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El Magnificat

http://es.wikipedia.org/wiki/Magn%C3%ADficat_(oraci%C3%B3n)

Para otros usos de este término, véase Magníficat (música).

El Magníficat (magnificat en latín) es un canto y una oración cristiana. Proviene del evangelio según San Lucas (Lucas 1:46-55) y reproduce las palabras que, según este evangelistaMaría, madre de Jesús, dirige a Dios cuando visita a su prima IsabelLucas 1:13, madre de Juan el Bautista y esposa de Zacarías.

El nombre de la oración está tomado de la primera frase en latín, que reza Magnificat anima mea Dominum. Según la tradición, el encuentro de María eIsabel tuvo lugar en Ain Karim (también conocida como Ein Kerem), pequeña población situada siete kilómetros al oeste de Jerusalén, en la montaña deJudea, cuyo nombre significa “fuente del viñedo”.1 Dentro de la Liturgia de las Horas, el «Magníficat» es el Canto Evangélico empleado en el rezo de lasvísperas. A continuación se efectúa el análisis del pasaje bíblico, cuyo texto en latín, español y griego se reproduce al final.

Sobre si el pasaje es atribuible a María o a Isabel

La respuesta hoy día es segura: no existe ningún argumento serio contra la unanimidad de la traducción manuscrita, que lo pone en labios de María, madre de Jesús.2 3

Los exégetas se han cuestionado si se trata de una obra personal de María, o si habría que atribuir su composición a un judío-cristiano de mayor cultura. En esencia, el cántico no contiene nada que supere la formación religiosa de una joven hebrea inteligente, reflexiva, conocedora de la historia de su pueblo, asidua oyente de las lecciones de la sinagoga. Si bien se pueden admitir algunos toques de redacción del evangelista, la autoría intelectual del cántico se atribuye casi unánimemente a María, la madre de Jesús.3

Todo su contenido responde a la psicología interior de María y, por cierto, anterior a las vivencias de la vida, pasión y resurrección de su hijo. Nada hay aquí de tonos cristianos. Estamos justamente en el puente. Las promesas se empiezan a realizar, pero Jesús no ha nacido aún.”3

Juan Leal

Sobre si el «Magníficat» se sitúa en ese preciso contexto histórico

La mayoría de los autores cristianos responden afirmativamente. El cántico responde perfectamente al misterio que llevaba María desde la anunciación y concepción, y al momento en que Isabel, inspirada, dice: “Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” Lucas 1:42.3 María le canta a Dios lo que ella lleva en su alma, y delante de su prima Isabel, a quien Dios mismo le reveló el misterio.

[editar]Sobre la originalidad del Magnificat

El «Magníficat» se ubica dentro del género literario común a todos los himnos o salmos de acción de gracias. La originalidad hay que ponerla en la asimilación personal de María de las grandes ideas bíblicas:

  • la misericordia de Dios,
  • la preferencia de Dios por los pobres y humildes,
  • su poder, su santidad y su fidelidad, y
  • las promesas que Él hizo a nuestros padres, los patriarcas.3
“La poesía del himno no se debe poner en las imágenes, sino en la verdad y profundidad de las ideas, en la verdad y sentimiento con que se exponen, en la finura y agudeza de la visión histórica, en el conocimiento exacto de los caminos misteriosos de Dios, en la alegría tranquila y bien fundada que se respira. (…) Se revela (en María) su visión profunda de la historia, de los hombres y de Dios; su sensibilidad exquisita a los beneficios, su realismo y vida en verdad, que reconoce las grandezas propias, pero hasta en sus raíces, que son la gracia de Dios. La alegría, como toda la composición, es tranquila, serena, equilibrada, propia de quien sabe reflexionar y callar, de quien ve el fondo de las cosas. Ella sabe retirarse detrás y poner en el primer plano de su vida y de la historia al Invisible, al Creador. (…) Aparece Dios en escena como protagonista en la vida de María y en la historia.”3

Juan Leal

Partes constitutivas del «Magníficat»

En el cántico (Lucas 1, 46-55) se observan tres partes bien marcadas:2

  1. Alabanza de María a Dios por la elección que hizo de ella (versículos 46 a 50).
  2. Reconocimiento de la providencia de Dios en el mundo (versículos 51 a 53).
  3. Con esta obra, Dios cumple las promesas hecha a nuestros padres (versículos 54-55).

(A) Alabanza de María a Dios por la elección que hizo de ella

“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;
porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,
y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:
su nombre es Santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.”

Versículos 46 a 50

María comienza por “proclamar”, es decir, “anunciar” la grandeza de Dios. El gozo de María, su alegría, es “en Dios, mi Salvador”. Esto no sólo implica que Dios libera de algún mal, sino que significa también la concesión de tantos bienes y bendiciones,2 empezando por el bien de la vida. Ese Dios salvador es el Dios que ella lleva en su seno, y que se llamará Jesús (Yehoshúa), es decir “Yahvé salva”. María atribuye esta obra a la pura bondad de Dios, quien se fijó en “la humildad de su esclava”, es decir, en “la pequeñez de su servidora”. El cántico no alude a la virtud de la humildad, sino a una persona de condición social desapercibida, residente de un villorrio desconocido. No escogió como Madre del Mesías a una mujer “triunfadora”, a una reina, o a una mujer socialmente victoriosa o espléndida, sino a una “sierva” ignorada.2 Porque los caminos de Dios no son los caminos de los hombres.

