la Virgen Madre, 2, 17).

La mayor parte de mi tiempo suelo pasarlo, por la misión que se me ha confiado, delante de una computadora. Horas y horas en las que el monitor me va mostrando diferentes mundos y a través de los cuales estoy intentando también transmitir a muchos el Evangelio. Prueba de ello son estas líneas que ahora mismo estás leyendo.

Pues bien, toda esta labor sería imposible sin la ayuda de mi buen amigo Renato, el informático de aquí del seminario. ¿Por qué? Su presencia es importantísima en los momentos en que algo le pasa a mi computadora, en los que internet no funciona, cuando parece que un virus amenaza con entrar… En cada una de estas circunstancias marco un número y el acento italiano de Renato me responde desde la otra línea para solucionar mis problemas: «¿Qué pasa ahora, padre?».

La última vez que le llamé para que viera por qué no podía ver unos videos que me habían mandado, se me vino a la mente que en la oración tendríamos que tener un “Renato”, alguien que, cuando las cosas vayan mal, podamos llamarle por teléfono y decirle: «no siento nada, me aburro, qué tengo que hacer si…, etcétera». Y aquí es cuando San Bernardo viene en nuestra ayuda y nos deja el hermosísimo texto sobre María que he querido compartirles.

Dios nos ha regalado en María una aliada para nuestro caminar, para nuestra oración. Por ello, siempre es hermoso, además de ponerse en la presencia de Dios, pedirle a María que nos acompañe en cada oración que hacemos. Como si Ella pudiese tomar nuestras súplicas y decirle a Dios, con esos ojos de Madre, que nos escuche. Después de todo, San Maximilian María Kolbe tenía mucha razón cuando dijo que a María «ha confiado Dios toda la economía de su misericordia» porque «la voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios».

¿Nunca lo han experimentado ustedes? Personalmente, la presencia de María siempre ha sido un bálsamo en muchos momentos. Y en ocasiones no me doy cuenta sino hasta después de que Ella estuvo ahí. ¿Me permiten compartirles algo muy personal? Las fechas más importantes en mi vida en preparación al sacerdocio se dieron en fechas marianas: recibí el uniforme para el noviciado un 15 de septiembre, día de la Virgen de los Dolores; hice mi primera profesión de votos un 15 de agosto, día de la Asunción de María; mi profesión perpetua fue en el mes de octubre, mes del Rosario; mi ordenación sacerdotal fue el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. ¿Verdad que es descarado el amor de María?

Les invito a leer una vez más el texto de San Bernardo; lentamente, con calma. Mientras escuchan todo lo que María es capaz de hacer, denle las gracias y pídanle que nunca les deje solos. Que como a Cristo camino del Calvario (y Mel Gibson lo pintó bellísimamente en esa conmovedora escena de su película “La Pasión”) Ella también les acompañe en los claroscuros de su vida: que ría con ustedes en los momentos alegres y llore con ustedes en los tristes. Aunque, créanmelo, incluso si no se lo pidiesen, Ella lo haría…

¿A que ahora la oración parece un poco más sencilla? Es lo mismo que le digo yo a Renato con el tema de las computadoras. Cuando viene él, todo parece muy sencillo… pues él es el especialista. Como María lo es en la oración.

Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C.

MANUEL MURILLO GARCIA
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Escazú, San José: ” La Linda”, una imagen llena de leyendas

Textos:

Mynor Esquivel

Sergio Barrantes

Fotografías:

Carlos Blandon ( QdDg)

Anthony Carvajal

José Arce

Luis Flores

Rodrigo Solis

Cofradía de los Costaleros Nuestra Señora de los Dolores

 

Conocida en Escazú como “ La Linda “, no-solo por la belleza de su rostro que asemeja una persona que sostiene por muy dentro su dolor, quien tiene una fortaleza dada por un Ser Supremo y que es prudente – con su expresión – pues sabe que lo que sucede es por Mandato Divino, comento Junco

“Esta imagen es la única en Costa Rica que tiene un palio- que lleva impreso el Escudo de Costa Rica – y este da el significado de Majestad, de Madre y Reina Universal. A su vez, va adornada por 72 cirios que suponen la edad en la que Maria Virgen subió asunta al cielo, entre sus manos un corazón que expresa los siete dolores de Ella  sufrió como Madre del Universo “, agrego.

