Su Revista de Coleccion

Bélenes

El Niño Jesus

Texto: http://lilimas.blogspot.com/2008/12/nacimiento-del-nio-jesus.html

Fotografia: http://jesusenguatemala.com/

Era un 24 de diciembre Maria y José iban camino a Belén, José iba a pie y Maria sentada en un burro.
Maria estaba embarazada y esa noche tendrá a su hijo, el que se llamara Jesús.

Tiempo atrás el arcángel Gabriel visitó a Maria y le dijo que en su vientre llevaba al hijo de Dios, al que debía llamar Jesús.

Maria y José buscaron donde dormir esa noche, pero nadie podía alojarlos, estaba todo ocupado.
Un señor de buena voluntad les presto un establo para que pasaran la noche, mientras José juntaba paja para hacerle una cama a Maria.

En el cielo nació una estrella que iluminaba mas que las demás.

En el oriente, lejos de Belén estaban tres sabios astrólogos, se llamaban: Baltazar, Melchor y Gaspar.

Ellos sabían que el nacimiento de esta estrella significaba que un nuevo rey iba a nacer.
Los tres sabios a los que conocemos como Los Tres Reyes Magos fueron guiados por la estrella hasta el pesebre del nuevo rey, Jesús.

El nuevo rey ha nacido dijeron los Reyes Magos, y le regalaron a Jesús oro, mirra e incienso.

Así como Baltasar, Melchor y Gaspar llevaron regalos a Jesús…
Ahora el viejito pascuero(Papá Noel) trae regalos en Navidad, celebrando cada año, el Nacimiento de Jesús.


El dulce nombre de Jesús

Chus Villarroel O.P |

http://www.religionenlibertad.com/

Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción. Una de las cosas que más preocupa a los santos es no morir en gracia o, con otras palabras, endurecerse en los últimos momentos. A los que no lo son les preocupa poco. Parece un contrasentido ya que, si toda la vida lo han deseado y lo han trabajado con violencia, como dice el evangelio, no van a fallar en la última hora. Sin embargo hay mucho en nosotros de bioquímica y nadie sabe hasta dónde podrá soportar sus dolores. Eso sin contar las asechanzas del demonio que se pueden recrudecer en esa hora. De hecho en la piedad cristiana y en la teología hay una preocupación real y se ora para alcanzar una buena muerte o la gracia de la perseverancia final.

Esto que os cuento lo he visto en alguna persona y su mejor antídoto era pronunciar el nombre de Jesús. Mi maestro de novicios, que era un gran devoto, nos hablaba con frecuencia de la devoción al dulce nombre de Jesús, sobre todo el 3 de enero que es el día que tradicionalmente se viene celebrando la fiesta. Yo sentí mucho que despareciera después del Concilio en el calendario romano pero ha sido de nuevo reintroducida en la tercera edición del Misal romano actual. Siempre me cayó bien esta celebración, entre otras cosas porque me llamo Jesús. Sin embargo, el mayor aprecio y el descubrimiento vivencial de este nombre me ha llegado vía monjas contemplativas donde he dado muchos ejercicios espirituales. Son varias en las que he visto la conjunción de ciertas aprensiones y la pronunciación ungida del nombre de Jesús, según aquello que dice: El que invocare el nombre del Señor, se salvará (Rm 10, 13)

En cierta ocasión me consultaba una sus ansiedades en este sentido. Le hablé de que eran escrúpulos hasta que me di cuenta de que era algo más. Su manera de conjurar el temor era repetir el nombre de Jesús. Me lo escenificó maravillosamente. Cuando estoy turbada repito rápido Jesús, Jesús, Jesús; cuando me voy calmando, lo hago más lento Jesús….. Jesús…… Jesús. A veces me acuesto y lo digo lentamente y cuando me despierto todavía lo sigo diciendo. ¿Habré estado toda la Noche? Me despierto con una placidez que no es mía… Este nombre maravilloso ha actuado dentro de mí. Yo le dije: claro, mujer, la alabanza y la unción liberan y pacifican y el salmo dice que el Señor lo da a sus amigos mientras duermen.

Esta monjita padecía de temor de Dios. A primera vista parece que estamos ante una arbitrariedad. Si estás toda la vida activando un deseo y una práctica ¿por qué te va a fallar el final? Yo le expliqué: mira lo que te pasa no es miedo a Dios sino más bien el don de temor de Dios que no es miedo servil a Dios sino miedo a perderlo. El miedo a la condenación de los que viven despreocupados es de otra índole. La Biblia no ve mal el temor bueno e, incluso, dice que es el principio de la sabiduría. Es un temor-don infundido por el  Espíritu Santo. Al suceder este don en nuestra psicología puede suscitar aprensión acerca del momento final. Suele ser un momento de gran purificación del espíritu para crecer en fe. El mejor, antídoto es la pronunciación ungida del nombre de Jesús. Si el Señor te lo ha dado, vive feliz pronunciando ese nombre y si no te lo ha dado vocalízalo todas las veces que puedas que te hará bien.

Ninguna Orden religiosa se puede adjudicar la devoción al nombre de Jesús. Desde que San Pedro le dijo al tullido: No tengo oro ni plata pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesús, el Nazareno, echa a andar (Hch,3, 6), desde ese momento, la pronunciación del nombre de Jesús no es una devoción, es un kerigma. Tiene un poder especial, que las devociones más bien rebajan. Jesús dijo: Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre os lo concederé para que el Padre sea glorificado en el Hijo (Juan 14, 13). Estamos, pues, a nivel de kerigma, es decir, de anuncio básico en el que se basa el Cristianismo. Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado (Hch 2, 36)

A mí el kerigma que más me llega sobre el nombre de Jesús es el de Pablo en la carta a los Filipenses 2, 9-11: Por lo cual Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que está sobre todo nombre, para que al oír el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre”. La palabra identitaria y base de un gran movimiento actual como es la Renovación carismática es: El Señor, es el Señor, que toda rodilla se doble y confiese que Jesús es el Señor. No hay otra palabra que produzca más Espíritu Santo, que más unción derrame sobre cualquiera que la oiga con oídos de sencillez. Ninguna otra frase nos produce más contacto con el Espíritu Santo que decir: Jesús es el Señor y yo me arrodillo ante él. Haced la prueba y decid lentamente : “Jesús es el Señor”.

¿Qué temor o aprensión puede tener uno cuando oye decir a Pablo: El que invocare el nombre del Señor se salvará? (Rm 10, 13). No empieces a razonar diciendo: “Ya, pero para eso hay que estar preparado, hay que hacer muchos sacrificios y obras buenas”… Ya lo estás planteando mal. Primero invoca, coge confianza, no te mires a ti mismo, mírale a él. Jesús significa: Dios salva. No eres tú el que salvas ni el que te vas a salvar. Nadie puede decir Jesús es Señor si no es movido por el Espíritu. Si, en verdad, el Espíritu Santo se mueve en ti y no debes dudarlo sino prestarle atención; a lo primero que va es a que tengas fe y ores desde ella.

El nombre en hebreo significa misión. No como mi sobrina que le han puesto Carlota como le pudieran haber puesto Filomena. La misión de Cristo es salvar y por eso le pusieron Jesús que significa salvador. Los cristianos han venerado siempre de una forma especial el «nombre» del Señor Jesús, proclamándolo en su vi­da y con su propia vida. En los monasterios desde el siglo XII se ha celebrado con gran sentimiento y fervor el nombre de Jesús. Hay un himno precioso “Jesu, dulcis memoria”, atribuido a San Bernardo, 1153, que canta con excelso lirismo el nombre de Jesús. Dice entre otras cosas:

Nil canitur suavius

Nil auditur profundius

Nil cogitatur dulcius

Quem Jesús, Dei Filius

O sea:

Nada más suave se canta

Nada más profundo se oye

Nada más dulce se piensa

Que Jesús, Hijo de Dios

 

Más tarde con el advenimiento de los frailes, hubo entre los mendicantes una devoción explosiva hacia el nombre de Jesús. Los Franciscanos, más adaptados a las devociones, brillaron en este culto al nombre de Jesús. Destaca entre ellos San Bernardino de Siena (1444),  magnífico y ungido predicador del Nombre de Jesús. Incorporan esta fiesta a su calendario en el año 1530. Sin embargo es de notar que los pontífices encomiendan  la propagación de esta devoción a los dominicos como sucedió con el papa Gregorio X, que se había formado en París con los grandes maestros de la Orden dominicana. Con una bula del 20 deseptiembre del año 1274, encargó oficialmente a los frailes Predica­dores la promoción de la alabanza y veneración del santísimo nom­bre de Jesús. A pesar de grandes devotos individuales no parece que la Orden en general hiciera mucho caso al Papa. Los dominicos siempre han sido muy reacios a cierto devocionismo. Crearon y propagaron el rosario porqué en él se anuncian los grandes misterios de la salvación más que como devoción a María. Pese a todo, la primera cofradía del Santísimo Nombre de Jesús es creación de los frailes dominicos. Se considera como primera la que fray Andrés Díaz fundó en Portugal el año 1423. No obstante, cuatro siglos más tarde, el papa Pío IV (1659-1665), tuvo que encargar de nuevo oficialmente a los dominicos la pro­moción del culto al santo nombre de Jesús. Entonces, ya coaccionados, sí que aumenta en la Orden la predicación y organización de esta devoción y ya en el año 1686 la admiten en el calendario de fiestas propias de la Orden.

Desde los mismos inicios de la Orden de Predicadores se dan a ella muchos frailes que profesaron un amor especial al dulcísimo nombre del Salvador. Se cuenta que santo Domingo tenía siempre en sus labios este nombre tan santo y en sus viajes cantaba, otro de los bellos himnos medievales al nombre de Jesús: “Jesu, nostra redemptio”. El sucesor de Santo Domingo, beato Jordán de Sajonia escribe que fray Enrique, originario de Maastricht (Holanda) y amigo y compañero suyo en la vocación dominicana, siendo prior de Colonia el año 1229, predicaba la de­voción al nombre de Jesús de forma que, cuando los fieles le oían pronunciar este nombre les llevaba hasta las lágrimas. Del beato Enrique Susón, uno de los grandes místicos renanos, se cuenta que tatuó a fuego en su pecho el nombre de Jesús.

Hoy en día la devoción al Dulce Nombre de Jesús tiene que verse desde otro perfil. En tiempos de cristiandad en la que todos creían o, al menos, se vivía en una cultura cristiana, la devoción era devoción y el Espíritu Santo actuaba dando a cada uno su don correspondiente. Todo sobre la base de una fe común y generalizada. La devoción en este caso sirve para crecer, para intimar más y para aumento de gracia y de mérito. Es una forma de intensificar el amor a Dios.

Santo Tomás hace un análisis del poder del nombre de Jesús. En primer lugar dice que otorga el perdón de los pecados. Os escribo a vosotros hijos porque se os han perdonado los pecados por su nombre (1 Jn 2, 12). San Agustín añade: “Qué es Jesús sino salvador? Luego sé Jesús para mí. No, Señor, no quieras fijarte en mi mal de modo que olvides tu bien”. En segundo lugar da la gracia de la salud. Tu nombre, un ungüento que se vierte (Ct 1,3) El aceite es un lenitivo en el dolor; así también lo es el nombre de Jesús. De ahí que San Bernardo diga: “Tienes, alma mía, un antídoto escondido en un vasito de nombre Jesús, eficaz para toda suerte de venenos”.

En tercer lugar da la victoria a los que son tentados. El nombre del Señor es torre fuerte (Pr 18,10). Echarán demonios en mi nombre (Mc 16, 17) Y volvieron los discípulos contentos y dijeron a Jesús: “Señor, hasta los demonios se someten en tu nombre”. En cuarto lugar nos da fuerza y confianza para pedir la salvación. Se dice: Si pedís algo al Padre en mi nombre os lo dará (Jn 16, 23). Jesús es salvador y no sólo lo es cuando nos concede lo que pedimos sino también cuando no lo hace: pues también nos salva cuando nos niega lo que él ve que pedimos contrario a nuestra salvación. Bien conoce el médico si el enfermo pide algo contrario o favorable a su salud.

En los tiempos actuales hay menos fe; a la mayoría no les vale la catequesis sobre el nombre de Jesús. Lo consideran como parte de una cultura religiosa poco relacionada con la vida de ahora. El poder, la fuerza, la motivación la buscan en otra parte. Hablo de los que todavía conservan la fe. La catequesis procede con ideas y el convencimiento religioso está de baja. Santo Tomás estaba convencido de lo que decía y los que le escuchaban o leían, lo mismo. Hoy, necesitamos otro profetismo, otros carismas del Espíritu que puedan llevar a la gente no a un convencimiento sino a un quebrantamiento. La valoración del nombre de Jesús nos tiene que ser dada.

Hoy es el Espíritu quien tiene la palabra porque la cultura religiosa que tanto ayudaba a la fe se nos ha ido. Hoy tiene que ser fe a la intemperie. Tampoco será para mal ya que seguro que hay una gran necesidad de purificación. Lo que no podemos negar es la palabra de Dios. Vosotros los que lleguéis hasta aquí leyendo este artículo, seguro que deseáis de corazón experimentar el poder del nombre de Jesús. Pedidlo y lo disfrutaréis. Si no os interesa, no llegaréis hasta aquí. Si habéis llegado consideradlo una gracia. A mí me interesa mucho porque veo escondido en ese nombre un amor infinito. Como en la Renovación se canta, a veces, (con la música de Amazing Grace) el Jesús, Jesús, Jesús…… terminando en lenguas, que podamos hacerlo así en los momentos decisivos de nuestra vida.

 


La ciudad iluminada: Siempre encuentran a Dios las personas que sinceramente buscan a Dios. Ven la estrella de una forma u otra

Autor: Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net

Cuando Isaías contempla, radiante de alegría, el regreso de los hijos desterrados de Israel a la ciudad luminosa, embriagado de lirismo, proclama en una de las más altas cimas de la poesía hebrea, e incluso universal, el Cántico de gloria a la Jerusalén de los tiempos mesiánicos, que describe la presencia del Señor en medio de su pueblo, llenándolo de luz. Pero los que hoy vienen al resplandor de la aurora que inunda Jerusalén, son también los magos, tal vez una parábola del ecumenismo universal, por eso, representantes de los pueblos todos, todas las gentes. “Los tesoros del mar”, los habitantes del Mediterráneo, nosotros también. Madián y Efa, los del Golfo de Akaba, y los de Sabá, Yemen, convertidos todos en hijos de Abraham por la fe, con la ofrenda de sus productos preciosos de oro incienso y mirra, productos de las distintas latitudes, cantando las glorias del Señor. Is 60,1. El Profeta no ha querido hacer un relato histórico, sino anunciar con poesía esplendorosa, el triunfo del Señor y de su Mesías, que se ha manifestado también a los gentiles.

LEYENDA SÓLIDA

Mateo utiliza una leyenda, con base sólida, del episodio de los Magos, para narrar la manifestación extraordinaria que guía a los Magos a descubrir al Rey de los judíos. Después de haber contado la genealogía de Jesús, como hijo del hombre, ratifica su categoría de Hijo de Dios, destacando a los Magos como figuras teológicas. Son paganos, y desconocen la Escritura. E introduce una dialéctica que estará presente ya en todo su evangelio: Que, mientras los doctores de la Ley, expertos en las escrituras, no reconocen al Mesías, lo buscan los paganos. Y Jesús, rechazado por el pueblo de Dios, es adorado por los gentiles. Y Dios, que busca a todos, los acepta y se les manifiesta. El nacionalismo judío cede el paso al universalismo de la salvación, que se ofrece a todos. Primero a los pastores, los incultos, después a los sabios, los magos. Jesús satisface todas las esperanzas de todos los hombres, judíos o griegos, romanos o persas, o babilonios. Los marginados, y los pobres, socialmente despreciados, amados especialmente por El, y los cultos y poderosos. Jesús es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se llena de alegría, lo adora como rey de su vida y se entrega a él, como los magos. Los regalos que le ofrecen, son productos de países orientales, propios de los reyes.