[editar]La Profecía de María

En el momento culminante del «Magníficat», María profetiza: “todas las generaciones me llamarán bienaventurada“.4 Para que todos constaten si lo que ella dice es una exageración o no, para que todos analicen si se trata de una obra de Dios o una mera construcción humana, María profetiza algo que, humanamente hablando, parece algo imposible: su exaltación eterna, generación tras generación.

Dice un autor contemporáneo:

“¿Cabría imaginar predicción más inverosímil que ésta?… Una muchacha de quince años escasos, desprovista de bienes de fortuna y de toda posición social, desconocida a sus compatriotas y habitante de una aldea no menos desconocida, proclamaba confiadamente que la llamarían bienaventurada todas las generaciones. ¡Fácil parecía coger la palabra a aquella muchacha profetizante con la certeza absoluta de verla desmentir antes de la primera generación! Hoy han pasado veinte siglos y puede hacerse el cotejo entre la predicción y la realidad. Ahora puede ver la historia sin trabajo si María previó con justeza y si la humanidad hoy la exalta más que a Herodes el Grande, entonces árbitro de Palestina, y que a Cayo Julio César Octaviano Augusto, entonces árbitro del mundo.”5

Giuseppe Ricciotti

Para tomar una dimensión aún más precisa, dadas las diferencias sociales existentes entre varones y mujeres en el siglo I, se podría comparar la exaltación de María con la de la mujer más poderosa de su época, probablemente Livia Drusila (57 a.C. — 29 d.C.), tercera esposa de Augusto y emperatriz romana, deificada por Claudio, y preguntar quién de las dos ha sido más conocida y reverenciada a través de los tiempos.

A través de la historia los hombres han mencionado numerosas profecías, la mayoría de ellas oscuras y difíciles de desentrañar. Dijo Castán Lacoma: “La profecía de María, madre de Jesús, ha sido de cumplimiento evidente y constante después de tantos siglos, como ha sido clara y concreta su formulación”.6

(B) Reconocimiento de la providencia de Dios en el mundo

La Iglesia de la Visitación, que según la tradición ocupa el lugar de la casa de Isabel, donde María la habría visitado (Ain Karim o Ein Kerem, Israel)

“Él hizo proezas con su brazo:
dispersó a los soberbios de corazón,
derribó del trono a los poderosos
y enalteció a los humildes,
a los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió vacíos.”

Versículos 51 a 53

¿Quiénes son los pobres y humildes, quiénes son los ricos y poderosos? Pobres y humildes son los que ponen su confianza en Dios, los que necesitan de Dios, porque no tienen al dinero y el poder en quienes confiar. Ricos son los que se bastan a sí mismos. Los salmos utilizan con frecuencia el término “soberbio” para designar a ricos y poderosos. Pues la riqueza no es solamente una forma de dominio, sino también un medio de dominación y un pretexto para el orgullo.7

“¿Quiénes son los pobres, quiénes son los ricos? Es cierto que todos vivimos insatisfechos, porque somos limitados. (…) Todos los hombres nacen, se desarrollan, se reproducen y mueren. Conviene saber, sin embargo, que no todos nacen en las mismas condiciones, ni se desarrollan en el mismo grado, ni se reproducen con la misma abundancia, ni mueren con la misma asistencia. Hasta sus enfermedades, con ser iguales, son bien distintas, pues distintos son en cada caso los medios para vencerlas. (…) Desde luego, la división de los seres humanos en ricos y pobres resulta demasiado tosca, demasiado simple. Existen muchos otros índices de clasificación, culturales, geográficos, religiosos, políticos, raciales, etc. No sólo hay pobres y ricos, sino fuertes y débiles, listos y tontos, negros y blancos. Pero sucede que los negros suelen ser más pobres que los blancos. Sucede que el rico débil se rodea de servidores fuertes. Sucede que hay listos y tontos, pero ya se sabe que un idiota rico es un rico, mientras que un idiota pobre es un idiota. «Todos somos pobres». Cuando oigo hablar así, pienso inmediatamente en aquellos que dicen: «Todos somos culpables». Quien así se expresa no pretende acusarse, sino excusarse: diluir sus culpas personales en una vaga culpabilidad general.”7

¿Por qué el Dios al que canta María prefiere al pobre antes que al rico? ¿Acaso el pobre es bueno? No necesariamente. Dios prefiere al pobre, no “por ser bueno”, sino “por ser pobre”.7 El rico según la Biblia sólo confía en sí, piensa y habla soberbiamente, practica el engaño y la calumnia, condena al pobre, declara culpable al inocente, se vuelve contra Dios y lo desprecia, en su corazón dice que no existe o que Dios no se ocupa de los humanos y que podemos hacer lo que queramos sin que Dios nos vea. El pobre según la Biblia no maldice ni envidia; se vuelve siempre a Dios y su esperanza nunca le falla.3

 Con esta obra, Dios cumple las promesas hechas a nuestros padres

Estatua que representa el encuentro de MaríaIsabel en Ain Karim (Iglesia de la Visitación,Israel).

“Auxilió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abraham
y su descendencia por siempre.”

Versículos 54 y 55

Con la encarnación de Jesús, Dios socorre, ampara a Israel, le hace la misericordia de enviarle al Mesías. Dios se acuerda de la misericordia cuando hace uso de ella, cuando salva y ayuda. La misericordia se ejercita con Abraham y su descendencia, hasta alcanzar a todos los hombres, para siempre.

En todo el cántico, incluso al final, se presenta a Dios con términos “antropomórficos”, es decir, aplicables a los hombres. El Dios de los cristianos no es algo abstracto, remoto, sino concreto y cotidiano. El Dios del cristianismo no es una especie de armonía inherente a la evolución del universo, como tendería a pensar un agnóstico. Tampoco es algo superior que opera en la creación y que todas las criaturas deben acatar o secundar, como tendería a pensar una persona que profesa otra fe distinta a la cristiana. No es “algo”, es “alguien” que piensa en mí.

