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San José,Costa Rica: Virgen del Monte Carmelo e historia de su templo

Mynor Alberto Esquivel

Sergio Barrantes

Fotografía: Mynor Esquivel

A lo largo de su destino, la Virgen realiza todo lo que la iglesia realizará mas tarde. Antes de que la iglesia apareciese, María es Santa e Inmaculada. Antes que la iglesia,  María se une a Cristo, forma con Él un solo cuerpo, una sola vida, un solo amor.

La efigie de la Santa Patrona de la Parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo es una de las más atractivas obras de arte que existen en el país tanto por la estética de su talle como por su altar, el cual es considerado como uno de los mejor tratados en lo que a escultura en madera se refiere.

Breve Historia del Monte Carmelo:

Según el escrito Homilía Diaria de Juan Schenk, el pueblo de Israel había vuelto a pecar. Dios envió a Elías para castigarlos este profeta, en cuyo corazón y labios ardía el fuego del culto al verdadero Dios cerró el cielo con el poder de su oración. Tres años y medio sin caer una gota de agua sobre la tierra. Arrepentidos vuelve Elías a interceder por ellos, y el Señor escucha su oración. Elías sube a la cumbre del Monte Carmelo. Se postra en tierra y ora con fervor. Manda a su criado que mire hacia el mar. Sube y mira  No hay nada. Vuelve a subir hasta siete veces. A la séptima  divisase una nubecilla pequeña como la palma de la mano de un hombre, la cual sube del mar y, en breve tiempo el cielo se cubrió de nubes con viento y cayó una gran lluvia.

“Algunos autores,  sobre todo a partir del siglo XIX, vieron en esta nube en figura o tipo bíblicos a la Virgen Inmaculada, mediadora Universal. La iglesia así lo ha aceptado en su liturgia. La simbólica interpretación de la nubecilla que no es mas que una hermosa figura para significar a la humilde y pura Virgen María como mediadora Universal de todas las gracias por su divina maternidad corredentora, influyó en aumentar el profundo marianismo que impregnó desde sus orígenes la historia, liturgia y espiritualidad del Carmelo”, agrega el autor.

Poco después del Concilio de Calcedonia (Año 451) en el Monte Carmelo se establecieron unos ermitaños que eran llamados carmelitas. Ante la invasión de los sarracenos, muchos de estos ermitaños junto con colonos, mercaderes y cruzados europeos se trasladaron a Occidente: Chipre, Sicilia, Francia, Inglaterra fueron los lugares de acogida; las primeras fundaciones se realizaron en Chipre, Mecina, Marsella, Hulne y Aylesford. En Europa los ermitaños de Santa María del Monte Carmelo no se adaptaban fácilmente. El ambiente socio-eclesiástico les era hostil; proliferaban y se imponían las órdenes mendicantes. Se planteó la alternativa: adaptarse al estilo mendicante o seguir el eremitismo arriesgando la impopularidad. Hubo partidarios de ambas orientaciones. Por iniciativa de los fautores de la adaptación cuyo jefe era,  según la tradición,  San Simón Stcok, se enviaron delegados al Concilio de Lyón ( 1245), para solicitar la revisión de la regla. Por Carta Apostólica del Papa Inocencio IV ( 1247), se les daba opción a fundar en los poblados, a instituir repertorio común y a la mitigación de la abstinencia de Cardes y del silencio.

Con estos retoques importantes los ermitaños se abrieron camino. En la segunda mitad del siglo XIII las fundaciones eran ya numerosas, también en los centros escolásticos: Cambridge ( 1247), Oxford ( 1253), Paris ( 1259), Bolonia ( 1260). En España entraron por el reino de Aragón: Huesca, Perpiñan, Lérida (antes de 1276), Sangüesa ( 1274), Valencia ( 1281), Zaragoza ( 1291), Barcelona y Gerona ( 1292), Perelada ( 1293).

Sin embargo, la nueva orientación no logro extinguir las reacciones de eremitismo. El general Nicolás, el francés, defensor impetuoso del desierto, optó por enunciar a su cargo, no sin haber escrito su “Ígnea Sagita” contra los innovadores en 1271.También, su sucesor Radulfo, de nacionalidad alemana, renunció y se retiró a Hunle. El gobierno de Pedro Millau (1275-1291) fue decisivo: Bajo su régimen el Carmelo se extendió por todos los países y se adoptó definitivamente a la vida mendicante. Las capas barradas fueron sustituidas por las blancas en el capitulo de Montfellier (1287). El capitulo de Tréveris quitó el derecho de voto a los hermanos; señal de que los clérigos formaban ya mayoría. En el mismo año, los mamelucos subieron al Monte Carmelo, degollaron a todos los monjes y quemaron su monasterio. Fue un golpe moral profundo. Las raíces orientales quedaban secas. Se abrió definitivamente la época europea del Carmelo.

Mas adelante, el 26 de abril de 1379 el Papa Urbano VI concedía tres años y tres cuarentenas de indulgencia a cuantos llamaran a aquellos monjes: Hermanos de la Bienaventurada Virgen Maria del Carmelo.

El origen del escapulario carmelitano esta relacionado íntimamente con San Simón Stcok. Según rezan las antiguas crónicas se le apareció la Santísima Virgen acompañada de una multitud de ángeles llevando en sus manos benditas el escapulario de la orden y diciendo estas palabras: Este será privilegio para ti y todos los carmelitas, quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriese se salvará.

A reunirse el capitulo general de la Orden de 1609 se propuso a todos los capitulares que eligiesen la festividad que deseaban tener como titular o patronal de la Orden, saliendo elegida la Fiesta de la Virgen del Carmen.

España obtuvo del Pontífice,  Clemente X, en 1674, el permiso para celebrar esta festividad en todos los domingos de la corona. A esta petición siguieron otras muchas, hasta que el 24 de septiembre de 1726 el Santo Padre, Benedicto XIII la extendía a toda la cristiandad.

La idea dominante de esta conmemoración no es otra que la acción de María como mediadora de todas las gracias. Por ello, se considera que en este día se debe reflexionar, en modo principal acerca de la relación existente entre María y la Iglesia.

María y la Iglesia.

Según Juan Schenk: A lo largo de su destino, la Virgen realiza todo lo que la iglesia realizará mas tarde. Antes de que la iglesia apareciese, María es Santa e Inmaculada. Antes que la iglesia,  María se une a Cristo, forma con Él un solo cuerpo, una sola vida, un solo amor. Antes que la iglesia María se une a sus sufrimientos y coopera en su redención. Antes que la Iglesia, finalmente resucita con Cristo.

Y, sin embargo, todas estas anticipaciones no son extrañas a la vida de la iglesia, pues en María es la iglesia quien inicia su vida oculta. Del mismo modo se podría decir que en María la Iglesia comienza a ser Santa e Inmaculada, a incorporarse a Cristo, a participar de sus misterios y a resucitar con Él. En esta perspectiva, María se manifiesta como el primer miembro de la iglesia, aquel en el que la iglesia cumple de la manera más perfecta y por adelantado su esencia mas profunda la más inalienable, que es la Comunión con Cristo.

María aparece como la cima en la que la iglesia cumple su perfección, como su edad de oro, inicial y final: La edad de oro inicial es aquella en la que María constituye por si sola la iglesia para acoger a Cristo sobre la tierra, por la fe y vivir con Él en caridad; la edad de oro final es la resurrección, la consumación hacia la cual tiende la iglesia militante y que la Virgen ha alcanzado ya personalmente. Cuanto más edad de oro final, que será la parusía, y tanto mas descubre en su origen esta perfección de santidad y, antes que nada, esa perfección de gloria que es el misterio de María. Cuanto mas clara visión tiene la iglesia de sus limites e imperfecciones de su condición laboriosa y cuanto mas ve en María su ideal y su modelo, tanto mas la ensalza como imagen  y programa de su propia perfección y, en fin, tanto mejor descubre el valor de su asistencia cotidiana basada en que ella es mediadora universal de todo cuanto de Cristo llega.

En cuanto la iglesia es vida de la fe y de la caridad, la regeneración espiritual de la humanidad por gracia de la interiorización y de la irradiación del Espíritu Santo; En cuanto es comunión mística con Cristo, es decir, en tanto en cuando se distingue de Él recibiéndolo todo de Él y viviendo en Él esta vida que no pasará. La iglesia recibe todo eso de Cristo por mediación de María.

En la misma medida en que la iglesia es una sociedad interior, celeste, espiritual, que tiene por objeto comunicar visiblemente con Cristo, se ha de reconocer en ella a la Virgen María. No estará mal que en este día en que realizamos la celebración de una memoria de Maria Virgen, reafirmemos nuestra devoción a la Señora sobre la base objetiva de que entre ella y nosotros existen unas relaciones reales que permiten  no-solo llamarla Mater con toda propiedad sino también, acercarnos a Ella con toda confianza y procurando reavivar en el hombre el convencimiento de que nuestras pobres vidas se hallan necesitadas de su calor y de su maternal protección en todos los instantes.

Cuando inexplicablemente son muchos los cristianos que parecen que se avergüenzan de amar a María, se debe reacción en contra de esta tendencia basados en el convencimiento de que si se logra llevar al interior del hombre el amor y la confianza filial en María, una nueva alegría y un nuevo sentido cobrará la vida.

El Templo en San José:

Según la obra: El  patrimonio histórico arquitectónico y desarrollo urbano del distrito El Carmen de la ciudad de San José ( 1850-1930), autoría de Gerardo Vargas y Carlos Zamora, un 28 de diciembre de 1830 las hermanas Jerónima y María Concepción Quirós y Castro, fieles devotas de la Virgen del Carmen, donaron el terreno donde hoy, día se localiza la iglesia de mismo nombre y que había sido recibido a su vez, en 1827, como herencia de su padre Juan Manuel Quirós; el objetivo de la donación fue para que allí se edificase un nuevo oratorio a la Virgen.

Este hecho – añade el escrito – determinaría años después el traslado del antiguo oratorio del Carmen que estuvo situado en la esquina suroeste del actual Banco Popular y que fue destruido en 1841 por un terremoto, mientras que en 1845, se había construido una ermita dedicada a esta advocación en su actual sitio, con lo que empezó a tomar fuerza la consolidación de ese sector habitacional de la capital. Asimismo, el entorno del oratorio presentaba un poblamiento semi-rural, con algunos terrenos de café, caña de azúcar o simples baldíos.