DISTINTA LENGUA

Cuando nos parece que Dios calla, hay que saber que habla distinto lenguaje y no con palabras humanas. Después de haber hablado por los profetas, nos ha hablado por Cristo “y se ha quedado mudo”, sentencia San Juan de la Cruz. Es urgente perder la rudeza y la grosería que nos incapacita para entrar en su onda. Hay que afinar la sensibilidad para captar el lenguaje de Dios, para después ser dóciles a su mensaje y estar dispuestos a soportar la Noche de la fe, que la purifica. Y hacerse espaldas unos a otros, como diría Santa Teresa, cuando pesa la contradicción. Dios llama a tres hombres, para que se ayuden en la noche. Ese es el sentido de la dirección o acompañamiento espiritual y el vivir la fe en comunidad. Hay que acrecentar la confianza en Dios. Como la estrella no engendra la fe, se oculta, porque la fe es fruto de la palabra, y la palabra está en Jerusalén. Y hay que practicar la humildad buscando y preguntando, como los magos.

PROFECIA CUMPLIDA

Al nacer el Sol de Justicia, los Evangelistas vieron cumplida esta profecía:

“Reyes que buscáis estrellas,

No busquéis estrellas ya,

porque donde el Sol está,

no tienen luz las estrellas”.

Ha nacido el Sol que, mientras sea suave nos atrae a todos, pero no nos gusta que nos pida demasiado, que queme el alma y el cuerpo en exceso. Intentamos domesticarlo y enjaularlo, para que no vuele tan alto, que no lo podamos alcanzar con nuestras manos, nos gusta poderlo manejar a nuestro servicio. Que no nos pida más de lo que nosotros estamos dispuestos a darle. Pero el Sol ha nacido para iluminar a todo hombre de esta tierra y quemar los pecados. El mismo San Agustín, cuando le pedía a Dios la castidad, le decía, “pero no ahora, no ahora”.

Cantemos al Señor ante quien “se postrarán todos los reyes de la tierra y le ofrecerán sus dones, y supliquémosle que todos los pueblos le sirvan, para que por nuestra oración libre al pobre que clama, y al afligido que no tiene quien le proteja, y para que el pobre y el indigente sean acogidos por él” Sal 71.

VIERON UNA ESTRELLA

Vieron una estrella en el cielo y este suceso los sacó de su país. ”Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle” Mt 2,1. Cuando el pueblo de Israel estaba en los campos de Moab, y su rey, Balac, exigió a Balaam, que profetizara contra Israel, lo único que consiguió fue que Balaam bendijera a aquel pueblo. De entre los largos capítulos, destaca este texto: “Veo una estrella que se destaca de Jacob” (Nm 24,17). Doce siglos han de pasar para que esa estrella llegue hoy a ser vista por los Magos. Han de madurar los tiempos. Hemos de saber esperar con paciencia, a que aparezca la estrella. Como los Magos, hemos de recorrer dolorosamente y pacientemente el camino de la fe. Un día comenzamos a buscar, a caminar… Después, la luz ha ido palideciendo, hasta llegar a desaparecer. Y sentimos la tentación de regresar a Egipto. Nos tentaban las ollas de carne. La vida fácil, el camino trillado. Y titubeamos. Es el momento de proceder como los Magos: Consultar a los especialistas de la Palabra, porque sólo en ella le encontramos sentido a la vida. Vida y fuerza. Los doctores les dicen que hay que ir a Belén, según la profecía de Miqueas. Hemos de prestar la obediencia de la fe, como los magos. Cuando Abraham fue llamado a salir de su tierra, lo dejó todo (Gn12, 1), porque había encontrado la perla preciosa. Hay que seguir la ruta de la estrella con prontitud, venciendo el qué dirán, con generosidad, con alegría, amor, y con perseverancia.

EL MIEDO DE LA INSEGURIDAD

Herodes, teme que le quiten el reino, y se sobresaltó. Cuando en vez de servir desde el cargo que se tiene, que seguramente se ambicionó y se buscó, uno se sirve del cargo del que tomó posesión, y como posee el cargo, y no sabe ni quiere vivir sin él, se sobresalta ante cualquier atisbo de superación, suplantación. La vida se hace amarga y la amargura repercute en los demás, porque no se tiene paz. Dicen por ahí que “el poder es una corona de espinas, que cuando más duele es cuando se la quitan”. Andreotti, presidente casi vitalicio de Italia, decía que “el poder desgasta, pero el no poder, desgasta aún más”. Fue el Papa de la sonrisa, Juan Pablo I, quien suprimió la imposición de la tiara en la coronación del Pontífice y su toma de posesión de la Cátedra de Pedro, quien acuñó aquel el acto, como “La inauguración del pontificado”. Pero, cuando las leyes, son ingratas, tardan en abrirse paso. Más de cien años pasaron para que se cumpliera el Decreto de San Pío X, sobre la primera comunión de los niños al llegar al uso de razón. El había sufrido desde niño esa limitación, por su hambre de Eucaristía.

LA SEDUCCIÓN

Ya nos rodean y envuelven la noche y el mundo del mal. Los peligros son más inminentes; se presentan más atractivas e insinuantes las tentaciones. Herodes, nuevo Faraón, pretende hacernos sus esclavos. Y los Magos, avisados en lo más hondo de su ser, desbaratan las trampas, aceptan la Palabra que les ofrecen, y el día renace. Gozo y paz. En medio de la oscuridad de la Noche, sale de nuevo la estrella. Al fin, han llegado a Belén. La alegría interior que les invade: “Se llenaron de gozo”, es la señal. Como quien ha encontrado la perla y el tesoro. En Belén adoramos y ofrecemos a Cristo nuestra vida, unidos a su Sacrificio.

POR OTRO CAMINO

“Y se marcharon a su tierra por otro camino”. Ya no podemos vivir como antes. Hemos de tomar otro camino. El camino del amor y de la fidelidad, del sacrificio y de la abnegación, del trabajo de cada día bien hecho, de la paciencia en las contradicciones y de la afabilidad y justicia en el trato con nuestros hermanos, el camino del anuncio del camino. El camino de la compasión activa con todos los que sufren. Y nos hemos de convertir en Epifanía para nuestros hermanos por la predicación, los sacramentos, la vida.

En la cultura del consumismo que la formidable publicidad fomenta acentuando el materialismo, los cristianos debemos privilegiar la primacía del espíritu y de las actividades espirituales, como la contemplación, el amor, la fidelidad, el ejemplo = testimonio, convirtiéndonos en estrellas de justicia y fidelidad para el mundo pagano en tinieblas.

RECURSOS DEL AMOR

El Señor nos hace ver nuestra estrella. Tiene muchos recursos para enseñar a los hombres el camino de su maduración. Dios nos llama unas veces directamente y por Sí mismo. Otras nos llama por medio de los ángeles; otras por los Padres; otras, por los profetas; otras, por los apóstoles o por los Pastores. A veces por la voz interior, o por encuentros que creemos infantilmente fortuitos y son providenciales y preparados, por quien puede manejar los corazones y la atracción inexplicable. Muchísimas veces la estrella es el azote y la aflicción: “¿Qué es esto que hay en mi, Ignacio, que nunca ríe?”, le decía Javier a San Ignacio antes de su entrega. La estrella algunas veces, brilla por la prosperidad en la vida y su insatisfacción: “Nos has hecho, Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, decía San Agustín; otras veces la estrella es opaca, la adversidad. Pero el fulgor de la estrella más frecuente y elocuente es la proclamación de la palabra, no sólo por la predicación en los templos, sino también en la lectura espiritual y en la meditación; y en el ejemplo, la enfermedad, la desgracia y la humillación.

LOS CRISTIANOS, ESTRELLAS PARA EL MUNDO

Aunque la noche ha elevado más miradas al cielo que el día, cuando el sol deslumbra en su cenit, y la estrella puede ser vista mejor en la Noche, también puede se puede ver durante el día, en el gran silencio. Para los Magos la estrella era una llamada de Dios, como lo es para todos los hombres. En el libro de Daniel leemos que los doctores que enseñan a muchos los caminos de la justicia, brillarán como estrellas en el firmamento: “Los sabios con sabiduría experiencial de Dios, brillarán con el fulgor del firmamento, y los que enseñaron la justicia a la muchedumbre resplandecerán como las estrellas por toda la eternidad” (Dan. 12,3. San Juan de la Cruz, se entristece, cuando asegura: “Que los que tienen el deber de acertar, si no aciertan, no pasarán sin castigo”. “Si un carpintero sirve para desbastar el madero, no por eso sabe entallar la imagen; ni cualquiera que sabe entallarla, sabe perfilarla y pulirla; y no cualquiera que sabe pulirla, sabrá pintarla; ni cualquiera que sabe pintarla, sabrá darle la última mano y perfeccionarla. Porque cada uno no puede hacer en la imagen más de lo que sabe, y si quieren seguir dirigiendo sin saber lo que hacen, lo echarán a perder todo”.

Deben temblar, pues, los que manejan la palabra de Dios, porque si no son fieles a su vocación predicando auténticamente el Evangelio, pueden ser causa de que muchos de sus discípulos no vean ni reconozcan la luz de su estrella.

CONTEMPLACIÓN PARA EL ACIERTO

Otro medio importantísimo para reconocer el fulgor de su estrella, es decir, su llamada, es escuchar la palabra meditada, sobre todo si va acompañada de austeridad de vida, de constancia en la virtud, y de perseverancia en la gracia, sobre todo, en los Ejercicios Espirituales. Del ejemplo o testimonio, como se dice hoy, habla el papa San León Magno: «Todos los que en la Iglesia de Dios viven castamente, todos los que aspiran y conocen las cosas de arriba, y no las cosas terrenas, son comparables a las estrellas del cielo. Ellos conservan el esplendor de su santa vida, y atraen a los demás, como la estrella a los Magos, a seguir los caminos del Señor. Sed estrellas en la tierra, y brillaréis eternamente con eterna luz sideral reino de Dios”.

ECLIPSES

Como las estrellas tienen eclipses, es necesario enseñar la importancia de la enfermedad y de la adversidad en la vida: “El Padre a todo sarmiento que da fruto lo podará para que dé más fruto” (Jn 15,2). Al sarmiento que estando unido, puede estar más unido con El, Cristo se encarga de podarlo por la tribulación exterior o interior. Cuántos santos han visto la estrella en la enfermedad y en la tribulación, como la vieron San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola y tantos y tantos…

La desgracia, o el fracaso en la vida ha sido la causa de plenitud de muchas almas En la trágica muerte del Barón de Chantal, esposo de Juana Fremiot, vio Juana la estrella que la convirtió en fundadora de la Visitación, y en Santa, bajo la dirección del Obispo de Ginebra, San Francisco de Sales. San Alfonso María de Ligorio, que fracasó como abogado, convirtió la contrariedad en la estrella, que le llevó a la fundación de la Congregación del Santísimo Redentor, y a la santidad. Para éstos y otros muchos, la estrella que les condujo a los pies de Jesús, fue la adversidad.

Leyendo las vidas de los santos se advierte cómo los hombres son conducidos muchas veces por Dios nuestro Señor de un modo providencial vistos desde el fulgor de misericordia y providencia divina que no dejó de acudir en su ayuda con sus consuelos paternales y amorosos.

Atraído por la fama de la virtud de la Reina Católica y de su corte, llegó Juan Ciudad, desde Portugal a Castilla, donde le esperaba la Providencia para ponerlo en contacto con San Juan de Ávila, cuya palabra ardiente le impulsó a la vida heroica. Hoy es San Juan de Dios.

El proyecto del portugués Antonio de Padua, era ir a predicar el evangelio en Oriente. El viento y el mar lo atrajeron a la costa de Italia, y vio fracasado su deseo. Y Antonio, expatriado, era en Italia, donde Dios le tenía preparado el campo de su predicación y fruto y santificación.

Teresa de Jesús, para compensar el desprecio que recibió en Ávila, su ciudad, cometió la insigne locura de ir a fundar a Medina del Campo, contra la prudencia. Pero Dios la impulsaba a algo más que a eso. Allí conoció a Juan de la Cruz, que venía de Salamanca camino de Burgos, para ingresar en la Cartuja.

Un incidente familiar puso a San Gregorio Taumaturgo en contacto con Orígenes, que le enseñó el Evangelio, se convirtió y se hizo santo. Ignacio, herido en Pamplona, y forzado a un largo reposo, encontró en él, no sólo la salud del cuerpo, sino sobre todo, la del alma.

En la historia de la Iglesia la estrella se ha encendido en el cielo de muchas personas por su cooperación generosa a un primer impulso de la gracia. San Martín de Tours parte la capa con el pobre, y el pobre era Cristo. San Juan Gualberto reprime su ira y perdona al asesino del hermano, que con los brazos en cruz, le pide misericordia. Cuando, venciéndose le otorgó el perdón, vio la imagen de Jesús que le expresó la gratitud por su caridad, y renunció al mundo, a los pies de Cristo.

HAY UNA ESTRELLA PARA CADA HOMBRE

Siempre encuentran a Dios las personas que sinceramente buscan a Dios. Ven la estrella de una forma u otra. Pero no por eso, hay que pretender que Dios venga a nosotros, sino que hemos de ir nosotros a Dios, totalmente libres de la soberbia, de la sensualidad y del mundo. Cuando con esta sencillez se elevan los ojos al cielo, aparece segura la estrella y nos invita a seguirla, para ponerse en camino con la decisión con que emprendieron su jornada los tres Reyes Magos, venciendo críticas y burlas y cuchufletas, incomprensiones y persecución. Vale esto también para la vocación religiosa de los hijos, ya que la familia debe ser el semillero de vocaciones, sobre todo en este invierno tan árido, en que se marchitan todas las flores. ¿Cómo no lamentar la conducta de muchos padres y familiares? Ellos tienen sus deberes. Y los hijos frente a la oposición de los padres, los suyos. ¿Cuándo brilla nuestra estrella? Para unos, en la niñez; para otros en la adolescencia, en la edad adulta, o en la ancianidad. Cualquier hora es buena para que brille como a los magos, la estrella del Señor. Muchos son los llamados y pocos los elegidos, pero Dios quiere que todos se salven y a todos da los medios necesarios para salvarse y santificarse con el fulgor de la Estrella, que nos lleva a El y que es él mismo.


BENEDICTO XVI: LOS MAGOS DE ORIENTE, MODELOS DEL VERDADERO SABIO

(ZENIT.org).-

CIUDAD DEL VATICANO, El  miércoles 6 de enero de 2010, SS Benedicto XVI en su homilia  señaló

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¡Queridos hermanos y hermanas!

Celebramos hoy la gran fiesta de la Epifanía, el misterio de la Manifestación del Señor a todas las gentes, representadas por los Magos, venidos de Oriente para adorar al Rey de los Judíos (cfr Mt 2,1-2). El evangelista Mateo, que relata el acontecimiento, subraya que éstos llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella, avistada en su surgimiento e interpretada como signo del nacimiento del Rey anunciado por los profetas, o sea, el Mesías. Llegados sin embargo a Jerusalén, los Magos necesitaron las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar a donde dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David (cfr Mt 2,5-6; Mi 5,1). La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de los auténticos buscadores de la verdad.

Éstos eran unos sabios, que escrutaban los astros y conocían la historia de los pueblos. Eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo casi un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre. Su saber, por tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones y llamadas divinas. De hecho, no se avergüenzan de pedir instrucciones a los jefes religiosos de los judíos. Habrían podido decir: hagámoslo solos, no necesitamos a nadie, evitando, según nuestra mentalidad actual, toda “contaminación” entre la ciencia y la Palabra de Dios. En cambio los Magos escuchan las profecías y las acogen; y, apenas se vuelven a poner en camino hacia Belén, ven nuevamente la estrella, casi como confirmación de una perfecta armonía entre la búsqueda humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de auténticos sabios (cfr Mt 2,10). El culmen de su itinerario de búsqueda fue cuando se encontraron ante “el niño con María su madre” (Mt 2,11). Dice el Evangelio que “postrándose le adoraron”. Habrían podido quedarse desilusionados, es más, escandalizados. En cambio, como verdaderos sabios, se abrieron al misterio que se manifiesta de modo sorprendente; y con sus dones simbólicos demostraron que reconocían en Jesús al Rey y al Hijo de Dios. Precisamente en ese gesto se cumplen los oráculos mesiánicos que anuncian el homenaje de las naciones al Dios de Israel.

Un último detalle confirma, en los Magos, la unidad entre inteligencia y fe: es el hecho de que “advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, volvieron a su tierra por otro camino” (Mt2,12). Habría sido natural volver a Jerusalén, al palacio de Herodes y al Templo, para proclamar su descubrimiento. En cambio, los Magos, que han elegido como soberano al Niño, lo custodian escondiéndolo, según el estilo de María, o mejor de Dios mismo, y tal como habían aparecido, desaparecieron en el silencio, apagados, pero también cambiados tras el encuentro con la Verdad. Habían descubierto un nuevo rostro de Dios, una nueva realeza: la del amor. Que nos ayude la Virgen María, modelo de verdadera sabiduría, a ser auténticos buscadores de la verdad de Dios, capaces de vivir siempre la profunda sintonía que hay entre la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación.