Esta imagen fue tallada por Antonio Moraga a finales del Siglo XIX, principios del XX en Antigua Guatemala y tomo como modelo – a lo mismo que mucho imaginero costarricense a una persona – y ella fue Leocadia Figueroa quien perdió a su hija semanas antes.  Por eso su dolor expresivo y sentido, manifiestan los naturales de este cantón.

en Sábado Santo en la tarde- rememora el caminar en silencio de Nuestra Virgen Maria “Reina Universal” junto a San Juan Evangelista, con ese dolor sublimado,  aunque fortalecido por Dios. Ella camina recordando cada paso dado por su hijo a lo largo de sus treinta y tres años de vida.

Tal y como dice Martín Valverde, canta autor costarricense, con esa visión sacramental de la realidad, en el tema inédito argentino “El Diario de Maria”, la Virgen medita sobre los momentos en que nació su unigénito, la huida a Egipto, los instantes en que lo acunaba y se dormía en sus brazos o el momento en que Simeón le dijo que una espada atravesaría su corazón Cuando le miraba rezar y jugaba junto a Él quien años después ofrendaría  su vida para la redención de los pecados del mundo.

Ella – también en su peregrinar – recuerda cuando le miraba estando crucificado en ese madero y los pasajes cuando aquel pequeño se perdió en el Templo y luego de varios días de búsqueda le encontró entre los Sumos Sacerdotes y le contesto a Ella y José, su padre terrenal: “Porque me buscan no ven que me ocupo de los asuntos de Dios, de los asuntos de mi Padre”.

Luego en su silencio también pensaba en aquella boda cuando siendo ya un hombre, Ella le pidió más vino y Él contesta “Madre aun no ha llegado mi hora”, sin embargo, hizo con ello, su primer milagro.

También la Santísima Madre recuerda los momentos en que su hijo lloró en silencio la muerte de un amigo, cuando dio de comer a un millar de gentes, la vez que camino entre las aguas, su transfiguración, y sus reuniones con pobres, ancianos y enfermos a quienes miraba de frente y predicaba su palabra, la palabra de Dios, su Padre.

Ella también ha de rememorar con dolor profundo – la tarde anterior ( Viernes Santo) – mientras el cielo estaba nublado y pedía – con amor de Madre – a Jesús, su hijo que durmiera – que pronto descansara – en los brazos de su Padre Eterno, quien una vez le anuncio que sería la Bienaventurada y Ella dijo “He Aquí Tu Sierva. He Aquí Tu Esclava”.

La forma de vestir la imagen de la Virgen para este día es similar a la Procesión del Santo Entierro salvo que este día lleva un pañuelo blanco en sus manos y en vez del resplandor, una Corona Imperial y sobre su cabeza, un palio, en señal de respeto a una Reina.

 


Escazú, San José, Costa Rica: Cofradía de los Costaleros Nuestra Señora de los Dolores

Parroquia San Miguel de Escazú, San José – Costa Rica

 

Fotografías:

Carlos Blandon ( QdDg)

Anthony Carvajal

José Arce

Luis Flores

Rodrigo Solis

Cofradía de los Costaleros Nuestra Señora de los Dolores

 

La primera Semana Santa que el padre Walter Howell (q.d.D.g) pasó en la Parroquia de San Miguel Arcángel, en Escazú, lo que hizo fue observar. Al siguiente del domingo de Resurrección, convocó a todos los involucrados en las diferentes actividades, hizo observaciones y empezó a organizar la del año siguiente. Así ha sido desde 1983.

 

“Para ser una parroquia que data de 1799, las procesiones eran muy sencillas, muy poca gente”, recuerda el sacerdote. Desde entonces, la Semana Mayor en la parroquia de Escazú Centro es cosa seria: hay una comisión de actividades y varias cofradías, cada una con funciones específicas.”La palabra cofradía viene de cofrade [cum fráter], que significa hacerse hermano de otro en un fin en común”, agregó Howell.1

 

El Padre Walter fue un ferviente luchador por fomentar la fe y el amor a Jesucristo por medio de las expresiones de la religiosidad popular y tradiciones. Es por ello que decidió lucir las imágenes de la Parroquia y algunas de las suyas propias en andas que las hicieran ver muy elegantes.

En los primeros años la imagen era llevada por piadosas mujeres de la comunidad que participaban en las multitudinarias procesiones, que venían desde Barrio Corazón de Jesús, Bello Horizonte, San Rafael y en alguna ocasión desde Guachipelín.

Aún cuando la religiosidad y el fervor de las mujeres les daban la fuerza para llevar en sus hombros la pesada anda, el largo recorrido y el cansancio hacían que se solicitara la colaboración de hombres para llegar al Templo.
Por esta razón, durante más de dos décadas el grupo ha estado formado por varones de todas las edades que encuentran en esta muestra de fervor acercarse para dar gracias y ofrecer sus fuerzas por los favores que soliciten a Nuestro Señor por la intercesión de su Santísima Madre.