La primera capilla edificada en adobe, presentaba un aspecto sumamente sencillo en su estilo y método constructivo “Fue descrita por el viajero Thomas Francis Meagher, en 1858,  dice a raíz de su paso por la capital, de la siguiente: Era un edifico modesto, tristemente casto y humilde. Paredes de adobe, techos de tejas coloradas y ordinarias, pisos de tierra apisonada, llena de grietas y cascajo, torres que solo parecen esqueletos de campanarios, nada podría ser más pobre”“ Sin embargo, en la Semana Santa – agrega el viajero – ofrece un aspecto brillante. Toda su pobreza y fealdad, toda su sencillez e insípida tristeza, todas sus miserias silenciosas se diría que se desvanecen. Se hace calurosa, aromática, florida. La desnudez de las paredes   desparece detrás de los encajes, las sedas y los follajes. Palmeras suplantan, por decirlo así, los troncos estériles que sostienen los techos”

“El comentario de Meagher, a la vez, que permite conocer las características y simplicidad de la Iglesia del Carmen, pone en contacto con aspectos de costumbre que dan testimonio del aprecio de la población por engalanar el templo en épocas festivas”, relatan los investigadores.

Además, prosiguen con las reseñas de la misma época donde data una de las más importantes tradiciones  de religiosidad popular de la capital. Esta tiene que ver con la devoción a la imagen del Dulce Nombre de Jesús, una de las efigies religiosas más antiguas que aun conserva la iglesia y que posee un amplio valor histórico-religioso.

En las décadas de 1860 y 1870, continúa el libro,  la iglesia del Carmen sufrió un proceso de demolición y construcción que concluyó con un nuevo edificio, bendecido formalmente el 15 de julio de 1874. En este inmueble religioso se utilizó piedra extraída del potrero de Pavas como material principal para las fundiciones y la erección de los muros (de aproximadamente un metro de espesor), que conforman el cuerpo principal del edificio. Igualmente se utilizo tierra extraída de uno de los paredones localizados al este de la Fabrica de Licores para hacerlos ladrillos, los cuales fueron empleados en los acabados y la fachada principal de la iglesia. Debido a los escasos fondos para erigir la iglesia, el avance de las obras fue lento; se tuvo que recurrir a la recolección de limosnas, casa por casa, llevando en peregrinación la imagen de la Virgen del Carmen. Era tal el interés – destacan – por la conclusión de la nueva iglesia que el mismo gobierno destinó el 6% de los fondos píos para ese fin.

“Un hecho de vital importancia en el desarrollo del Barrio El Carmen fue el otorgamiento en 1881, del rango de Parroquia a esta iglesia,  por parte de Mons. Bernardo Augusto Thiel Hoffmann; cuando en esa fecha las autoridades altas religiosas del país decidieron dividir el Curato de San José en dos parroquias: La de Nuestra Señora de La Mercedy la de Nuestra Señora del Carmen. Como justificación para esta división se argumentó problemas de índole administrativo, derivados de lo extenso del territorio y del crecimiento paulatino de habitantes”, destaca la publicación del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes MCJD.

La Imagen:

Esta pieza es de talla guatemalteca y data de finales del Siglo XIX, es policromada y de vestir mejor conservadas.  La cabeza tiene peluca de cabello artificial. Su rostro es ovalado, la nariz finamente ejecutada en perfil recto, sus ojos son de vidrio en color café claro, los párpados están bien definidos. La depresión entre la nariz y los labios están claramente marcados. El cuello es cilíndrico. Las manos están tratadas con esmero y dedicación


Encontrarse con Cristo Resucitado desde le corazón de María ¿Qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿cuál era su experiencia interior?

Manuel Murillo Garcia

Los seres humanos tenemos capacidad de sintonizar con los sentimientos de otra persona, penetrarlos y hasta cierto punto apropiarlos. Podemos ponernos en el lugar del otro, comprender sus emociones y sentimientos y sentir juntamente con él.


Es posible conectar con el otro y participar de su experiencia interior. Esto abre un mundo maravilloso en la vida de oración. Con la ayuda de la gracia, es un modo de hacer oración contemplativa.

Ciertamente la empatía tiene sus límites, pues la experiencia personal será siempre personal; las vivencias de cada uno serán siempre propias y únicas.

¿En qué consiste esta “oración por empatía”?

Por ejemplo, en este tiempo litúrgico, consiste en centrar nuestra atención en la Virgen María y tratar de sintonizar con los sentimientos de María durante la pasión, muerte y resurrección de Jesús. He empleado esta modalidad de oración durante el triduo pascual y lo sigo aplicando ahora en la pascua. Me está ayudando mucho.

Tratar de meterse al corazón de la Madre de Jesús y Madre nuestra mientras en silencio y soledad acompaña a su Hijo en cada momento de su pasión y en su resurrección. Algunas preguntas que ayudan: ¿qué sentía María en esos momentos? ¿qué pensaba? ¿qué recuerdos le venían a la memoria? ¿qué le decía a Jesús? ¿qué escuchaba? ¿cuáles eran sus actitudes? ¿cuál era su experiencia interior?

Detenerse en cada paso, sin prisa. Un día se puede tomar una escena, otro día otra. O permanecer durante varios días en la que más ayude a cada uno. Este modo de orar supone un fuerte cultivo de la capacidad de escucha.

Se trata de contemplar y sentir profundo

No hacen falta muchos pensamientos, se trata de contemplar y sentir profundo, identificándose con la oración de María: durante la última cena, durante la oración en el huerto, cuando fue apresado, cuando estaba en la cárcel, cuando fue condenado a muerte, cuando subía el Calvario con la cruz a cuestas, cuando fue crucificado, durante su agonía, cuando expiró, cuando resucitó, cuando encontró a María en el huerto, cuando se apareció a los suyos…

Gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de María

Desde el Sábado Santo me ha ayudado mucho gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre.

En la resurrección de Jesús confluyen:

  • ·  El amor del Padre que lleno de conmoción vio morir a su Hijo diciendo: “Todo está cumplido” (Jn 19,30), “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,45). Con la Resurrección, el Padre respondió a la súplica de Jesús en el huerto: ¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mi este cáliz (Mc 14,36).
  • ·  El poder del Espíritu de amor que hace nuevas todas las cosas (Ap 21,5)
  • ·  La pasión de amor de Cristo por el hombre que quiere permanecer siempre a su lado: “Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los tiempos.” (Mt 28,20)Y María participa en la Resurrección de Cristo con su dolor y su esperanzaCon la muerte de Jesús parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Aquella fe nunca dejó de faltar completamente, sobre todo en el corazón de la Virgen María, la Madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. (Benedicto XVI, 8 de abril de 2012) y a través de la experiencia transformante de la Pascua de su Hijo, se convierte en Madre de la Iglesia, o sea, de cada uno de los creyentes y de toda la comunidad. (Benedicto XVI, Regina Coeli, 9 de abril 2012)

    ¡Qué fácil es gozar con Cristo Resucitado desde el corazón de su Madre mientras le contempla vivo y glorioso!

    Oración

    Madre:
    Mientras el sábado santo se libraba el combate entre la Luz y las tinieblas,
    el Espíritu Consolador invadía tu corazón, aliviando tu dolor,
    el Padre terminaba su obra maestra: Cristo Resucitado,
    y tú en silenciosa espera…
    ¡Cuánto aprendo de tu silencio sonoro!
    Gracias, Madre, por permitirme entrar en el jardín de tu alma y acompañarte en tu dolor.
    No me cabe la menor duda de que fuiste tú la primera a quien buscó Jesús resucitado.

    ¿Qué pasó en tu corazón cuando al tercer día brilló el Sol Naciente con toda su gloria?
    ¿Cómo celebraron juntos aquél momento? Me imagino lo que sentiste.

    Déjame ver con tu mirada el rostro de tu Hijo Resucitado,
    alegrarme y regocijarme en Él como tú lo hiciste.

    A ti te constituyó en Madre de la Iglesia,
    que a mí me conceda resucitar con Él;
    que me haga un hombre nuevo,
    que piense en las cosas de arriba,
    y las busque por encima de todo
    Amen

Autor: P Evaristo Sada LC.


Devoción a la Divina Misericordia

Esta nota trae el video tape sobre la Coronilla de la Divina Misericordia cantada

 

Una devoción especial se comenzó a esparcir por el mundo entero a partir del diario de una joven monja polaca en 1930. El mensaje no es nada nuevo, pero nos recuerda lo que la Iglesia siempre ha enseñado por medio de las Sagradas Escrituras y la tradición: que Dios es misericordioso y que perdona y que nosotros también debemos ser misericordiosos y debemos perdonar. Pero en la devoción a la Divina Misericordia este mensaje toma un enfoque poderoso que llama a las personas a un entendimiento más profundo sobre el Amor ilimitado de Dios y la disponibilidad de este Amor a todos – especialmente a los más pecadores.El mensaje y la devoción a Jesús como la Divina Misericordia esta basada en los escritos de la Santa María Faustina Kowalska, una monja polaca sin educación básica que, en obediencia a su director espiritual, escribió un diario de alrededor de 600 páginas que relatan las revelaciones que ella recibió sobre la Misericordia de Dios. Aún antes de su muerte en 1938 se comenzó a esparcir la devoción a la Divina Misericordia.

 

 

El mensaje de Misericordia es que Dios nos Ama – a todos- no importa cuan grande sean nuestras faltas. Él quiere que reconozcamos que Su Misericordia es más grande que nuestros pecados, para que nos acerquemos a Él con confianza, para que recibamos su Misericordia y la dejemos derramar sobre otros. De tal manera de que todos participemos de Su Gozo. Es un mensaje que podemos recordar tan fácilmente como un ABC.A — Pide su Misericordia. Dios quiere que nos acerquemos a Él por medio de la oración constante, arrepentidos de nuestros pecados y pidiéndole que derrame Su Misericordia sobre nosotros y sobre el mundo enteroB — Sé misericordioso – Dios quiere que recibamos Su Misericordia y que por medio de nosotros se derrame sobre los demásC — Confía completamente en Jesús – Dios nos deja saber que las gracias de su Misericordia dependen de nuestra confianza. Mientras más confiemos en Jesús, más recibiremos.

La Devoción a la Divina Misericordia
Tener devoción a la Divina Misericordia requiere de una total entrega a Dios como Misericordia. Es una decisión que comprende en confiar completamente en Él, en aceptar su Misericordia con acción de gracias y de ser misericordioso como Él es Misericordioso.

Las prácticas devocionales propuestas en el diario de la Santa Faustina están en completo acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y su raíz están firmemente en los Mensajes de los Evangelios de nuestro Señor Misericordioso. Estos propiamente comprendidos e implementados nos ayudan a crecer como genuinos seguidores de Cristo.

Corazón Misericordioso
Existen dos versos de las Escrituras que debemos tener en cuenta mientras nos involucramos en estas prácticas devocionales.