[Después del Ángelus]

Estoy contento de dirigir mi augurio más cordial a los hermanos y a las hermanas de las Iglesias Orientales que celebran mañana la Santa Navidad. Que el misterio de la luz sea fuente de alegría y de paz para cada familia y comunidad.

En la solemnidad de la Epifanía se celebra la Jornada Misionera de los niños, con el lema “Los niños ayudan a los niños”. Promovida por el Venerable Papa Pío XII en 1950, esta iniciativa educa a los niños a formarse una mentalidad abierta al mundo y a ser solidarios con sus coetáneos más desgraciados. Saludo con afecto a todos los pequeños misioneros presentes en los cinco continentes y les animo a ser siempre testigos de Jesús y anunciadores de su Evangelio.

[En español dijo]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La Iglesia celebra hoy la solemnidad de la Epifanía del Señor, la manifestación del Mesías a todos los pueblos. San Mateo nos narra en su evangelio como unos personajes, venidos de Oriente, son guiados por una estrella hasta Belén y, adorando al Niño Jesús, le reconocen como el único Salvador del Mundo. Queridos hermanos, os invito a imitar la obediencia de estos Magos que, gracias a su docilidad a la acción providente de Dios, pudieron recibir la luz sin ocaso: Cristo, el Señor. Feliz fiesta de la Epifanía. Muchas gracias.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]



Epifanía del Señor: Fiesta, 6 de enero

http://es.catholic.net/celebraciones/120/301/articulo.php?id=1250

Fuente: Archidiócesis de Madrid

Foto: Mario Noriega

Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la “Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte”, de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues… tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más…, pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.

Origen de la fiesta:

El 6 de enero se celebraba desde tiempos inmemoriales en Oriente, pero con un sentido pagano: En Egipto y Arabia, durante la noche del 5 al 6 de enero se recordaba el nacimiento del dios Aion. Creían que él se manifestaba especialmente al renacer el sol, en el solsticio de invierno que coincidía hacia el 6 de Enero. En esta misma fecha, se celebraban los prodigios del dios Dionisio en favor de sus devotos.
La fiesta de la Epifanía sustituyó a los cultos paganos de Oriente relacionados con el solsticio de invierno, celebrando ese día la manifestación de Jesús como Hijo de Dios a los sabios que vinieron de Oriente a adorarlo. La tradición pasó a Occidente a mediados del siglo IV, a través de lo que hoy es Francia.

La historia de los Reyes Magos se puede encontrar en San Mateo 2, 1-11.

“Después de haber nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del Rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿dónde está el que ha nacido, el Rey de los Judíos? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo.
Al oír esto, el Rey Herodes se puso muy preocupado; entonces llamó a unos señores que se llamaban Pontífices y Escribas (que eran los que conocían las escrituras) y les preguntó el lugar del nacimiento del Mesías, del Salvador que el pueblo judío esperaba hacia mucho tiempo.
Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el Profeta:

Y tú, Belén tierra de Judá
de ningún modo eres la menor
entre las principales ciudades de Judá
porque de ti saldrá un jefe
que será el pastor de mi pueblo Israel

Entonces Herodes, llamando aparte a los magos, los envió a la ciudad de Belén y les dijo: Vayan e infórmense muy bien sobre ese niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo.
Los Reyes Magos se marcharon y la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos hasta que fue a pararse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella, sintieron una gran alegría.
Entraron en la casa y vieron al niño con María su madre. Se hincaron y lo adoraron. Abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Luego, habiendo sido avisados en sueños que no volvieran a Herodes, (pues él quería buscar al Niño para matarlo), regresaron a su país por otro camino.”

Podemos aprovechar esta fiesta de la Iglesia para reflexionar en las enseñanzas que nos da este pasaje evangélico:

*Los magos representan a todos aquellos que buscan, sin cansarse, la luz de Dios, siguen sus señales y, cuando encuentran a Jesucristo, luz de los hombres, le ofrecen con alegría todo lo que tienen.

* La estrella anunció la venida de Jesús a todos los pueblos. Hoy en día, el Evangelio es lo que anuncia a todos los pueblos el mensaje de Jesús.

* Los Reyes Magos no eran judíos como José y María. Venían de otras tierras lejanas (de Oriente: Persia y Babilonia), siguiendo a la estrella que les llevaría a encontrar al Salvador del Mundo. Representan a todos los pueblos de la tierra que desde el paganismo han llegado al conocimiento del Evangelio.

* Los Reyes Magos dejaron su patria, casa, comodidades, familia, para adorar al Niño Dios. Perseveraron a pesar de las dificultades que se les presentaron. Era un camino largo, difícil, incómodo, cansado. El seguir a Dios implica sacrificio, pero cuando se trata de Dios cualquier esfuerzo y trabajo vale la pena.

* Los Reyes Magos tuvieron fe en Dios. Creyeron aunque no veían, aunque no entendían. Quizá ellos pensaban encontrar a Dios en un palacio, lleno de riquezas y no fue así, sino que lo encontraron en un pesebre y así lo adoraron y le entregaron sus regalos. Nos enseñan la importancia de estar siempre pendientes de los signos de Dios para reconocerlos.

Los Reyes Magos fueron generosos al ir a ver a Jesús, no llegaron con las manos vacías. Le llevaron:

 

  • oro: que se les da a los reyes, ya que Jesús ha venido de parte de Dios, como rey del mundo, para traer la justicia y la paz a todos los pueblos;

 

  • incienso: que se le da a Dios, ya que Jesús es el hijo de Dios hecho hombre;

 

  • mirra: que se untaba a los hombres escogidos, ya que adoraron a Jesús como Hombre entre los hombres.

 

Esto nos ayuda a reflexionar en la clase de regalos que nosotros le ofrecemos a Dios y a reconocer que lo importante no es el regalo en sí, sino el saber darse a los demás. En la vida debemos buscar a Dios sin cansarnos y ofrecerle con alegría todo lo que tenemos.

* Los Reyes Magos sintieron una gran alegría al ver al niño Jesús. Supieron valorar el gran amor de Dios por el hombre.

* Debemos ser estrella que conduzca a los demás hacia Dios.

Significado de la fiesta:

Antes de la llegada del Señor, los hombres vivían en tinieblas, sin esperanza. Pero el Señor ha venido, y es como si una gran luz hubiera amanecido sobre todos y la alegría y la paz, la felicidad y el amor hubieran iluminado todos los corazones. Jesús es la luz que ha venido a iluminar y transformar a todos los hombres.

Con la venida de Cristo se cumplieron las promesas hechas a Israel. En la Epifanía celebramos que Jesús vino a salvar no sólo a Israel sino a todos los pueblos.
Epifanía quiere decir “manifestación”, iluminación. Celebramos la manifestación de Dios a todos los hombres del mundo, a todas las regiones de la tierra. Jesús ha venido para revelar el amor de Dios a todos los pueblos y ser luz de todas las naciones.

En la Epifanía celebramos el amor de Dios que se revela a todos los hombres. Dios quiere la felicidad del mundo entero. Él ama a cada uno de los hombres, y ha venido a salvar a todos los hombres, sin importar su nacionalidad, su color o su raza.
Es un día de alegría y agradecimiento porque al ver la luz del Evangelio, salimos al encuentro de Jesús, lo encontramos y le rendimos nuestra adoración como los magos.

Origen de la Rosca de Reyes

Después de que los Reyes adoraron a Jesús, un ángel les avisó que no regresaran donde Herodes y ellos regresaron por otro camino. Herodes al enterarse que había nacido el Rey que todos esperaban, tuvo miedo de perder su puesto y ordenó matar a todos los niños menores de dos años entre los cuales se encontraría dicho Rey.
La Sagrada Familia huyó a Egipto y el niño Dios se salvó, otras familias escondieron a los bebés en tinajas de harina y así no fueron vistios y salvaron sus vidas. Desde entonces, los judíos comían pan ázimo el 6 de enero en el que escondían un muñeco de barro recordando este acontecimiento.

Los primeros cristianos tomaron un poco de esta tradición y la mezclaron con la historia de la visita de los Reyes Magos para la celebración de la Epifanía: cambiaron el pan ázimo por pan de harina blanca y levadura, cocida en forma de Rosca, endulzándolo con miel y adornándolo con frutos del desierto, como higos, dátiles y algunas nueces.

Para los cristianos, la forma circular de la rosca simboliza el amor eterno de Dios, que no tiene principio ni fin. Los confites son las distracciones del mundo que nos impiden encontrar a Jesús.

El muñequito escondido dentro de la rosca, simboliza al Niño Jesús que los reyes no encontraban porque la estrella desaparecía.

Esta costumbre de los cristianos de Palestina llegó a Europa y posteriormente a América.

En México, el que encuentra el muñequito de la rosca se convierte en el centro de la fiesta: se le pone una corona hecha de cartón y cubierta de papel dorado y se le da el nombramiento de “padrino del Niño Jesús”.

El padrino deberá vestir con ropas nuevas a la imagen del niño Jesús del nacimiento y presentarlo en la Iglesia el día 2 de Febrero, día de la Candelaria. Después hará una fiesta con tamales y atole.

Sugerencias para vivir esta fiesta

  • Reflexionar y contestar las siguientes preguntas: ¿qué regalo le voy a dar a Jesús este año que comienza?; ¿qué puedo cambiar para ser mejor?; ,qué regalos le voy a ofrecer a Jesús?; ¿me encuentro alegre porque Dios me ama?; ¿tengo fe en Dios?; ¿sé vivir en la pobreza?; ¿soy generoso (con mi tiempo, con mi persona, con los demás)?; ¿suelo perseverar en mi vida espiritual a pesar de las dificultades que se me presentan?; ¿obedezco a Dios con prontitud?

Los Reyes Magos, según Benedicto XVI: ¿Sabios de Persia o reyes de Tarsis?

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=26903

El papa Benedicto XVI, en su último libro “La infancia de Jesús”, editado por Planeta, se inclina por considerar que el relato evangélico de los Reyes Magos es histórico y no solo una narración catequética de la primera comunidad cristiana.

El papa ha logrado reunir en muy poco espacio, y con un lenguaje muy asequible, las principales teorías sobre el origen y significado del episodio de los, hasta ahora, sabios de Oriente. Pero ¿y si llegaron de Occidente? No se sabe. Podían proceder de Persia en Oriente. Pero Benedicto XVI aventura otra hipótesis que deja abierta y no desarrolla. Podían ser reyes de Tarsis, un lugar que se situaba en África o quizá en el sur de la península ibérica, como centro de la cultura tartésica que floreci 3; en este espacio geográfico.

Dice el papa, en su libro, respondiendo a qué tipo de hombres eran aquellos que se pusieron en camino hacia el rey Jesús: “Tal vez fueran astrónomos, pero no a todos los que eran capaces de calcular la conjunción de los planetas, y la veían, les vino la idea de un rey en Judá, que tenía importancia también para ellos. Para que la estrella pudiera convertirse en un mensaje, debía haber circulado un vaticinio como el del mensaje de Balaán”.

Varios factores, explica, “podían haber concurrido a que se pudiera percibir en el lenguaje de la estrella un mensaje de esperanza. Pero todo ello era capaz de poner en camino sólo a quien era hombre de una cierta inquietud interior, un hombre de esperanza, en busca de la verdadera estrella de la salvación”.

En búsqueda de la verdad

Para Benedicto XVI, los hombres de los que habla el evangelista Mateo no eran únicamente astrónomos. “Eran ´sabios´; representaban el dinamismo inherente a las religiones de ir más allá de sí mismas; un dinamismo que es búsqueda de la verdad, la búsqueda del verdadero Dios, y por tanto filosofía en el sentido originario de la palabra”.

“Podemos decir con razón –afirma- que representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él. Están en cierto modo siguiendo a Abraham, que se pone en marcha ante la llamada de Dios. De una manera diferente están siguiendo a Sócrates y a su preguntarse sobre la verdad más grande, más allá de la religión oficial. En este sentido, estos hombres son predecesores, precursores, de los buscadores de la verdad, propios de todos los tiempos”.

Asegura que, de modo paralelo a como la tradición de la Iglesia ha leído el relato de la Navidad sobre el trasfondo de Isaías 1,3, también ha leído la historia de los Magos a la luz de Salmos 72,10 e Isaías 60. “Y de esta manera, los hombres sabios de Oriente se han convertido en reyes, y con ellos han entrado en la gruta [en las representaciones del belén] los camellos y los dromedarios”, afirma.

“La promesa contenida en estos textos –añade- extiende la proveniencia de estos hombres hasta el extremo Occidente (Tarsis-Tartesos en España), pero la tradición ha desarrollado ulteriormente este anuncio de la universalidad de los reinos de aquellos soberanos, interpretándolos como reyes de los tres continentes entonces conocidos: África, Asia y Europa. El rey de color aparece siempre: en el reino de Jesucristo no hay distinción por la raza o el origen. En él y por él, la humanidad está unida sin perder la riqueza de la variedad”.

El reino de Tartessos

Tartessos o Tartéside fue el nombre con el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de Occidente. Posible heredera de la edad del Bronce final atlántico, se desarrolló en el triángulo formado por las actuales provincias de Sevilla, casi toda, y parte de las de Huelva y Cádiz, en la costa suroeste de la península Ibérica, influyendo sobre las tierras del interior y el Algarve portugués.

Al parecer, tuvo como eje el río Tartessos, que los romanos llamaron luego Betis, antes Oleum flumen (río de aceite) y los árabes Guadalquivir (río grande).

Los tartesios desarrollaron una lengua y escritura distinta a la de los pueblos vecinos y, en su fase final, tuvieron influencias culturales de egipcios y fenicios.

La primera fuente histórica que alude a Tartessos es la Historia de Herodoto, del siglo V a.C, que habla del rey Argantonio (Hombre de plata), del que se dice que gobernó cien años y se habla de su incontable riqueza, sabiduría y generosidad.

Una fuente más tardía data del siglo IV, del escritor romano Rufo Festo Avieno, que escribió una obra titulada Ora maritima, conocida también como “Las costas marítimas”, poema en el que se describen las costas mediterráneas.

El poeta afirma que utilizó fuentes antiquísimas de autor desconocido. Una de estas fuentes data del siglo IV a.C, de la que Avieno escribió que era un “periplo”, es decir, un viaje de navegación costera, realizado por un marino griego y cartaginés, en el que partiendo de las costas de Cornualles (Inglaterra) llegó hasta Massalia (Marsella). Como resultado de aquel viaje se narran los lugares visitados por el desconocido marino, que proporciona las noticias más antiguas sobre la península ibérica.

Argantonio es el único rey del que se tienen referencias históricas. Se sabe que fue el último rey de Tartessos. Vivió 120 años según Herodoto, aunque algunos historiadores piensan que puedan referirse a varios reyes conocidos por el mismo nombre. También dice Herodoto que su reinado duró 80 años, desde el 630 a.C. al 550 a.C. Propició el comercio con los griegos foceos durante 40 años, los cuales crearon varias colonias costeras durante su reinado.

En el siglo VI a.C, Tartessos desaparece abruptamente de la historia, posiblemente barrida por Cartago y las demás colonias fenicias –Gadir (Cádiz), metrópolis fenicia, se encontraba en pleno reino tartessio- que, después de la batalla de Alalia, entre Cartago y Grecia, le hicieron pagar así su alianza con los griegos focenses. Los romanos llamaron a la amplia bahía de Cádiz Tartessius Sinus, pero el reino ya no existía.

En la Biblia, aparecen referencias a un lugar llamado ´Tarshish´, también conocido como ´Tarsis´ o ´Tarsisch´. “En efecto, el rey [Salomón] tenía en el mar la flota de Tarsis, además de la flota de Hiram; cada tres años la flota de Tarsis llevaba cargamentos de oro y de plata, de marfil, de monos y de babuinos”. (Libro de los Reyes I, 10-22).

En la actualidad, algunos creen que Salomón no se refería a Tartessos, sino que se refería al puerto de Aqaba, en la península del Sinaí.

En un texto del profeta Ezequiel (27, 12) (siglo VI a.C.) se comenta que Tiro comerciaba con Tarsis y en este caso es posible que sí se refiera a Tartessos, puesto que Fenicia ya había contactado con ellos: “Tarsis comerciaba contigo, por tus riquezas de todo género, intercambiando tus mercaderias con plata, hierro, estaño y plomo”.