Para muchos, los antropomorfismos ofrecen una imagen de Dios tosca y grosera. Pero María utiliza los antropomorfismos, pues en el cántico dice que Dios “pone los ojos” en ella, “dispersa”, “derriba” y “despide con las manos vacías” a unos, “enaltece” y “colma de bienes” a otros. Dios es alguien que “auxilia” y “se acuerda”. Esta es la imagen más próxima al Dios del cristianismo, como lo expresa muy bien un contemporáneo:

“Entonces llegan los puristas, los teólogos de estricta observancia, aquellos que se han apropiado de la alta misión de defender el honor de Dios, y nos imponen de él una noción aritmética, aséptica, un vino tan filtrado que sólo es agua, un Dios tan exangüe que sólo es una réplica de Dios en yeso. Un Dios que tiene boca y no habla, tiene oídos y no oye. ¿Cómo van a recurrir los hombres a él?, ¿cómo podrían los pobres confiar en él, quejarse, suplicarle, llamarle en su ayuda? Se impone urgentemente una vuelta al Dios de la Escritura, una enérgica purificación de esa idea de Dios presuntamente tan pura, pero que en realidad viene lastrada por los viejos prejuicios de una filosofía helénica, pagana, que ya desde los comienzos influyó en nuestra teología mucho más de lo deseable. Hace falta convertirnos –más y más, incesantemente– del Dios de los filósofos al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, al Dios de nuestro Señor Jesucristo. Un Dios que tiene boca y habla, tiene ojos y ve; cuida de los lirios del campo; conoce el número de cabellos de mi cabeza; está a mi puerta y llama, pasa la noche entera esperando, cubierto de rocío; persigue a la amada infiel por entre los bosques y los riscos; se sienta conmigo a la mesa. Sucede que esta manera de hablar, esta idea de Dios, no sólo es más elocuente que ninguna otra, sino también más verdadera. Porque revela sobre Dios una verdad muy profunda que ningún otro lenguaje podría expresar ni ninguna otra vía de conocimiento podría captar: la verdad del Dios vivo.”7

Corolario

Encuentro de María e Isabel, en la Iglesia de la Visitación (Ain Karim o Ein Kerem, Israel)

Antes de predicar Jesús las bienaventuranzas, su madre las había cumplido ya con total perfección.6 7 Incluso se adelantó a proclamarlas con sus propias palabras, en el «Magníficat». Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres… ay de vosotros los ricos…” (Lucas 6, 20.24). Pero antes, María dijo que Dios derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Así habló ella, porque lo sabía por experiencia, ya que Dios había puesto sus ojos en la humildad de su esclava.

“Dichosa ella, porque no fue poderosa, sino humilde, y no fue rica, sino pobre. Porque puso su confianza en Dios, porque tuvo fe. Entre las innumerables alabanzas que la posteridad ha tejido en honor de María Santísima, por encima de todos los títulos que la Iglesia le ha adjudicado, yo prefiero aquel simple elogio que de ella hizo su prima Isabel, justamente en la ocasión del Magnificat: «Dichosa tú porque has creído». “De ordinario, suele alabarse la virginidad de María, su concepción inmaculada o, sobre todo, su maternidad divina. «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron» exclamó una voz entre la muchedumbre y siguen ahora exclamando los cristianos. Pero Cristo responde: «Mas bien dichosos los que creen en la palabra de Dios y la cumplen». Cristo no dice, no puede decir que haya otros seres más dichosos que su madre. Lo que sí afirma es que la razón principal de la bienaventuranza de María no consiste en haber concebido al Hijo de Dios, sino en haber creído en él.”7

[editar]Fuentes

La oración está inspirada en numerosos pasajes del Antiguo Testamento, entre los cuales se cuentan:

El «Magníficat» se inspira particularmente en el “cántico de Ana” 1Samuel 2:1-11, así como en la visión de Isaias 29:19-20 y en los Salmos 113:7,136:17-23,146:1-9 que forman parte de losHal-lel recitados en las mañanas de Pascua, con los cuales guarda distintas afinidades literarias.

[editar]El «Magníficat» en la liturgia católica

Esta oración se utiliza en el Oficio Divino o Liturgia de las Horas, en la oración de la tarde, Vísperas, que es la oficial de la Iglesia Católica. También es un himno utilizado en Acción de Gracias, junto con el Te Deum, entre otros.

[editar]Texto en latín, español y griego

En latín

Magnificat anima mea Dominum,

et exultavit spiritus meus in Deo salutari meo,

quia respexit humilitatem ancillae suae.

Ecce enim ex hoc beatam me dicent

omnes generationes, quia fecit mihi magna

qui potens est, et sanctum nomen eius,

et misericordia eius

ad progenie in progenies timentibus eum.

Fecit potentiam in brachio suo,

dispersit superbos mente cordis sui,

deposuit potentes de sede,

et exaltavit humiles,

esurientes implevit bonis,

et divites dimisit inanes.

Suscepit Israel puerum suum

recordatus misericordiae suae,

sicut locutus est

ad patres nostros

Abraham et semini eius in saecula.

En español

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;

porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava,

y por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es Santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hizo proezas con su brazo:

dispersó a los soberbios de corazón,

derribó del trono a los poderosos

y enalteció a los humildes,

a los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió vacíos.