1. “Ese pueblo se me ha allegado con su boca, y me han honrado con sus labios mientras que si corazón está lejos de mí.” (Is 29:13);
2. Bienaventurados los misericordiosos por que ellos alcanzarán misericordia ” (Mt 5:7). Es irónico y hasta espantoso el hecho de que la mayoría de las personas religiosas de los tiempos de Cristo (personas que eran practicantes de su religión y que ansiosamente esperaban la venida del Mesías) no fueron capaces de reconocerlo cuando Él vino.

Los fariseos, a los que Cristo les hablaba en la primera cita del evangelio mencionada anteriormente, eran muy devotos a las oraciones, reglas y rituales de su religión, pero al pasar de los años, estas prácticas externas eran tan importantes por ellas mismas que su verdadero significado se había perdido. Los fariseos efectuaban todos los sacrificios requeridos, decían las oraciones correctas, ayunaban con frecuencia y hablaban constantemente sobre Dios, pero nada de esto había tocado sus corazones. Como resultado no tenían ninguna relación con Dios, ellos no estaban viviendo de la forma que Él quería y no estaban preparados para la venida de Cristo.

Cuando miramos a la imagen de nuestro Salvador Misericordioso, o dejamos lo que estamos haciendo a las tres de la tarde, o rezamos la coronilla de la Divina Misericordia – son estas cosas que nos están llevando más cerca a la verdadera vida sacramental de la Iglesia y dejamos que Cristo transforma nuestros corazones? ¿O solo se han convertido en hábitos religiosos? ¿En nuestras vidas diarias estamos convirtiéndonos más y más en personas de Misericordia? ¿O sólo estamos honrando la Misericordia de Dios con los labios? Viviendo el mensaje de la Misericordia Las prácticas devocionales reveladas a la Santa Faustina nos fueron dadas como “instrumentos de misericordia” por medio de los cuales el amor de Dios es derramado sobre todo el mundo, pero no son suficientes por sí solas. No es suficiente que nosotros colguemos la imagen de la Divina Misericordia en nuestros hogares, que recemos la Coronilla todos los días a las 3 de la tarde, y recibamos la Comunión el domingo después de la pascua. Nosotros debemos mostrarnos misericordiosos con nuestro prójimo. ¡Poner la Misericordia en acción no es una opción de la devoción a la Divina Misericordia sino un requisito!

Nuestro Señor le habla estrictamente de esto a Santa Faustina:

Exijo de ti obras de Misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. (Diario 742).

Así como lo mandan los evangelios “Sean Misericordiosos así como su Padre en el Cielo es Misericordioso, ” piden que seamos misericordiosos con nuestro prójimo “siempre y en todo lugar” parece imposible de cumplir pero el Señor asegura que es posible. ” Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. ” (Diario 1074)

¿Cómo irradiamos la Misericordia de Dios a nuestro prójimo? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones. “En estas tres formas” Él le dice a Sor Faustina ” está contenida la plenitud de la misericordia” (Diario 742) Todos hemos sido llamados a practicar estas tres formas de misericordia, pero no todos somos llamados de la misma manera. Tenemos que preguntarle al Señor, quien comprende nuestras personalidades individuales y nuestra situación, que nos ayude a reconocer las diversas formas con que podemos poner en práctica Su Misericordia en nuestras vidas diarias.

Pidiendo la Misericordia de nuestro Señor, confiando en su Misericordia, y viviendo como personas misericordiosas nos podemos asegurar que nunca escucharemos decir “Sus corazones están lejos de mí” sino más bien la hermosa promesa de ” Bienaventurados los misericordiosos, ya que ellos obtendrán Misericordia”.

Es nuestro deseo que ustedes continúen leyendo y volviendo a leer la información de esta página de web y que digan las oraciones, y que pongan en práctica lo anteriormente mencionado, de manera que lleguen a confiar completamente en Dios y vivan cada día inmersos en su Amor Misericordioso – cumpliendo de esta forma el mandamiento del Señor “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (Mt 5:16).


La imagen de la Divina Misericordia


1. Introducción general al tema de la Imagen de la Divina Misericordia

 

El culto a la misericordia de Dios a través de la veneración de la imagen de Jesús misericordioso  (conocida como la imagen de la Divina Misericordia)  es una de las nuevas formas de devoción transmitidas por Jesús a Santa Faustina en Polonia en la década de 1930.

 

En su Diario, Santa Faustina nos relata en detalle la historia de esta imagen, así como las revelaciones, promesas y peticiones de Nuestro Señor Jesús en torno a ella; en palabras de Jesús:  “Ofrezco a los hombres  un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias.  Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Ti confío”. 

 

Destacan en el Diario las diversas oportunidades en que Jesús solicita que la imagen sea expuesta y venerada en público:  “Por medio de esta imagen colmaré a las almas de muchas gracias, por eso, que cada alma tenga acceso a ella”.

 

La solicitud de pintar y venerar la imagen se acompaña de la solicitud de la celebración de la “Fiesta de la Divina Misericordia” a realizarse todos los años el domingo siguiente al Domingo de Resurrección:  “Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia.

 

Esta fiesta quedó formalmente instituida por Su Santidad Juan Pablo II en abril del Año Jubilar 2000, con motivo de la canonización de Santa Faustina.

2. Origen de la imagen: un mandato del Señor Jesús

47    22 de febrero de 1931.  Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca.  Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho.  De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido.  En silencio, atentamente miraba al Señor, mi alma estaba llena del temor, pero también de una gran alegría.  Después de un momento, Jesús me dijo:Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Ti confío.  Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y luego en el mundo entero”.

3. Significado de la imagen

 

299  (…)  Una vez, cuando el confesor me mandó preguntar al Señor Jesús por el significado de los dos rayos que están en esta imagen; contesté que sí, que se lo preguntaría al Señor.

 

Durante la oración oí interiormente estas palabras: Los dos rayos significan la Sangre y el Agua.  El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas.  El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (…)

 

Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza.

 

Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.  Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios.  Deseo que el primer domingo después de la Pascua de Resurrección sea la Fiesta de la Misericordia.”


SANTA FAUSTINA KOWALSKA: Apóstol de la Divina Misericordia


Nacida el 25 de agosto de 1905

Muere el 5 de octubre de 1938
Canonizada el 30 de abril del 2000, año jubilar.


Cuando se anunció la pronta canonización de la Beata Faustina nos llenamos de alegría ya que ella es una de las patronas de nuestra comunidad.  Esta religiosa polaca recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia. Providencialmente esta devoción tan necesaria para nuestros tiempos se ha propagado por el mundo entero. Es un milagro de Dios y un compatriota de Santa Faustina ha sido el gran instrumento: Juan Pablo II.

La misericordia de Dios se revela en toda la historia. Adán y Eva, a pesar de su pecado, reciben la promesa de la redención. En Sodoma, en el tiempo de Noe, ante la esclavitud en Egipto, una y otra vez, Dios busca rescatarnos aunque son pocos los que le responden. Pero la misericordia divina se manifiesta en su plenitud en Jesucristo cuyo corazón traspasado es fuente infinita de misericordia. En el siglo XX Jesús visita a Santa Faustina y le muestra Su corazón traspasado del que emanan rayos de luz blanca (el agua del bautismo) y roja (Su Sangre) y le encomienda la misión de dar a conocer Su misericordia a todos los hombres. Ante la pérdida de la fe del siglo XX, el mensaje de la misericordia se hace urgente pues es la única esperanza de la humanidad.


Primeros años de Santa Faustina

Santa Faustina nació en la aldea de Glogoviec, en Swinice Varckie, Polonia, el 25 de agosto de 1905. Fue bautizada dos días después con el nombre de Elena Kowalska, en la Iglesia de San Casimiro. Sus padres tuvieron 8 hijos (Elena es la tercera), a quienes criaron con mucha disciplina, siendo gran ejemplo de vida espiritual. A muy temprana edad, Elena fue llamada a hablar con el cielo. Una indicación de este hecho fue un sueño que ella tuvo a la edad de 5 años. Su madre recuerda que en esa época Elena dijo a su familia. “Yo estuve caminando de la mano de la Madre de Dios en un jardín precioso”. Muchas veces, aún antes de los siete años, la niña se despertaba durante la noche y se sentaba en la cama. Su mamá veía que estaba rezando, y le decía que regresara a dormir o terminaría perdiendo la cabeza. “Oh, no madre”, Elena le contestaba, “mi ángel guardián me debe haber despertado para rezar.” Nos dice Santa Faustina en su diario (#7): “Desde los siete años sentía la suprema llamada de Dios, la gracia de la vocación a la vida consagrada. A los siete años por primera vez oí la voz de Dios en mi alma, es decir, la invitación a una vida más perfecta. Sin embargo, no siempre obedecí la voz de la gracia. No encontré a nadie quien me aclarase esas cosas.” Este evento ocurrió en Vísperas, durante la exposición del Santísimo Sacramento.

Elena tenía aproximadamente 9 años cuando se preparó para recibir los sacramentos de la Confesión y la Comunión en la Iglesia de San Casimiro. Su madre recuerda que antes de dejar la casa en el día de su Primera Comunión, Elena besó las mano de sus padres para demostrar su pena por haberles ofendido. Desde aquél entonces, se confesaba todas las semanas; cada vez rogaba a sus padres perdón, besándoles las manos, siguiendo una costumbre Polaca. Esto lo hacía a pesar de que sus hermanos y hermanas no le imitaban.

Elena ayudaba en la casa con los quehaceres de la cocina, ordeñando las vacas, y cuidando de sus hermanos. Empezó a asistir al Colegio cuando tenía 12 años de edad, debido a que las escuelas en Polonia estaban cerradas durante la ocupación Rusa. Solo pudo completar tres trimestres, cuando en la primavera de 1919, se notificó a todos los estudiantes mayores, que salieran del colegio para dar cabida a los niños menores.

A los 15 años comenzó a trabajar como empleada doméstica y de nuevo sintió muy fuertemente el llamado a la vocación religiosa, pero al presentarle su sentido a sus padres se lo negaron. Varias veces pidió permiso a sus padres para entrar al convento; la misma Santa relata una de estas ocasiones en el diario: “El decimoctavo año de mi vida, insistente pedido a mis padres el permiso para entrar en un convento; una categórica negativa de los padres. Después de esa negativa me entregué a las vanidades de la vida sin hacer caso alguno a la voz de la gracia, aunque mi alma en nada encontraba satisfacción. Las continuas llamadas de la gracia eran para mí un gran tormento, sin embargo intenté apagarlas con distracciones. Evitaba a Dios dentro de mí y con toda mi alma me inclinaba hacia las criaturas, Pero la gracia divina venció en mi alma” (# 8).