El Libro de Jonás 1,3 (siglo VIII a.C.) dice: “Pero Jonás se levantó para ir a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh. Bajó a Yoppe y encontró una nave que iba a zarpar hacia Tarsis. Pagó el pasaje y se embarcó en ella para ir con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Yahvéh”.

En todo caso, los Reyes Magos no podían proceder del Tartessos de la península ibérica mientras que, como no se sabe muy bien donde estaba la Tarsis de la Biblia, toda posibilidad queda abierta.

Son la humanidad en camino hacia Cristo

Sin embargo, a Benedicto XVI le interesan menos estos datos históricos, en los que tampoco profundiza, para detenerse en el significado profundo del hecho para nuestra fe.

Por ello, al final de este apartado dedicado a los sabios que visitaron y adoraron a Jesús, afirma: “Más tarde se ha relacionado a los tres reyes con las tres edades de la vida del hombre: la juventud, la edad madura y la vejez. También esta es una idea razonable, que hace ver cómo las diferentes formas de la vida humana encuentran su respectivo significado y su unidad interior en la comunión con Jesús”.

“Queda la idea decisiva –concluye–: los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado ya la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo”.


LOS MAGOS MAESTROS DE HUMILDAD, NO CONFIARON EN SU SABIDURÍA

Manuel Murillo Garcia
Estos personajes no son los últimos, sino los primeros que saben reconocer el mensaje de la estrella. 
Autor: SS Benedicto XVI
Los Magos, maestros de humildad
No confiaron sólo en su propia sabiduría

Los Magos fueron los primeros de la larguísima fila de aquellos que han sabido encontrar a Cristo en su propia vida y que han conseguido llegar a Aquel que es la luz del mundo, porque tuvieron humildad y no confiaron sólo en su propia sabiduría.

A Belén, no los poderosos y los reyes de la tierra, sino unos Magos, personajes desconocidos, quizás vistos con sospecha, en todo caso indignos de particular atención.

Estos personajes procedentes de Oriente no son los últimos, sino los primeros de la gran procesión de aquellos que, a través de todas las épocas de la historia, saben reconocer el mensaje de la estrella, saben caminar por los caminos indicados por la Sagrada Escritura y saben encontrar, así, a Aquél que es aparentemente débil y frágil, pero que en cambio es capaz de dar la alegría más grande y más profunda al corazón del hombre.

En Él, de hecho, se manifiesta la realidad estupenda de que Dios nos conoce y está cerca de nosotros, de que su grandeza y poder no se expresan en la lógica del mundo, sino en la lógica de un niño inerme, cuya fuerza es sólo la del amor que se nos confía.

Los dones de los Magos, acto de justicia

Los Magos llevaron en regalo a Jesús oro, incienso e mirra. “No son ciertamente dones que respondan a necesidades primarias”, en aquel momento la Sagrada Familia habría tenido ciertamente mucha más necesidad de algo distinto que el incienso y la mirra, y tampoco el oro podía serle inmediatamente útil.

Estos dones, sin embargo, tienen un significado profundo: son un acto de justicia.

Según la mentalidad oriental, representan el reconocimiento de una persona como Dios y Rey: es decir, son un acto de sumisión.

La consecuencia que deriva de ello es inmediata. Los Magos no pueden ya proseguir por su camino. Han sido llevados para siempre al camino del Niño, la que les hará desentenderse de los grandes y los poderosos de este mundo y les llevará a Aquel que nos espera entre los pobres, el camino del amor que por sí solo puede transformar el mundo.

No sólo, por tanto, los Magos se han puesto en camino, sino que desde aquel acto ha comenzado algo nuevo, se ha trazado una nueva vía, ha bajado al mundo una nueva luz que no se ha apagado.

Esa luz, no puede ya ser ignorada en el mundo: los hombres se moverán hacia aquel Niño y serán iluminados por la alegría que solo Él sabe dar.

La importancia de la humildad

Sin embargo, aunque los pocos de Belén que reconocieron al Mesías se han convertido en muchos a lo largo de la historia, los creyentes en Jesucristo parecen ser siempre pocos.

Muchos han visto la estrella, pero son pocos los que han entendido su mensaje.

¿Cuál es la razón por las que unos ven y encuentren, y otros no? ¿Qué es lo que abre los ojos y el corazón? ¿Qué les falta a aquellos que permanecen indiferentes, a aquellos que indican el camino pero no se mueven?

El obstáculo que lo impide, es la demasiada seguridad en sí mismos, la pretensión de conocer perfectamente la realidad, la presunción de haber ya formulado un juicio definitivo sobre las cosas volviendo cerrados e insensibles sus corazones a la novedad de Dios.

Lo que falta es la humildad auténtica, que sabe someterse a lo que es más grande, pero también el auténtico valor, que lleva a creer a lo que es verdaderamente grande, aunque se manifieste en un Niño inerme.

Falta la capacidad evangélica de ser niños en el corazón, de asombrarse, y de salir de sí para encaminarse en el camino que indica la estrella, el camino de Dios.

El Señor sin embargo tiene el poder de hacernos capaces de ver y de salvarnos,

Pido a Dios que nos de un corazón sabio e inocente, que nos consienta ver la estrella de su misericordia, nos encamine en su camino, para encontrarle y ser inundados por la gran luz y por la verdadera alegría que él ha traído a este mundo.

Benedicto XVI, Solemnidad de la Epifanía del Señor


NO LLEGUES CON LAS MANOS VACÍAS: ¿hoy entro a la cueva como los Reyes Magos, después de ser invitado a Belén, por mi estrella?

Manuel Murillo Garcia

Al terminar las fiestas navideñas, vale la pena preguntarnos: ¿qué Navidad he vivido?, ¿hoy entro a la cueva como los Reyes Magos, después de ser invitado a Belén, por mi estrella?
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La luz que en Navidad brilló en la noche, iluminando la gruta de Belén, donde están en silenciosa adoración María, José y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos. La Epifanía es el misterio de luz, simbólicamente indicado por la estrella que guió en su viaje a los Magos (Benedicto XVI, Homilía 6 enero 2006).

En esta llegada de Jesús en el misterio de Belén, aparecen unos personajes simpáticos, exóticos, aventureros, que pueden ofrecernos el día de hoy materia de reflexión y meditación. Tratamos de repasar de modo sintético la aventura que representó para aquellos buenos hombres el ponerse a seguir una estrella, la estrella de Jesús. Como ellos, también nosotros vamos en pos de una estrella, una estrella que busca guiarnos, acompañarnos y dejarnos a las puertas de la felicidad, de la paz, del verdadero amor, de una vida eterna. Es curioso, pero estando ahí para todos, no todos la han querido seguir.

“Hemos visto su estrella”. Los Reyes Magos son proclamadores del misterio de Cristo. Quien al menos por un instante haya contemplado la estrella de Cristo, se siente invitado a proclamarla. Es el caso de la Samaritana, es la experiencia de Sta. Teresa de Jesús, de Juan Pablo II, de la Madre Teresa de Calcuta: cuando se experimenta el amor de Dios, todo se hace fácil y ligero.

Anunciemos gozosos que Cristo ha nacido en nuestro corazón. No hay lugar para la tristeza, cuando Cristo nace en el alma. ¿Qué palabras de aliento y esperanza he llevado en mis labios a lo largo de estos días santos de la Navidad?

Anunciar a Cristo, para el cristiano, es vivir alegre y feliz, es aspirar a la santidad propia de su estado, es construir su familia con la sencillez de su alma y la confianza puesta en Dios. El seguimiento de Cristo no es un camino sembrado de rosas, es, más bien, un sendero estrecho, de grandes alturas y para corazones audaces. Ante todo, ellos se ponen en marcha sin tener la totalidad de la ruta, tienen la corazonada, tienen la inspiración, la estrella que se cruzó por su telescopio, pero nada más. Quien espere tener la hoja de ruta en su experiencia de Dios, se quedará siempre atado a la orilla. Con Dios, una buena dosis de aventura y de confianza en Él, son indispensables.

Ahora bien, esa estrella no siempre brillará esplendorosa. Hay momentos en que se oculta. En la vida hay que seguir, pues sabemos que aunque la estrella desaparezca por las nubes de alguna posible tormenta, la estrella sigue estando ahí, los magos nos dan una gran lección, de fe y constancia. En estos momentos hay que preguntar a Dios, no a mis propias seguridades, no a mi egoísmo, no a la ciencia o al ambiente que nos envuelve, tú sigue buscando la estrella. Cuando tengas dudas, cuando la vida te duela, pregunta, pregunta siempre a tu estrella.

El Papa Benedicto XVI, en una jornada de la juventud, nos decía a todos los jóvenes del mundo: “Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro corazón a Dios, dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el «derecho a hablaros». Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine con su luz vuestra mente y acaricie con su gracia vuestro corazón”.

Es cierto que hoy no buscamos ya a un rey; pero estamos preocupados por la situación del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida?, ¿dónde los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente y del futuro de nuestro mundo?, ¿de quién puedo fiarme; a quién confiarme?, ¿dónde está aquel que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón?.

La respuesta nos la dan los mismos Reyes Magos. Los Magos, una vez que oyeron la respuesta «en Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta», decidieron continuar el camino y llegar hasta el final y ¡vaya, que gran sorpresa!, ahí se encontraron con Dios, se encontraron con el Rey que iban a adorar. «Los Magos están asombrados ante lo que ahí contemplan: el cielo en la tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven encerrado en un pequeñísimo cuerpo, aquello que no puede ser contenido en todo el mundo».

Al terminar estas fiestas navideñas, tal vez valga la pena hacernos algunas preguntas, ¿qué Navidad he vivido?, ¿me he encontrado con este Niño Dios?, ¿hoy entro a la cueva como los Reyes Magos, después de ser invitado a Belén, por mi estrella?, ¿entro con las manos vacías o están llenas de regalos?, ¿me siento satisfecho con Dios y conmigo mismo por lo que he hecho?

Tal vez hoy le podríamos ofrecer a Jesús todas las buenas obras realizadas a lo largo de este año que acaba de terminar, tal vez le ofrezca aquellos proyectos que estoy dispuesto a realizar a lo largo de este nuevo año, no sé, todo está en tus manos y en tu corazón.

Hoy, cuando vayas a Misa, cuando entres una vez más a esa cueva que se llama Iglesia y te encuentres con Cristo, y cuando lo vayas a recibir, recuerda: es el día en el que tengo que ofrecer algo al recién nacido.

Ojalá no sean sólo las sobras de tu vida, o un mero sentimiento o pensamiento de algo que tienes en mente, llévale algo diferente, llévale algo que signifique para tí un verdadero compromiso con Él, tal vez sea una buena confesión, el reconciliarte con algún pariente, el ir a Misa cada domingo, el ser menos gruñón, el compartir tus cosas con tus hermanos, el obedecer siempre con una sonrisa a papá y a mamá, el ser más tolerante…
Autor: P. Dennis Doren L.C

 

 

 


UN REGALO PARA EL RECIÉN NACIDO: Sólo los humildes pueden ir a Belén y arrodillarse ante la maravilla infinita de un Dios hecho Niño y acostado en un pesebre.

Manuel Murillo Garcia
Ya, felizmente, ha llegado esta fecha venturosa de Navidad. Todos guardamos en nuestra alma recuerdos entrañables de las fiestas navideñas: bellos recuerdos de nuestra infancia, y también de nuestra edad juvenil y adulta. Y es que, en este día todos nos hacemos un poco como niños. Y está muy bien que sea así, porque nuestro Señor prometió el Reino de los cielos a los que son como niños. Más aún, desde que Dios se hizo niño, ya nadie puede avergonzarse de ser uno de ellos.
¡Tantas cosas podrían decirse en un día como éstos! Pero no voy a escribir un tratado de teología. Me voy a limitar, amigo lector, a contarte una sencilla y bella historia. Espero que te guste.

Se cuenta que el año 1994 dos americanos fueron invitados por el Departamento de Educación de Rusia -curiosamente-, para enseñar moral en algunas escuelas públicas, basada en principios bíblicos. Debían enseñar en prisiones, negocios, en el departamento de bomberos y en un gran orfanato. En el orfanato vivían casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados por sus padres y dejados en manos del Estado. Y fue en este lugar en donde sucedió este hecho.

Era 25 de diciembre. Los educadores comenzaron a contarles a los niños la historia de la primera Navidad. Les hablaron acerca de María y de José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las posadas y, obligados por las circunstancias, tuvieron que irse a un establo a las afueras de Belén. Y fue allí, en una cueva pobre, maloliente y sucia, en donde nació Dios, el Niño Jesús. Y allí fue recostado en un pesebre.

Mientras los chicos del orfanato escuchaban aquella historia, contenían el aliento, y no salían de su asombro. Era la primera vez que oían algo semejante en su vida. Al concluir la narración, los educadores les dieron a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada niño se le dio un cuadrito de papel amarillo, cortado de unas servilletas, para que asemejaran a unas pajas. Luego, unos trocitos de franela para hacerle la manta al bebé. Y, finalmente, de un fieltro marrón, cortaron la figura de un bebé.

De pronto, uno de ellos fijó la vista en un niño que, al parecer, ya había terminado su trabajo. Se llamaba Mishna. Tenía unos ojos muy vivos y estaría alrededor de los seis años de edad. Cuando el educador miró el pesebre, quedó sorprendido al ver no un niño dentro de él, sino dos. Maravillado, llamó enseguida al traductor para que le preguntara por qué había dos bebés en el pesebre. Mishna cruzó sus brazos y, observando la escena del pesebre, comenzó a repetir la historia muy seriamente. Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez, estaba muy bien, hasta que llegó al punto culminante. Allí Mishna empezó a inventar su propio relato, y dijo: -“Y cuando María puso al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá, y que no tenía ningún lugar adonde ir. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con Él. Le dije que no podía, porque no tenía ningún regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús. Y por eso pensé qué podía regalarle yo al Niño. Se me ocurrió que tal vez como regalo yo podría darle un poco de calor. Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ése sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo que sí, que ése sería el mejor regalo que jamás haya recibido. Por eso me metí dentro del pesebre. Y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre”.

Cuando el pequeño Misha terminó su relato, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas y empapaban sus mejillas; se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre!

Esta conmovedora historia, ¡tiene tanto que enseñarnos! Este niño había comprendido que lo esencial de la Navidad no son los regalos materiales, ni el pavo, ni la champagne, ni las luces y tantas otras cosas buenas y legítimas. Lo verdaderamente importante es nuestro corazón. Y querer estar para siempre al lado de Jesús a través de nuestro amor, de nuestra fe, del regalo de nuestro ser entero a Él.

Dios nace hoy en un establo, no en un palacio. Nace en la pobreza y en la humildad, no en medio de lujos, de poderes y de riquezas. Sólo así podía estar a nuestro nivel: al nivel de los pobres, de los débiles y de los desheredados.

Sólo si nosotros somos pequeños y pobres de espíritu podremos acercarnos a Él, como lo hicieron los pastores en aquella bendita noche de su nacimiento. Los soberbios, los prepotentes y los ricos de este mundo, los que creen que todo lo pueden y que no necesitan de nada ni de nadie -como el rey Herodes, los sabios doctores de Israel y también los poderosos de nuestro tiempo- tal vez nunca llegarán a postrarse ante el Niño en el pobre portal de Belén.

Ojalá nosotros también nos hagamos hoy como niños, como Mishna, como los pobres pastores del Evangelio, para poder estar siempre con Jesús.

Sólo los humildes pueden ir a Belén y arrodillarse ante la maravilla infinita y el misterio insondable de un Dios hecho Niño y acostado en un pesebre. Sólo la contemplación extasiada y llena de fe y de amor es capaz de penetrar -o, mejor dicho, de vislumbrar un poquito al menos- la grandeza inefable de la Navidad. ¡El Dios eterno, infinito, omnipotente e inmortal, convertido en un Niño recién nacido, pequeñito, impotente, humilde, incapaz de valerse por sí mismo! ¿Por qué? Por amor a ti y a mí.

Para redimirnos del pecado, para salvarnos de la muerte, para liberarnos de todas las esclavitudes que nos oprimen y afligen.

Si Dios ha hecho tanto por ti, ¿qué serás capaz tú de regalarle al Niño Dios?