Auxilió a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham

y su descendencia por siempre.

Μεγαλύνει ἡ ψυχή μου τὸν Κύριον
καὶ ἠγαλλίασεν τὸ πνεῦμά μου ἐπὶ τῷ Θεῷ τῷ σωτῆρί μου,
ὅτι ἐπέβλεψεν ἐπὶ τὴν ταπείνωσιν τῆς δούλης αυτοῦ.
ἰδού γὰρ ἀπὸ τοῦ νῦν μακαριοῦσίν με πᾶσαι αἱ γενεαί,
ὅτι ἐποίησέν μοι μεγάλα ὁ δυνατός,
καὶ ἅγιον τὸ ὄνομα αὐτοῦ,
καὶ τὸ ἔλεος αὐτοῦ εἰς γενεὰς καὶ γενεὰς
τοῖς φοβουμένοῖς αυτόν.
Ἐποίησεν κράτος ἐν βραχίονι αὐτοῦ,
διεσκόρπισεν ὑπερηφάνους διανοίᾳ καρδίας αὐτῶν•
καθεῖλεν δυνάστας ἀπὸ θρόνων
καὶ ὕψωσεν ταπεινούς,
πεινῶντας ἐνέπλησεν ἀγαθῶν
καὶ πλουτοῦντας ἐξαπέστειλεν κενούς.
ἀντελάβετο Ἰσραὴλ παιδὸς αὐτοῦ,
μνησθῆναι ἐλέους,
καθὼς ἐλάλησεν πρὸς τοὺς πατέρας ἡμῶν
τῷ Αβραὰμ καὶ τῷ σπέρματι αὐτοῦ εἰς τὸν αἰῶνα.8

Referencias

  1.  Díez, Florentino (1990). Guía de Tierra Santa. Verbo Divino. p. 39. ISBN 8471516950.
  2. ↑ a b c d de Tuya, Manuel (1977). Biblia Comentada, Tomo Vb: Evangelios, 3a. edición. Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid). p. 30-33. ISBN 8422008319.
  3. ↑ a b c d e f g Leal, Juan (1973). Nuevo Testamento, Tomo 2: Evangelios (2°) – San Lucas y San Juan. Biblioteca de Autores Cristianos (Madrid). p. 71-76. ISBN 8422103273.
  4.  Lucas 1,48
  5.  Ricciotti, Giuseppe (2000). Vida de Jesucristo. Iberia. pp. 595. ISBN 8470820554.
  6. ↑ a b Castán Lacoma, Laureano (1985). Las bienaventuranzas de María, 5a edición. Biblioteca de Autores Cristianos. pp. 352. ISBN 9788422004066.
  7. ↑ a b c d e f Cabodevilla, José María (1984). Las formas de felicidad son ocho. Comentario a las bienaventuranzas. Biblioteca de Autores Cristianos. pp. 378. ISBN 8422011271.
  8.  The Resurgence Greek Project

 

 

 


La anunciación en una catequesis del Beato SS Juan Pablo II

En el sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: “¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Angel le dijo: “No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.
María dijo al Angel: “¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?”.
El Angel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios”.
María dijo entonces: “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”. Y el Angel se alejó

 

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La fe de la Virgen María
Catequesis de Juan Pablo II (3-VII-96)

1. En la narración evangélica de la Visitación, Isabel, «llena de Espíritu Santo», acogiendo a María en su casa, exclama: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). Esta bienaventuranza, la primera que refiere el evangelio de san Lucas, presenta a María como la mujer que con su fe precede a la Iglesia en la realización del espíritu de las bienaventuranzas.

El elogio que Isabel hace de la fe de María se refuerza comparándolo con el anuncio del ángel a Zacarías. Una lectura superficial de las dos anunciaciones podría considerar semejantes las respuestas de Zacarías y de María al mensajero divino: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad», dice Zacarías; y María: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» (Lc 1,18.34). Pero la profunda diferencia entre las disposiciones íntimas de los protagonistas de los dos relatos se manifiesta en las palabras del ángel, que reprocha a Zacarías su incredulidad, mientras que da inmediatamente una respuesta a la pregunta de María. A diferencia del esposo de Isabel, María se adhiere plenamente al proyecto divino, sin subordinar su consentimiento a la concesión de un signo visible.

Al ángel que le propone ser madre, María le hace presente su propósito de virginidad. Ella, creyendo en la posibilidad del cumplimiento del anuncio, interpela al mensajero divino sólo sobre la modalidad de su realización, para corresponder mejor a la voluntad de Dios, a la que quiere adherirse y entregarse con total disponibilidad. «Buscó el modo; no dudó de la omnipotencia de Dios», comenta san Agustín (Sermo 291).

2. También el contexto en el que se realizan las dos anunciaciones contribuye a exaltar la excelencia de la fe de María. En la narración de san Lucas captamos la situación más favorable de Zacarías y lo inadecuado de su respuesta. Recibe el anuncio del ángel en el templo de Jerusalén, en el altar delante del «Santo de los Santos» (cf. Ex 30,6-8); el ángel se dirige a él mientras ofrece el incienso; por tanto, durante el cumplimiento de su función sacerdotal, en un momento importante de su vida; se le comunica la decisión divina durante una visión. Estas circunstancias particulares favorecen una comprensión más fácil de la autenticidad divina del mensaje y son un motivo de aliento para aceptarlo prontamente.