Durante ese mismo año tuvo una experiencia que marcó su vida. Fue invitada a una fiesta junto con su hermana Josefina, en el parque de Venecia, en la ciudad de Lodz:“Una vez, junto con una de mis hermanas fuimos a un baile. Cuando todos se divertían mucho, mi alma sufría tormentos interiores. En el momento en que empecé a bailar, de repente vi a Jesús junto a mí. A Jesús martirizado, despojado de sus vestiduras, cubierto de heridas, diciéndome esas palabras: ’¿Hasta cuándo Me harás sufrir, hasta cuándo Me engañarás?’ En aquel momento dejaron de sonar los alegres tonos de la música, desapareció de mis ojos la compañía en que me encontraba, nos quedamos Jesús y yo. Me senté junto a mi querida hermana, disimulando lo que ocurrió en mi alma con un dolor de cabeza. Un momento después abandoné discretamente a la compañía y a mi hermana y fui a la catedral de San Estanislao Kostka. Estaba anocheciendo, había poca gente en la catedral. Sin hacer caso a lo que pasaba alrededor, me postré en cruz delante del Santísimo Sacramento, y pedí al Señor que se dignara hacerme conocer qué había de hacer en adelante.

Entonces oí esas palabras: ’Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un convento.’ Me levanté de la oración, fui a casa y solucioné las cosas necesarias. Como pude, le confesé a mi hermana lo que había ocurrido en mi afina, le dije que me despidiera de mis padres, y con un solo vestido, sin nada más, llegué a Varsovia.” Pidió a la Santísima Virgen que la guiara y le dejara saber donde dirigirse. Así llegó a la Iglesia de Santiago Apóstol en las afueras de Varsovia y, al finalizar las misas, habló con un sacerdote que la envió donde la Sra. Lipzye, una señora muy católica, y se hospedó con ella. Durante su estadía con la familia Lipzye visitó varios conventos pero todas las puertas le fueron cerradas. Pidiéndole al Señor que no la dejara sola, buscaba una respuesta a su oración, pero el Señor quería enseñarle que El siempre responde a nuestras oraciones solo en su tiempo, no en el nuestro.

Santa Faustina se dirigió a las puertas de la Casa Madre de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia en la calle Zytnia, en Varsovia, donde la Madre general la interrogó. Madre Micaela le dijo que fuera a preguntarle al Señor de la casa si Él la aceptaba. Santa Faustina se dirigió a la Capilla y le preguntó al Señor si la aceptaba y escuchó en su corazón: “Yo te acepto; tu estas en mi Corazón”. Ella se dirigió donde la Madre General y le dijo lo que había oído, la Madre repuso, “si el Señor te acepta yo también te acepto, esta es tu casa” (#’s 9 y 10).

La pobreza de Santa Faustina fue su peor obstáculo pues necesitaba recoger dinero para el ajuar. La superiora le sugirió que siguiera trabajando hasta completarlo. Trabajó un año como doméstica para reunir todo el dinero. Durante ese tiempo tuvo muchos retos y obstáculos, pero se mantuvo firme en su decisión, y durante la Octava de Corpus Christi, el 25 de julio de 1925, hizo un voto de castidad perpetua al Señor. Relata la Santa, “Con las palabras sencillas que brotaban del corazón, hice a Dios el voto de castidad perpetua. A partir de aquel momento sentí una mayor intimidad con Dios, mi Esposo. En aquél momento hice una celdita en mi corazón donde siempre me encontraba con Jesús” (#16).

Postulantado

El 2 de agosto de 1925, fiesta de Nuestra Señora de los Ángeles, entró en la Congregación como Postulante. Pocas semanas después de haber entrado tuvo la tentación de irse del convento. Fue en busca de la Madre Superiora y al no encontrarla se fue a su celda. Estando en su cuarto tuvo una visión de Jesús, con su rostro destrozado y cubierto de llagas. Ella le preguntó “¿Jesús quien te ha herido tanto?” Jesús le contestó: “Esto es el dolor que me causarías si te vas de este convento. Es aquí donde te he llamado y no a otro; y tengo preparadas para ti muchas gracias.” Ella comprendió que Dios realmente la quería ahí y a la mañana siguiente confesó a su director espiritual lo que le había ocurrido. Él le confirmó que realmente Dios la quería ahí.

Como Postulante se familiarizó en sus ejercicios espirituales. Fue encargada de la cocina, de limpiar el cuarto de la Madre Barkiewez y de cuidarla durante su enfermedad.

A causa de sus conflictos interiores, su gran fervor espiritual, y el cambio de vida, la salud de Santa Faustina empezó a decaer. Las superioras, alarmadas por el agotamiento que manifestaba, la enviaron a Skolimow, a la casa de descanso, en compañía de dos hermanas.

Entrada al Noviciado y profesión

En los comienzos de 1926, fue enviada al noviciado en Józefów (el lugar de San José) en Cracovia-Lagiewniki, para terminar su Postulantado y el 30 de abril tomó el hábito religioso como novicia y recibió su nombre de Sor María Faustina. Durante la ceremonia le fue revelada la magnitud de sus sufrimientos futuros y a lo que se estaba comprometiendo. Esto duró poco, luego el Señor la llenó de una gran consolación. En este convento de Cracovia-Lagiewniki, Santa Maria Faustina hizo su noviciado, pronunció sus primeros votos y los perpetuos, sirvió como cocinera, jardinera y portera, y pasó los últimos años de su vida terrenal.

En el transcurso de su noviciado un hecho que se conoce mucho es la historia de la escurrida de las papas. Debido a la gran debilidad que sufría, esta tarea se le dificultaba cada día mas, entonces empezó a evadirla, pero al poco tiempo se empezó a notar; la Madre Superiora no comprendía que a pesar de su deseo, Sor Faustina no podía hacerlo por su poca fuerza. Un día, cuando hizo su examen de conciencia se quejó al Señor de su debilidad. Escuchó estas palabras: “Desde hoy tendrás mas facilidad, pues yo te fortaleceré”. A la noche, confiada por lo que el Señor le había prometido, se apresuró a tomar la olla. La levantó con facilidad y la escurrió perfectamente. Cuando levantó la tapa para dejar salir el vapor, en vez de papas, ella vio ramos de rosas, las más hermosas que jamás hubiese visto. Tratando de comprender esta visión escuchó estas palabras: “Yo cambié tu trabajo tan duro en un ramillete de las más bellas flores, y su perfume sube a Mi Trono”. Después de esto ella buscaba como hacer este trabajo diariamente aun cuando no le tocaba, porque comprendió que le agradaba al Señor.

Para quien la observara desde fuera nada hubiera delatado su extraordinaria y rica vida mística. Cumplía sus deberes con fervor, observaba fielmente todas las reglas del convento, era recogida y piadosa, pero a la vez natural, y alegre, llena de amor benévolo y desinteresado al prójimo. Sus hermanas recuerdan que Santa Faustina fue una grata compañía durante el noviciado y su conducta al orar provocaba en las otras novicias una gran reverencia a la Majestad de Dios.

Toda su vida se concentraba en caminar con constancia hacia la cada vez más plena unión con Dios y en una abnegada colaboración con Jesús en la obra de la salvación de las almas. “Jesús mío – confeso en el diario – Tú sabes que desde los años más tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ningún alma Te amó hasta ahora” (# 1372).

Durante su vida logró un alto grado de unión de su alma con Dios, pero también tuvo que esforzarse y luchar en duros combates en el camino hacia la perfección cristiana. El Señor la colmó de muchas gracias extraordinarias: los dones de contemplación y de profundo conocimiento del misterio de la Divina Misericordia, visiones, revelaciones, estigmas ocultos, los dones de profecía, de leer en las almas humanas, y desposorios místicos. Colmada de tantas gracias, escribió: “Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios… Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios.” (# 1107).

La Noche oscura del Alma

Santa Faustina sufrió la mayor parte de su noviciado constantes combates interiores. No podía meditar ni sentir la presencia de Dios. Sufrió fuertes tormentos y tentaciones, aún estando en la capilla. En mas de una ocasión, estando en la Santa Misa, sintió que blasfemaba contra Dios, no sentía contento con nada. Hasta las verdades mas simples sobre la fe le eran difícil de comprender.

Durante todo este tiempo Santa Faustina no estuvo sola, tuvo la ayuda de su Maestra de Novicias, Sor Joseph Brzoza quien veía en ella grandes gracias venidas de Dios. Aunque Santa Faustina se sentía en ese momento totalmente abandonada por Dios, Sor Joseph le decía: “sepa querida hermana que Dios quiere tenerla bien cerca de El en el Cielo. Tenga gran confianza en Jesús.”

Alma Víctima

Durante su tercer año de noviciado le fue revelado lo que era ser Alma Víctima. Anota ella en su diario: “El sufrir es una gracia grande; a través del sufrimiento el alma se hace como la del Salvador; en el sufrimiento el amor se cristaliza, mientras más grande el sufrimiento más puro el amor”. (57)

Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores y con este propósito experimentó diversos sufrimientos para salvar las almas a través de ellos. Durante una hora particular de adoración, Dios le reveló a Santa Faustina todo lo que ella tendría que sufrir: falsas acusaciones, la pérdida del buen nombre, y mucho más. Cuando la visión terminó, un sudor frío bañó su frente. Jesús le hizo saber que aún cuando ella no diere su consentimiento a esto, ella se salvaría y El no disminuiría Sus gracias y seguiría manteniendo una relación íntima con ella. La generosidad de Dios no disminuiría para nada. Consciente de que todo el misterio dependía de ella, consintió libremente al sacrificio en completo uso de sus facultades. Luego escribió lo siguiente en su diario: “De repente, cuando había consentido a hacer el sacrificio con todo mi corazón y todo mi entendimiento; la presencia de Dios me cubrió, me parecía que me moría de amor a la vista de su mirada.”

Durante la Cuaresma de ese mismo año, 1933, experimentó en su propio cuerpo y corazón la Pasión del Señor, recibiendo invisiblemente las estigmas. Únicamente su confesor lo conoció. Ella lo narra así: “Un día durante la oración, vi una gran luz y de esta luz salían rayos que me envolvían completamente. De pronto sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies, y en mi costado, y sentí el dolor de la corona de espinas, pero esto fue sólo por un tiempo bien corto.”

Tiempo más tarde, cuando Santa Faustina se enfermó de Tuberculosis, experimentó nuevamente los sufrimientos de la Pasión del Señor repitiéndose todos los Viernes y algunas veces cuando se encontraba con un alma que no estaba en estado de gracia. Aunque esto no era muy frecuente; los sufrimientos eran dolorosos y de corta duración, no los hubiera soportado sin una gracia especial de Dios.