En la actualidad son aproximadamente sesenta miembros los que forman parte del grupo, desde niños, jóvenes y adultos, así como madres, hermanas, novias y esposas de cada uno de ellos apoyando en distintas actividades para recaudar dinero para los gastos propios de la Cofradía como la confección de sotanas, reparación y decoración del anda, restauración de la imagen y la elaboración de sus vestidos y corona.

Cada 15 de Setiembre, la Cofradía celebra la fiesta en honor a la Virgen de los Dolores a manera de agradecimiento por los favores recibidos durante el año.

1. Tomado de “La procesión va por fuera” de La Nación Digital.
2. Texto por R. Vindas e información brindada por Edgar Montoya, Colaboración D-J B 2012

 

 


MARÍA HA SUBIDO AL CIELO EN CUERPO Y ALMA: Ahí nos espera; en ninguna otra parte, con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la gloria.

Manuel Murillo Garcia

 Fotografia:  Mario Noriega
El triunfo de María es también el triunfo de sus hijos. María ha subido al cielo en cuerpo y alma para decirnos que un día estaremos con Ella, de manera semejante. Ahí nos espera; en ninguna otra parte, con los brazos abiertos para abrirnos la puerta de la gloria.


La mujer que podemos definir como Amor vivió en este mundo sólo amando: amando a Dios, a su Hijo Jesús desde que lo llevaba en su seno hasta que lo tuvo en brazos desclavado de la cruz. Amó a su querido esposo san José, y amó a todos y cada uno de sus hijos desde que Jesús la proclamó madre de todos ellos.

Desde su asunción a los cielos ha seguido amando durante dos mil años a Dios y a los hombres: Es un amor muy largo y profundo. Y apenas ha comenzado la eternidad de su amor.

Dentro de ese océano de ternura que es el Corazón de María estamos tú y yo para alegrarnos infinitamente. Desde el cielo una Madre nos ama con singular predilección. La fe en este amor debe llenar nuestra vida de alegría, de paz y de esperanza.

Dios adelantó el reloj de la eternidad para que María pudiese inaugurar con su hijo nuestra eternidad. Mientras nosotros esperamos, Ella goza de Dios con su cuerpo inmaculado, el que fue cuna de Jesús durante nueve meses.

El cuerpo en el que Dios habitó es digno de todo respeto. Está eternizado en el cielo, incorrupto, feliz como estará un día el nuestro. El cuerpo que vivirá eternamente en el cielo es digno de todo respeto. No se debe degradar lo que será tan dignamente tratado. Pasará por la corrupción, pero sólo para resucitar en nueva espiga y nuevo cuerpo inmortal, incorrupto, puro y santo.

“Voy a prepararos un lugar”: Así hablaba Jesús a los apóstoles con emoción contenida. Personalmente se encargaría de tener listo ese lugar. Pero sabemos quién le ayudaría cariñosamente a preparar dicho lugar: María Santísima. Ella le ayudó -y de qué manera tan eficaz- en sus primeros pasos a la Iglesia militante. Ella sigue ayudando con su amorosa intercesión a la Iglesia purgante y, de manera muy particular, a preparar la definitiva estancia a la Iglesia triunfante.

Podremos estar seguros de ver un ramo de flores con una tarjeta y nuestro nombre: Hijo, hija, cuánto me costaste. Pero ya estás aquí. También habrá un crucifijo con esta leyenda: “Te amé y me entregué a la muerte por ti”. Jesús. Habrá un ramo de almendro florido colocado por Jesús de parte de María.

El premio de los justos es el cielo, la felicidad eterna. Poco lo pensamos. Mucho lo ponemos en peligro. “Alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo”. Sabremos entonces por qué decía Jesús estas solemnes palabras, cuando veamos con los ojos extasiados lo que ha preparado Dios a sus hijos. Si les dio su sangre y su vida, ¿no les iba a dar el cielo?

Pero aquí andamos distraídos, perdidos, olvidados, comiendo los frutos agraces del pecado que pudre la sangre y envenena el alma. Cuantas veces emprendimos el camino del infierno. Tantas otras una mano cariñosa y firme nos hizo volver al camino del cielo. Pensamos en todo menos en los mejor y lo más hermoso. ¡Pobres ignorantes, ingratos, desconsiderados!