Por el contrario, el anuncio a María tiene lugar en un contexto más simple y ordinario, sin los elementos externos de carácter sagrado que están presentes en el anuncio a Zacarías. San Lucas no indica el lugar preciso en el que se realiza la anunciación del nacimiento del Señor; refiere, solamente, que María se hallaba en Nazaret, aldea poco importante, que no parece predestinada a ese acontecimiento. Además, el evangelista no atribuye especial importancia al momento en que el ángel se presenta, dado que no precisa las circunstancias históricas. En el contacto con el mensajero celestial, la atención se centra en el contenido de sus palabras, que exigen a María una escucha intensa y una fe pura.

Esta última consideración nos permite apreciar la grandeza de la fe de María, sobre todo si la comparamos con la tendencia a pedir con insistencia, tanto ayer como hoy, signos sensibles para creer. Al contrario, la aceptación de la voluntad divina por parte de la Virgen está motivada sólo por su amor a Dios.

3. A María se le propone que acepte una verdad mucho más alta que la anunciada a Zacarías. Éste fue invitado a creer en un nacimiento maravilloso que se iba a realizar dentro de una unión matrimonial estéril, que Dios quería fecundar. Se trata de una intervención divina análoga a otras que habían recibido algunas mujeres del Antiguo Testamento: Sara (Gn 17,15-21; 18,10-14), Raquel (Gn 30,22), la madre de Sansón (Jc 13,1-7) y Ana, la madre de Samuel (1 S 1,11-20). En estos episodios se subraya, sobre todo, la gratuidad del don de Dios.

María es invitada a creer en una maternidad virginal, de la que el Antiguo Testamento no recuerda ningún precedente. En realidad, el conocido oráculo de Isaías: «He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel» (Is 7,14), aunque no excluye esta perspectiva, ha sido interpretado explícitamente en este sentido sólo después de la venida de Cristo, y a la luz de la revelación evangélica.

A María se le pide que acepte una verdad jamás enunciada antes. Ella la acoge con sencillez y audacia. Con la pregunta: «¿Cómo será esto?», expresa su fe en el poder divino de conciliar la virginidad con su maternidad única y excepcional.

Respondiendo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra» (Lc 1,35), el ángel da la inefable solución de Dios a la pregunta formulada por María. La virginidad, que parecía un obstáculo, resulta ser el contexto concreto en que el Espíritu Santo realizará en ella la concepción del Hijo de Dios encarnado. La respuesta del ángel abre el camino a la cooperación de la Virgen con el Espíritu Santo en la generación de Jesús.

4. En la realización del designio divino se da la libre colaboración de la persona humana. María, creyendo en la palabra del Señor, coopera en el cumplimiento de la maternidad anunciada.

Los Padres de la Iglesia subrayan a menudo este aspecto de la concepción virginal de Jesús. Sobre todo san Agustín, comentando el evangelio de la Anunciación, afirma: «El ángel anuncia, la Virgen escucha, cree y concibe» (Sermo 13 in Nat. Dom.). Y añade: «Cree la Virgen en el Cristo que se le anuncia, y la fe le trae a su seno; desciende la fe a su corazón virginal antes que a sus entrañas la fecundidad maternal» (Sermo 293).

El acto de fe de María nos recuerda la fe de Abraham, que al comienzo de la antigua alianza creyó en Dios, y se convirtió así en padre de una descendencia numerosa (cf. Gn 15,6; Redemptoris Mater, 14). Al comienzo de la nueva alianza también María, con su fe, ejerce un influjo decisivo en la realización del misterio de la Encarnación, inicio y síntesis de toda la misión redentora de Jesús.

La estrecha relación entre fe y salvación, que Jesús puso de relieve durante su vida pública (cf. Mc 5,34; 10,52; etc.), nos ayuda a comprender también el papel fundamental que la fe de María ha desempeñado y sigue desempeñando en la salvación del género humano.

[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 5-VII-96]


Martes de la IV Semana de Adviento (20 de diciembre)

 

Libro de Isaías 7,10-14.

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos:
“Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas”.
Pero Ajaz respondió: “No lo pediré ni tentaré al Señor”.
Isaías dijo: “Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?.
Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.”

Salmo 24(23),1-2.3-4.5-6.

Salmo de David.
Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque él la fundó sobre los mares,
él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;
el que no rinde culto a los ídolos
ni jura falsamente:

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob

 

 

 


«Se llamará Hijo del Altísimo…; reinará para siempre»

 

«Emerge, dulcis pusio», Extracto del Himno de Navidad «Quid est quod artum circulum»

«Se llamará Hijo del Altísimo…; reinará para siempre»

Muéstrate, dulce infante
Traído al mundo por una casta madre,
Cual niño sin saber de hombre;
Muéstrate, Mediador, en tus dos naturalezas.

Aunque nacido en el tiempo, de la boca del Padre,
Engendrado por su palabra (Lc 1,38),
ya vivías en el seno del Padre (Jn 1,2)
Tú, la eterna sabiduría (1Co 1,24).

Eres la Sabiduría que lo ha creado todo (Pr 8.27),
Cielo, luz y cualquier cosa.
Tú eres la palabra poderosa que ha hecho el universo (Heb. 1,3)
Porque el Verbo es Dios (Jn 1,2).

Habiendo ordenado el curso de los siglos
y fijado las leyes del universo,
Artesano del mundo, el creador,
permaneció en el seno del Padre.

Pero cuando llegó el tiempo
pasados miles de años,
bajaste para visitar
este mundo largo tiempo pecador…

Cristo no pudo soportar la idea
de que los pueblos se perdieran ;
No podía aceptar que la obra de su Padre
se quedara en nada
Se revistió de un cuerpo mortal
con el fin de que la resurrección de nuestra carne
alejara las cadenas de la muerte
y nos condujera hacia el Padre…

¿No sientes, Oh Virgen noble
a pesar de dolorosos presentimientos,
cómo este glorioso nacimiento
acrecienta el brillo de tu virginidad ?