Visión del Purgatorio

Mientras estaba en Skolimow, casi al final de su Postulantado, Santa Faustina le preguntó al Señor por quién mas debía orar y la noche siguiente tuvo esta visión. “Esa noche vi a mi ángel de la Guarda, quien me pidió que lo siguiera. En un momento me vi en un lugar lleno de fuego y de almas sufrientes. Estaban orando fervientemente por si mismas pero no era válido, solamente nosotras podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban no podían tocarme. Mi ángel de la guarda no me dejó sola ni un momento. Yo pregunté a las almas que es lo que mas las hacía sufrir. Ellas me contestaron que era el sentirse abandonadas por Dios…Vi a Nuestra Señora visitando a las almas del Purgatorio, la llamaban Estrella del Mar. Luego mi ángel guardián me pidió que regresáramos, al salir de esta prisión de sufrimiento, escuché la voz interior del Señor que decía: ‘Mi Misericordia no quiere esto, pero lo pide mi Justicia’”.

Visión del Infierno

Durante un retiro de ocho días en octubre de 1936, se le mostró a Sor Faustina el abismo del infierno con sus varios tormentos, y por pedido de Jesús ella dejó una descripción de lo que se le permitió ver: “Hoy día fui llevada por un Ángel al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y, extenso es!. Las clases de torturas que vi:
La primera es la privación de Dios;
la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia;
la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;
la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla -un sufrimiento terrible, ya que es puramente fuego espiritual,-prendido por la ira de Dios.
La quinta es una oscuridad continua y un olor sofocante terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos;
la sexta es la compañía constante de Satanás;
la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.
Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales destinados para almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido.

Existen cavernas y fosas de tortura donde cada forma de agonía difiere de la otra. Yo hubiera fallecido a cada vista de las torturas si la Omnipotencia de Dios no me hubiera sostenido. Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa diciendo que no existe el infierno, o que nadie a estado ahí y por lo tanto, nadie puede describirlo.”

El Señor fue preparando de esta forma el corazón de Santa Faustina para que por medio de su intercesión se salvaran muchas almas.

Visión del Cielo

El 27 de noviembre de 1936, cuando la debilidad la llevó a la cama, escribió la siguiente visión del cielo: ”Hoy día, estuve en el cielo en espíritu, y vi sus bellezas incomparables y la felicidad que nos espera para después de la muerte. Cómo todas las criaturas alaban y dan gracias a Dios sin cesar…Esta fuente de felicidad es invariable en su esencia, pero es siempre nueva, derramando felicidad para todas las criaturas. Dios me ha hecho entender que hay una cosa de un valor infinito a Sus ojos, y eso es, el amor a Dios; amor, amor y nuevamente amor, y nada puede compararse a un solo acto de amor a Dios.

Dios en su gran majestad, es adorado por los espíritus celestiales, de acuerdo a sus grados de gracias y jerarquías en que son divididas, no me causó temor ni susto; mi alma estaba llena de paz y amor; y mientras más conozco la grandeza de Dios, más me alegro de que El sea El que es. Me regocijo inmensamente en Su grandeza y me alegro de que soy tan pequeña, ya que siendo tan pequeña, El me carga en Sus brazos y me aprieta a Su corazón” (777-780).

Los siguientes años fueron un entrenamiento del Señor. Ella no sabía lo que Dios estaba haciendo en ella, pero su respuesta era firme e invariable: si Señor, haz en mi tu voluntad. Algo que ella si veía en todo esto era que el Señor quería su obediencia. Santa Faustina siempre mantuvo una fuerte relación con Dios, sin saber de antemano el camino que Dios trazaba para ella.

La Devoción a la Divina Misericordia según las revelaciones de Jesús a Sta. Faustina  >>>

Sus últimos Días

En los últimos años de su vida aumentaron los sufrimiento interiores, la llamada noche pasiva del espíritu y las dolencias del cuerpo: se desarrolló la tuberculosis que atacó sus pulmones y sistema digestivo. A causa de ello dos veces fue internada en el hospital de Pradnik en Cracovia, por varios meses.

Extenuada físicamente por completo, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, falleció en olor de santidad, el 5 de octubre de 1938, a los 33 años, de los cuales 13 fueron vividos en el convento. Su funeral tuvo lugar dos días mas tarde, en la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario que aquel año fue primer viernes de mes. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de la Comunidad en Cracovia – Lagievniki, y luego, durante el proceso informativo en 1966, fue trasladado a la capilla.

La Historia Subsiguiente

En el año 1935, Santa Faustina le escribió a su director espiritual: ”Llegará un momento en que esta obra que Dios tanto recomienda parecerá como [si fuera] en ruina completa, y entonces, la acción de Dios seguirá con gran poder, que dará testimonio de la verdad. Ella [la obra] será un nuevo esplendor para la Iglesia, aunque haya reposado en Ella desde hace mucho tiempo” (Diario 378).

De hecho, esto sí sucedió. El 6 de marzo de 1959, la Santa Sede, por información errónea que le fue presentada, prohibió ”la divulgación de imagines y escritos que propagan la devoción a La Misericordia Divina en la manera propuesta por Santa Faustina”. Como resultado, pasaron casi veinte años de silencio total. Entonces, el 15 de abril de 1978, la Santa Sede, tras un examen cuidadoso de algunos de los documentos originales previamente indisponibles, cambió totalmente su decisión y de nuevo permitió la práctica de La Devoción. El hombre primariamente responsable por la revocación de esta decisión fue el Cardenal Karol Wojtyla, el Arzobispo de Cracovia, diócesis en la que nació Santa Faustina. El 16 de octubre de 1978, el mismo Cardenal Wojtyla fue elevado a la Sede de San Pedro bajo el título de “Papa Juan Pablo II”.

El 7 de marzo de 1992, se declararon “heroicas” las virtudes de Sor Faustina; el 21 de diciembre de 1992, una curación por medio de su intercesión fue declarada “milagrosa”; y el 18 de abril de 1993, el Papa Juan Pablo II tuvo el honor de declarar a la Venerable Sierva de Dios, Sor Faustina Kowalska, “Beata”.

En 1997 el Papa Juan Pablo II hizo una peregrinación a la tumba de la Beata Faustina en Polonia, le llamó “Gran apóstol de la Misericordia en nuestros días”. El Papa dijo en su tumba “El mensaje de la Divina Misericordia siempre ha estado cerca de mi como algo muy querido…, en cierto sentido forma una imagen de mi Pontificado.”

El 10 de marzo del 2000, se anunció la fecha para la canonización después de ser aceptado el segundo milagro obtenido por su intercesión. El milagro fue la curación del Padre Pytel de una condición congénita del corazón, después de las oraciones hechas por miembros de la congregación de su parroquia el día del aniversario de la muerte de Santa Faustina, en Octubre 5 de 1995.

La Secretaria de la Misericordia de Dios fue elevada a los altares por el Santo Padre el 30 de abril del año 2000, el Domingo de la Divina Misericordia. Es la primera santa que fue canonizada en el año jubilar 2000 y en el milenio.

La biografía de Santa Faustina nos narra que el Señor le recordaba frecuentemente Su deseo de que se estableciera la Fiesta de la Divina Misericordia. Ella ofreció una novena por esta intención y el 23 de marzo de 1937, martes de Semana Santa, el séptimo día de la novena Santa Faustina tuvo la siguiente visión: “De pronto la presencia de Dios me invadió e inmediatamente me vi en Roma, en la capilla del Santo Padre y al mismo tiempo estaba en nuestra capilla…Yo tomé parte en la solemne celebración, simultáneamente aquí y en Roma…Vi al Señor Jesús en nuestra capilla, expuesto en el Sacramento de la Eucaristía en el altar mayor. La capilla estaba adornada como para una fiesta, y ese día todo el que quisiera, podía entrar. La multitud era tan grande que la vista no podía alcanzarla toda. Todos estaban participando en las celebraciones con gran júbilo, y muchos de ellos obtuvieron lo que deseaban. La misma celebración tuvo lugar en Roma, en una hermosa Iglesia, y el Santo Padre, con todo el clero, estaban celebrando esta Fiesta, y entonces súbitamente yo vi a San Pedro, que estaba de pie entre el altar y el Santo Padre…Entonces de repente vi como los dos rayos, como están pintados en la imagen, brotaron de la hostia y se extendieron sobre todo el mundo. Esto duró sólo un momento, pero pareció como si hubiese durado todo el día, y nuestra capilla estuvo repleta todo el día, y todo el día abundó en júbilo. Luego, vi en nuestro altar, al Señor Jesús vivo, tal como luce en la imagen. Luego, en un instante me encontré de pie cerca de Jesús, y me paré en el altar junto al Señor Jesús, y mi espíritu estuvo lleno de una felicidad tan grande…Jesús se inclinó hacia mí y dijo con gran bondad, ‘¿Cuál es tu deseo Hija mía’ Y yo contesté, ‘Deseo que toda adoración y gloria sean dadas a Tu Misericordia’. ‘Yo ya estoy recibiendo adoración y gloria por la congregación y la celebración de esta Fiesta: ¿Qué más deseas?’ Entonces yo miré a la inmensa multitud que adoraba la Divina Misericordia y le dije a Jesús, ‘Jesús, bendice a todos aquellos que están reunidos para darte gloria y venerar Tu infinita misericordia’. Jesús hizo la señal de la cruz con su mano y esta bendición fue reflejada en las almas como un rayo de luz” (1044-1049). Muchos ven esta visión en respecto a la canonización de Santa Faustina. Jesús le mostraba a su apóstol los frutos de su trabajo y sufrimientos.

Al final de la Canonización de Santa Maria Faustina el Santo Padre declaró el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina”, estableciendo la Fiesta de la Divina Misericordia que Jesús tanto pedía a Santa Faustina. El Santo Padre dijo: “En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros”. Y después de su visita a Polonia en junio del 2002, “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.”

Podemos encontrar un paralelo entre los poderosos mensajes que Jesús revela a Santa Faustina: sobre la Divina Misericordia y a Santa Margarita: sobre la devoción al Sagrado Corazón. A través de ellas Dios nos manifestó y nos dio a conocer Su Misericordia encerrada en Su Sagrado Corazón.