Autor: P. Sergio A. Córdova LC

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La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo: Manifestación del Verbo de Dios a los hombres

Autor: P. Ángel Amo. | Fuente: Catholic.net

Con la solemnidad de la Navidad, la Iglesia celebra la manifestación del Verbo de Dios a los hombres”. En efecto, éste es el sentido espiritual más importante y sugerido por la misma liturgia, que en las tres misas celebradas por todo sacerdote ofrece a nuestra meditación “el nacimiento eterno del Verbo en el seno de los esplendores del Padre (primera misa); la aparición temporal en la humildad de la carne (segunda misa); el regreso final en el último juicio (tercera misa)” (Liber Sacramentorum).

Un antiguo documento del año 354 llamado el Cronógrafo confirma la existencia en Roma de esta fiesta el 25 de diciembre, que corresponde a la celebración pagana del solsticio de invierno “Natalis solis invicti”, esto es, el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más large del año, readquiría nuevo vigor.

Al celebrar en este día el nacimiento de quien es el verdadero Sol, la luz del mundo, que surge de la noche del paganismo, se quiso dar un significado totalmente nuevo a una tradición pagana muy sentída por el pueblo, porque coincidía con las ferias de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían dones de sus patrones y se los invitaba a sentarse a su mesa, como libres ciudadanos. Sin embargo, con la tradición cristiana, los regalos de Navidad hacen referencia a los dones de los pastores y de los reyes magos al Niño Jesús.

En oriente se celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo el 6 de enero, con el nombre de Epifanía, que quiere decir “manifestación”; después la Iglesia oriental acogió la fecha del 25 de diciembre, práctica ya en uso en Antioquía hacia el 376, en tiempo de San Juan Crisóstomo, y en el 380 en Constantinopla. En occidente se introdujo la fiesta de la Epifanía, última del ciclo navideño, para conmemorar la revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano.

Los textos de la liturgia navideña, formulados en una época de reacción contra la herejía trinitaria de Arrio, subrayan con profundidad espiritual y al mismo tiempo con rigor teológico la divinidad y realeza del Niño nacido en el pesebre de Belén, para invitarnos a la adoración del insondable misterio de Dios revestido de carne humana, hijo de la purísima Virgen María.


EL BUEY Y EL ASNO, JUNTO AL PESEBRE: Los rostros del buey y el asno nos miran esta Navidad y nos hacen una pregunta: ¿Comprendes tú la voz del Señor? ¿Volverás a casa llenos de alegría?

Manuel Murillo Garcia
Benedicto XVI, cuando aún no era Papa, escribió varios textos dedicados a la Navidad en el libro Imágenes de la esperanza. 
En la cueva de Greccio (Es una pequeña localidad situada en el valle de Rieti, en Umbría, no muy lejos de Roma ) se encontraban aquella Nochebuena, conforme a la indicación de san Francisco de Asis, el buey y el asno: «Quisiera evocar con todo realismo el recuerdo del niño, tal y como nació en Belén, y todas las penalidades que tuvo que soportar en su niñez. Quisiera ver con mis ojos corporales cómo yació en un pesebre y durmió sobre el heno, entre un buey y un asno».

Desde entonces, el buey y el asno forman parte de toda representación del pesebre. Pero, ¿de dónde proceden en realidad? Como es sabido, los relatos navideños del Nuevo Testamento no cuentan nada de ellos. Si tratamos de aclarar esta pregunta, tropezamos con uno hechos importantes para los usos y tradiciones navideños, y también, incluso, para la piedad navideña y pascual de la Iglesia en la liturgia y las costumbres populares.

El buey y el asno no son simplemente productos de la fantasía piadosa. Gracias a la fe de la Iglesia en la unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento, se han convertido en acompañantes del acontecimiento navideño. De hecho, en Isaías 1,3 se dice: Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne.

Los Padres de la Iglesia vieron en estas palabras una profecía referida al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia constituida a partir de judíos y gentiles. Ante Dios, todos los hombres, judíos y gentiles, eran como bueyes y asnos, sin razón ni entendimiento. Pero el Niño del pesebre les ha abierto los ojos, para que ahora reconozcan la voz de su Dueño, la voz de su Amo.

En las representaciones navideñas medievales, sorprende continuamente cómo a ambos animales se les dan rostros casi humanos; cómo, de forma consciente y reverente, se ponen de pie y se inclinan ante el misterio del Niño. Esto era lógico, pues ambos animales eran considerados la cifra profética tras la que se esconde el misterio de la Iglesia -nuestro misterio, el de que, ante el Eterno, somos bueyes y asnos-, bueyes y asnos a los que en la Nochebuena se les abren los ojos, para que en el pesebre reconozcan a su Señor.

Pero, ¿lo reconocemos realmente? Cuando ponemos en el pesebre el buey y el asno, debe venirnos a la mente la palabra entera de Isaías, que no sólo es buena nueva -promesa de conocimiento venidero-, sino también juicio sobre la presente ceguedad. El buey y el asno conocen, pero «Israel no conoce, mi pueblo no discierne».

¿Quién es hoy el buey y el asno, quién es mi pueblo que no discierne? ¿En qué se conoce al buey y al asno, en qué a mi pueblo? ¿Por qué, de hecho, sucede que la irracionalidad conoce y la razón está ciega?

Para encontrar una respuesta, debemos regresar una vez más, con los Padres de la Iglesia, a la primera Navidad.

¿Quién no conoció? ¿Por qué fue así?

·  Quien no conoció fue Herodes: no sólo no entendió nada cuando le hablaron del Niño, sino que sólo quedó cegado todavía más profundamente por su ambición de poder y la manía persecutoria que le acompañaba.

·  Quien no conoció fue, «con él, toda Jerusalén». Quienes no conocieron fueron los hombres elegantemente vestidos, la gente refinada. Quienes no conocieron fueron los señores instruidos, los expertos bíblicos, los especialistas de la exégesis escriturística, que desde luego conocían perfectamente el pasaje bíblico correcto, pero, pese a todo, no comprendieron nada.

Quienes conocieron fueron -comparados a estas personas de renombre- bueyes y asnos: los pastores, los magos, María y José. ¿Podía ser de otro modo? En el portal, donde está el Niño Jesús, no se encuentran a gusto las gentes refinadas, sino el buey y el asno.

Ahora bien, ¿qué hay de nosotros? ¿Estamos tan alejados del portal porque somos demasiado refinados y demasiado listos? ¿No nos enredamos también en eruditas exégesis bíblicas, en pruebas de la inautenticidad o autenticidad del lugar histórico, hasta el punto de que estamos ciegos para el Niño como tal y no nos enteramos de nada de Él? ¿No estamos también demasiado en Jerusalén, en el palacio, encastillados en nosotros mismos, en nuestra arbitrariedad, en nuestro miedo a la persecución, como para poder oír por la noche la voz del ángel, e ir a adorar?

De esta manera, los rostros del buey y el asno nos miran esta noche y nos hacen una pregunta: Mi pueblo no entiende, ¿comprendes tú la voz del Señor? Cuando ponemos las familiares figuras en el nacimiento, debiéramos pedir a Dios que dé a nuestro corazón la sencillez que en el Niño descubre al Señor -como una vez San Francisco en Greccio-. Entonces podría sucedernos también -de forma muy semejante a san Lucas cuando habla sobre los pastores de la primera Nochebuena-: todos volvieron a casa llenos de alegría.

Autor: Joseph Ratzinger

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CON MARÍA, HACIA MI PROPIA NAVIDAD: ¡Ya pronto es Navidad! María me invita a caminar hacia Belén, no la dejes sola, esperando, en un recodo del camino…

Manuel Murillo Garcia
Faltan pocos días para la Navidad aquí en mi ciudad. Ya has salido, junto a José, camino de Belén, Señora mía…
Preparaste amorosamente la ropita del pequeño, llevas todo lo que imaginas podrás necesitar. José organizó la logística del viaje, por donde ir, cuando parar, cuando llegar… cada uno en lo suyo, pero juntos. En el aire se respira “aroma de parto”.
¡Cómo quisiera acompañarte, Señora mía, en ésta, la más hermosa y decisiva peregrinación de la historia! ¡Cómo quisiera haber sido tan sólo uno de los perros que seguían al asno en su camino!…

Si tanto lo deseas, hija querida ¿Por qué entonces, no vienes con nosotros? …Vamos … sin tanto preámbulo ¿Vienes?

Tu voz clara, tu mirada serena, tu perfume indescriptible, le preguntan a mi pobre alma aturdida por las cosas del mundo. Tantas veces te he olvidado, Señora, tantas veces te he dejado esperando y, aún así, tu amor de madre me invita a caminar hacia Belén.

- ¡Claro que sí, Madre querida!- te contesta mi voz en un hilo… quisiera llorar, reír… no sé… opto por seguirte.

Anochece. Nazaret ha quedado atrás. Se han detenido a descansar un poco. José junta un poco de leña para hacer fuego. Tú estás sentada tratando de cocinar algo… justo se cruza un animal del campo, José lo atrapa.

El Señor nos mandó una buena cena, hermosa mía te dice el esposo cuando llega con su trofeo de caza.

Él nos provee siempre, esposo mío, sabe nuestras necesidades, pero por sobre todo, nos provee el alma con fuerza de su amor.

Te recuestas un rato, estás cansada. Yo te observo a pocos pasos… José va por más leña… Miras el cielo… Le hablas a tu bebé:

“Mira amor, desde aquella estrella grande, que brilla, Papá nos mira… ¿La ves?… bueno, bueno, tranquilo, no saltes así.- te ríes, una lágrima te acaricia la mejilla y se pierde en el viento de la noche – Amor, falta poco para llegar. ¿Qué haremos cuando sea tu tiempo? ¿Dónde nacerás? Seguro Papá ya tiene todo preparado, yo no pregunto, soy su esclava, voy donde me mande. ¿Sabes amor? Ser su esclava no es como las esclavitudes del mundo, que ahogan y atan, ser su esclava es como tener alas… como… soñar sin límites. Ser su esclava es llenarse de paz, no temer, caminar confiada, saber que todo camino es trazado por sus manos, que toda circunstancia es Camino hacia el Padre. Duerme ahora, hijo mío querido ¿Sabes? Estoy impaciente por verte, por besarte, por abrazarte… pero ya habrá tiempo, ahora, hijo, ahora es tiempo de caminar… 

José vuelve con más leña, prepara la cena, y te sirve una abundante y rica porción. El olor de la carne asada trepa el aire… comen alegres, riendo con recuerdos del pasado, soñando con el día del nacimiento…

De pronto, les sobresalta un ruido…

Quédate aquí quieta, veré lo que es…

Teme José a los asaltantes que podían haberse escondido entre las sombras ¿Qué podrían llevarles? Nada, pues nada tienen. El mayor de los tesoros estaba escondido en el seno purísimo de María.

No temas, querida, es sólo un animal vagabundo. Duerme, duerme ahora, hermosa mía, que el viaje aún no termina, y el día de mañana será largo.

Te recuestas, Señora mía, cerca del fuego, José te cubre delicadamente con una manta. Te quedas dormida. Él te mira con ternura infinita. ¿Qué pensamientos estarán cruzando por su mente y su corazón en estos momentos? No quiero yo moverme, pues temo me vea José.

¿Te piensas quedar toda la noche tras una piedra? - el esposo voltea hacia mí y me mira con una mirada llena de paz, aunque no exenta de cierta preocupación.

- Yo… lo siento, no quería molestar… es que…

Lo sé ¿Olvidas que me cuenta todo? Ella te invitó a venir con nosotros en este viaje del 2009.

- ¿Qué dices José? ¿Cómo del 2009? ¿No es éste una especie de sueño donde yo los acompaño en un viaje realizado hace más de 2000 años?

Pues no, querida mía. Cada año, María y yo volvemos a viajar a Belén. Cada año es como si Cristo volviera a nacer. Sólo que su nacimiento no es físico… Jesús quiere nacer en el corazón de cada uno.

- Pero… no entiendo… hay mucha gente buena en el mundo, religiosos, sacerdotes, laicos, que también quisieran acompañarlos… ¿Cómo, entonces, viajan tan solos?

Porque éste, mi querida, es TU viaje hacia Belén, nadie puede hacerlo por ti. Éste es tu camino para dejar que Jesús nazca en tu alma. Éste es el viaje que debes hacer, a través de las montañas de tu corazón, debes cruzar los ríos de tu orgullo, que, aunque torrentosos, pueden cruzarse si te acompañamos. Debes soportar los vientos de la soledad y la tristeza. Debes enfrentarlos y vencerlos por amor a Jesús. ¿Comprendes ahora? .

Me quedo sin palabras. José es un hombre sabio, me explica lo que sucede con la sencillez de los grandes hombres. Estoy en el desierto de mi corazón, cuando amanezca… ¡Oh Dios! Cuando amanezca se mostrarán todos los valles, quebradas y torrentosos ríos de mi alma… ¡Qué vergüenza!. Mi corazón está tan lleno de pecados, que… no sé… quisiera salir corriendo pero ¿Adónde?. Ni siquiera hallaré un lugar donde esconder mi rostro…

¿Por qué quieres esconderte? preguntas, María querida, despertando de tu reparador descanso.

- Es que José me ha explicado… y temo que, al amanecer, no te guste lo que veas, Señora…

¿Y que se supone que veré? 

- Mi corazón, que no es como yo quisiera, que hace el mal que no quiere y no hace el bien que desea, mi torpe corazón, tan lleno de culpas y olvidos para contigo.

Creo, hija mía, que no comprendes la verdadera dimensión del amor que Jesús tiene por ti- y colocas tu pequeña mano sobre el vientre abultado -Jesús estaba esperando a que tú desearas realizar este viaje, Jesús está esperando que tú te arrepientas de tus errores, pues Él es manantial de misericordia, Jesús espera que tú quieras recibirlo en tu alma. Para ello, busca el sacramento de la Reconciliación. Allí, verás cómo el paisaje de tu corazón se transforma, como los ríos se vuelven calmos, las quebradas se transforman en fértiles valles y el desierto de tu corazón se llena del perfume de su Amor. Jesús te llama, hija, te llama siempre. Desde su lastimado corazón, parte su pedido hasta el tuyo. El llamado es de Él, la decisión, tuya… indefectiblemente tuya… Ahora descansa, el día de mañana será largo.

Me recuesto cerca del fuego. No puedo dormir, mas bien no puedo dejar de llorar. Tanto me amas Jesús mío, que haces todo esto por mí, por cada ser humano, por todos, por todos. José me cubre con una manta… por fin me duermo.

Amanece. Tu esposo ha preparado un poco de pan para comer antes de reiniciar el viaje. Pan… me tiemblan las manos, lo recibo agradecida. Tiene el sabor del pan de la mesa de mi casa, el sabor conocido de las pequeñas cosas de mi vida.

Nos ponemos en camino, hay viento, cuesta avanzar, José y yo caminamos, María viaja sobre el animal que parece muy feliz de transportar tan preciado equipaje. Hay demasiado viento, la arena casi nos ciega, apenas si podemos conservar el rumbo.

- ¡Debemos detenernos!- le grito a José.

¡Aquí no, avanzaremos hasta esas rocas y buscaremos refugio! 

- ¡No lo lograremos, casi no se ve nada!

Déjate guiar, conozco el terreno, no temas, llegaremos ¿Ves? Igual actúas en las tormentas de tu alma, en lugar de dejarte guiar por Jesús, acampas en cualquier parte de tu dolor y te tapa la arena de la desesperación.

Llegamos por fin a las rocas, que ofrecían buen refugio. La tormenta pasó. José propone seguir el viaje. María está realmente agotada pero calla, sabe que no puede quedarse a la mitad del camino, ahora debe seguir, no hay regreso.

Anochece. Se pone frío. A lo lejos se divisa una fogata, José nos deja en buen resguardo y se acerca a ver si son confiables. Regresa emocionado.

¡Es Pablo, mi primo y unas familias más! Ellos también deben registrarse en Belén. Dicen que la ciudad esta atestada de gente. Eso me preocupa, pero ya veremos al llegar, ahora vamos, nos invitaron a compartir la cena.

José avanza con el animal. María prefiere caminar un poco. Le ofrezco mi brazo, y se apoya.

¿Ves hija? Muchas veces Dios nos pone buenos amigos, buenos consejeros en el camino, la decisión es nuestra, o quedarnos en la oscuridad de nuestra propia noche o arriesgarnos a avanzar un poco hacia aquellos que nos pueden ayudar.

La familia de José se muestra amable. María tiene una sonrisa encantadora y una voz tan exquisita que todos quedan muy admirados de ella y no dejan de felicitar a José por tan bella esposa.