Tu seno purísimo contiene el fruto bendito
Que va ha llenar de alegría a toda criatura.
Por ti nacerá un mundo nuevo.
Aurora de un día reluciente como el oro


“¡FELICIDADES, HOY JESÚS NACIÓ POR TI!”

Colaboró: Alvaro Chavarria A
¿Quién será más importante en esta Navidad?
¿Jesús o el personaje que en los Estados Unidos llaman Santa Claus?
Santa vive en el Polo Norte.
Jesús está en todas partes.
Santa se pasea en trineo.
Jesús camina entre nosotros y camina sobre las aguas.
Santa viene una vez al año.
Jesús siempre está a tu lado para ayudarte.
Santa tiene que preguntarte: “¿cómo te llamas?”
… Jesús sabe tu nombre desde antes que nacieras, conoce tu pasado y tu futuro.
Santa tiene una barriga llena de algodón
Jesús es delgado, pero tiene su corazón lleno de amor.
Santa se ríe “jo, jo,! jo” Jesús sabe que a veces las risas no son lo que necesitas, sino ayuda y esperanza.
Los ayudantes de Santa hacen juguetes
Jesús hace nuevas vidas, repara corazones y arregla hogares destrozados.
Santa te hace reír
Jesús te puede hacer volver a vivir.
Si te portas bien, Santa puede dejar un regalo en el árbol.
Jesús, sin importar como te comportes, hizo el regalo de su vida,
la que ofrendó por ti.
Por eso te pido que en vez de un vacío saludo de
“Feliz Navidad”; me acompañes a decirle a todo el mundo: ”¡FELICIDADES, HOY JESÚS NACIÓ POR TI!”

Las Posadas

Las tradiciones y costumbres son una manera de hacer presente lo que ocurrió, o lo que se acostumbraba hacer, en tiempos pasados. Son los hechos u obras que se transmiten de una generación a otra de forma oral o escrita. La palabra tradición viene del latín traditio que viene del verbo tradere, que significa entregar. Se podría decir que tradición es lo que nuestros antepasados nos han entregado.

En el caso de la Navidad, lo más importante de las tradiciones y costumbres no es sólo su aspecto exterior, sino su significado interior. Se debe conocer por qué y para qué se llevan a cabo las tradiciones y costumbres para así poder vivirlas mejor.

Existen muchas tradiciones y costumbres que se celebran en el tiempo de Adviento y de la Navidad.
A continuación, presentaremos una de ellas con una pequeña explicación acerca de su significado y origen:

Las Posadas

Origen de la tradición:

Las posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad. Comienzan el día 16 y terminan el día 24 de Diciembre.

Su origen se remonta a los tiempos de la conquista, cuando los españoles llegaron a México, los aztecas creían que durante el solsticio de invierno, el dios Quetzalcóatl (el sol viejo) bajaba a visitarlos. Cuarenta días antes de la fiesta, compraban los mercaderes a un esclavo en buenas condiciones y lo vestían con los ropajes del mismo dios Quetzalcóatl. Antes de vestirlo, lo purificaban lavándolo. Salían con él a la ciudad y él iba cantando y bailando para ser reconocido como un dios. Las mujeres y los niños le ofrecían ofrendas. En la noche, lo enjaulaban y lo alimentaban muy bien.

Nueve días antes de la fiesta, venían ante él dos “ancianos muy venerables del templo” y se humillaban ante él. Durante la ceremonia, le decían: “Señor, sabrás que de aquí a nueve días se te acabará este trabajo de bailar y cantar porque entonces has de morir”. Él debía responder: “Que sea muy en hora buena”. Llegado el día de la fiesta, a media noche, después de honrarlo con música e incienso, lo tomaban los sacrificadores y le sacaban el corazón para ofrecérselo a la luna. Ese día en los templos se hacían grandes ceremonias, dirigidas por los sacerdotes, que incluían ritos y bailables sagrados, representando la llegada de Quetzalcóatl, así como ofrendas y sacrificios humanos en honor a él.

Durante el mes de diciembre, no sólo festejaban a Quetzalcóatl, sino que también celebraban las fiestas en honor a Huitzilopochtli. Estas fiestas duraban veinte días, iniciaban el 6 de diciembre y terminaban el 26 del mismo mes, eran fiestas solemnes que estaban precedidas por 4 días de ayuno y en las que se coronaba al dios Huitzilopochtli poniendo banderas en los árboles frutales. Esto es a lo que llamaban el “levantamiento de banderas”. En el gran templo ponían el estandarte del dios y le rendían culto.

El pueblo se congregaba en los patios de los templos, iluminados por enormes fogatas para esperar la llegada del solsticio de invierno. El 24 de diciembre por la noche y al día siguiente, 25 de diciembre, había fiestas en todas las casas. Se ofrecía a los invitados una rica comida y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoatl”. 

Los misioneros españoles que llegaron a México a finales del siglo XVI, aprovecharon estas costumbres religiosas para inculcar en los indígenas el espíritu evangélico y dieron a las fiestas aztecas un sentido cristianos, lo que serviría como preparación para recibir a Jesús en su corazón el día de Navidad.

En 1587 el superior del convento de San Agustín de Acolman, Fray Diego de Soria, obtuvo del Papa Sixto V, un permiso que autorizaba en la nueva España la celebración de unas Misas llamadas “de aguinaldos” del 16 al 24 de diciembre. En estas Misas, se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos y posteriormente, la piñata.