Santa Faustina fue canonizada el 30 de abril del 2000, siendo la primera canonización del año jubilar.  Homilía del Papa en la canonización

Del Diario de Santa Faustina

En el momento en que el obispo me puso el anillo, Dios penetró todo mi ser…Desde los votos perpetuos mi relación con Dios se hizo mas estrecha que nunca. Siento que amo a Dios y siento también que El me ama. Mi alma, habiendo conocido a Dios, no sabría vivir sin El. -Diario 254

Oh Jesús mío, Tu sabes que desde los años mas tempranos deseaba ser una gran santa, es decir, deseaba amarte con un amor tan grande como ninguna alma Te amó hasta ahora  -Diario 1372

Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. -Diario 1107

Oh Jesús mío, cada uno de Tus santos refleja en si una de Tus virtudes, yo deseo reflejar Tu Corazón compasivo y lleno de misericordia. Que Tu misericordia, oh Jesús, quede impresa sobre mi corazón y mi alma como un sello y éste será mi signo distintivo en esta vida y en la otra. -Diario 1242

¡No Te olvidaré, pobre tierra! aunque siento que me sumergiré inmediatamente toda en Dios, como un océano de felicidad, eso no me impedirá volver a la tierra y dar ánimo a las almas e invitarlas a confiar en la Divina Misericordia. Al contrario, esa inmersión en Dios me dará unas posibilidades ilimitadas de obrar.  -Diario 1582

CRONOLOGÍA DE LA VIDA DE SANTA MARÍA FAUSTINA KOWALSKA
DE LA CONGREGACIÓN DE LAS HERMANAS DE LA MADRE DE DIOS DE LA MISERICORDIA

25 de agosto de 1905 - Sor Faustina nace en la aldea de Glogowiec (actualmente la provincia de Konin).

27 de agosto de 1905 - Es bautizada en la parroquia de San Casimiro en Swnice Warckie (diócesis de Wtoclawek) y recibe el nombre de Elena.

1912 - Por primera vez oye en su alma la voz que la llama a la vida perfecta.

1914 - Recibe la Primera Comunión

setiembre de 1917 - Comienza la educación en la escuela primaria.

1919 - Empieza a trabajar en casa de los amigos de la familia Bryszewski en Aleksandrów Lódzki.

30 de octubre de 1921 - Recibe el Sacramento de la Confirmación administrado por el Obispo Vicente Tymieniecki en Aleksandrów Lódzki.

1922 - Vuelve a la casa familiar para pedir a los padres el permiso de entrar en un convento; recibe la negativa.

otoño de 1922 - Elena va a Lódz. Durante un año trabaja en la tienda de Marejanna Sadowska, en la calle Abramowskiego 29 (2/2/1923 – 1/7/1924).

julio de 1924 - Sale a Varsovia con la intención de entrar en un convento. Se presenta en la casa de la Congregación de la Madre de Dios de la Misericordia, en la calle Zytnia 3/9. La Superiora promete recibirla, pero antes le encomienda reunir una pequeña dote.

1 de agosto de 1925 - Después de un año de trabajo como sirvienta, Elena Kowalska vuelve a presentarse a la Superiora del convento en la calle Zytnia. Es admitida al postulantado.

23 de enero de 1926 - Ingresa en la casa del noviciado en Cracovia.

30 de abril de 1926 - Recibe el hábito y el nombre de Sor María Faustina.

marzo-abril de 1927 - Pasa por el período de oscuridad espiritual, que durará un año y medio.

16 de abril de 1928 - El Viernes Santo el ardor del amor divino penetra a la novicia sufriente que olvida los sufrimientos experimentados, conoce con más claridad lo mucho que Cristo sufrió por ella.

30 de abril de 1928 - Al terminar el noviciado y después del retiro espiritual de 8 días, hace los primeros votos (temporales).

6-10 de octubre de 1928 - El Capítulo General que se celebra en la Congregación elige como Superiora General a la Madre Micaela Moraczewska, que va a ser la Superiora de Sor Faustina durante toda la vida. Será también su ayuda y consuelo en los momentos difíciles.

31 de octubre de 1928 - Sale a casa de la Congregación en Varsovia, en la calle Zytnia, para trabajar en la cocina.

21 de febrero-11 de junio de 1929 - Es enviada a la recién fundada casa de la Congregación en la calle Hetmanska, en Varsovia.

7 de julio de 1929 - Una breve estancia en Kierkrz, cerca de Poznan, para sustituir en la cocina a una hermana enferma.

octubre de 1929 - Sor Faustina está en la casa varsoviana de la Congregación, en la calle Zytnia.

mayo-junio de 1930 - Regresa a la casa de la Congregación en Plock. Trabaja en la panadería, en la cocina y en la tienda adjunta a la panadería.

22 de febrero de 1931 - Tiene una visión del Señor Jesús que le encomienda pintar una imagen según el modelo que ella ve.

noviembre de 1932 - Sor Faustina viene a Varsovia para su tercera probación (de cinco meses), a la que las hermanas de la Congregación se someten antes de hacer los votos perpetuos. Antes de la probación tiene el retiro espiritual en Walendów.

18 de abril de 1933 - Sale a Cracovia para celebrar el retiro espiritual de ocho días, antes de los votos perpetuos.

1 de mayo de 1933 - Hace los votos perpetuos (el obispo Estanislao Rostov preside la ceremonia).

25 de mayo de 1933 - Viaja a Vilna.

2 de enero de 1934 - Por primera vez visita al pintor E. Kazimorowski, que ha de pintar la imagen de la Divina Misericordia.

29 de marzo de 1934 - Se ofrece por los pecadores y especialmente por aquellas almas que han perdido confianza en la Misericordia de Dios.

junio de 1934 - Queda terminada la imagen de la Divina Misericordia. Sor Faustina llora porque el Señor Jesús no es tan bello como ha sido en la visión.

12 de agosto de 1934 - Un fuerte desfallecimiento de Sor Faustina. El padre Miguel Sopocko le administra el sacramento de los enfermos.

13 de agosto de 1934 - Mejora el estado de salud de Sor Faustina.

26 de octubre de 1934 - Cuando Sor Faustina, junto con las alumnas, regresa de jardín para cenar (a las seis menos diez) ve al Señor Jesús encima de la capilla en Vilna tal y como lo vio en Plock, es decir, con los rayos pálido y rojo. Los rayos envuelven la capilla de la Congregación, la enfermería de las alumnas y después se extienden sobre el mundo entero.

15 de febrero de 1935 - Recibe la noticia de una grave enfermedad de su madre y va a la casa familiar en Glogowiec. En el camino de regreso a Vilna se detiene en Varsovia para ver a la Madre General Micaela Moraczeweska y a su antigua maestra, Sor María Josefa Brzoza.

19 de octubre de 1935 - Sale a Cracovia para participar en el retiro espiritual de ocho días.

8 de octubre de 1936 - Hace una visita al arzobispo Romuald Jalbrzykowski, metropolitano de Vilna, y le comunica que el Señor Jesucristo exige la fundación de una Congregación nueva.

21 de marzo de 1936 - Sale de Vilna y se dirige a Varsovia.

25 de marzo de 1936 - Es trasladada a la casa de la Congregación en Walendów.

abril de 1936 - Es trasladada a la casa en la localidad de Derdy (a 2km de Walendów).

11 de mayo de 1936 - Sale de Derdy y va a Cracovia para estar ahí hasta su muerte.

14 de setiembre de 1936 - Un encuentro con el arzobispo Jalbrzykowski quien, estando de paso en Cracovia, visita la casa de la Congregación.

19 de setiembre de 1936 - Un examen en el sanatorio de Pradnik (hoy, el Hospital Juan Pablo II).

9 de diciembre de 1936-27 de marzo de 1937 - La estancia en el hospital de Pradnik.

29 de julio-10 de agosto de 1937 - La estancia en el balneario de Rabka.

21 de abril de 1938 - Empeora su estado de salud y regresa.

agosto de 1938 - La última carta a la Superiora Genera, en la que Sor Faustina pide perdón por las desobediencias de toda la vida y la cual termina con las palabras “Hasta la vista en el cielo”.

25 de agosto de 1938 - Sor Faustina recibe el sacramento de los enfermos.

2 de setiembre de 1938 - Al visitar a Sor Faustina en el hospital, el padre Sopocko la encuentra en éxtasis.

17 de setiembre de 1938 - Sor Faustina regresa del hospital al convento.

5 de octubre de 1938 - A las once menos cuarto de la noche, Sor María Faustina Kowalska, tras largos sufrimientos soportados con gran paciencia, ha ido a encontrarse con el Señor para recibir la recompensa.

7 de octubre de 1938 - Su cuerpo fue sepultado en la tumba común, en el cementerio de la Comunidad, situado al fondo del jardín de la casa de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia-Lagiewiniki.

21 de octubre de 1965 - En la arquidiócesis de Cracovia es iniciado el proceso informativo sobre la beatificación de Sor Faustina.

25 de noviembre de 1966 - El trasaldo de los restos mortales de Sor Faustina del cementerio a la capilla de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en Cracovia-Lagiewniki.

31 de enero de 1967 - Una solemne sesión presidida por el cardenal Karol Wojtyla pone el punto final al proceso informativo diocesano. Las actas del proceso son enviadas a Roma.

31 de enero de 1968 - Con decreto de la Congregación para la Causa de los Santos se abre el proceso de beatificación de la Sierva de Dios Sor Faustina.

19 de junio de 1981 - La Sagrada Congregación de la Causa de los Santos, después de completar la investigación de todos los escritos de la Sierva de Dios Sor Faustina, emite un documento declarando que “nada se interpone para continuar” con su causa.

7 de marzo de 1992 - En presencia del Santo Padre, la Congregación de la Causa de los Santos promulga el decreto de las Virtudes Heroicas mediante el cual la Iglesia reconoce que Sor Faustina practicó todas las virtudes cristianas de manera heroica. Como resultado, ella recibe el título de “Venerable” Sierva de Dios y se abre el camino para verificar el milagro atribuido a su intercesión.

21 de diciembre de 1992 - El Santo Padre publica la aceptación del milagro como concedido por la intercesión de Sor Faustina y anuncia la fecha para su solemne beatificación.

18 de abril de 1993 - Sor Faustina es beatificada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua (día revelado por Nuestro Señor a Sor Faustina como la Fiesta de la Misericordia).

30 de abril de 2000 - La Beata Faustina es canonizada por el Papa Juan Pablo II en Roma el primer domingo después de Pascua, en la Fiesta de la Misericordia.

30 de abril de 2000 - El papa, Juan Pablo II, declaro el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” en el mundo entero.

29 de junio de 2002 - El Sumo Pontífice, Juan Pablo II, estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con la indulgencia plenaria.

Bibliografía:

Santa Faustina; Diario.

Michalenko, Hna.Sophia. Biografía de Sor Faustina. Libreria Espiritual. Quito, Ecuador. 1987.

Kowalska, Sor M. Faustina. Diario: La Divina Misericordia en mi alma. Padres Marianos Stockbridge, Mass. 1996.