Al amanecer seguimos caminando, José se despide de su familia, ya que ellos se quedarán en el campamento por unos días esperando a otros parientes.

Belén se dibuja nítido en el horizonte. La gente va y viene a causa del censo. Vamos llegando, cuando María le dice a José.

Esposo mío, ya es tiempo… el niño nacerá pronto… 

Ayúdame a encontrar un sitio para el nacimiento me pide José- recuerda que debe ser digno de Él, no por el lujo sino por la sencillez, el amor, la generosidad y la predisposición para recibirlo 

- Pero ¿Dónde encuentro ese sitio, José?

No lo sé, recuerda que estamos en tu corazón, tú lo conoces, al menos, deberías. Busca en tu corazón un lugar donde María pueda dar a luz.

El lugar que José me solicitaba debía estar libre de las espinas de mi egoísmo, protegido y al reparo de los vientos de mi ira, sin grietas, para que no le inundase la lluvia fría de mi falta de fe.

José me pide ese lugar… antes de ponerme a buscar haré caso del consejo de María, buscaré el sacramento de la Reconciliación.

María me despide…

Aquí estaremos esperando, hija querida, ve y encuentra ese lugar para Jesús. Dale esa alegría a mi Corazón Inmaculado, busca, hija, busca… estoy segura que ese lugar existe, pero debes encontrarlo por ti misma Recuerda, nadie puede hacer esa búsqueda por ti. Vamos, que Jesús espera…

Abrazo a mi Madre querida con todas mis fuerzas, beso sus hermosas manos. Abrazo a José, quien besa mi frente y murmura…

Confío en ti, sé que volverás, sé que no nos dejarás en espera. No te distraigas en el camino, no te distraigas, por fuerte que sea la tentación. Busca, hija, que el que busca encuentra.

- Gracias, gracias- y mi voz es un susurro ahogado por el llanto.

Los dejo, cada tanto giro el rostro para verlos, aún están donde les dejé, en un recodo del camino… debo encontrar el mejor lugar dentro de mi corazón. Queda poco tiempo. Debo encontrar ese lugar y venir por ellos para guiarlos…

Sé que lo hallaré, no será fácil, deberé limpiarlo, asearlo y acondicionarlo. Llenarlo de amor y de fe. Pediré al Padre incremente mi fe… haré oración, seguiré los caminos del Adviento…

Dios jamás defrauda a los que en él depositan sus mejores sueños. Recuerdo que desde setiembre vengo pensando cómo hacer de ésta una Navidad especial… Dios me escuchó, María me escuchó, me invitó a caminar hacia Belén, nos invita a todos, no la dejemos sola, esperando, en un recodo del camino…

Autor: María Susana Ratero.

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NOTA de la autora:Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

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Y se hizo hombre: Navidad es el nacimiento más conmovedor de un niño sobre el que gravita el abisal misterio

Autor: Roberto Esteban Duque | Fuente: www.revistaecclesia.com

Mis recuerdos de navidad más persistentes (los más humanos y profundos) son relativos a las raíces, al lugar de nacimiento, donde el pueblo sustenta con esperanza y sabiduría bellas tradiciones religiosas, preparando así el auténtico porvenir, manteniendo al hombre al servicio de una causa mayor y vinculando la vida a su verdadero origen y destino, haciendo el tiempo permeable a lo eterno, renovando la alianza de lo humano y lo divino, de la historia y de Dios presente en ella.

Cuando llega la Nochebuena, en Mira -una delicia de pueblo enclavado en la Sierra baja de Cuenca, vertiginoso en sus calles empinadas y sereno en su dilatada vega- irrumpe con gozo, finalizada “la Misa del Gallo”, la costumbre de cantar la “albá” a la Virgen, unos sencillos y dignos versos donde los más jóvenes (los extinguidos “quintos”) reconocen y adoran con sus voces, acompañadas de guitarras y bandurrias, el misterio celebrado ante el asombro y la alegría de todos.

Si le preguntamos a cualquier hombre sensato sobre el motivo por el que en navidad se imponen desde el interior los sentimientos enterrados durante largo tiempo, experimentando una poderosa atracción hacia el bien en una ternura que se quiere eterna; si le decimos al hombre cabal cuál es la causa por la que ahora se abren las puertas que permanecían selladas con obstinación de espanto y brota como un fuego místico antes apagado; si solicitamos su humana respuesta para encontrar una razón por la que se busca a la familia, como si lo externo apenas importase al descubrir el valor de lo interior, como si el cielo fuese lo más parecido a un hogar, ese hombre exclamaría con la espontaneidad propia de la infancia que se trata de un tiempo de fraternidad fundado en la filiación, de alegría por tener entre nosotros a Aquel que, en expresión de San Atanasio, “se hizo hombre para que nosotros llegáramos a ser Dios”.

Navidad es el nacimiento más conmovedor de un niño sobre el que gravita el abisal misterio y donde confluyen la omnipotencia y la indefensión, la fuerza de un Dios que nace en la debilidad y la dependencia de su madre. Navidad es la creciente vigilancia del amor de un hombre y una mujer cuyo gozo, circundado por la pobreza y las dificultades, descansa en la presencia de un niño donde cristaliza el cumplimiento de las promesas de Dios para todos los hombres. Navidad es una cueva utilizada como establo por los montañeros de Belén; un lugar oscuro, apenas reconocible; el santuario de Dios donde la Sagrada Familia se hace acreedora del carácter sagrado de la vida al poner su morada un Dios cercano entre nosotros. Navidad es el gesto del don tan absoluto como escandaloso: “Tanto amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo” (Jn 3, 16), la celebración de la infinita dignidad del hombre, llamado a la alianza y comunión divinas, en permanente éxodo y acogida de todo hombre.

Tras el pecado de nuestros primeros padres, Adán y Eva, Dios no abandonó al hombre, sino que les prometió un Salvador (Gn 3,15), cuyo nacimiento tendría lugar en Belén (Mi 5,1), de la estirpe de David (Is 11,1), que se le pondría por nombre “Emmanuel”, que significa Dios con nosotros (Is 7,14).

Descendiente de David, su misión será redentora. Toda la vida de Cristo es redentora, cualquier acto de Jesús posee un valor trascendente de salvación, porque son actos del Verbo encarnado. Su vida cotidiana en familia, su trabajo en Nazaret, su entera vida oculta, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revelan, como afirma San Josemaría, que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino.

La encarnación hace que todas las cosas asuman un carácter sagrado. Dios se hace hombre, entra en la historia y la “deifica”; el hombre deviene así signo sacramental del Dios encarnado. Para Chesterton, desde la encarnación, cada cosa material es un signo sagrado. La representación del Belén, el árbol de Navidad, la cena de Nochebuena en familia, los regalos de Navidad…tienen un sentido profundo que nace de la realidad misma de la encarnación: “La idea de corporizar el afecto, esto es, de ponerlo en un cuerpo, es la enorme y primigenia idea de la encarnación”.

La misma paz entre los hombres sólo es posible desde la encarnación. Nos lo recuerda Benedicto XVI en su Mensaje con motivo de la celebración de la XLVI Jornada Mundial de la Paz: “Dios mismo, mediante la encarnación del Hijo, y la redención que él llevó a cabo, ha entrado en la historia, haciendo surgir una nueva creación y una alianza nueva entre Dios y el hombre (cfr. Jr 31, 31-34), y dándonos la posibilidad de tener “un corazón nuevo” y “un espíritu nuevo” (Ez 36, 26).

A esta exaltación de la naturaleza humana, sacralizada porque el Verbo se hizo carne, se unirá como consecuencia de la encarnación la adopción de hijos (Gá 4, 4-5): somos hijos en el Hijo; el alimento para el alma: “echado en un pesebre” (Lc 2, 12) para saciarnos con el trigo de su carne; así como alcanzar una mayor bienaventuranza: “quien por mí entrare será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pastos” (Jn 10,9).

El tiempo de navidad nos revela una verdad esencial, incomprensible para un hombre empeñado en asirse a honores y poderosos medios, cautivo y enemigo de sí mismo: lo grande sucede en lo pequeño. La historia es el formidable drama de una alegría que, en medio de dificultades, concibe fraternidad. Dios desciende y se acerca a los hombres por el camino de hacerse pequeño. Desprovisto de todo, en la soledad y el abandono de los hombres, revestido de la fragilidad y humildad de la carne humana de un niño, desapercibido y carente de dignidades humanas, el escándalo de la Palabra hecha carne será el de un Dios que nos da al Hijo, para que éste a su vez, amante del cuidado y del amor por lo débil, dando fruto a través de una vida entregada, dé la vida a quienes creen en él.

Esta verdad debe aplicarse al cristiano de nuestros días, envuelto también en debilidad, pero portador de una promesa de vida y esperanza para el mundo en la persona de un niño esperado con amor. El cristiano, convencido de ser una minoría, será capaz de crecer y transformarlo todo, sin renunciar a su fe y a la fidelidad del don recibido. Atento siempre a lo pequeño y pobre, al amor por los pequeños, construirá algo nuevo por medio de una entrega generosa, de un camino de amor concreto en el que transmitir un cuidado humano y divino.

Con motivo de la encarnación, en ninguna persona como en la Virgen -nos recuerda Santo Tomás de Aquino-, las tres divinas personas encuentran alegría en vivir en su alma llena de gracia. A ella, la “albá” de mi pueblo, y también a San José el olvidado, el hombre justo, con una justicia más parecida a la divina que a la humana. Y todas las “albás” del alma en honor al Dios que se hizo hombre -como afirma el Credo- “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, para salvarnos reconciliándonos con Dios y para que conociésemos así el amor de Dios, para ser nuestro modelo de santidad y hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 P 1,6).


DESDE BADAJOZ-ESPAÑA….¿QUÉ SIGNIFICA PARA MÍ LA NAVIDAD?

Corramos con alegría hacia Belén, acojamos en nuestros brazos al Niño que María y José nos presentarán.

Homilía de SS Benedicto XVI, el viernes 16 de diciembre de 2011 en el rezo de Vísperas con los universitarios de los ateneos romanos en preparación a la Navidad.

“Sed contantes, hermanos, hasta la venida del Señor” (St 5,7)

Con estas palabras el Apóstol Santiago nos indica la actitud interior para prepararnos a escuchar y a acoger de nuevo el anuncio del nacimiento del Redentor en la cueva de Belén, misterio inefable de luz, de amor y de gracia.

(…)

Queridos amigos, Santiago nos exhorta a imitar al agricultor, que “espera con constancia el precioso fruto de la tierra” (St 5,7). (…)¿Pero es realmente así? La invitación a la espera de Dios ¿está fuera de nuestra época? Una vez más, podemos preguntarnos con radicalidad: ¿Qué significa para mí la Navidad?, ¿es realmente importante para mi existencia, para la construcción de la sociedad?

Son muchas, en nuestra época, las personas, que ponen voz a la pregunta de si debemos esperar algo o a alguien; si debemos esperar a otro mesías, a otro dios; si vale la pena confiar en aquel Niño que en la noche de Navidad encontramos en el pesebre entre José y María.

La exhortación del Apóstol a la constancia paciente, que en nuestro tiempo podría dejar un poco perplejo, es, en realidad, el camino para acoger en profundidad la cuestión de Dios, el sentido que tiene en la vida y en la historia, porque es en la paciencia, en la fidelidad y en la constancia de la búsqueda de Dios, de la apertura a Él, donde Él revela su rostro. No necesitamos un dios genérico, indefinido, sino un Dios vivo y verdadero, que abra el horizonte del futuro del hombre a una perspectiva de esperanza firme y segura, una esperanza rica de eternidad y que permita afrontar con valentía el presente en todos sus aspectos. Deberíamos decir entonces: ¿dónde puedo buscar el verdadero Rostro de este Dios? O mejor todavía: ¿Dónde Dios se encuentra conmigo mostrándome su Rostro, revelándome su misterio, entrando en mi historia?

Queridos amigos, la invitación de Santiago: “Sed contantes, hermanos, hasta la venida del Señor”, nos recuerda que la certeza de la gran esperanza del mundo se nos da y que no estamos solos y que no construimos nuestra historia en soledad. Dios no está lejos del hombre, sino que se ha inclinado hacia él y se ha hecho carne (Jn 1,14), para que el hombre comprenda donde reside el sólido fundamento de todo, el cumplimiento de sus aspiraciones más profundas: en Cristo (cfr Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 10).

La paciencia es la virtud de los que se confían a esta presencia en la historia, que no se dejan vencer por la tentación de poner la esperanza en lo inmediato, en perspectivas puramente horizontales, en proyectos técnicamente perfectos, pero lejos de la realidad más profunda, la que da la dignidad más alta a la persona humana: la dimensión trascendente, el ser criatura a imagen y semejanza de Dios, el llevar en el corazón el deseo de elevarse hacia Él.

Hay otro aspecto que quisiera destacar esta tarde. Santiago nos ha dicho: “Mirad al agricultor: este espera con constancia” (5,7). Dios, en la Encarnación del Verbo, en la encarnación de su Hijo, experimentó el tiempo del hombre, de su crecimiento, de su hacer en la historia. Este Niño es el signo de la paciencia de Dios, que en primer lugar es paciente, constante, fiel a su amor hacia nosotros; Él es el verdadero “agricultor” de la historia, que sabe esperar. ¡Cuántas veces los hombres han intentado construir el mundo solos, sin o contra Dios! El resultado está marcado por el drama de las ideologías que, al final, se ha demostrado que van contra el hombre y su dignidad profunda.

La constante paciencia en la construcción de la historia, tanto a nivel personal como comunitario, no se identifica con la tradicional virtud de la prudencia, de la que ciertamente se tiene necesidad, sino que es algo más grande y complejo. Ser constantes y pacientes significa aprender a construir la historia con Dios, porque sólo edificando sobre Él y con Él la construcción está bien fundada, no instrumentalizada para fines ideológicos, sino verdaderamente digna del hombre.

Esta tarde reencendemos de una forma más luminosa la esperanza de nuestros corazones, porque la Palabra de Dios nos recuerda que la venida del Señor está cerca, incluso el Señor está con nosotros y es posible construir con Él.

En la gruta de Belén la soledad del hombre está vencida, nuestra existencia ya no está abandonada a las fuerzas impersonales de los procesos naturales e históricos, nuestra casa puede ser construida en la roca: nosotros podemos proyectar nuestra historia, la historia de la humanidad, no en la utopía sino en la certeza de que el Dios de Jesucristo está presente y nos acompaña.

Queridos amigos, corramos con alegría hacia Belén, acojamos en nuestros brazos al Niño que María y José nos presentarán. Volvamos a partir de Él y con Él, afrontando todas las dificultades.

A cada uno de vosotros el Señor os pide que colaboréis en la construcción de la ciudad del hombre, conjugando de un modo serio y apasionado la fe y la cultura.

Por esto os invito a buscar siempre, con paciente constancia, el verdadero Rostro de Dios. (…) Buscar el Rostro de Dios es la aspiración profunda de nuestro corazón y es también la respuesta a la cuestión fundamental que va emergiendo cada vez más en la sociedad contemporánea.

(…)

Queridos amigos, esta tarde nos apresuramos unidos con confianza en nuestro camino hacia Belén, llevando con nosotros las esperanzas de nuestros hermanos, para que todos podamos encontrar al Verbo de la vida y confiarnos a Él. (…) Llevar a todos el anuncio de que el verdadero rostro de Dios está en el Niño de Belén, tan cercano a cada uno de nosotros, porque Él es el Dios paciente y fiel, que sabe esperar y respetar nuestra libertad.

A Él, esta tarde, queremos confesar con confianza el deseo más profundo de nuestro corazón: “Yo busco tu rostro, Señor, ¡ven, no tardes!” Amén.
Autor: SS Benedicto XVI.

MANUEL MURILLO GARCIA Para ir al Blog “Solo Informatica, por Manuel Murillo Garcia”, siga este enlace: http://mmurilloinformatica.blogspot.com/  Para ir al  Blog ”MIS COSAS” http://murillomanolo.blogspot.com/


La Navidad no es solo para una noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más…es todos los días.

Manuel Murillo Garcia

Niño Jesus obra de:

Salvador Madroñal Escultor Imaginero

Una vez más hemos limpiado la casa. Hemos pulido los metales, hemos abrillantado las maderas.