En San Agustín de Acolman, con los misioneros agustinos, fue donde tuvieron origen las posadas.

Los misioneros convocaban al pueblo al atrio de las iglesias y conventos y ahí rezaban una novena, que se iniciaba con el rezo del Santo Rosario, acompañada de cantos y representaciones basadas en el Evangelio, como recordatorio de la espera del Niño y del peregrinar de José y María de Nazaret a Belén para empadronarse. Las posadas se llevaban a cabo los nueve días previos a la Navidad, simbolizando los nueve meses de espera de María. Al terminar, los monjes repartían a los asistentes fruta y dulces como signo de las gracias que recibían aquellos que aceptaban la doctrina de Jesús.

Las posadas, con el tiempo, se comenzaron a llevar a cabo en barrios y en casas, pasando a la vida familiar. Estas comienzan con el rezo del Rosario y el canto de las letanías. Durante el canto, los asistentes forman dos filas que terminan con 2 niños que llevan unas imágenes de la Santísima Virgen y de San José: los peregrinos que iban a Belén. Al terminar las letanías se dividen en dos grupos: uno entra a la casa y otro pide posada imitando a San José y la Santísima Virgen cuando llegaron a Belén. Los peregrinos reciben acogida por parte del grupo que se encuentra en el interior. Luego sigue la fiesta con el canto de villancicos y se termina rompiendo las piñatas y distribuyendo los “aguinaldos”.

Significado de la tradición:

Las posadas son un medio para preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo, y para recordar y vivir los momentos que pasaron José y María antes del Nacimiento de Jesús.

Algo que no debes olvidar

Debemos vivir las tradiciones y costumbres navideñas con el significado interior y no sólo el exterior para preparar nuestro corazón para el nacimiento de Jesús.

Cuida tu fe

Algunas personas te podrán decir que estas costumbres y tradiciones las ha inventado la gente para divertirse y los comercios para vender. Recuerda que hay mucho significado detrás de cada una y trata de vivir estas tradiciones con el sentido profundo que tienen. Así, el 24 de diciembre no solo será un festejo más, sino que habrás preparado tu corazón con un verdadero amor a Dios y a tu prójimo.

Utiliza el siguiente enlace para bajar la Letanía para pedir posada lista para imprimir


Corona de Adviento

http://es.wikipedia.org/wiki/Corona_de_adviento

La corona de adviento es una tradición cristiana que simboliza el transcurso de las cuatro semanas de adviento. Consiste en una corona1 de ramas (generalmente de pino o abeto) con cuatro (o en ocasiones cinco) velas. Comenzando el primer domingo de adviento, el encendido de una vela puede acompañarse de la lectura de la Biblia y oraciones. Durante las siguientes tres semanas se encienden el resto de las velas hasta que la semana anterior aNavidad las cuatro velas están encendidas. Algunas coronas de adviento incluyen una quinta vela, la “vela de Cristo“, que se enciende en Navidad. Esta tradición se observa tanto familiarmente como en los servicios religiosos

Origen

El calendario cristiano se remonta a sus propios orígenes, dos mil años atrás. Para poder ayudar a los fieles, en su mayoría dedicados a la agricultura, el calendario de la iglesia, al igual que el de los judíosmusulmanes y paganos era estacional en aquellos tiempos, combinando las fechas señaladas, celebraciones y rituales con las labores propias de sus creyentes.2 El adviento coincide en el hemisferio norte con el invierno, con los días cortos y poco luminosos que preceden a la Navidad. El nacimiento de Cristo comenzó a celebrarse el 25 de diciembre de cada año ocupando el lugar de las saturnales y elDies Natalis Solis Invicti, Festival del Nacimiento del Sol Inconquistado, festividad romana dedicada al Sol Invictus y vinculada al solsticio de invierno.

El anillo o corona de ramas de árbol perenne decorado con velas era un símbolo en el norte de Europa mucho antes de la llegada del cristianismo, que al igual que con otras tradiciones acabó siendo integrado en su simbología. El círculo es un símbolo universal relacionado con el ciclo ininterrumpido de las estaciones, mientras que las hojas perennes y las velas encendidas significan la persistencia de la vida en mitad del duro y oscuro invierno. Algunas fuentes sugieren que la corona, reinterpretada como un símbolo cristiano, era de uso común en la Edad Media, mientra que otras consideran que no se estableció como tradición cristiana hasta el siglo XVI en Alemania. El uso como calendario previo al día de Navidad se atribuye ampliamente a Johann Hinrich Wichern(1808-1881), un pastor protestante alemán, pionero en el trabajo misionario entre los pobres de las ciudades. Era 1839, y los niños de una escuela que Wichern había fundado preguntaban a diario si el día de Navidad había llegado. El pastor construyó un anillo de madera, hecho con una vieja rueda de carreta, con diecinueve velas rojas pequeñas y cuatro velones blancos. Encendieron una vela pequeña cada día de la semana durante el adviento, y los domingos, una de las cuatro velas grandes.

Simbología

Como ya se ha mencionado, la simbología original es bastante universal y primitiva, relacionada con la muerte y renacimiento del sol en invierno. El círculocomo símbolo del tiempo reflejado en el ciclo de las estaciones; las ramas, significando la persistencia de la vida a través del elemento vegetal y la adoración al Sol como origen y fuente de la vida mediante la luz de las velas.