La Devoción a La Misericordia Divina. Marian Helpers, Stockbridge, Mass. 1993.

Enlaces:

SantaFaustina.org>>>
Santa Faustina.info>>> 
Sor Faustina y el mensaje>>>
ewtn-divina_misericordia>>>
Divina Misericordia.com>>>
Divina Misericordia.org>>>
Santuario Jesús Misericordioso>>>

 


Creo en la misericordia divina: Una devoción orientada a descubrir, agradecer y celebrar la infinita misericordia de Dios revelada en Jesucristo.

Manuel Murillo Garcia

Los católicos acogemos un conjunto de verdades que nos vienen de Dios. Esas verdades han quedado condensadas en el Credo. Gracias al Credo hacemos presentes, cada domingo y en muchas otras ocasiones, los contenidos más importantes de nuestra fe cristiana.

Podríamos pensar que cada vez que recitamos el Credo estamos diciendo también una especie de frase oculta, compuesta por cinco palabras: “Creo en la misericordia divina”. No se trata aquí de añadir una nueva frase a un Credo que ya tiene muchos siglos de historia, sino de valorar aún más la centralidad del perdón de Dios, de la misericordia divina, como parte de nuestra fe.

Dios es Amor, como nos recuerda san Juan (1Jn 4,8 y 4,16). Por amor creó el universo; por amor suscitó la vida; por amor ha permitido la existencia del hombre; por amor hoy me permite soñar y reír, suspirar y rezar, trabajar y tener un momento de descanso.

El amor, sin embargo, tropezó con el gran misterio del pecado. Un pecado que penetró en el mundo y que fue acompañado por el drama de la muerte (Rm 5,12). Desde entonces, la historia humana quedó herida por dolores casi infinitos: guerras e injusticias, hambres y violaciones, abusos de niños y esclavitud, infidelidades matrimoniales y desprecio a los ancianos, explotación de los obreros y asesinatos masivos por motivos raciales o ideológicos.

Una historia teñida de sangre, de pecado. Una historia que también es (mejor, que es sobre todo) el campo de la acción de un Dios que es capaz de superar el mal con la misericordia, el pecado con el perdón, la caída con la gracia, el fango con la limpieza, la sangre con el vino de bodas.

Sólo Dios puede devolver la dignidad a quienes tienen las manos y el corazón manchados por infinitas miserias, simplemente porque ama, porque su amor es más fuerte que el pecado.

Dios eligió por amor a un pueblo, Israel, como señal de su deseo de salvación universal, movido por una misericordia infinita. Envió profetas y señales de esperanza. Repitió una y otra vez que la misericordia era más fuerte que el pecado. Permitió que en la Cruz de Cristo el mal fuese derrotado, que fuese devuelto al hombre arrepentido el don de la amistad con el Padre de las misericordias.

Descubrimos así que Dios es misericordioso, capaz de olvidar el pecado, de arrojarlo lejos. “Como se alzan los cielos por encima de la tierra, así de grande es su amor para quienes le temen; tan lejos como está el oriente del ocaso aleja Él de nosotros nuestras rebeldías” (Sal 103,11-12).

La experiencia del perdón levanta al hombre herido, limpia sus heridas con aceite y vino, lo monta en su cabalgadura, lo conduce para ser curado en un mesón. Como enseñaban los Santos Padres, Jesús es el buen samaritano que toma sobre sí a la humanidad entera; que me recoge a mí, cuando estoy tirado en el camino, herido por mis faltas, para curarme, para traerme a casa.

Enseñar y predicar la misericordia divina ha sido uno de los legados que nos dejó el Papa Juan Pablo II. Especialmente en la encíclica Dives in misericordia (Dios rico en misericordia), donde explicó la relación que existe entre el pecado y la grandeza del perdón divino: “Precisamente porque existe el pecado en el mundo, al que Dios amó tanto… que le dio su Hijo unigénito, Dios, que es amor, no puede revelarse de otro modo si no es como misericordia. Esta corresponde no sólo con la verdad más profunda de ese amor que es Dios, sino también con la verdad interior del hombre y del mundo que es su patria temporal” (Dives in misericordia n. 13).

Además, el beato Juan Pablo II quiso divulgar la devoción a la divina misericordia que fue manifestada a santa Faustina Kowalska. Una devoción que está completamente orientada a descubrir, agradecer y celebrar la infinita misericordia de Dios revelada en Jesucristo. Reconocer ese amor, reconocer esa misericordia, abre el paso al cambio más profundo de cualquier corazón humano, al arrepentimiento sincero, a la confianza en ese Dios que vence el mal (siempre limitado y contingente) con la fuerza del bien y del amor omnipotente.

Creo en la misericordia divina, en el Dios que perdona y que rescata, que desciende a nuestro lado y nos purifica profundamente. Creo en el Dios que nos recuerda su amor: “Era yo, yo mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus pecados” (Is 43,25). Creo en el Dios que dijo en la cruz “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34), y que celebra un banquete infinito cada vez que un hijo vuelve, arrepentido, a casa (Lc 15). Creo en el Dios que, a pesar de la dureza de los hombres, a pesar de los errores de algunos bautizados, sigue presente en su Iglesia, ofrece sin cansarse su perdón, levanta a los caídos, perdona los pecados.

Creo en la misericordia divina, y doy gracias a Dios, porque es eterno su amor (Sal 106,1), porque nos ha regenerado y salvado, porque ha alejado de nosotros el pecado, porque podemos llamarnos, y ser, hijos (1Jn 3,1).

A ese Dios misericordioso le digo, desde lo más profundo de mi corazón, que sea siempre alabado y bendecido, que camine siempre a nuestro lado, que venza con su amor nuestro pecado. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento” (1Pe 1,3-5).

Autor: P. Fernando Pascual.


JESÚS, NUESTRO CONTEMPORÁNEO


Ciudad del Vaticano, 1 marzo 2012 (VIS).-Recientemente se ha celebrado en Roma el congreso internacional “Jesús, nuestro contemporáneo”, organizado por el comité para el Proyecto cultural de la Conferencia Episcopal Italiana. Con este motivo, el Santo Padre ha dirigido un mensaje al cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y presidente de dicha conferencia episcopal.

 

“El nombre y el mensaje de Jesús de Nazareth -escribe Benedicto XVI- suscitan frecuentemente interés y ejercen un fuerte atractivo, incluso en quienes no llegan a adherir a su palabra de salvación. Por eso, nos sentimos estimulados a suscitar en nosotros mismos y por doquier una comprensión más profunda y completa de la figura real de Jesucristo, como puede brotar únicamente de la hermenéutica de la fe puesta en fecunda relación con la razón histórica. Con este fin escribí mis dos libros dedicados a Jesús de Nazareth”. (…)

 

“Durante mi pontificado, he recordado en repetidas ocasiones que abrir a Dios un camino en el corazón y en la vida de los hombres constituye una prioridad. (…) No podemos confiar nuestra vida a un ente superior indefinido o a una fuerza cósmica, sino sólo al Dios cuyo rostro de Padre se nos ha hecho familiar gracias al Hijo, ‘lleno de gracia y de verdad’. Jesús es la clave que nos abre la puerta de la sabiduría y del amor, que rompe nuestra soledad y mantiene la esperanza frente al misterio del mal y de la muerte. Por lo tanto, la vida de Jesús de Nazareth, en cuyo nombre también actualmente muchos creyentes, en diversos países del mundo, afrontan sufrimientos y persecuciones, no puede quedar confinada a un pasado lejano, sino que es decisiva para nuestra fe de hoy”.

 

“¿Qué significa afirmar que Jesús de Nazareth, que vivió entre Galilea y Judea hace dos mil años, es ‘contemporáneo’ de cada hombre y mujer que vive hoy y en todos los tiempos? Nos lo explica Romano Guardini con palabras que siguen siendo tan actuales como cuando las escribió: ‘Su vida terrena entró en la eternidad, y así está vinculada a toda hora del tiempo terreno redimido por su sacrificio’”. (…)

 

“Jesús entró para siempre en la historia humana, y sigue viviendo (…) en la Iglesia, ese cuerpo frágil y siempre necesitado de purificación, pero también infinitamente colmado de amor divino. A Él se dirige la Iglesia en la liturgia, para alabarlo y recibir la vida auténtica. La contemporaneidad de Jesús se revela de modo especial en la Eucaristía, en la que Él está presente con su pasión, muerte y resurrección. Este es el motivo que hace a la Iglesia contemporánea de todo hombre, capaz de abrazar a todos los hombres y todas las épocas, porque la guía el Espíritu Santo con el fin de continuar la obra de Jesús en la historia”.


El olvido de la historia

Prof. Oscar Lobo Oconitrillo  oscargo10@gmail.com

La humanidad vivió un movimiento social de las inquietudes juveniles de París (1968),  la Masacre de Tratenolco en México (1968) y el movimiento de “Paz” en los Estados Unidos contra la Guerra de Vietnam. Costa Rica vivió lo suyo con ALCOA (1970).

 

Pero… aquí viene lo nuestro, en el 27 de enero de 1917,  Ministro de Guerra Federico A. Tinoco le dio un golpe de estado al Presidente Alfredo González Flores, y se instaló una dictadura dantesca donde murieron muchos costarricenses entre ellos educadores, obreros, campesinos  y el Pbro. Armando Rodríguez, Cura de Atenas.

 

En 1919 la juventud, los obreros y muchos ciudadanos se levantaron contra los Tinoco, y fue en  el desaparecido “Paseo de los Estudiantes” que los alumnos del Liceo de Costa Rica y del Colegio Superior de Señoritas se manifestaron, y muchos dejaron la sangre de la libertad por la opresión de los Tinoco. Las manifestaciones contra los Tinoco fueron en toda la Ciudad de San José, principalmente en el Paseo de los Estudiantes en que los jóvenes dieron su lucha.

 

Hoy el “Paseo de los Estudiantes” ha muerto, Johnny Araya lo mató para darle paso al “Barrio Chino”. La ignorancia de la historia vuelve hacer presente en la Capital de Costa Rica.

 

No tengo nada contra los “chinos”, pero sí con la República Popular China, una nación opresora de la libertad, que tiene a los ciudadanos silenciados, hasta su premio nobel chino vive prisionero e incomunicado.  Un amigo querido, indicó en una conferencia en la Universidad Católica de Costa Rica “los chinos solo no van a vender tiliches”, refriéndose al TLC con Costa Rica-China.  El Alcalde de San José tiene poco conocimiento político internacional y seguro que ignora que muchas de las manufacturas chinas son fabricadas con esclavos de los satélites de esa “gran” nación.  El estadio nacional y todo lo que nos “regalan” los chinos son los sobros para ganar votos en la ONU, aunque queda algo de fondo, algo oscuro, a  Costa Rica le sucedió lo mismo que Esaú, que Jacob le “quitó” la bendición paterna por  medio del engaño  (Gn. 27. 1-45).