Una vez más hemos sacudido el polvo, hemos encendido las luces…

Una vez más hemos hecho estrellas de papel plateado, hemos colgado guirnaldas, una vez más está engalanado el árbol de Navidad, una vez más, Señor, tienen nuestra casa ambiente de fiesta navideña.

Una vez más hemos andado con el vértigo del tráfico, de acá para allá buscando regalos y una vez más, Señor, hemos dispuesto la mesa y preparado la cena con esmero… una vez más, Señor…

Y una vez más todo esto pasará y será como fuego de artificio que se pierde en la noche de nuestras vidas, si todo esto ha sido meramente exterior. Si no hemos encendido la luz de Tu amor en nuestro corazón. Si nuestra voluntad no se inclina ante ti y te adora incondicionalmente.

Tu no quieres tibios , ya lo dijiste cuando siendo hombre habitabas entre nosotros, no quieres “medias tintas”, a ratos si y a ratos no. Trajiste la paz pero también la guerra. La guerra dentro de nosotros mismos para vencer nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra envidia, nuestra gran pereza para la entrega total.

La Navidad no es solo para esta noche y de esta noche un ratito y tal vez mañana otro poquito. Es mucho más que eso, es todos los días, todos los meses y todos los segundos del año en que tenemos que vivir la autenticidad de nuestro Credo.

Ser auténticos con nuestra Fe no solo es: no robar, no matar, no hacer mal a nadie. Busquemos en nuestro interior y veamos esos pecados de omisión: el no hacer el bien, el no preocuparnos de los que están a nuestro lado, del hermano que nos tiende la mano y hacemos como que no lo vemos, como que no lo oímos… Veamos si en nuestra vida hay desprendimiento y generosidad o vivimos solo para atesorar y cuando nos parece que tenemos las manos llenas, las tenemos vacías ante los ojos de Dios.

Que esta Noche sea Nochebuena de verdad en nuestro corazón. Vamos a limpiar y quitar el polvo del olvido para las buenas obras. Vamos a colgar para siempre la estrella de la humildad donde antes había soberbia, vamos a poner una guirnalda de caridad donde antes había desamor.

Vamos a cambiar nuestra vida interior fría y apática, por una valiente y plena de autenticidad. Vamos a darte, Señor, lo que viniste a buscar en los hombres una noche como esta hace ya muchos años: limpieza de corazón y buena voluntad.

Empezamos esta pequeña reflexión con: Una vez más Señor… pues bien, ya no será una vez más, será: Siempre más, Señor.

Y como es una Noche muy especial, en nuestra primera oración, en nuestra primera conversación contigo te pedimos:

POR LOS ENFERMOS, POR LOS QUE NADA TIENEN Y NADA ESPERAN, POR LA PAZ EN EL MUNDO, POR LOS QUE TIENEN HAMBRE, POR LOS QUE TIENEN EL VACÍO DE NO SER QUERIDOS, POR LOS QUE YA NO ESTÁN A NUESTRO LADO, POR LOS NIÑOS Y LOS JÓVENES, POR LOS MATRIMONIOS, POR EL PAPA BENEDICTO XVI, POR LA IGLESIA, POR LOS SACERDOTES.
A TODOS DANOS TU BENDICIÓN Y UNA MUY FELIZ NAVIDAD.
Autor: Ma Esther De Ariño


El nacimiento del Redentor

Fotografía: http://jesusenguatemala.com

Nacimiento en la Basilica Menor de Santo Domingo

Para otros usos de este término, véase Navidad (desambiguación).

No debe confundirse con Natividad.

La Navidad (latínnativitas, «nacimiento», )? es una de las fiestas más importantes del cristianismo —junto con la Pascua y Pentecostés—, que celebra el nacimiento de Jesucristo en Belén. Esta fiesta se celebra el 25 de diciembre por la Iglesia católica, la Iglesia anglicana, algunas otras iglesias protestantes y la Iglesia ortodoxa rumana; y el 7 de enero en otras iglesias ortodoxas, ya que no aceptaron la reforma hecha al calendario juliano, para pasar al calendario conocido como gregoriano, del nombre de su reformador, el Papa Gregorio XIII.

Los angloparlantes utilizan el término Christmas, cuyo significado es ‘misa (mass) de Cristo’. En algunas lenguas germánicas, como elalemán, la fiesta se denomina Weihnachten, que significa ‘noche de bendición’. Las fiestas de la Navidad se proponen, como su nombre indica, celebrar la Natividad (es decir, el nacimiento) de Jesús de Nazaret.

La celebración de esta fiesta el 25 de diciembre se debe a la antigua celebración del nacimiento anual del dios-Sol en el solsticio de invierno(natalis invicti Solis),1 adaptada por la Iglesia católica en el tercer siglo d. C. para permitir la conversión de los pueblos paganos.2

Por tanto, para algunos historiadores la celebración de la Navidad histórica debería situarse en primavera (entre abril y mayo), y para otros, siguiendo el relato de Lucas 2:8, que indica que la noche del nacimiento de Jesús, los pastores cuidaban los rebaños al aire libre y que el cielo estaba lleno de estrellas, es poco probable que este acontecimiento hubiera ocurrido en el invierno (hemisferio norte). La Iglesia cristiana mantiene el 25 de diciembre como fecha convencional, puesto que en la primavera u otoño la Iglesia celebra la Pascua.

Formación de la Navidad como fiesta de diciembre

Según la Enciclopedia Católica,3 la Navidad no está incluida en la lista de festividades cristianas de Ireneo ni en la lista de Tertuliano acerca del mismo tema, las cuales son las listas más antiguas que se conocen. La evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la Navidad se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de nuestra era, cuando Clemente de Alejandría indica que ciertos teólogos egipcios “muy curiosos” asignan no sólo el año sino también el día real del nacimiento de Cristo como 25 pashons copto (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto. Desde221, en la obra ChronographiaiSexto Julio Africano popularizó el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. Para la época del Concilio de Nicea I en 325, la Iglesia Alejandrina ya había fijado el Díes nativitatis et epifaníae.

El papa Julio I pidió en 350 que el nacimiento de Cristo fuera celebrado el 25 de diciembre, lo cual fue decretado por el papa Liberio en 354. La primera mención de un banquete de Navidad en tal fecha en Constantinopla, data de 379, bajo Gregorio Nacianceno. La fiesta fue introducida en Antioquía hacia 380. En Jerusalén, Egeria, en el siglo IV, atestiguó el banquete de la presentación, cuarenta días después del 6 de enero, el 15 de febrero, que debe haber sido la fecha de celebración del nacimiento. El banquete de diciembre alcanzó Egipto en el siglo V.

rohibición de la celebración de la Navidad

Durante la Reforma protestante, la celebración del nacimiento de Cristo fue prohibida por algunas iglesias protestantes, llamándola “Trampas de los papistas” y hasta “Garras de la bestia”, debido a su relación con el catolicismo y el paganismo antiguo. Después de la victoria parlamentaria contra el Rey Carlos I durante la Guerra civil inglesa en 1647, los gobernantes puritanos ingleses prohibieron la celebración de la Navidad. El pueblo se rebeló realizando varios motines hasta tomar ciudades importantes como Canterbury, donde decoraban las puertas con eslóganes que hablaban de la santidad de la fiesta. La Restauración de 1660 puso fin a la prohibición, pero muchos de los miembros del clero reformista, no conformes, rechazaban las celebraciones navideñas, utilizando argumentos puritanos.

En la época colonial de los Estados Unidos, los puritanos de Nueva Inglaterra rechazaron la Navidad, y su celebración fue declarada ilegal en Boston de 1659 a 1681. Al mismo tiempo, los cristianos residentes de Virginia y Nueva York siguieron las celebraciones libremente. La Navidad cayó en desgracia en los Estados Unidos después de la Revolución, porque se consideraba una costumbre inglesa.

En la década de 1820, las tensiones sectarias en Inglaterra se habían aliviado y algunos escritores británicos comenzaron a preocuparse, pues la Navidad estaba en vías de desaparición. Dado que imaginaban la Navidad como un tiempo de celebración sincero, hicieron esfuerzos para revivir la fiesta. El libro de Charles Dickens Un cuento de Navidad, publicado en 1843, desempeñó un importante papel en la reinvención de la fiesta de Navidad, haciendo hincapié en la familia, la buena voluntad, la compasión y la celebración familiar.

La Navidad fue declarada día feriado federal de los Estados Unidos en 1870, en ley firmada por el Presidente Ulysses S. Grant, pero aún es una fiesta muy discutida por los distintos líderes puritanosde la nación.

En la actualidad, los Testigos de Jehová no celebran la Navidad, por considerarla una festividad pagana, ya que su celebración no aparece prescrita en la Biblia. Además, rechazan que el 25 de diciembre sea la verdadera fecha del nacimiento de Cristo.

Fiestas no cristianas del 25 de diciembre

La verdadera fecha de nacimiento de Jesús no se encuentra registrada en la Biblia. Por esta razón, no todas las denominaciones cristianas coinciden en la misma fecha. Los orígenes de esta celebración, el 25 de diciembre, se ubican en las costumbres de los pueblos de la antigüedad que celebraban durante el solsticio del invierno (desde el 21 de diciembre), alguna fiesta relacionada al dios o los dioses del sol, como Apolo y Helios (en Roma y Grecia), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlan), entre otros. Algunas culturas creían que el dios del sol nació el 21 de diciembre, el día más corto del año, y que los días se hacían más largos a medida que el dios se hacía más viejo. En otras culturas se creía que el dios del sol murió ese día, sólo para volver a otro ciclo.

  • Los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del “Natalis Solis Invicti” o “Nacimiento del Sol invicto”, asociada al nacimiento de Apolo. El 25 de diciembre fue considerado como día del solsticio de invierno, y que los romanos llamaron bruma; cuando Julio César introdujo su calendario en el año 45 a. C., el 25 de diciembre debió ubicarse entre el 21 y 22 de diciembre de nuestro Calendario Gregoriano. De esta fiesta, los primeros cristianos tomaron la idea del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo. Otro festival romano llamado Saturnalia, en honor a Saturno, duraba cerca de siete días e incluía el solsticio de invierno. Por esta celebración los romanos posponían todos los negocios y guerras, había intercambio de regalos, y liberaban temporalmente a sus esclavos. Tales tradiciones se asemejan a las actuales tradiciones de Navidad y se utilizaron para establecer un acoplamiento entre los dos días de fiesta.
  • Los germanos y escandinavos celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Freydios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. En esas fiestas adornaban un árbol perenne, que representaba al Yggdrasil o árbol del Universo, costumbre que se transformó en el árbol de Navidad, cuando llegó el Cristianismo al Norte de Europa.
  • Los mexicas celebraban durante el invierno, el advenimiento de Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra, en el mesPanquetzaliztli, que equivaldría aproximadamente al período del 7 al 26 de diciembre de nuestro calendario. “Por esa razón y aprovechando la coincidencia de fechas, los primeros evangelizadores, los religiosos agustinos, promovieron la sustitución de personajes y así desaparecieron al dios prehispánico y mantuvieron la celebración, dándole características cristianas.”
  • Los incas celebraban el renacimiento de Inti o el dios Sol, la fiesta era llamada Cápac Raymi o Fiesta del sol poderosoque por su extensión también abarcaba y daba nombre al mes, por ende este era el primer mes del calendario inca. Esta fiesta era la contraparte del Inti Raymi de junio, pues el 23 de diciembre es el solsticio de verano austral y el Inti Raymi sucede en el solsticio de invierno austral. En el solsticio de verano austral el Sol alcanza su mayor poder (es viejo) y muere, pero vuelve a nacer para alcanzar su madurez en junio, luego declina hasta diciembre, y así se completa el ciclo de vida del Sol. Esta fiesta tenía una connotación de nacimiento, pues se realizaba una ceremonia de iniciación en la vida adulta de los varones jóvenes del imperio, dicha iniciación era conocida como Warachikuy.

Cálculo de la fecha de Navidad según los Evangelios

Algunos expertos han intentado calcular la fecha del nacimiento de Jesús tomando la Biblia como fuente, pues en Lucas 1:5-14 se afirma que en el momento de la concepción de Juan el BautistaZacarías su padre, sacerdote del grupo de Abdías, oficiaba en el Templo de Jerusalén y, según Lucas 1:24-36 Jesús nació aproximadamente seis meses después de Juan. 1Cronicas 24:7-19 indica que había 24 grupos de sacerdotes que servían por turnos en el templo y al grupo de Abdías le correspondía el octavo turno.

Contando los turnos desde el comienzo del año, al grupo de Abdías le correspondió servir a comienzos de junio (del 8 al 14 del tercer mes del calendario lunar hebreo). Siguiendo esta hipótesis, si los embarazos de Isabel y María fueron normales, Juan nació en marzo y Jesús en septiembre. Esta fecha sería compatible con la indicación de la Biblia (Lucas 2:8), según la cual la noche del nacimiento de Jesús los pastores cuidaban los rebaños al aire libre, lo cual difícilmente podría haber ocurrido en diciembre. Cualquier cálculo sobre el nacimiento de Jesús debe estar ajustado a esta fuente primaria, por lo que la fecha correcta debe estar entre septiembre y octubre, principios de Otoño. Además, debe tomarse en cuenta el censo ordenado por César al tiempo del nacimiento del Hijo de Dios, lo cual obviamente no pudo haber sido en diciembre, época de intenso frío en Jerusalén, la razón es que el pueblo judío era proclive a la rebelión y hubiera sido imprudente ordenar un censo en esa época del año.

Como los turnos eran semanales, tal y como lo confirman los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en Qumrán, cada grupo servía dos veces al año y nuevamente le correspondía al grupo de Abdías el turno a finales de septiembre (del 24 al 30 del octavo mes judío).6 Si se toma esta segunda fecha como punto de partida, Juan habría nacido a finales de junio y Jesús a finales de diciembre. Así, algunos de los primeros escritores cristianos (Juan Crisóstomo, 347-407) enseñaron que Zacarías recibió el mensaje acerca del nacimiento de Juan en el día del Perdón, el cual llegaba en septiembre u octubre. Por otra parte, según los historiadores, cuando el Templo fue destruido en el año 70, el grupo sacerdotal de Joyarib estaba sirviendo. Si el servicio sacerdotal no fue interrumpido desde el tiempo de Zacarías hasta la destrucción del templo, este cálculo tiene al turno de Abdías en la primera semana de octubre, por lo que algunos creen que el 6 de enero puede ser el día correcto.

En un tratado anónimo sobre solsticios y equinoccios se afirmo que “Nuestro Señor fue concebido el 8 de las calendas de abril en el mes de marzo (25 de marzo), que es el día de la Pasión del Señor y de su concepción, pues fue concebido el mismo día en que murió“. Si fue concebido el 25 de marzo, la celebración de su nacimiento se fijaría nueve meses después, es decir, el 25 de diciembre.7

Celebración litúrgica

En la Iglesia Católica

Para el catolicismo la Navidad no solo es un día de fiesta, sino una temporada de fiestas, y de la misma forma que la Pascua, contiene un tiempo de preparación, llamado Adviento, que inicia cuatro domingos antes del 25 de diciembre.

Es costumbre que se celebren varias misas en Navidad, con distinto contenido según su horario. Así, la noche anterior (Nochebuena) aunque sea domingo, se reza la famosa Misa de Gallo o Misa de Medianoche; en algunos lugares hay incluso una Misa de la Aurora que se celebra precisamente al amanecer del 25 de diciembre. Y la Misa de Mediodía, en la que es costumbre que antes o después de ella, el Papa dé un mensaje de Navidad a todos los fieles del mundo, este mensaje es conocido como Urbi et Orbi (en latín: a la Ciudad de Roma y al Mundo).

Posterior a la celebración del 25 de diciembre de Navidad, tienen lugar las fiestas de san Esteban, protomártir (26 de dic.), san Juan Evangelista (27 de dic.), los Santos Inocentes (28 de dic.), la Sagrada Familia (domingo siguiente a la Navidad o 29 de dic. si Navidad cae en domingo), María Madre de Dios (1 de enero), la Epifanía que se celebra el 6 de enero aunque en algunas diócesis se traslade al Segundo Domingo después de Navidad, y el Bautismo de Nuestro Señor (Domingo siguiente a Epifanía), con el que termina el tiempo litúrgico de la Navidad.

En las Iglesias Ortodoxas

Las Iglesias Orientales por no aceptar el calendario propuesto por el papa Gregorio XIII, aún usan el calendario juliano y por lo tanto la Navidad la celebran el 25 de diciembre pero que, según el calendario gregoriano, es 7 de enero. Aunque la Iglesia Armenia la celebra el 6 de enero, junto con la Epifanía.