Cuatro velas decoran la corona de ramas verdes, cuyo color se corresponde con el de las vestiduras del sacerdote a lo largo del periodo de adviento.2 Trescolores litúrgicos se utilizan en la corona de adviento: el morado, color de profundización espiritual y preparación en las velas correspondientes a las tres primeras semanas de adviento; el color rosado se usa en la misa del Domingo Gaudete (la tercera semana de Adviento), y es una mezcla del morado con el blanco, para indicar la cercanía de Navidad; finalmente, en algunas coronas de adviento se pone una quinta vela, más grande y de color blanco, que se enciende el día de Navidad. El blanco en liturgia simboliza pureza y tiempo de júbilo, y es usado en los momentos principales del calendario litúrgico:Navidad y Pascua.

En las iglesias y en los hogares cristianos el encendido de las velas es una preparación para la Natividad, se comparte la luz en las largas noches de invierno, recordando a los creyentes la venida de Jesús, la Luz del Mundo.3 El uso de la luz como símbolo de la revelación y salvación a través de Jesús es una constante en el Evangelio de Juan.4

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La humildad

Ser Humilde no es ser pobre… ser humilde es despojarte de tu propio ser… de renunciar a todos los lujos y seguridades que da el mundo… y hacerte el mas insignificante del mundo… para poder imitar a JESUS …por que EL siendo Dios… dueño de todas las riquezas de este mundo y del CIELO… Se despojo de todo suPoder y de su Gloria… para venir aqui …y nacer como pobre en un pesebre en una cueva al lado de animales… siendo REY ,pudo haber nacido en un castillo rodeado de lujos y sirvientes… pero no! Prefirio hacerse el ultimo y el servidor de todos… amigo de pecadores, ladrones y leprosos… el JAMAS Rechazo al Pobre y al pecador… sino que los trato con amor y comprension… hablandoles, que de ELLOS ES ES EL REYNO DE LOS CIELOS.


Adviento, tiempo de espera

¿Qué es el tiempo de Adviento?

 

¿Qué significa para los católicos el tiempo de Adviento? ¿Para qué existe?

Es la época del ciclo litúrgico en que nos preparamos para la venida de Jesucristo.

La venida de Cristo a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos, con un Adviento que duró cuatro mil años, henchido con el anhelo de todas las almas santas del Antiguo Testamento que no cesaban de pedir por la venida del Mesías el Salvador.

 

Esta venida es triple:

 

 

-  CRISTO VINO EN LA CARNE Y EN LA DEBILIDAD

- VIENE EN EL ESPÍRITU Y EN EL AMOR

- Y VENDRÁ EN LA GLORIA Y EN EL PODER

 

UNA PRIMERA VENIDA SE REALIZÓ CUANDO EL VERBO DIVINO SE HIZO HOMBRE EN EL SENO PURÍSIMO DE MARÍA y nació -niño débil y pobre- en el pesebre de Belén, la noche de Navidad hace veinte siglos.

 

LA SEGUNDA VENIDA ES CONSTANTE, hecho de perenne actualidad en la historia de la Iglesia y en la vida íntima de las almas. Por la acción misteriosa del Espíritu de Amor, Jesús está naciendo constantemente en las almas, su nacimiento místico es un hecho presente o mejor dicho es de ayer, y de hoy, y de todos los siglos.

 

LA TERCERA VENIDA DE CRISTO -QUE SERÁ EN LA GLORIA, EL PODER Y EN EL TRIUNFO- es la que clausurará los tiempos e inaugurará la eternidad. Jesús vendrá, no a redimir, como en la primera venida, ni a santificar, como en la segunda; sino a juzgar, para hacer reinar la verdad y la justicia, para que prevalezca la santidad, para que se establezca la paz, para que reine el amor.

 

El año eclesiástico se abre con el Adviento

La Iglesia nos alerta con cuatro semanas de anticipación para que nos preparemos a celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y, a la vez, para que, con el recuerdo de la primera venida de Dios hecho hombre al mundo estemos muy atentos a estas otras venidas del Señor.

El Adviento es tiempo de preparación y esperanza.

” Ven Señor y no tardes “.

Este es un tiempo para hacer con ESPECIAL FINURA EL EXAMEN DE NUESTRA CONCIENCIA Y DE MEJORAR NUESTRA PUREZA INTERIOR PARA RECIBIR A DIOS.

Es el momento para ver cuales son las cosas que nos separan del Señor y quitarnos todos aquello que nos aleja de Él. Es por eso importante ir a las raíces mismas de nuestros actos, a los motivos que inspiran nuestras acciones y después acercarnos al SACRAMENTO DE LA PENITENCIA O RECONCILIACIÓN, para que se nos perdonen nuestros pecados.

Así cuando llegue el día de Navidad, nuestra alma estará dispuesta para recibir a Jesús. Es necesario mantenernos en estado de vigilia para luchar contra el enemigo que siempre estará acechándonos para alejarnos del bien.

CUIDEMOS CON ESMERO NUESTRA ORACIÓN PERSONAL, evitemos la tibieza y mantengamos vivo el deseo de santidad.

ESTEMOS VIGILANTES CON MORTIFICACIONES PEQUEÑAS, que nos mantengan despiertos para todo lo que es de Dios, y atentos a evitar todo lo que nos desvíe del camino hacia El.

PIDAMOS PERDÓN AL SEÑOR SI LE OFENDEMOS Y PROFUNDICEMOS EN EL SENTIDO DEL ADVIENTO.

Ten presente “QUIEN ES EL QUE VIENE, DE DONDE VIENE Y PORQUE VIENE”. Con el corazón limpio salgamos a recibir a Nuestro Rey, que está por venir. María será nuestra ayuda y nos enseñará el camino para llegar a Jesús.