 

Tampoco el Sr. Araya escuchó al Párroco de la Soledad y a la Organización no Gubernamental ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, por sus siglas en inglés), con sus inquietudes sobre el mamarracho del Barrio Chino. Un vecino del Paseo de los Estudiantes que murió el año pasado,  escribió “San José no es más feo, porque es horrible”.

 

 



Ejercicio de los Siete Lunes

Oración

Jesús en la Cruz aboga:
da al ladrón: lega su Madre:
quéjase: la sed le ahoga:
cumple: entrega el alma al Padre
Al Calvario hay que llegar
porque Cristo, nuestra Luz,
hoy también nos quiere hablar
desde el ara de la Cruz.

¡Virgen de dolores y Madre mía! Que, como Tú, acompañe yo siempre a tu Hijo en vida, redención y muerte. Y después de glorificado en la tierra, le glorifique por toda la eternidad, junto a Él y junto a Ti. Te lo pido por tu aflicción y martirio, al pie de la Cruz. Asísteme siempre especialmente en este último momento del combate cristiano que abrirá la eternidad feliz, en compañía de tu Hijo. Así sea.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Primera Palabra

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)

Aunque he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.

Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Segunda Palabra

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43)

Vuelto hacia Ti el Buen Ladrón
con fe te implora tu piedad:
yo también de mi maldad
te pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido
das un lugar en el Cielo,
yo también, ya sin recelo
la salvación hoy te pido.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad correspondiste a la fe del buen ladrón, cuando en medio de tu humillación redentora te reconoció por Hijo de Dios, hasta llegar a asegurarle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso: ten piedad de todos los hombres que están para morir, y de mí cuando me encuentre en el mismo trance: y por los méritos de tu sangre preciosísima, aviva en mí un espíritu de fe tan firme y tan constante que no vacile ante las sugestiones del enemigo, me entregue a tu empresa redentora del mundo y pueda alcanzar lleno de méritos el premio de tu eterna compañía.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Tercera Palabra

“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre” (Jn 19, 26)

Jesús en su testamento a su Madre Virgen da:
¿y comprender quién podrá de María el sentimiento?

Hijo tuyo quiero ser,
sé Tu mi Madre Señora:
que mi alma desde a ahora
con tu amor va a florecer.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y , olvidándome de tus tormentos, me dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en su compañía acudiera yo siempre a Ti con mayor confianza: ten misericordia de todos los hombres que luchan con las agonías y congojas de la muerte, y de mí cuando me vea en igual momento; y por el eterno martirio de tu madre amantísima, aviva en mi corazón una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna condenación, tantas veces merecida por mis pecados.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Cuarta Palabra

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)

Desamparado se ve
de su Padre el Hijo amado,
maldito siempre el pecado
que de esto la causa fue.

Quién quisiera consolar
a Jesús en su dolor,
diga en el alma: Señor,
me pesa: no mas pecar.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la mas profunda aflicción interior, el abandono de tu eterno Padre; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me haye también el la agonía; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme que sufra con paciencia todos los sufrimientos, soledades y contradicciones de una vida en tu servicio, entre mis hermanos de todo el mundo, para que siempre unido a Ti en mi combate hasta el fin, comparta contigo lo mas cerca de Ti tu triunfo eterno.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Quinta Palabra

“Tengo sed” (Jn 19, 28)

Sed, dice el Señor, que tiene;
para poder mitigar la sed que así le hace hablar,
darle lágrimas conviene.

Hiel darle, ya se le ha visto: la prueba, mas no la bebe:
¿Cómo quiero yo que pruebe la hiel de mis culpas Cristo?

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, ya que sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas; ten piedad de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a esa misma hora; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme tal fuego de caridad para contigo y para con tu obra redentora universal, que sólo llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por toda la eternidad.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Sexta Palabra

“Todo está consumado” (Jn 19,30)

Con firme voz anunció Jesús, ensangrentado,
que del hombre y del pecado
la redención consumó.

Y cumplida su misión,
ya puede Cristo morir,
y abrirme su corazón
para en su pecho vivir.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y de verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que el hombre, hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me halle en esos instantes; y por los méritos de tu preciosísima sangre, haz que en mi entrega a la obra salvadora de Dios en el mundo, cumpla mi misión sobre la tierra, y al final de mi vida, pueda hacer realidad en mí el diálogo de esta correspondencia amorosa: Tú no pudiste haber hecho más por mí; yo, aunque a distancia infinita, tampoco puede haber hecho más por Ti.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Séptima Palabra

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)

A su eterno Padre, ya el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?

En las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardaría allí yo confío
para mi última hora.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de tu eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la cabeza y morir ; ten piedad de todos los hombres que sufren los dolores de la agonía, y de mí cuando llegue esa tu llamada; y por los méritos de tu preciosísima sangre concédeme que te ofrezca con amor el sacrificio de mi vida en reparación de mis pecados y faltas y una perfecta conformidad con tu divina voluntad para vivir y morir como mejor te agrade, siempre mi alma en tus manos.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

 

Oración Final

1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria


LA ORACIÓN DE JESÚS EN LA ÚLTIMA CENA


 

CIUDAD  DEL VATICANO, 13 ENE 2012 (VIS).-La oración de Jesús en la Última Cena fue el  tema de la catequesis de la audiencia general de los miércoles que tuvo lugar  en el Aula Pablo VI y a la que asistieron 4.000 personas.

 

El telón de fondo temporal y emocional de la cena en que Jesús se despide de  sus amigos es la inminencia de su muerte, que siente ya muy cerca. Además, en  los días en que se preparaba a decir adiós a sus discípulos, la vida del  pueblo judío estaba marcada por el acercarse de la Pascua, memorial de la  liberación de Israel de Egipto.

 

“La  Última Cena -explicó el Papa- se inserta en este contexto, con una novedad:  Jesús quiere vivirla con sus discípulos de una  forma completamente diversa y  especial; es su Cena y en ella da algo totalmente nuevo: Se entrega a sí  mismo. De esta forma celebra su Pascua, anticipa su Cruz y su  Resurrección”.

 

El núcleo de la Cena son “los gestos de partir el pan, distribuirlo y  compartir el cáliz del vino, con las palabras que los acompañan y en el  contexto de oración en que se sitúan: es la institución de la Eucaristía, es  la gran oración de Jesús y de la Iglesia”. Asimismo, las palabras que  usan los evangelistas para describir este momento recuerdan la  “berakha” judía, la gran oración de acción de gracias y de  bendición con la que comenzaban los grandes convites. “Esa oración de  alabanza y agradecimiento que se eleva a Dios -dijo el pontífice- regresa  como bendición, que desciende de Dios hacia el ser humano y lo enriquece.  (…) Las palabras de institución de la Eucaristía se colocan en este  contexto de oración; en ellas la alabanza y la bendición de la berakha se  transforman en bendición y transformación del pan y el vino en el Cuerpo y la  Sangre de Jesús”.

 

Los gestos que cumple Jesús eran tradicionalmente los gestos de hospitalidad  del dueño de la casa para sus invitados, pero  en la Última Cena adquieren  una profundidad nueva: Cristo da “una señal visible de la acogida a la  mesa en que Dios se entrega. Jesús, en el pan y el vino, se nos ofrece”.  Consciente de su muerte ya próxima, “ofrece anticipadamente la vida que  le será arrebatada y de este modo transforma su muerte violenta en un acto libre  de entrega de sí por los demás y a los demás. La violencia padecida se  transforma en un sacrificio activo, libre y redentor”.

 

“Contemplando los gestos y las palabras de Jesús en aquella noche, vemos  claramente que su relación profunda y constante con el Padre es el lugar  donde cumple el gesto de dejar a sus discípulos y a cada uno de nosotros el  Sacramento del amor”, dijo el Santo Padre. En la Cena, Cristo  también  reza por sus discípulos, que a su vez serán sometidos a duras pruebas, y con  esa plegaria “sostiene su debilidad, su dificultad para comprender que  el camino de Dios pasa a través del Misterio pascual de muerte y  resurrección, anticipado en la oferta del pan y el vino. La Eucaristía es  alimento de los peregrinos que también da fuerzas a los que están cansados y  desorientados”.

 

Participando en la Eucaristía “vivimos de una forma extraordinaria la  oración que Jesús pronunció y pronuncia constantemente por cada uno de  nosotros para que el mal, que todos encontramos en la vida, no venza; y para  que actúe en nosotros la fuerza transformadora de la muerte y resurrección de  Cristo. En la Eucaristía, la Iglesia responde al mandamiento de Jesús: ‘Haced  esto en conmemoración mía’; repite la plegaria de agradecimiento y bendición  y, con ella, las palabras de la transustanciación del pan y el vino en el  Cuerpo y la Sangre del Señor. Nuestras Eucaristías nos incorporan a aquel  instante de oración; nos unen siempre de nuevo a la oración de Jesús”.

 

“Pidamos al Señor que, después de habernos preparado adecuadamente,  también con el Sacramento de la Penitencia, nuestra participación en su  Eucaristía, indispensable para la vida cristiana, sea siempre la cima de toda  nuestra oración. Pidamos que, unidos profundamente en su misma ofrenda al  Padre, transformemos también nosotros nuestras cruces en sacrificio, libre y  responsable, de amor a Dios y a los hermanos”, concluyó Benedicto XVI.

 

Al final de la catequesis, el Papa saludó en diversos idiomas a los  peregrinos presentes. Dirigiéndose especialmente a los jóvenes, los enfermos  y los recién casados, señaló que la solemnidad del Bautismo del Señor,  celebrada el domingo pasado, ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el  propio bautismo: “Queridos jóvenes, vivid con alegría vuestra  pertenencia a la Iglesia, que es la familia de Jesús. Queridos enfermos, que  la gracia del Bautismo alivie vuestros sufrimientos y os ayude a ofrecerlos a  Cristo por la salvación de la humanidad. Y vosotros, queridos recién casados,  (…) fundad vuestro matrimonio en la fe, recibida como don el día de vuestro  bautismo”.

 

   En la audiencia también han participado artistas de varios circos, que  realizaron una breve actuación para el Papa. A ellos y a todos los peregrinos  de lengua italiana, Benedicto XVI dijo: “Espero que este encuentro llene  a cada uno de entusiasmo y estímulos para dar testimonio, con palabras y  obras, de Jesús nuestro Salvador”.