Se exceptúan las Iglesias de AlejandríaRumaniaBulgariaAlbaniaFinlandiaGrecia y Chipre; que sí festejan Navidad el día 25 de diciembre.

Cabe señalar que en Belén, ciudad de nacimiento de Jesucristo, la Navidad se celebra dos veces. Pues la Basílica de la Natividad es administrada por la Iglesia Católica que celebra Navidad el 25 de diciembre; y la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén que la celebra el 6 de enero.

En esa iglesia hay una caverna subterránea con un altar sobre el lugar en el que según la tradición nació Jesús. El punto exacto está marcado por un agujero en medio de una estrella de plata de 14 puntas rodeada por lámparas de plata.

En el Protestantismo

Aunque hasta el siglo XIX algunas Iglesias protestantes dejaron de celebrar Navidad, para desligarse del Catolicismo,8 la mayoría, comenzando porLutero, continuaron celebrándola el 25 de diciembre. En Estados Unidos compartieron la Navidad católicos y protestantes desde 1607, año en que se celebró por primera vez esa fiesta en Norteamérica.9

La Navidad es celebrada por la mayoría de los cristianos, aunque algunos consideran que, al no indicar en la Biblia la fecha del nacimiento de Jesucristo ni ordenar celebrarla, no hay razón para celebrar o crear una fiesta por ese motivo. Así también muchos protestantes creen que la Navidad no debe ser motivo de disputas por no seguir las viejas tradiciones de la Iglesia Católica o por saber la fecha exacta del nacimiento de Jesús.

Tradiciones navideñas

La Navidad es la fiesta cristiana más popularizada, pese a que la Iglesia considera que es más importante la Pascua. Y por tal motivo es la que contiene más tradiciones:

  • La Cena de Navidad, consiste en un banquete a medianoche, en honor del nacimiento de Cristo que tuvo lugar a esa hora; de manera parecida al banquete judío del Pésaj. Tradicionalmente se come pavo, bacalao, cerdo, cordero y otros platos, dependiendo del lugar en que se celebre o las tradiciones de la familia.
  • Los BelenesPesebres o Nacimiento navideño consisten en la representación del nacimiento de Jesús, mediante una maqueta de Belén y sus alrededores, en la que las figuras principales son el establo en donde nació Jesús, la Sagrada Familia, los animales y los pastores, también los 3 reyes magos y una estrella con una estela que también suele colocarse en lo alto del árbol de Navidad. Según la tradición san Francisco de Asís fue su inventor. En Argentina, México, Colombia, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Paraguay, Venezuela, Perú y Chile, la figura del Niño no se coloca hasta la llegada de la Navidad, fecha en que se celebra su nacimiento, y luego de ser «arrullado» es colocado entre José y María.
  • La Corona de Adviento, corona hecha a base de ramas de ciprés o pino atada con un listón rojo en la cual se colocan cuatro velas por lo general de color rojo las cuales marcan los cuatro domingos de adviento anteriores al día de Navidad, las familias se reúnen a su alrededor cada domingo, se enciende una vela y se recitan oraciones y villancicos como preparación al Nacimiento de Jesús. Esta tradición es más recurrente en la Iglesia Católica ya que la corona debe ser bendecida en la Iglesia.
  • Los Villancicos canciones o cantos alusivos al nacimiento de Cristo o a la Sagrada Familia. Algunos como Noche de Paz tienen versiones en varios idiomas o ritmos, con el mismo o distinto nombre.
  • Las Villas Navideñas representaciones de pueblos en época de nieve.
  • Las Posadas son una serie de fiestas populares, que recuerdan el trayecto de San José y la Virgen María para llegar a Belén. Estas celebraciones tienen lugar del 16 al 24 de diciembre en Méxicoy sus países vecinos.
  • Novena de Aguinaldos costumbre católica, donde las familias o grupos de personas se reúnen a rezar un novenario, del 16 al 24 de diciembre, consumir platos típicas de Navidad, como buñueloso la natilla y cantar villancicos, además de divertirse, y hacer juegos motivo de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Fue escrita por Fray Fernando de Jesús Larrea en el siglo XVIII.
  • Las Piñatas consiste en una olla de barro adornada con picos y papel picado o figuras de cartón adornadas con papel picado de colores, ambas rellenas de dulces, fruta y en ocasiones juguetes y confetti, que se rompen en cada uno de los días de las Posadas. Según la tradición la piñata debe llevar 7 picos ya que cada uno representa los 7 pecados capitales.
  • Las Chocolatadas son celebraciones para niños durante las semanas previas al 24 de diciembre en el Perú. Consiste en espectáculos infantiles, bailes, y entrega de regalos para todos. Se le denomina así pues es infaltable el chocolate caliente y el panetón (pan de dulce con frutas confitadas).

Alumbrados Navideños

También se han convertido en una muestra de la época navideña, en donde las calles, avenidas, plazas, parques, ríos, lagos o montañas se transforman en hermosos escenarios para el disfrute de los habitantes del lugar o visitantes. La mayoría de las ciudades de Occidente, y una buena parte de Oriente, colocan alumbrados llamativos y coloridos, algunos de gran belleza, en sus calles, principalmente en las calles más concurridas, además de árboles de Navidad de gran tamaño, belenes, etc. También la gente coloca luces navideñas en los balcones y ventanas de sus casas. Especialmente llamativos son los adornos y alumbrados navideños de AlemaniaEstados Unidos y algunas ciudades de Europa oriental e Hispanoamérica.

Personajes míticos de la Navidad cristiana

 

Es frecuente en algunas regiones o países la tradición de que algún personaje o personajes, visite a los niños para dejarles regalos bajo el árbol de Navidad. Los más conocidos son:

La Navidad en la actualidad

Aparte del origen cristiano de la Navidad, esta fiesta ha ido mezclando su carácter religioso con la tradición de convivencia familiar, debido en gran medida a la popularidad de esta celebración y a la mercadotecnia.

Es desde el siglo XIX cuando la Navidad empieza a afianzarse con el carácter que tiene hoy día, pues en ese siglo se popularizó la costumbre del intercambio de regalos; se creó a Santa Claus y regalar tarjetas de Navidad. Costumbres que con el tiempo la mercadotecnia (en especial la norteamericana) aprovecharía para expandir la Navidad por el mundo dándole un carácter distinto al religioso, y con temas que poco o nada tienen que ver con la tradicional celebración navideña.

La Navidad es celebrada por los cristianos, pero también los no cristianos y algunos ateos utilizan la Navidad, como mero festejo de convivencia social y familiar. Hoy día el país que celebra más la navidad mundialmente es Puerto Rico: sus festividades navideñas comienzan desde el día después del día de acción de gracias (noviembre) y culminan en febrero, en la celebración de la candelaria. También es destacable que en muchos lugares de Europa y América hay una creciente tendencia, impulsada principalmente desde las parroquias locales, para recuperar el sentido religioso de la Navidad y su verdadero significado.

La Navidad en las artes, la televisión y el cine

En el arte

La conmemoración del Nacimiento de Jesús es, junto con la celebración de su Pasión, Muerte y Resurrección, uno de los principales acontecimientos del Año Litúrgico Cristiano. Por ello, es un tema que ha interesado a los artistas de todos los tiempos, independientemente del marco geográfico y cronológico en el que desarrollaron su actividad.

Muchas historias ficticias navideñas se recrean con temas de esperanza o relatos milagrosos. Varios han llegado a ser parte de la tradición local navideña. Entre los más populares están el ballet de TchaikovskyEl Cascanueces y la novela de Charles DickensCuento de Navidad(en inglés: A Christmas Carol). Estos a su vez han sido llevados al cine o televisión, con adaptaciones a algún programa en especial o sin ellas.

Las representaciones de la Navidad varían, pues van desde las representaciones del nacimiento de Cristo, hasta imágenes de eventos navideños. Entre las pinturas del nacimiento de Cristo, se encuentran las que representan la adoración de los pastores o la de los Reyes Magos. Y entre alguno sus exponentes están: Fra Filippo LippiFra AngelicoSandro BotticelliEl Greco, entre muchos otros. Y Andréi Rubliov y Kiko Argüello en iconos. En cuanto a otras imágenes navideñas, se encuentran carteles, timbres postales, tarjetas, etc.

En la televisión

Desde la década de 1980 numerosas series de TV han sacado al aire en su momento capítulos especiales de Navidad. Las series animadas o caricaturas como Drake & JoshLos SimpsonWinnie PoohPeanutsFuturama, etc. Algunos incluso son parte de la historia misma, en lugar de solo ser un capítulo especial. Incluso algunos animes japoneses tienen algún capítulo navideño, como Love HinaRanma 1/2 y Shin Chan.

En España los días de Nochebuena y la madrugada de Año Nuevo suelen emitirse espacios musicales, especial importancia tiene el programa Noche de fiesta, emitido en TVE del año 1999 al 2004. El día de nochebuena Antena 3 emite varios capítulos de Los Simpsons desde el año 2001, mientras que TVE ofrece en nochevieja un programa de humor con alguna pareja de humoristas importantes: Cruz y rayaLos Morancos o Martes y Trece, entre otros. En los últimos años las cadena privadas dejan la nochebuena o nochevieja a series con altas audiencias, como es el caso deAquí no hay quien vivaLa que se avecinaSé lo que hicisteis… o Escenas de matrimonio. El presentador vasco Ramón García, más conocido como Ramontxu es la imagen típica de las campanadas con su capa, mientras que el resto de las cadenas cuenta con actores o presentadores famosos.

En MéxicoTelevisa sacó al aire tres telenovelas con temática navideña: Un Cuento de Navidad (1999), Rayito de Luz (2000) y Navidad sin fin (2001), además de que transmitió el especial de navidad de El Chavo del Ocho. Así mismo Televisa como TV Azteca, emiten programas especiales en sus canales enfocados a la celebración de la navidad, como “acompañantes de mesa”.

En Gran Bretaña y los países de la Commonwealth existe la tradición de que la Reina Isabel II dirija un mensaje de Navidad a las 3 de la tarde, transmitido por televisión; igualmente lo hace el rey Juan Carlos I en España a las 9 de la noche.

En Colombia desde el inicio de la televisión en 1954, las agencias gubernamentales como la desaparecida Inravisión y la acutal RTVC se han encargado de transmitir el rezo de la Novena de Aguinaldos, mientras que en la última década los canales privados Caracol y RCN producen sus propios especiales navideños. Desde hace más de 30 años, Caracol transmite un especial navideño deSábados Felices y Jorge Barón Televisión produce la infaltable Fiesta de los Hogares Colombianos. El 24 de diciembre a las 8 P.M. se acostumbra emitir el saludo de navidad del Presidente de la República al pueblo y a las Fuerzas Armadas.

 

 

 


Costa Rica: Un hermoso Belén en la Hermandad del Gran Poder

Al iniciar las entrañables Fiestas de la Navidad, la Hermandad Canónica del  Señor del Gran Poder se preparan para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo adquiriendo un lugar muy destacado el montaje del tradicional Nacimiento.

Las imágenes de Cristo y de su Madre representadas en este pequeño pero gran portal, sirve para sostener la oración y la devoción de los fieles y curiosos que cada año se acercan al Oratorio Padre Manuel López Varona, en San Pedro Barrio Pinto, para admirar cada una de las escenas aquí representadas: la vida cotidiana de Belén, sus calles y mercados, el ángel anunciando a los pastores el nacimiento del Niño Rey, la adoración de los Reyes Magos ante la Divina Criatura y la Sagrada Familia de Nazareth en el humilde establo, son parte de las escenas que se recrean alrededor del nacimiento de Jesús.

Empezó nuestra andadura por el Belenismo en el año 2001. Por aquel entonces conseguimos montar nuestro primer Nacimiento tradicional en el Oratorio Padre Manuel López Varona, con la ayuda de muchos y con poca idea empezamos nuestro pequeño “Gran Belén”.

En aquel Nacimiento colaboró toda la Junta de Gobierno y los Hermanos Cofrades, y así nuestro Hermano Mayor, el Lic. Francesco Di Palma construyó unas edificaciones en estereofón y escoya, asesorado por el Ing. Jorge Bravo y siguiendo las técnicas de construcción brindadas por Belenistas españoles que nos han asesorado para recrear éste maravillosos pasaje de la salvación del hombre, el nacimiento de Cristo.

Este año, el grupo de belenistas se esforzaron en aprender las técnicas, en conocer los materiales, en ensayar métodos, etc., el resultado fue un Nacimiento que desde el principio mostraba gran expectación. Fueron dos meses de duro trabajo pero al final el esfuerzo dio sus frutos consiguiendo por primera vez, un ambiente muy exacto donde aconteció el nacimiento de Cristo.

Para este Nacimiento se confeccionaron edificaciones de la época y dedicamos bastante tiempo en intentar reproducir con toda la fidelidad el pueblo de Belén. Sobresale la entrada principal, su fuente y mercado, el lavandero, el mercado, la aparición del Ángel a los pastores, la adoración de los Reyes Magos y la Huída a Egipto.

Es por ello que, transcurridos 10 años desde nuestro primer Belén, cada año la Hermandad del Señor del Gran Poder se esmera en incorporar nuevos estrenos para hacer de nuestro Gran Belén, un lugar de recogimiento en el misterio de la Encarnación y Nacimiento de Cristo.

Casas y fachadas, fuentes y montañas, árboles y naturaleza se combinan para recrear, la escena bíblica del nacimiento de Jesús. Las 286 piezas que conforman este Pesebre se unen al equilibrado paisaje de hace más de 2000 años, ubicando al espectador en la tierra natal de Cristo.

Este hermoso Portal estará en exhibición hasta el 31 de diciembre en que hermanos y devotos de esta Hermandad Penitencial realizan el tradicional rezo del Niño Dios en el mes de enero.

 

 


Teatro Nacional y su hermoso Belén

Fotos:

William Monge

Ana Rodriguez

Grethel Rodriguez

Mynor Esquivel

 

Textos: 

Mynor Esquivel y Sergio Barrantes

El Belén en custodia del Teatro Nacional es uno de los pasitos mas bellos existentes en Costya Rica y como datoo curioso es que su inauguracion es un éxito total por la participacion de grupos corales y publico, mas nunca cuando es guaradao se le ha brindado un rezo, señaó Luis Ferrero en su momento.

.Las imágenes de San José, María Virgen y el Niño Jesús original- robado hace pocos años – fueron talladas por Manuel “Lico” Rodríguez talladas en 1890 aproximadamente. En momento alguno pertenecieron al Seminario Mayor. Los animales que complementan esta obra fueron tallados por Néstor Zeledón Varela. Mientras que el niño “nuevo” que fue donado no tiene ficha técnica y es de segunda mano.

  • San José: La cabellera y barbas pintadas en color café oscuro están resueltas en finas estrías curvilíneas peculiares. Cuello con venas definidas en relieve y toques originales de tono azul prusia. Manos exquisitas en sus proporciones, detalles como venas, volúmenes, movimientos en los dedos y carnación original. La mano izquierda sostiene la vara con azucena. Los pies con sandalias talladas en la misma madera desarrollan grandes efectos realistas. Se sostiene por medio de un “pie de amigo” y se sobre una peana rectangular.
  • María Virgen: Rostro con ojos – de vidrio- grandes y profunda mirada Las manos con los dedos extendidos. Los pies ensamblados a la altura de los tobillos fueron tallados por separado con zapatos cerrados. La Virgen se exhibe sentada al lado de su esposo y el Niño.
  • El Niño robado: Fue concebido desnudo con la finalidad de exponerle con solo un manto, de allí que muestre tanto realismo en su anatomía, incluso en la espalda, columna vertebral y omóplatos. Se puede observar – ese naturalismo- en los volúmenes de sus extremidades inferiores y superiores. Su cabeza es un cráneo liso, el que tuvo una peluca El rostro en sus facciones es similar al de su Madre. Tiene ojos de vidrio recortados y pintados a mano. Es una efigie interesante por su magnificas proporciones y detalles esmerados típicos de Lico.
  • El Nuevo Niño: No cuenta con ficha técnica. Se conoce que proviene de un lugar ubicado entre la frontera Venezuela-Colombia. Es una pieza escasa de facciones, es para vestir. Llegó al Teatro Nacional por medio de una donación. Es una imagen de corto valor estético. Es una obra de segunda mano o sea, no es de fábrica o egresada de taller.En pocas palabras, según los conocedores es un adefesio artístico,