El cielo es cielo por Dios y María. Al fin nos encontraremos cara a cara con los dos más grandes amores de nuestra vida. Entonces sabremos lo que es estar locamente enamorados y para siempre de las personas más dignas de ser amadas. Enamorados de Dios, en un éxtasis eterno de amor: amados por el Amor Infinito, la Bondad Infinita. Ahí comprenderemos los misterios del amor aquí muy poco comprendidos. Volveremos a Belén a amar infinitamente, eternamente a aquel Dios hecho niño por nosotros. Volveremos a la fuente de Nazareth donde Jesús llenó el cántaro de María tantas veces. Volveremos al Cenáculo a quedar de rodillas y extasiados ante la institución de la Eucaristía, y comprenderemos las palabras del evangelista Juan: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.

Volveremos al Calvario y querremos quedarnos allí mucho, mucho tiempo, siglos para contemplar con el corazón en llamas el amor más grande, la ternura más delicada, y comprenderemos cada uno lo que Pablo decía: “Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo”. Pediremos permiso de bajar a la tierra para visitar los Santos lugares no como turistas sino como locamente enamorados.

Al cielo subió la Puerta del cielo. Sueño en ese momento en que tocaré a la puerta. Y saldrá a abrirme con los brazos abiertos y una sonrisa celestial María Santísima. Tendré que sostenerme para no morir otra vez, pero de puro gozo al ver sus ojos de cielo, su rostro bellísimo, su amor increíble pero real.

María es la mujer más triunfadora. La humilde esclava del Señor ha logrado lo que ninguna mujer famosa ha conseguido. Eligió como meta cumplir la voluntad de Dios; como motivación el amor. El Premio: La Asunción los cielos en cuerpo y alma. Así nos enseña de forma contundente la mejor forma de vivir.

Autor: P. Mariano de Blas LC.

MANUEL MURILLO GARCIA
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La Dorrmicion o transito de Maria Virgen

Ramiro González Cougil

 Fotos: Juan Pablo Rodriguez

La fiesta de la Asunción de la Virgen María, que celebramos el próximo día 15, es la ‘Pascua’ de la Virgen. Caracteriza el verano de los cristianos, como la ‘Pascua’ de Cristo ilumina el comienzo de la primavera. Lo que los cristianos celebramos en esta fiesta, es el misterio que culmina la vida de la Virgen y testifica su destino final: María ha alcanzado ya la meta, al ser llevada en cuerpo y alma, de modo glorioso, a la felicidad del cielo. Para ella ya es plena realidad la meta definitiva en la que Dios vive y a la que todos los bautizados nos encaminamos. Ella, por privilegio, nos ha precedido configurándose plenamente con su Hijo muerto y resucitado. Éste es su final eterno.

Pero, alguien dirá: ‘¡Qué enorme alegría para ella, pero qué envidia sana experimentamos los humanos! Y nosotros ¿qué?’…. Destaquemos que la Asunción de la Virgen no es un privilegio que la aísla de todos los humanos, sino un acontecimiento que la une más a Cristo, su Hijo y Redentor de los hombres, a la Iglesia y a toda la humanidad. La Asunción de la Virgen -nos dice Pablo VI- es ‘una fiesta que propone a la Iglesia y a la humanidad la imagen y el documento consolador de la verificación de la esperanza final ya que esta glorificación plena es también el destino de aquellos que Cristo ha hecho hermanos teniendo en común con ellos la carne y la sangre’. El Papa destaca que: la Virgen, llena de gloria en cuerpo y alma en el cielo, es la garantía de que Dios cumple sus promesas; el destino glorioso de la Virgen cumplido ya, es también el de los que vivimos en Cristo, pues quienes hemos participado en la pasión y muerte del Hijo de Dios (por la fe y el Bautismo), participaremos también de su resurrección. ‘Es doctrina segura’-dirá Pablo.

Los cristianos orientales bizantinos son los que más solemnemente celebran esta fiesta. Para ellos comienza la preparación (la ‘Cuaresma’ de la Virgen) el primero de Agosto, el 15 se celebra la solemnidad (la ‘Dormición’ de la Virgen) y se prolonga en una octava hasta el día 23. Para ellos agosto es su mes mariano por excelencia.

La Iglesia celebra con fe la ‘Dormición’ de María (los orientales no hablan de muerte sino de ‘Koímisis’, sueño en la paz) en este mundo y su ser llevada rasgando el cielo para entrar en la felicidad gloriosa de Dios. Para los cristianos que por gracia de Dios creemos, esta fiesta se llena del contenido expresado por Pío XII en la bula de la proclamación del dogma revelado: ‘…que la inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, al término de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste’. Y en esto María es figura, imagen, ‘documento’ y primicia de lo que toda la Iglesia desea y espera ser. Toda la liturgia del 15 de agosto así lo confirma.